<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181</id><updated>2012-01-12T12:11:59.393-08:00</updated><category term='De Hadas Caramelos Lunas y Trapecistas'/><category term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><category term='Pequeños cuentos químicos'/><category term='De Amore'/><category term='Torturas Quetzales'/><category term='Corred. Se acaba nuestro tiempo.'/><category term='En la Escuela de Arte'/><category term='Catastrofismo psicótico'/><title type='text'>Beltrospectiva</title><subtitle type='html'>Espacio de creaciones beliáticas: relatos, cuentos, microrrelatos, teatros y delirios de seis años a esta parte. Como dijo Humbert Humbert: Miren esta maraña de espinas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>47</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-7364092372191127406</id><published>2009-02-15T06:37:00.000-08:00</published><updated>2009-02-15T06:52:06.969-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Corred. Se acaba nuestro tiempo.'/><title type='text'>Sin Adverbios de Tiempo (2008)</title><content type='html'>&lt;em&gt;A David, porque fuimos adverbios. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero estar contigo sin advervios de tiempo. Contigo, sin ahora ni siempre. Destruir el mañana, difuminar un ayer, quitar el tarde y que no queden jamás ni pronto. Dejar nunca invalidado. No volver a usar entonces, mientras o ya. Quizá sólo un anoche, pero no un ahora ni un aún, cuando, todavía, después. Quiero quererquererte, querertenerte sin adverbios de tiempo. Con otros advervios sí, pero no de estos. Echaré mano de esos otros , más cálidos, más tiernos, más reales, esos otrosacabados en mente. De modo que voy a quererquererte, querertenerte, quereramarte,&lt;br /&gt;                                                       cálida-&lt;br /&gt;                                                       rápida-&lt;br /&gt;                                                       pausada-&lt;br /&gt;                                                      directa-&lt;br /&gt;                                                      adverbial-&lt;br /&gt;                                                                            mente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-7364092372191127406?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/7364092372191127406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=7364092372191127406&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7364092372191127406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7364092372191127406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2009/02/sin-adverbios-de-tiempo-2008.html' title='Sin Adverbios de Tiempo (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-3363610835442909482</id><published>2009-02-15T06:35:00.002-08:00</published><updated>2009-02-15T06:37:20.104-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>Renacuajos en tu Estómago (2008)</title><content type='html'>Teníamos veinte años y confiábamos en los preservativos por encima de todo. Confiábamos en ellos en la medida en que nuestra vida, en cierto modo, dependía de esos globitos de plástico. A ojos cerrados los colocábamos en los penes de nuestros chicos, novios y amantes. Sin pensárnoslo dos veces, sin dudar ni una sola y desenrollando correctamente el plástico sobre el órgano eréctil. No pensábamos en el SIDA ni en la sífilis, sino en  niños, en bebés que se desarrollan en medios acuáticos dentro de vientres como los nuestros. Porque si alguien nos hubiese preguntado qué era lo último que queríamos en esta vida habríamos contestado, sin duda, quedarnos embarazadas.&lt;br /&gt;El rollo del condón era casi como aquel juego de niños en el que uno lleva la peste y trataba de contagiar a los demás. Todos los pequeños gritaban  “me vacuno” y, automáticamente, quedaban fuera de peligro ante la epidemia. Un trocito de látex-acumula-semen era el “me vacuno” de los niñitos que crecen dentro. No saldrían cositas con brazos  y piernas de nuestras vaginas, no señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco de acabar la época de exámenes alguien comenzó a lloriquear en los aseos de la facultad. Al principio no sabíamos de quién se trataba, sólo oíamos salir los gemidos de detrás de la tercera puerta y nos preguntábamos quién podría estar ahí otra vez  gimoteando. No pasó mucho tiempo hasta darnos cuenta de que una de esas tantas chicas con las que nunca habíamos hablado siempre llegaba a clase con los ojos hinchados y llorosos. De modo que era ella la llorona de los lavabos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguramente hubiera sido mejor no haberlo sabido nunca, lo cual también habría resultado imposible. En seguida comenzamos a pegar la oreja a ver si nos enterábamos de porqué la muchacha se marchitaba un día tras otro en los lavabos. Sus amigas no tardaron en dejar caer la piedra: estaba embarazada. Había decidido  tenerlo, pero eso no le impedía pasarse el día llorando. Estaba en su derecho, después de todo, ¿cuál de nosotras no lloraría? Respiramos aliviadas. A nosotras no nos pasaría, jamás. Nosotras éramos las señoritas del plástico y llevábamos condones y barra de labios en cada da uno de nuestros bolsos y mochilas de viaje. Ningún pene desvestido entraría en nuestro cuerpo, no señor. Y, si alguno lo hacía o lo había hecho, había sido un pene lo suficientemente conocido como para que nosotras, señoritas modernas donde las haya, hubiésemos decidido poner otras barreras –anticonceptivos varios-  para tal efecto. Así que estábamos salvadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo podía haber sido tan imbécil aquella chica? ¿Cómo podía haber hecho una gilipollez como aquella? En la vida habíamos cruzado más de tres palabras con ella, pero cuando levantaba la mano para preguntar en clase sus pregunta solían ser interesantes y su vocabulario variado. Sabíamos que leía a Oscar Wilde y a Raymond Carver porque  más de una vez se le habían caído los libros de las manos o el pupitre y se los habíamos alcanzado si pasábamos por allí. Era una tía lista, no había duda, con unas converse rojas y un chico mono con moto que venía  a recogerla a la salida. ¿Cómo podía haber dejado que le pasase aquello?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecieron los rumores al tiempo que su barriga. Al parecer el padre no podía ser sino el chico aquel que venía en moto. Eran una bonita pareja, así que el niño debería salir también mono. Pero a nosotras quién fuera el padre y cómo fuesen a mezclarse sus genes nos traía sin cuidado. El cómo se había quedado embarazada lo teníamos bastante claro y lo desaprobábamos con toda nuestra alma. Luego sus amigas, que intentaban  no hablar demasiado del tema, comenzaron a difundir que ella juraba que jamás lo había hecho sin condón. Que JAMÁS lo había hecho SIN condón. En ese punto de la historia fue cuando empezó a cundir el pánico. De modo que ese niño era fruto de la estadística, de la estadística del error para ser exactos. Un 99% de seguridad ofrecida por el trocito de plástico. Un 99%. Lo que nos deja ese solo, mínimo, ínfimo, improbable 1% de posibilidades de concepción. Pero existía. De modo que existía. Ese uno por ciento no sólo era una leyenda de porcentajes en anticonceptivos. Las posibilidades de embarazo existían y se materializaban. Lo peor de todo, se materializaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó de ir a clase cuando ya era más que evidente su estado de preñez. La veías pasear por los pasillos con su barriga y sus carpetas. Al parecer alguien había decidido dejarles un pisito a ella y a su chico para que vivieran juntos y cuidaran al bebé. No era el futuro que habían imaginado pero no pareció desagradarles demasiado. Ella dejó de llorar y él empezó a ir a recogerla en coche en lugar de en moto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por nuestra parte, nosotras comenzamos nuestro suplicio particular. Temiendo que ese uno por ciento pudiese atacarnos tal y como había hecho con aquella chica. Esperábamos con temor nuestros días de regla, exasperándonos y poniéndonos de los nervios si no llegaban. Gastamos montones de dinero en test de embarazo que se tornaban del color esperado cada vez que orinábamos sobre ellos. Nuestros chicos nos  abrazaban o temblaban a la par que nosotras. Ellos también tenían miedo. Les daba pavor el imaginarse acunando a una personita pequeña entre sus brazos. Cuando en un intento de desentenderse del asunto  nos decían cosas tales como “no estoy preparado para ser padre” los odiábamos y les escupíamos a la cara. ¿Es que acaso estábamos preparadas nosotras? No se nos retrasaba la regla por nuestra propia voluntad, joder, no. Nosotras queríamos que nos viniese todos los meses. Puntualmente. Hubiésemos querido tenerla permanentemente si eso hubiese garantizado que no estábamos preñadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sola idea del embarazo nos daba arcadas. A alguna se le ocurrió decir que debía ser como tener renacuajos en el estómago. Renacuajos en el estómago. Algo nadando en tu interior, creciendo y desarrollándose ahí dentro. Algo con brazos y con piernas. Con una boca y una nariz. Un pequeño, algo más pequeño que los que corren por el parque. Y luego él salía de ahí dentro para llorar ahí fuera. Lloraría y nos tiraría la papilla a la cara y, bueno, nosotras no teníamos nada en contra de la reproducción ni de la infancia, algunas incluso querían en un futuro ser madres, pero teníamos veinte años y pensar en un embarazo nos daba poco menos que dolor de cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La neurosis colectiva no nos hizo renunciar por nada del mundo al sexo. Estábamos dispuestas a sufrir, a enloquecer, a dudar, pero no a dejar de follar. Eso por nada del mundo. Así que seguimos haciéndolo como si tal cosa. Con los corazones un poco más asustados después de que ella volviese a la universidad y su chico fuese a recogerla en un coche con sillita de bebé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco dejamos de pensar en ello. El uno por ciento dejó de existir para nosotras y nos concentramos fijamente en el noventa y nueve por ciento restante. Nos entregamos al sexo joven y sin aditivos, por favor. Cada fin de semana, cada jueves por la noche. Cada día que hubiese hueco o sin haberlo. En cualquier lugar en el que pudiésemos ocultar nuestro cuerpo mínimamente. Teníamos veinte años y confiábamos en los preservativos por encima de todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-3363610835442909482?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/3363610835442909482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=3363610835442909482&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3363610835442909482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3363610835442909482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2009/02/renacuajos-en-tu-estomago-2008.html' title='Renacuajos en tu Estómago (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-1229443743047031734</id><published>2009-02-15T06:35:00.001-08:00</published><updated>2009-02-15T06:35:36.495-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Corred. Se acaba nuestro tiempo.'/><title type='text'>J´ai mal de toi (Piensa en mí) (2008)</title><content type='html'>Piensa en mí todo el tiempo.&lt;br /&gt; Si quieres, o no te ves capacitado, no es necesario que pienses intensamente en mí en el trabajo. Conduciendo sí, pero no con tanto ardor como para no distinguir el color de los semáforos o no ver a los peatones.&lt;br /&gt;Piensa en  mí al llegar a casa. Al abrir la puerta, al poner el primer pie en el rellano. Acuérdate de mis ojos mirándote, de mis pasos delante de los tuyos. Sube las escaleras y repasa mi nombre con cuidado. Acaricia mis vocales, separa mis sílabas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me mezcles con la técnica, no me desperdicies con el arte. No pintes retratos con mi rostro no vaya a ser que tu mente se olvide de mí un solo segundo para prestar en su lugar más atención al trazo, al color del lápiz, a ese acorde de esa canción a la que pusiste mi nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensa en mí con ahínco, con absoluta dedicación cuando te pongas a ello. Siéntate en la silla, mira a la pared y piensa en mí a tiempo completo. No te despistes ni un segundo, no dejes que tu mente se aparte de mi persona.&lt;br /&gt;No pienses en nada nunca, piensa solo, plenamente en mí.&lt;br /&gt;Piensa en mí todo el tiempo y, cuando me veas, no te olvides de que en verdad me has imaginado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-1229443743047031734?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/1229443743047031734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=1229443743047031734&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1229443743047031734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1229443743047031734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2009/02/jai-mal-de-toi-piensa-en-mi-2008.html' title='J´ai mal de toi (Piensa en mí) (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6493610787652204428</id><published>2009-02-15T06:32:00.000-08:00</published><updated>2009-02-15T06:33:48.186-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Corred. Se acaba nuestro tiempo.'/><title type='text'>La Amante Gramática (2008)</title><content type='html'>Lo sé: nunca he estado con un hombre que supiese poner las tildes correctamente. Si bien es cierto que nunca por defecto, siempre por exceso: piés, ti, ti, ti. Al menos sabían dónde estaba el acento, que no el uso correcto de la tilde.&lt;br /&gt;La colocación de las tildes me parece más un detalle estético y caprichoso que algo realmente funcional. Sí, podría amár a álguien que escribiése siémpre de éste módo.&lt;br /&gt;El caso al que nos enfrentamos ahora es arto distinto. No se trata ya de asuntos banales como la tilde, sino de pausas vitales tales como puntos y comas. Nunca le pediré a un hombre –ni a nadie- que conozca y maneje el uso del punto y coma. Pero la dicotomía entre coma y punto me parece tan fundamental que estoy segura podría desenamorarme de repente por una oración mal puntuada. Véase, por ejemplo, la siguiente: Estoy haciendo la cama, amor, llámame cuando acabes.&lt;br /&gt;Una maldita conjunción podría haberlo salvado. Mucho más fácil era el punto.  Cama punto, amor coma.&lt;br /&gt;Al menos hay una coma después del vocativo.&lt;br /&gt;Quizá eso&lt;br /&gt;te salva.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6493610787652204428?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6493610787652204428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6493610787652204428&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6493610787652204428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6493610787652204428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2009/02/la-amante-gramatica-2008.html' title='La Amante Gramática (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6741624198808479148</id><published>2009-02-15T06:30:00.000-08:00</published><updated>2009-02-15T06:34:42.821-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catastrofismo psicótico'/><title type='text'>El Chico que se Parecía a Mucha Gente (2008)</title><content type='html'>Érase una vez un chico que se parecía a mucha gente. El chico que se parecía a mucha gente se parecía, en efecto, a mucha, mucha, mucha gente. Era un chico guapo, sin duda. Un joven apuesto de cabello más o menos revuelto, facciones de ángel y mirada simpática. ¿Atractivo? Sí, el chico que se parecía a mucha gente era lo que se dice bien parecido.&lt;br /&gt;El problema de su belleza radicaba en el gran parecido que todo el mundo le encontraba con alguien. Y es que el chico que se parecía a mucha gente se parecía, quizá, a demasiada gente. Los hombres a los que se parecía eran menos o tan guapos como él. No es que su rostro tuviera nada de vulgar, sólo que estaba hecho de un tipo de belleza del que puede que muchos estén hechos; como si Dios hubiera producido en cadena una centena de muchachos guapos siguiendo patrones parecidos, recayendo la retahíla de los “te pareces a” precisamente sobre él.&lt;br /&gt;El chico que se parecía a mucha gente se parecía a dos cantantes de moda, tres actores hollywodienses, un camarero de Barcelona, al vecino del segundo de Helena, al primo de María y el ex novio de Magda, por señalar aquí tan sólo algunos.&lt;br /&gt;Enamorarse de él era mucho más fácil que de cualquier otra persona. Una vez en tu campo de visión sólo tenías que ajustar su rostro al correspondiente por semejanza que viniera a tu mente, configurar una serie de similitudes dentro del campo psicológico y… voilà! El chico que se parecía a mucha gente se adueñaba de tu mente y de tu corazón sin necesidad de haber hablado siquiera con él. Muchas –y muchos-, así lo hicieron. Le inculcaron los caracteres de su actor favorito, la voz melódica del cantante que les gustaba, las apetencias sexuales de los famosos que aparecían en sus sueños eróticos, etcétera, etcétera. Entrarle no era difícil porque lo familiar de su cara provocaba en seguida confianza. Un par de cervezas, algo de conversación… Nunca la suficiente como para darse cuenta de que el chico que se parecía a mucha gente no era en realidad esa otra gente a la que creían que se parecía.&lt;br /&gt;Muchas de sus relaciones habían comenzado con el “Perdona, pero me recuerdas a…”. Todas acabaron peor que empezaron. No era culpa suya, desde luego que no. Él era él, pese a recordar o parecerse a mucha gente. No era ese cantante, actor o director de cine. No era el vecino de Helena, el camarero de Barcelona ni el ex de Magda. Pero de eso nadie parecía darse cuenta. “Pero es que tú eres así”, le decían a veces. No, él no era así. Ellos querían que fuera así, pero no lo era. Los que eran así eran otros, no él. Él sólo se les parecía físicamente, tan sólo eso.&lt;br /&gt;Al principio de los tiempos, cuando era un adolescente con rasgos en formación, no podía negar el hecho de que le hiciera cierta gracia lo de parecerse a unos cuantos famosos y guapos. Su éxito adolescente con las chicas se basó en buena parte en eso. Supo aprovechar los parecidos, sacarles partido y obtener de ese modo ligues cientos. El actor más cotizado de la pantalla, al que él recordaba a las quinceañeras, de seguro no había tenido tanto éxito entre las féminas como su alterego.&lt;br /&gt;Como era de esperar, acabó por hartarse de recordar siempre a otras personas. Hubiera jurado que “oye, te pareces a…”, o bien “me recuerdas a ….” y el sinónimo “le das un aire a…” habían sido las tres expresiones más oídas de su existencia. Llegados a la mitad de su veintena ya había hecho todo lo posible por acabar con los parecidos. Cambiar de peinado, de estilo de ropa, incluso pretender controlar sus gestos de modo que resultaran lo más inexpresivos posible, fueron algunos de sus intentos frustrados para dejar de ser el chico que se parecía a mucha gente.&lt;br /&gt;No es que el chico que se parecía a mucha gente no quisiera parecerse a nadie, era simplemente ya no podía aguantarlo. Pasaba horas frente al espejo y revistas de moda dedicándose con ahínco a la tarea de no parecerse a nadie. “A nadie, nadie más. Nunca más”, se había dicho. Pese a sus esfuerzos, nada resultó. Aparecieron escritores, bomberos, guitarristas, directores de cine e incluso jóvenes boxeadores que guardaban cierta semejanza con él. Su desesperación crecía, sus parecidos no mermaban. Su mayor agonía fue el llegar a soñar con una habitación llena de gente donde todos tenían su cara y decían repetidamente: “Te pareces a mí, te pareces a mí”.&lt;br /&gt;Una mañana, con la angustia del sueño aún pegada en las legañas y el “te pareces a mí” mezclado con la cera de sus oídos, decidió poner fin a su tortura. El chico que se parecía a mucha gente cogió el tazón de porcelana del desayuno. Lo tiró al suelo. Tomó uno de los pedazos y se dedicó a destrozarse la cara. “¿A quién me pareceré mientras hago esto?”, musitó con una sonrisa mientras la sangre caía por la porcelana. Él mismo fue al hospital, inventó una buena excusa para no alarmar al personal sanitario. La mayoría de los cortes desaparecieron sin dejar marca, pero la cicatriz de la primera herida, la que recorría su perfil derecho de arriba abajo, no desapareció nunca. Era una cicatriz fea, repugnante. Como suelen serlo las cicatrices en la vida real, no como esas que salen en las películas. La cicatriz desconfiguró su belleza y borró similitudes, se llevó las frases que tanto había oído y detestado. Así voló, por fin, la pesadilla.&lt;br /&gt;Vivió feliz y con gusto bastante tiempo, sin preocuparse por no parecerse o dejársele de parecer a nadie porque ya, simplemente, resultaba imposible. Todo fue bien hasta que una noche un tipo borracho lo señaló riendo y soltó: “Tío, con esa cicatriz te pareces a Freddie Krueger.”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6741624198808479148?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6741624198808479148/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6741624198808479148&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6741624198808479148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6741624198808479148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2009/02/el-chico-que-se-parecia-mucha-gente.html' title='El Chico que se Parecía a Mucha Gente (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-2880909088823185788</id><published>2007-09-18T04:23:00.002-07:00</published><updated>2009-02-15T06:30:01.220-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-Cosas que hacer tú mismo- (2007)</title><content type='html'>(cómo empecé a encargarme personalmente de la colada de la ropa de cama)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Por aquella época yo tenía una novia pelirroja, que ella fuera pelirroja era realmente un problema. Tía Natalia podía entender que la chica se tumbara en mi cama para descansar inocentemente cuando la traía a casa, ese hecho explicaba la presencia de los longitudinales cabellos pelirrojos que quedaban sobre mi almohada. Lo que ella no podía o, más bien, no quería tolerar, era la presencia de esos otros, juguetones y rizados, pelitos pelirrojos provenientes de cierta parte de su anatomía que delataban que entre aquellas sábanas había habido algo más de lo que permitían los pensamientos puritanos de mi tía.&lt;br /&gt;            Tras las endemoniadas escenas de tía Natalia gritando al encontrar pelitos rizados entre mis sábanas, acabé por decirme a encargarme personalmente de la colada de mi ropa de cama. Al principio sabía controlarlo, cambiaba las sábanas una vez por semana, las metía en la destartalada lavadora durante treinta minutos con un poco de detergente, las tendía y las planchaba. Lo primero que dejé de hacer, visto la inutilidad del asunto, fue lo de la plancha. ¿Qué absurda necesidad siente la gente de planchar las sábanas? Total, no van a durar planchaditas ni una noche, se arrugarán en cuanto te acuestes. Además, de eso de arrugar las sábanas ya nos encargábamos la pelirrojita y yo con premura.&lt;br /&gt;            En casa sólo había un par de juegos de sábanas para mi cama. Eso era también un problema, muchas veces, por  vagancia o dejadez, tiraba las sábanas sucias en un rincón del patio sin hacer el ánimo de llevar a cabo el sacrificado acto de introducirlas en la lavadora, verter un poco de detergente en el cajoncito, pulsar un mísero botón y poner el programador para que giraran durante media hora. Así  que era bastante frecuente  que cuando mi pelirrojita pasara a verme las sábanas estuvieran para cambiar y el otro juego arrumbado en el patio, a la  espera de que me llegara la iluminación y me decidiese a meterlas en la lavadora. En estas ocasiones optaba por cortar por lo sano: desvestía la cama y arrojaba las sábanas junto a las otras, en lista de espera para el lavado. Era una gloria estar sobre el colchón desnudo junto a ella.&lt;br /&gt;            Cuando tomé la decisión de encargarme yo mismo del lavado, tía Natalia cogió la fea costumbre de hacerme la cama mientras yo desayunaba, usando como excusa el que  no llegara tarde a donde quiera que fuera a desperdiciar las mañanas. Este supuesto acto de bondad no le servía sino para cerciorarse de si mi novieta y yo seguíamos montándonoslo en su santo hogar. Dados los buenos resultados que me estaba dando el despojar la cama de toda sábana, determiné que lo más cómodo sería proceder del mismo modo cada vez que ella apareciera. Así bastaría con deshacerla cuando la chica llegara y rehacerla cuando se marchase.&lt;br /&gt;            Para el contento de tía Natalia, no volvió a haber rastro alguno de pelitos rojos en mis sábanas. Tan alegre estaba al creer que su sobrinito había retornado al buen y casto camino en el que ella decía haberlo educado, que incluso me cocinaba cada dos por tres tortas de hojaldre y me instaba a que invitase a mi chica a tomar el té con ella alguna tarde.&lt;br /&gt;            Los problemas llegaron al tiempo que el invierno.  El frío helaba la cola de los gatos en la aquella parte del pueblo. las casas no eran demasiado nuevas y la caldera estaba más días estropeada que funcionando. Era imposible no sentir escalofríos al desnudarnos en mi cuarto, el encuentro del cuerpo del otro entre unas gruesas sábanas de franela era un paraíso soñado. Claro, que si dejaba las sábanas puestas corría el riesgo de que los pelitos volvieran a dejar su rastro. Pensé que bastaría con dejar  un par de mantas, de modo que quité las sábanas para su posterior reposición.&lt;br /&gt;            Ese calor de invierno fue maravilloso durante un par de días, estoy seguro de que abríamos muerto abrasados de haber funcionado la calefacción. Para nuestra desdicha, los nuestros encuentros invernales se complicaron tras la noche de reyes. Tía Natalia, tan pródiga ella en regalos y excesos en las fiestas navideñas, se propuso superar el regalo del año pasado, ¿cómo ofrendarme con algo mejor que los  ultra-maravillosos calcetines de lana rasposa colorados del año anterior? Yo también pensaba que un regalo así era insuperable, pero no, podía superarse y con creces. Ese año mi tiíta estaba dispuesta a tirar la casa por la ventana: una magnífica manta de lana rasposa colorada a juego con los malditos calcetines. Gracias tía, tú sí que sabes qué es lo que les gusta a los chicos.&lt;br /&gt;            Por muy capullo que la gente crea que soy, no me gusta en absoluto andar hiriendo a la gente que se preocupa por mí, y si mi tía me regala unos jodidos calcetines espantosos, sonrío; y si al año que siguiente se le ocurre la genialidad de que mi regalo sea una asquerosa manta, pues también sonrío y digo “gracias tita”, para que vea que la aprecio, pese a que por dentro esté cagándome en el primer hombre o mujer al que se le ocurrió fabricar prendas textiles con pelos de oveja. De modo que sonreí a mi tía, le di las gracias por tan estupendo regalo y la ayudé a llevar al contenedor las andrajosas mantas de mi cama.&lt;br /&gt;            Al día siguiente, aprovechando la salida de tía Natalia a  casa de no se qué parientes, mi pelirrojita y yo nos dedicamos al estreno, uso y disfrute, de mi regalo de reyes. A ella, de familia un poco más normal y completa que la mía, le habían regalado una camisola con puntillas que estrenó ese mismo día. La encontré tan condenadamente bonita que no tuve más remedio que quitarle la camisola y acabar como ya se preveía: arrancando las sábanas y enredándonos entre la manta de mi tía. Con tanto traqueteo la espalda de ella no hacía más que rozarse con la maldita manta. La cosa fue bien durante los primeros minutos, pero luego su espalda comenzó a irritarse por culpa del roce  con la lana, provocándole una urticaria que le dejó la piel más colorada que la manta misma.&lt;br /&gt;            Su espalda acabó tan mal parada que incluso tuve que ir a buscar la crema de flores de mi tía para paliar el escozor y que pudiera volver a ponerse la camisola. Tras esto estuve un par de días sin verla,  incluso creí haberla perdido por culpa de la maldita manta. Fui a verla a su casa y me enteré de que estaba guardando reposo tumbada boca abajo  para que se le curara la horrible irritación. Al parecer, su epidermis era hipersensible al contacto de ciertos tejidos, irritándose descomunalmente con sólo tocarlos y cuya fricción durante tiempo prolongado podía producirle incluso quemaduras en la piel.&lt;br /&gt;            No recuerdo qué bola me contó que le había echado a sus padres para ocultar la verdadera causa de su irritación epidérmica. Ellos eran de esas personas sonrientes que pondrían la mano en el fuego por cualquiera de sus hijos, les compraban bonitos regalos de navidad y los abrazaban mucho. Tenían aquella casa estupenda llena de cojines y de cuadros, el lugar ideal para hacer el amor entre sábanas de algodón sin tener que quitarlas. La pega era que la casa también estaba llena de gente todo el tiempo: hermanitos, abuela, abuelito, gata, gatito… con lo cual los escarceos amorosos quedaban restringidos a mi dulce y patético hogar, sin sábanas pero con mantas asesinas.&lt;br /&gt;            Continué visitándola  los días siguientes para llevarle flores. A ella le gustaron tanto mis románticas y castas visitas  que, en cuanto estuvo recuperada, fue a visitarme con su camisola nueva aprovechando otra ausencia de mi tía. Al verme hacer amago de ir a quitar las sábanas me detuvo.&lt;br /&gt;-¿Qué haces?, ¿no recuerdas cómo acabó mi espalda?&lt;br /&gt;-Tranquila, Quitaré la manta también.&lt;br /&gt;-¿Estás loco? ¡Nos moriríamos de frío!&lt;br /&gt;-¡Já! ¿Qué se le ocurre a la señorita que haga?&lt;br /&gt;-Deja las sábanas, ¿por qué esa estúpida manía de quitar siempre las sábanas?&lt;br /&gt; Nos han jodido, ¿cómo le explicas a una tía que no quieres que tu tía vuelva a darte el coñazo con la moralidad y el matrimonio?&lt;br /&gt;-Oye, oye, no voy a dejar las sábanas.&lt;br /&gt;-¿Por qué?, ¿acaso están sucias?&lt;br /&gt;-Es que no me mola hacerlo con sábanas.&lt;br /&gt;-Pues tú dirás, porque yo sin sábanas no me meto ahí. ¿O es que te importan más tus extrañas manías sexuales que mi espalda?-Ya estaba, armas de fogueo, cuando ven que te tienen acorralado comienzan a afilarse las uñas con el filo de tus propios dientes.&lt;br /&gt;-Está bien, métete con sábanas. Me las apañaré cómo pueda.&lt;br /&gt;-Vengo limpita, ¿sabes? No hace falta que las fumigues después de esto.-Mierda, ¿no podía hacer el favor de desnudarse y callarse de una vez?&lt;br /&gt;-Nena…&lt;br /&gt;-¿Sabes lo que te digo? Que me largo a mi casa, allí al menos puedo meterme en mi cama con sábanas.- Claro, con sábanas, pero sola, ¿o es que no notaba la diferencia? -Nena, nena, no saquemos esto de madre, ¿vale?&lt;br /&gt;Un beso en el cuello. Una mano sobre los botones de la camisola. Bingo.&lt;br /&gt;            A la mañana siguiente Tía Natalia, continuando con su tradición para sobrinos malcriados, se dispuso a hacerme la cama. Sabía que la tarde antes había estado con ella allí porque nos la habíamos encontrado por el camino cuando acompañaba a la chica de vuelta a casa.&lt;br /&gt;-Tita, no hagas la cama. En cuanto acabe la haré yo.&lt;br /&gt;-Pero si ya sabes que a mí no me cuesta nada.&lt;br /&gt;-En serio, dedícate a otras cosas, que ya soy mayorcito para que me andes haciendo la cama.- Solté mientras pensaba “Seguro, tú lo que quieres es cotillear a ver de qué color son los  pelitos enganchados a la tela!”&lt;br /&gt;-Pero si eres mi sobrino favorito.&lt;br /&gt;-Y el único.&lt;br /&gt;-Pero si tuviera más  también lo serías.&lt;br /&gt;-Tita…&lt;br /&gt;-Deja de dar la lata y acaba de desayunar. Yo me encargo de tu cama.&lt;br /&gt;            Punto en boca. No intentes llevarle la contraria, sólo quedaba rezar para que no encontrar  nada que echarme en cara.&lt;br /&gt;-¡Pero, pero…&lt;br /&gt;            Caput, castrado.&lt;br /&gt; -¿Pero qué, tita?- La mitad de sus frases malditas empezaban con pero.&lt;br /&gt;-Pero ya te dije qué… ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Has vuelto a… a…!- Tartamudea exquisitamente bien, todo hay que decirlo.&lt;br /&gt;-¿A qué, tita?&lt;br /&gt;-A esa cosa horrible con esa chica.&lt;br /&gt;-No es tan horrible… Ya somos mayorcitos…&lt;br /&gt;-¡Sí que lo es! Y mientras vivas en esta casa no quiero ver ni un solo pelo que no te pertenezca entre las sábanas, ¿entendiste? ¡Ni uno solo!&lt;br /&gt;-Sí, tita.&lt;br /&gt;-Ahora acaba el desayuno y me pones esos pantalones en el cesto para remendar que da pena verte con esas fachas.&lt;br /&gt;-Enseguida, tita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Me impuse un par de semanas de castidad para recuperar la confianza de mi señora tía. A la pelirroja le dije que sentía algo extraño en el estómago que me provocaba náuseas constantes.  Fue algo realmente insufrible, la chica estaba tan agradecida por haberla ido a ver durante su reposo que sintió la obligación de hacer lo mismo. Cada santa tarde se plantaba en mi casa, estuviera o no estuviera mi tía. Si estaba no había ningún problema, uno refrena perfectamente cualquier instinto sexual con la cercanía de los parientes. Lo malo era cuando no estaba y mi pelirrojita comenzaba a besuquearme inocentemente en las mejillas para que me repusiera pronto.&lt;br /&gt;            Tras dos exitosas semanas de tristes pajas en el cuarto de baño, le dije a mi tía que la veía muy liada con todos sus asuntos, y encima tener que ocuparse de mí y de la casa… Al fin y al cabo yo no hacía gran cosa durante el día, vagaba de un sitio a otro haciendo trabajillos, así que… ¿podría ayudarla en las tareas del hogar? Al principio se opuso, cómo no, pero pronto cedió al darse cuenta de que mi proposición no se limitaba a ocuparme de la colada de MIS sábanas en particular, sino que incluía la colada de la ropa de cama de toda la casa y la limpieza de los cuartos de baño. Con propósitos así se convence a cualquiera.&lt;br /&gt;            Como viene siendo habitual en mi vida, al principio todo iba más o menos bien. Ponía la lavadora con las sábanas sucias una vez por semana y limpiaba los baños a días alternos. Al duro episodio semanal de poner las sábanas en la lavadora, verter el detergente en el cajoncito, pulsar un botón y poner en marcha el programador para que el lavado durara media hora justa, se añadía ahora la infernal obligación de cargar con el limpia cristales, la lejía, los paños y el estropajo, empapar un paño con limpia cristales, pasarlo por el  espejo con cuidado, sin que queden restregones, fregar con lejía los lavabos, sin salpicar, aclarando bien que no queden olores, y, por último, lo más desagradable de todo, empapar el estropajo de lejía y frotar, pero frotar bien, con ahínco,  la taza del váter. Nótese que en la casa teníamos dos cuartos de baño, uno que utilizaba mi tía y otro para mí, con lo cual estas encantadoras actividades quedaban multiplicadas por dos.&lt;br /&gt;            Durante un par de semanas luché por esta causa que creía tan justa. Limpié con tesón e incluso planché las sábanas antes de ponerlas, hasta llegué a perfumar los lavabos con aroma de espliego en un par de ocasiones. Luego me cansé, al igual que me  había pasado con tantas otras cosas antes, como con los estudios, los trabajos, los programas de televisión, las canciones de moda o los pantalones ajustados. Me harté de frotar, del olor a lejía, de pasar la condenada plancha por cada arruguita, de echar chorretes de limpia-cristales en los espejos  y hasta de  girar la rula del programador para que el lavado durara treinta minutos exactos.&lt;br /&gt;            Como he dicho, mi causa era justa. ¿Quién no lucharía por no tener que oír protestar nunca, nunca más en materia de pelos a alguien como mi tía? De modo que sabía que no podía abandonar del todo las actividades de las que había prometido hacerme cargo. Mi plan era el siguiente: limpiaría el cuarto de baño de mi tía y limpiaría sus sábanas puntualmente, mientras que mis sábanas y mi lavabo quedarían subordinadas a mi apetencia.&lt;br /&gt;            Por desgracia, no soy una persona a la que suela apetecerle con frecuencia dedicarse a las labores del hogar, lo que unido a mi gran capacidad para la vagancia hizo que mis sábanas y mi lavabo se convirtieran en criaderos de roña antes de que pudiera darme cuenta.  Para eso de la mugre la pelirrojita sí que tenía ojo, y comenzó a soltar sus comentarios mordaces con premura. “¿Puedo usar tu lavabo?” “Claro, te espero.” Típico en ella antes de perdernos en mi cama. “Tío, qué asco. ¿Cuánto hace que no friegas esto?” “¿Qué no friego el qué?” “El váter, está que da pena…”  “Vamos, no es para tanto…” “Sí, sí que lo es. Es una auténtica porquería.” Por su cara tono se notaba que no le hacía ni pizca de gracia que hubiera algunas manchitas resecas en la porcelana blanca. “Venga, acaba de una vez y ven.”&lt;br /&gt;Cuando regresó llevaba tal cara  nauseabunda que no me extrañó que me dijera: “Oye, dejémoslo. Me ha quitado las ganas tu asqueroso lavabo. Mañana, ¿de acuerdo? Y límpialo, no seas cerdo.”  A partir de aquél día la obligué a utilizar el impoluto aseo de Tía Natalia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            “Sniff, sniff..” La pelirrojita olfateaba entre mis sábanas. “¿Qué es eso que huele tan mal?” Ya empezaba, ¿por qué no hacía el favor de concentrarse y dejaba los olores para cuando hubiésemos terminado? “¿El qué? Yo no huelo nada.” Hice un intento de reanudar la pasión. “¡Ag! Es repugnante. Como si tuvieras ratas muertas debajo de la cama”. “No tengo ratas muertas debajo de la cama”. “Mejor dejémoslo por hoy, este maldito olor no me deja seguir.”Inconsciente de mí, juro que tenía intención de ponerme a limpiar, sobre todo después de la escenita última de la cama, una cosa así hay que hacer lo que sea para salvarla, pero… quitar las sábanas, meterlas en la lavadora, poner detergente en el cajoncito, poner en marcha el programador, esperar treinta minutos, tenderlas, recogerlas, plancharlas, volver a hacer la cama… hay cosas para las que uno no ha nacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            La siguiente vez no le fue necesario ni olfatear, fue entrar en las sábanas y encontrarse un... ¿¡un pelo?! “¿Qué es esto?” Soltó escandalizada. “Un pelo”. “Ya sé que es un pelo, pero ¿de quién?” “Mío, evidentemente. No es rojizo, así que es mío.” “Podías tomarte la molestia de cambiar las sábanas.” “Ya.” “¿No cambias las sábanas nunca? Esto huele a rancio.” “Qué va a oler a rancio.” “Huele a rancio. Y ahí manchas por todas partes.” “¿Voy a tener yo la culpa de todas las manchas de este mundo?” “De estas te aseguro que sí”. Silencio. A veces callarse funciona. Debía tener bastantes ganas, porque ignora toda la porquería y seguimos a lo nuestro. Sin embargo, creo escuchar un “guarro” bajito mientras se viste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;           “Sniff, sniff…” Olfateando de nuevo. Me abalanzo sobre su boca antes de que pueda abrirla. Se separa de mí. “¿A qué demonios huele esto?” “A ti.” Mierda, mierda, ¡MIERDA! Maldito intento de romanticismo. La bofetada es instantánea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Por supuesto que no volví a ver a la pelirrojita después de esto. Tampoco me quedaron ganas, me había dejado la cara bien señalada. Además, ya estaba harto de sus escenitas con los olores y de tener que repetir el ritual de lavar las sábanas de mi tía y su lavabo sólo para guardar las apariencias. Tampoco era una gran chica, guapa, sí, con pelitos rojos la mar de simpáticos, aunque demasiado fastidiosos a la hora de la verdad.&lt;br /&gt;            Cuando me dejó hice un poco el paripé y le hice saber a mi tía que me había dejado. No recuerdo qué bola le eché sobre el porqué  de la separación,  como veis no tengo buena mano recordando mentiras. Me encerré un par de días de ficticia depresión en mi habitación y mi buena tía se apiadó de mí. Durante esos dos días ella volvió a ocuparse de la limpieza de los lavabos y la colada de sábanas. Una vez logré superar mi gran, gran trauma, ella siguió haciéndose cargo de todas las labores de la casa. Incluso volví a dejar que me hiciese la cama. Podía volver a disfrutar de mi actividad favorita: no hacer nada.&lt;br /&gt;            Después de tantas comeduras de coco con las sábanas y tan duro sacrificio en mis relaciones con la limpieza y las mujeres aprendí algo:  la próxima, morena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-2880909088823185788?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/2880909088823185788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=2880909088823185788&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2880909088823185788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2880909088823185788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/cosas-que-hacer-t-mismo-2007.html' title='-Cosas que hacer tú mismo- (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-3318078070567144494</id><published>2007-09-18T04:23:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:23:43.938-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>-Último Pequeño Cuento Químico- (2007)</title><content type='html'>Las niñas de ciencias recogen sus cosas: escuadra, cartabón, calculadora científica; probetas, pipetas y demás instrumental robado del laboratorio, tablas periódicas, manuales de cuántica y dins-A3 para planos y maquetas. El esqueleto humano se guarda definitivamente en el armario, los nombres de los músculos y la tectónica de placas caen en el olvido. &lt;br /&gt; Al rellenar la matrícula del año próximo se preguntan extrañadas: ¿dónde está la física?, ¿y las matemáticas? ¿Dónde quedan Wolframio, Molibdeno y los demás elementos? ¿Ya no más reacciones de ácidos y bases? ¿Qué fue de la cuántica? ¿Por qué no encaja la geometría?  Sin ellas quererlo desaparecen los limites, las derivadas, las integrales, y todas las demás cosas con nombre de alimento que puede encontrarse en cualquier supermercado que existen en las matemáticas. Se desvanecen las cuentas y las noches soñando con problemas de álgebra. Adiós a las gráficas, a las reacciones, a los procesos inversos, a las cosas que caen, a las que se atraen, a las que se olvidan, a los principios del universo, a los finales del universo, al universo mismo. &lt;br /&gt; Las nuevas asignaturas tienen nombre tales como “lingüística”, “morfosintáxis”, “lexicografía” o “lexicografía”. Al principio sus lengüetitas se hacen un lío al pronunciar tales palabras: “lingüís..” y se paran, pensando en qué lío se han metido. No obstante, tienen esperanzas: sus lenguas son versátiles y musculosas, no tardarán en adaptarse a los nuevos términos. “Nada más difícil que Ununquadium y Ununnilium”, piensan. &lt;br /&gt; Pronto lo consiguen totalmente. Se adaptan en sueños a la idea mucho antes de empezar las clases. Sus nuevos compañeros no piensan en gráficas sino en palabras, decir ahora  cualquier cosa en cualquier lengua tiene más sentido que saber formular el cloruro potásico. Allí se sueña con viajes, con llenar los oídos de sonidos no maternos y las maletas de abrigos. Allí no se preguntará el por qué constantemente ni habrá una regla fijada para hacer las cosas. La objetividad muere, ¿por fin? La frustración matemática acaba, la tensión de la física y el asco de la química se desvanecen. Todos cantan canciones con pronunciaciones perfectas. &lt;br /&gt; Los utensilios de análisis quedarán pronto olvidados, relegados a un rincón lleno de polvo. Las pruebas en laboratorios esterilizados se cambarán por la asepsia de la calle, donde explorarán bocas con los dedos cruzados creyendo no infectarse. Olvidadas y alejadas de toda ciencia demostrable  crearán sus propias gráficas y estadísticas con saltos y límites imposibles. Harán saltar sus electrones a regiones no cuantizadas cada noche. Sonreirán creyéndose transformadas, en cierto modo  purificadas al haber cambiado la dictadura de las químicas y las físicas por la anarquía de los recitales de poesía. &lt;br /&gt;No obstante… &lt;br /&gt;Las niñas se miran las manos, lo que sospechaban: aún son verde uranio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Sciences Girls For Ever)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-3318078070567144494?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/3318078070567144494/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=3318078070567144494&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3318078070567144494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3318078070567144494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/ltimo-pequeo-cuento-qumico-2007.html' title='-Último Pequeño Cuento Químico- (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6528115079850013899</id><published>2007-09-18T04:22:00.001-07:00</published><updated>2009-02-15T06:27:06.769-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De Hadas Caramelos Lunas y Trapecistas'/><title type='text'>-La Muerte del Sol- (2006-2007)</title><content type='html'>Cuando Mamá Sol yacía tendida en la cama con sudores y fiebres todos comprendimos que al día siguiente no saldría el Sol. Al día siguiente no saldría el Sol en la medida en que éste dependía de ella.&lt;br /&gt;            Aún estando postrada en la cama se resistía a abandonar sus preciados utensilios. De entre sus dedos pendían sus amuletos, los mismos de los que se valía cada noche para cumplir su sagrado deber y que, ahora, acompañaban duros momentos de penuria. De cuando en cuando parecía recobrar fuerzas, se aferraba al collar de cuentas y se esforzaba en murmurar una oración. Ponía toda su alma en aquella tarea, tosía entre palabras y su respiración se entrecortaba. No cesaba en su empeño hasta que los sudores la cubrían y el aire abandonaba por completo su cuerpo. Tenía que hacerlo, era su deber y obligación.&lt;br /&gt;            Las mujeres del pueblo se turnaban para poner paños de agua sobre su frente, ardiente como el mismísimo Sol. Los niños temblaban y los hombres decían adiós a sus campos. Sin ella, sin Sol, de nada serviría ya regar ni cultivar siquiera. Intentaban mantenerse firmes ante la horrible maldición de las tinieblas que iba transformándose en realidad conforme pasaban los segundos. Sin sus súplicas, sin sus rezos, de nada servirían nuestras lágrimas. Él no iba a  hacer caso de unos pobres desgraciados como nosotros que le pedían que brillase con estúpidas plegarias humanas. Tan sólo Mamá Sol tenía la  capacidad de convencer al Dios Sol de que se apiadase de su pueblo y, en su constante caminar por el cielo, se detuviera para bendecirnos, calentando nuestras tierras con su sola presencia.&lt;br /&gt;            Cada atardecer podías ver a Mamá Sol salir con su alfombra de anea al hombro. Se colocaba justo frente al lugar donde esperaba que el Dios Sol saliese, dedicándose  a la ardua tarea de suplicar y rezar al Sol para que apareciera a la mañana siguiente. Convencerlo no era para nada una tarea fácil, bien es sabido que el Dios Sol es vanidoso y nada benevolente. Cada atardecer ponía de nuevo en marcha su ruta, buscando el camino que había de llevarle junto a los demás dioses. Quería llegar al lugar donde los otros, sus hermanos, reposan eternamente tras la fatiga producida por la creación y construcción de toda la Tierra. Ese lugar del que fue expulsado en el principio de los tiempos justamente por su vanidad.&lt;br /&gt;            YA desde el origen, al Dios Sol le gustaba admirarse y ser admirado. Él fue el encargado de crear al Astro, el cuerpo celeste que giraría y aparecería cada día por el cielo. El Dios Sol gustaba de introducirse en el objeto de su creación para ser adulado por los hombres. Los demás dioses, hartos de que su hermano no descansara eternamente junto a ellos debido a su engreimiento, lo expulsaron del lugar. Lo hicieron quedar deslumbrado por sus propios rayos, de modo que no pudiera encontrar el camino de regreso al sagrado lugar del reposo eterno.&lt;br /&gt;            Cada noche, cuando se ocultaba, seguía buscando el camino, volviendo a deslumbrarse con sus rayos. Así, mientras el Dios Sol daba vueltas y la mujer intentaba convencerlo para que se dirigiera hacia ella, hacia el sonido de sus palabras. Los rezos estaban llenos de halagos y adulaciones. Le hablaba de rituales y ceremonias en su nombre que nosotros mismos celebrábamos al borde de los acantilados; le ofrecía flores de su mismo color y mostraba todos los amuletos que eran tallados con su forma. Finalmente, el vanidoso Sol cedía. A la mañana siguiente volvía a estar aquí, dándonos el calor que tanto necesitamos.&lt;br /&gt;            En algunas ocasiones a la buena mujer le costaba lágrimas que el Sol volviera a aparecer, le suplicaba de rodillas y le entregaba su llanto. Pero el Sol quería continuar su desesperada búsqueda. La sabia Mamá Sol se las ingeniaba para que no nos abandonara por completo. Lo convencía para que saliera a iluminarnos, aunque lo hiciera por menos tiempo y más fríamente. En esas épocas el Sol se veía grande, majestuoso, pero enfrío invadía nuestras carnes de todos modos.&lt;br /&gt;            Mamá Sol contemplaba su obra cada amanecer. Su dicha se desbordaba al tiempo al que el Sol iba inundándolo todo con sus rayos. Lo que la mayoría consideraba un simple espectáculo rutinario era en verdad una gran proeza en la que ella ponía toda su voluntad. No había hombre ni mujer en todo el poblado capaz de lograr una maravilla como esa. Ni siquiera los alumbramientos de las parturientas –cuyo esfuerzo y sacrificio eran reconocidos por todos-, podían compararse al esplendor de su logro. Ella no daba luz a una vida, sino a todas.&lt;br /&gt;            Así como al Astro Sol le eran realizados rituales y sacrificios, a Mamá Sol se la trataba también con ceremonias y dedicación. Cada mediodía, cuando la buena mujer despertaba de su merecido reposo tras la larga vela en espera del Astro, las niñas del poblado le llevan agua fresca con la que se lavaba la cara. No tenía nunca que preocuparse por cuestiones de alimentos ni cocina. Es más, en su choza apenas había un fogón y un puchero en el que calentaba hierbas para achaques que a su edad ya iban siendo frecuentes. Las mujeres se turnaban para cocinarle y llevar las más exquisitas recetas a su mesa. La buena de Mamá Sol  bendecía a todos los que por allí pasaban iluminando sus rostros con una antorchita. “El resplandor del fuego es hermano del resplandor del Sol”, decía levantando la llama, “que Sol y fuego alumbren tu camino.”&lt;br /&gt;            Durante los equinoccios de primavera y otoño se celebraban festivales en su honor y en el del Sol. El poblado entero festejaba con alborozo el equilibrio que Mamá Sol había conseguido con el Astro: la igualdad casi perfecta de horas de día y de noche, además de una temperatura idílica que hacía que acabaran de madurar los campos y llegara el tiempo de la cosecha. Pero la noche realmente grande era aquella en la que el pueblo entera se juntaba en los acantilados y, dirigidos por Mamá Sol, protagonizábamos una plegaria multitudinaria en la que se pedía al Sol que saliese. Era una súplica fácil, llena de fiesta y alegría, con los músicos cantando y las gentes bailando sin parar, nada comparado con las arduas noches de vigilia en las que la mujer se dirigía al Astro al borde de las lágrimas. Era en esa noche cuando el Dios se encontraba más compasivo y bondadoso que durante el resto del año, por lo que era ideal para rogarle todos juntos y hacerle ver que el pueblo do admiraba y trataba  como a un dios corresponde. El So, atento a nuestra multitudinaria y fiel plegaria, hacía acto de presencia enseguida, dejando la noche reducida a unas pocas horas y regalándonos con unos días inmensos, en los cuales se sentía su calor y proximidad más que en ninguna otra época del año.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            El terror llegó al poblado el mismo día en que se supo que Mamá Sol había enfermado. Más de doscientos ochenta periodos estaciónales sin un mal de pulmones ni una sola caída en la fiebre para que, de repente, la imprescindible mujer se encontrara postrada entre las pajas del camastro pudiendo balbucear apenas unos rezos. El Sol resplandecía aquel día, su calor era el mismo que desprendía la frente enfermiza de la mujer. Sus rayos parecían señales de despedida. Uno de los pastores había sido quien la había visto desplomarse en el suelo justo al finalizar sus rezos, ya al amanecer.&lt;br /&gt;            “Pócimas curativas, pomadas, ungüentos, brebajes y paños para Mamá Sol, que está malita”, recitaban a coro unas pequeñuelas a las que sus madres habían mandado a buscar casa por casa tales productos. Recolectaron la botica entera del pueblo, a la vez que alarmaron a los que aún no eran conocedores de la desgracia que se les venía encima. Cuando la llevaron a su cama pensaron que todo quedaría en un mal susto, cosas de la edad, del calor todo lo más. Conforme avanzaba el día sin que las muestras de mejora hicieran acto de presencia, el pánico comenzó a cundir. De sobra era sabido que ella y nadie más que ella podía salvarnos de las tinieblas.&lt;br /&gt;            La histeria se adueñó de los espíritus cuando Mamá Sol soltó de sus manos el collar de cuentas con el que solía convocar al Astro. Los últimos rayos se filtraban por la ventana mientras los hombres contemplaban la caída del Sol llenos de congoja. Los niños más avispados, sabiendo el peligro que se les venía encima, lloriqueaban abrazados al cuello de sus mamaitas. Las mujeres trabajaban duro en la casa de Mamá Sol, inundando el ambiente con vapores de eucalipto y humedeciendo su viejo cuerpo con toallas. Todas con las lágrimas a flor, atónicas al contemplar el final que se les venía encima, sabiendo que sus corazones de madre no podrían hacer nada.&lt;br /&gt;            Sólo ella conocía los sortilegios adecuados, la súplicas y rezos exactos. Sólo ella podía salvarnos de las tinieblas. Tuvimos pesadillas durante siglos con ese momento, el momento en que el Dios Sol reanudara su búsqueda y fuera perdonado por sus hermanos. Los demás dioses nos castigarán entonces a los hombres, reprochándonos que engatusáramos a su hermano con rezos y ofrendas en lugar de rechazarlo como ellos habían hecho. Ese día la piedad de los dioses caerá sólo sobre su igual, al que permitirán volver, pero al que darán el último escarmiento sumergiendo al Astro en una gran cuba de agua, donde los rayos se apagarán sin que hierba una sola gota. Castigo que también caerá sobre nuestras cabezas, la luz se apagará por siempre y el frío comenzará a congelarnos la sangre.&lt;br /&gt;Cuando el Sol caiga, el frío y la tiniebla se adueñarán de la Tierra. La vida comenzará sin prisas a ser muerte, advirtiéndose apenas con el susurro de la oscuridad en vez de con los cascabeles con los que habría  de anunciar su llegada. Silenciosa y fúnebre, hará que se nos enfríen las carnes y se entumezcan nuestros huesos al paso que los cultivos perecen por la ausencia del Gran Astro. Los animales morirán congelados. Tan sólo unos pocos conseguirán salvarse, huirán a las montañas a refugiarse en las cuevas y alimentarse de los escasos rastrojos que soportarán el frío. Nosotros, los hombres, dejaremos de ser humanos para convertirnos también en animales, en bestias. Correremos cual salvajes tras los pocos mamíferos vivientes par intentar dar de comer a los nuestros. Mataremos algo más que simples almas sin conciencia. Lucharemos contra aquellos que eran nuestros hermanos y que acabarán convirtiéndose en carnes desgarradas. Nuestros hijos perecerán sin que podamos impedirlo. De este modo, el fin de la condena del Sol, el perdón del Dios, será a su vez el fin del pueblo que lo engatusó con idolatrías.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Cuando Mamá Sol exhaló su último suspiro los gritos se apoderaron de la casa. El atardecer se la llevó mientras la noche traía la locura. Tres o cuatro mujeres cayeron desmayadas al poco de haber muerto la mujer. Las demás corrieron a abrazar a sus hijos, a buscar a sus maridos para planear su vida y supervivencia en el mundo de las tinieblas. Sólo unas pocas supieron guardar la calma, dedicándose a  velar  y preparar el cadáver para dalre la sagrada sepultura que se merecía.&lt;br /&gt;Cuando los nervios iniciales hubieron pasado, la calma del terror se apoderó del pueblo. Los gritos, los pasos corriendo atropellados, los desmayos y los ataques de pánico cesaron. El pueblo aceptó con resignación la condena, así estaba escrito y así sería. Más valía malvivir durante alguún tiempo, entregándose al fin con el alma en paz, que agonizar luchando por sobrevivir a lo irremediable. Sólo los susurros de las oraciones y el paso de las lágrimas por las mejillas rompían el silencio de la noche.&lt;br /&gt;Ya estábamos preparados para la hecatombe cuando se acercaba la hora en la que el Sol solía surgir por el acantilado. Acabábamos de enterrar la última esperanza cuando una pequeña luminosidad alarmó a nuestros corazones. Los niños contuvieron el llanto durante unos segundos, las lágrimas se secaron e incluso cesaron los rezos que velaban el cadáver. La congoja se transformó en éxtasis. Allí estaba, bañándonos con sus rayos.&lt;br /&gt;El Sol. Inmenso, brillante, cálido. Una explosión de color se adueñó del firmamento. Le ofrecimos nuestros rostros sorprendidos como si lo contempláramos por vez primera. Las estrellas se difuminaban y las tinieblas se diluían entre luces anaranjadas. Nuestra incredulidad se transformó rápidamente en agradecimiento. A él y sólo a ÉL debíamos y debemos nuestras vidas.&lt;br /&gt;Había esperanzas para la vida pese a la muerte de Mamá Sol, ¿cómo era posible? Tras los primeros momentos de incontenible alegría, el pueblo entero volvió a alarmarse. Podía tratarse tan sólo de un tránsito, el Sol podía reemprender su marcha en cualquier momento.&lt;br /&gt;Pero no, no había duda. Estaba allí como cada día, como cada vulgar amanecer, sin cambios ni variaciones que hicieran prever su desaparición ni modificación alguna. La estúpida manía humana de cuestionarlo todo apareció en las mentes. ¿Cómo?, ¿cómo estaba él allí? Si el Sol dependía de ella, si sólo obedecía a sus rezos y sus súplicas, ¿cómo era posible que hubiera regresado a nuestro cielo?, ¿o tal vez nunca se había marchado?&lt;br /&gt;No era posible, no. La mentira o la piedad eran las opciones. O bien el Dios Sol y los demás dioses se habían apiadado de nuestras míseras vidas de hombres, o las palabras de Mamá Sol nunca sirvieron para nada que no fuese a suceder pese a ella. Si todo era mentira, si nuestras ofrendas, rezos y creencias no eran más que una invención, ¿qué les quedaba a nuestras almas?&lt;br /&gt;Si la leyenda no se había cumplido, si los dioses creadores no estaban llamando a su hermano, si el hermano mismo actuaba fuera de toda lógica con aquel amanecer haciendo que no escuchaba, ¿acaso no podía ser todo una quimera? ¿Qué pensar cuando la profecía no se había cumplido? ¿A dónde se dirigían nuestros rezos? ¿Mamá Sol verdaderamente se comunicaba con el Dios Sol? ¿A quién encomendábamos nuestras almas? ¿En qué confiábamos?, ¿en qué creíamos? Las lágrimas de temor por las tinieblas fueron sustituidas por las lágrimas de los desorientados, del pueblo que, más desamparado que nunca, miraba al cielo sin saber si era un dios o un objeto lo que estaba sobre sus cabezas. Sin saber si alguien nos escuchaba y vigilaba, si había un algo más detrás de las montañas y de los valles. Algo, cualquier cosa, detrás de todo el sufrimiento humano. ¿Cómo vivir con esa carga de desasosiego? Vivos, pero… si ella ha muerto, si el Sol sale, si no sabemos qué ni cómo ni cuándo, ni siquiera por qué estamos aquí, ¿no pierden nuestras vidas todo sus sentido?, ¿no es la nuestra la gran tragedia del pueblo abandonado que pierde la fe?&lt;br /&gt;Mientras el pueblo entero buscaba explicaciones inexplicables al fenómeno, su pequeña sombra fue atisbada al borde del precipicio. Estaba acurrucada en el suelo con un collar de cuentas enredado den las manos. Tenía los labios resecos y llenos de oraciones. Ahí estaba, temblorosa y satisfecha, nuestra salvadora. La niña de cuyas manos pendían ahora nuestras vidas. La única y bienaventurada pequeña que sería conocida a partir de entonces como la Hija del Sol.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6528115079850013899?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6528115079850013899/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6528115079850013899&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6528115079850013899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6528115079850013899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/la-muerte-del-sol-2006-2007.html' title='-La Muerte del Sol- (2006-2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-4642927114860100887</id><published>2007-09-18T04:21:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:21:57.498-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Corred. Se acaba nuestro tiempo.'/><title type='text'>-Dieciochoava (Lo.Li.Ta.)-  (2007)</title><content type='html'>El día en que Lolita cumplió 18 años todos sus Humberts Humbert confluyeron en la puerta de su casa con regalos y desdenes. &lt;br /&gt; Tengan ojo que no estamos hablando de una de tantas “lolitas” casuales, de esas que encuentran a su Humbert azul y se enamoran de él puritanamente; sino que ésta es una lolita vocacional en carne y sexo. Una de esas pequeñas divas que sólo ponen sus caricias sobre carnes que les saquen mínimo dos cabezas y otras tantas docenas de años. &lt;br /&gt; Los regalos eran de lo más variado –perfumes caros, joyas, ramos de flores, abrigos de pieles…- , pero todos englobados dentro de la finura y capricho que merecía una dieciochoava cumpleañera como ella. &lt;br /&gt; Pese a los regalos, Lolita no salió a la puerta. No quería piedras preciosas, guirnaldas de orquídeas ni collares de perlas. No quería oír hablar de matrimonios permitidos por la ley, de relaciones legales entre mayores de edad ni amor adulto. &lt;br /&gt; Cuando Lolita salió de casa hasta los Humberts más devotos se habían cansado de esperar. Cuando Lolita salió ya no era Lolita, sino Humbert. Ahora era su turno de regalar ositos de peluche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-4642927114860100887?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/4642927114860100887/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=4642927114860100887&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/4642927114860100887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/4642927114860100887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/dieciochoava-lolita-2007.html' title='-Dieciochoava (Lo.Li.Ta.)-  (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-8433162210447043008</id><published>2007-09-18T04:11:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T04:12:24.754-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Torturas Quetzales'/><title type='text'>-Ix Chel en San Francisco-</title><content type='html'>“¿El teatro es la vida ola vida da teatro? La belleza&lt;br /&gt;Concentrada de la vida da el teatro.” Paco Macià, Cía. Ferroviaria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escenario en penumbra, al fondo unos módulos  a modo de plataformas que simbolizan los niveles del cielo e inframundo mayas.  (Ver anexos....) En el centro tenuemente iluminado, un barreño metálico con agua y mazorcas de maíz al lado. Profundo silencio que rasgará una voz profunda y misteriosa, con ecos que hacen que parezca lejana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voz en off: Al principio, al principio no había nada. Sólo silencio (pausa). Al principio todo era silencio. Todo en suspenso, todo en calma, inmóvil y callado. Al principio... al principio no había nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparece Ix Chel, la diosa Luna, anciana ajada, arrugada y escuchimizada. Su delgadez  contrasta con sus ropajes:  una voluminosa falda con huesos bordados en ella, bártulos colgados (una pata de conejo, .....), remiendos y trozos de telas recosidos... Sin llegar a dar el aspecto de una pordiosera, más bien el de una “maga”./ “hechicera”.&lt;br /&gt; Nuestra diosa se acerca al barreño, muele el maíz, lo sumerge en el agua mientras la intensidad de las luces va decayendo hasta alcanzar la oscuridad total. Oímos un chapoteo, las luces vuelven igual suavidad. Cuatro hombres, que parecen haber salido del barreño, se alejan andando. El rostro de Ix Chel rebosa felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ix Chel: Ahora sí, ¡sí! ¡Sí! (Sube corriendo a los módulos). ¡Procread, multiplicaos al amanecer y veneradnos a nosotros: vuestros dioses, vuestros creadores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Luces-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena II  penumbra&lt;br /&gt;Dos camitas pequeñas en escena, dos niños  casi dormidos en ellas. Entre las camas, sentados en un sillón, los padres. María, la madre, sujeta un libro y lee:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María: Crearon a los animales, pero éstos sólo chillaban, cacareaban y graznaban. No iba  a adorarlos ni a pronunciar su nombre. Los dioses decidieron castigarlos, condenándolos a servir de alimento a los otros seres cuando fueran creados. &lt;br /&gt;El alba estaba cada vez más próxima y los dioses necesitaban con urgencia unos seres obedientes, respetuosos, que los sustentaran y alabaran. Hicieron una criatura con lodo:  resultó tan endeble que se derritió al mínimo contacto con el agua. Luego probaron con unos muñecos de madera. Los muñecos llegaron a poblar y a multiplicarse por el mundo, incluso tuvieron hijos de palo. Estos seres no tenían alma, ni sangre ni entendimiento,  por lo que no recordaban ni adoraban a sus creadores. Como venganza, los dioses hicieron astillas a los muñecos de palo. (A su mujer) ¿Quieres continuar tú, cariño?  &lt;br /&gt;Antonio?: (Toma el libro, lee) Faltaba poco para la llegada del amanecer y sus seres no estaban listos. Fue la diosa madre, Ix Chel, la que tomó maíz, la sustancia primordial, amarillo y blanco, molió nueve veces y mezcló con agua. La suciedad de sus manos se convirtió en grasa humana, el maíz, en carne. Y, así, creó al hombre. Pero estos hombres eran seres perfectos...&lt;br /&gt;Entra tía&lt;br /&gt;Tía: Han venido a avisar. &lt;br /&gt;La pareja se levanta. Despiden a los niños con un beso en la frente, los arropan. Los pequeños duermen, su madre está al borde de las lágrimas.&lt;br /&gt;Tía: Cuidaros mucho. (Se despiden con un abrazo).&lt;br /&gt;Ant?: Cuida mucho de ellos. &lt;br /&gt;Mutis de Ant? Y María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena III &lt;br /&gt; Dioses sobre las plataformas, cada uno en el nivel que le corresponde en el cielo o inframundo Maya. &lt;br /&gt;Itzamna: ... seres perfectos. Sabios, capaces de conocer todo lo que había en el mundo. &lt;br /&gt;Chaac: su vista era tal que podían ver todas las cosas, por lejos que estuviesen.&lt;br /&gt;Ah Puch: (desidiosoooo, sanguinario!) Casi dioses.&lt;br /&gt;Itzamna: Con vaho sobre los ojos quedó su vista empañada. Nublada su sabiduría para que fuesen lo que debían ser y no lo que eran.&lt;br /&gt;Ah Puch: Destruida su sabiduría, podían dedicarse al propósito con el que fueron creados.&lt;br /&gt;Ix Chel: (repite las palabras con las que finaliza la I escena) ¡Procread, multiplicaos al amanecer y veneradnos a nosotros: vuestros dioses, vuestros creadores!&lt;br /&gt;Aparecen los cuatro humanos iniciales. Hacen una ofrenda de piedras preciosas, oro, “sangre” en cuencos y prenden incienso en un altar situado bajo la plataforma de Ix Chel. Se respira simbolismo, espiritualidad. Los humanos danzan  y untan con “sangre” a Ix Chel. De pronto, la esencia del rito desaparece: tiran el cuenco, las ofrendas, apagan el incienso y salen huyendo. Los dioses contemplan, incrédulos, la huida de sus fieles. Ix Chel, salpicada de rojo, parece enloquecer progresivamente: de la sorpresa al sobresalto, del sobresalto  a desesperación y a la locura. Su “locura” se traducirá en una actitud infantil de la diosa a partir de este momento, llorona y triste como una niña, aunque también alegre e inocente en ocasiones. &lt;br /&gt;Itzamna: (abrazando a Ix Chel) Un día florecerá de nuevo el linaje maya y expulsaremos a estos falsos antepasados, a estos vendedores de palabras, a estos zorros hipócritas. (palabas tomadas del  Chilam Balam). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena IV&lt;br /&gt;Espacio escénico dividido en tres partes: módulos al fondo, en los que están los dioses; parte derecha, por la que vagabundea nuestra enloquecida Ix Chel. La parte izquierda será la más iluminada, en ella encontramos el saloncito de unos inmigrantes yucatecas en San Francisco. Pequeño y desaliñado, sobriedad y simpleza en el mobiliario. Sofá, sillón y mesita en primer plano. Hace las veces de cocina, al fondo vemos un fogón y un pequeño frigorífico; y también de dormitorio, por lo que hay sábanas y una almohada sobre el sofá. Predomina el desorden. &lt;br /&gt; Dos personajes en escena: Carolina, 16 años, su hermano Josué, 12?.  La chica está sentada en el sofá, con los pies sobre la mesa, se lima las uñas. En el suelo, Josué juega con una pelota de goma.&lt;br /&gt;Carolina: (Soñando despierta) ¿Sabes qué me gustaría?  Me gustaría ser más alta y más delgada.... y tener otra nariz y ser rubia, claro. Con el pelo largo, lacio y rubio, en lugar de este estropajo negro que ahí sobre mi cabeza. Me gustaría ser una de esas chicas rubias que van a tomar el sol y a bucear a Buker´s beach y hacer surf, aunque mamá dice que es peligroso. Ir a comparar ropa a Market street y estrenar bikini cada temporada... (Suspira) &lt;br /&gt;Josué: Chsss... (sin dejar la pelota ni mostrar el mínimo interés).&lt;br /&gt;Carolina: (Más emocionada que antes, en contraposición a la pasividad de su hermano.) ¿Sabes qué es lo que más me gustaría de todo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las luces no dan tiempo para que continuemos escuchando a Carolina, la parte izquierda queda en penumbra, la iluminación se centra ahora en los Dioses, situados en los módulos, y en Ix Chel, que permanece abajo, en la parte derecha, se abraza las rodillas y se balancea, lo mismo se muestra inexpresiva que parece contenta, o desesperada y lloriquea. Pese a su aspecto de anciana, tiene una actitud infantil, fruto del transtorno que parece haber sufrido desde que los hombres dejaron de venerarlos. Los demás dioses, aunque entristecidos y desanimados, no han llegado a tal estado. Ah Puch sigue conservando su tono de dios sanguinario, de desprecio y arrogancia. A la tristeza de Itzamna se suma su preocupación por Ix Chel. Chaac parece el menos afectado por la situación, aunque su melancolía también es evidente. &lt;br /&gt;Itzamna: ¡Nadie se acuerda de nosotros! &lt;br /&gt;Ix Chel: (Repite, muy flojito e insegura) Nadie se acuerda de nosotros...&lt;br /&gt;Chaac: Nadie se acuerda de nosotros.&lt;br /&gt;Ah Puch: Parece que estemos muertos.&lt;br /&gt;Chaac: (Burlón a Ah Puch) ¿Tú, el “Señor de  la muerte” dices que parecemos muertos? &lt;br /&gt;Itzamna: A pesar de que éramos inmortales.&lt;br /&gt;Ah Puch: El mundo sigue, todo continúa sin nosotros. Incluso la gente sigue muriendo y yo...&lt;br /&gt;Chaac: También llueve sin que yo haga nada. Sin que nadie me pida que haga nada.&lt;br /&gt;Itzamna: Ya no me alaban para que garantice la supervivencia de la humanidad. Ya no les importa. Ellos viven, nosotros...&lt;br /&gt;Ah Puch: Nosotros...&lt;br /&gt;Chaac: El viento sopla, el sol sale, la luna sale. El mundo, la vida... la vida continúa, a pesar de que no estamos allí y sólo estamos aquí.&lt;br /&gt;Ah Puch: Y la luna sigue apareciendo aunque su diosa esté loca. &lt;br /&gt;Ix Chel: (Muy flojito, abrazada a sus rodillas y balanceándose) Ya nadie se acuerda de nosotros.&lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena V &lt;br /&gt;María sola en el escenario POSIBLE ESCENA ENLACE: “TAREAS” , está arreglando el salón y comienza a hablar, poco a poco irá abandonando lo que estaba haciendo para centrarse únicamente en su monólogo dirigido al público.&lt;br /&gt;María: Esto no es muy lindo, no. Misión Distric, la Misión Dolores, en Frisco, California.  Aquí casi todo el mundo vive como nosotros, hacinados en casitas diminutas donde viven cinco o seis personas, como nosotros. Mi marido, mis dos hijos y dos amigos,  todos juntitos y repretados, encerrados en dos habitaciones y un salón-comedor-cocina-dormitorio. Antes era peor... Al poco de llegar era mucho peor, nuestro primer trabajo fue como dishwasher, lavábamos platos, ollas, sartenes... Muchas horas de trabajo y poco dinero. Un sueldo miserable: 700 dólares cada quince días. Al principio, cuando nos contrataron, salimos muy contentos, parecía bastante dinero. Un conocido nos calculó matemáticamente cuánto deberíamos cobrar por hora, los 8.62 dólares de salario mínimo quedaban muy lejos de nuestra paga. Pero nos resignamos y aceptamos la tortura de doce horas  de trabajo al día, no había otro remedio. Al menos ahora ya no trabajamos en eso,  aprendimos el inglés y empezamos como camareros. La paga se incrementó y ahorramos lo suficiente para poder traer a los niños. Sufrimos mucho para venir acá y trabajamos aún más para poder traer a los niños. (Empieza a dejarse ver cierto tembleque en su voz, que se torna cada vez más amarga, más apenada y, finalmente, al borde de las lágrimas.) Cruzamos el infierno del desierto como si fuésemos ratas agazapadas en la noche, como si no fuésemos personas. Puede que desde ese momento dejáramos de ser para siempre personas para convertirnos en “yucas”,  o simplemente hispanos.  (Pasa a la emotividad y dulce melancolía). Abandonamos nuestro Oxkutzcab, la “Tierra tres veces fértil”, el Yucatán de nuestra infancia, el México de nuestros corazones. Dejamos atrás nuestro pasado: el parque, el sonido de las campanas del convento, la feria de la naranja, los panuchos de frijol, la celebración del “Chachaac”... ¡Oh! El “Chachaac” sí que era divertido. Lo hacíamos para invocar las lluvias cuando habái sequía. Íbamos al campo o la milpa, bajo un árbol se colocaba  un altar con ofrendas: gallinas, cerdo, miel, masa de maíz... Al lado, tres ollas de balché, que es licor sagrado. El Chamán pronunciaba los rezos en maya y las mujeres preparaban el “Pib”, la comida sagrada que se ofrece a Chaac, dios de la lluvia. Al final, cuatro niños se colocaban bajo el altar y movían sus patos imitando el croar de las ranas. &lt;br /&gt; Oxkutzcab, paraíso y pesadilla de la vida sin dinero ni futuro. Dejamos allí a los niños, Carolina tenía cuatro añitos y Josué ni siquiera dos. Allá quedaron, a la espera de que su padre y yo  tuviéramos suficiente par traerlos acá.  (Una sonrisa se perfila en su rostro, suspira. ) Y de esto ya hace más de diez años... los niños vinieron y las cosas mejoraron bastante. &lt;br /&gt;(Suspira de nuevo)  ¡Qué días aquellos en los que San Francisco nos sonaba a paraíso estando en nuestro Oxkutzcab! The Mission no es un barrio bonito, ni siquiera bueno. Alcoholismo, drogas... Aquí viven la mayoría de los “yucas” y los hispanos, nadie tiene demasiado, así que no hay mucho que envidiar, todos tenemos una vida parecida, más o menos dura, más o menos pobre. San Francisco es duro y cruel, nada más alejado de nuestro paradisíaco sueño de dinero y  una vida mejor. The Mission no es  un barrio bonito, no, pero al menos está aquí, en nuestro torturador y soñado Frisco, que al menos si me deja tener la esperanza de que mis hijos consigan sacar algo de tanto trabajo y sacrificio. &lt;br /&gt;Entra Carolina leyendo una revista, se sienta en el sofá y coloca los pies sobre la mesita. María ha comenzado de nuevo a ordenar.&lt;br /&gt;María: (Mientras ordena). Deberías tirar todas esas revistas americanas y empezar a leer cosas más provechosas, libros sobre nuestro pasado, por ejemplo. &lt;br /&gt;Hija: ¿Quién quiere ser “yuca” hoy día?&lt;br /&gt;Madre: (Mosqueada). “Yuca”, “yuca”... ¡Mayas es lo que somos! (Carolina se muestra pasiva). ¿Éramos grandes, ¿sabes? &lt;br /&gt;Hija: ¿Grandes? ¡Ja! Soy la más bajita de mi clase, la tonta sin maquillar y ropa vieja. La  más fea, la “yuca”, la “india”.&lt;br /&gt;Madre: Hay más inmigrantes hispanos en tu clase.&lt;br /&gt;Hija: ¿Y quién quiere ser como ellos? Yo quiero ser algo más: ser una de esas chicas rubias que toman el sol en Baker´s Beach...&lt;br /&gt;Madre: Sólo dices estupideces.&lt;br /&gt;Hija: ¿Van a hacerme tus mayas más guapa, más alta?&lt;br /&gt;Madre: ¡Tú eres maya!&lt;br /&gt;Hija: ¡Yo no soy maya!&lt;br /&gt;Madre: Como quieras, pero no volverás a leer estas estúpidas revistas. (Coge algunas que hay sobre la mesa, las tira). Lee cualquier otra cosa que sirva de algo (Le tira un libro).Y date cuenta de lo que en realidad vales. (Sale del salón, enfadada, furiosa. Carolina hace un gesto de rechazo. Cruza los brazos, al cabo de un rato coge el libro y lo ojea). &lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Escena VI &lt;br /&gt;Ix Chel sentada sobre una figura lunar. Risueña, débil, niña loca, acaricia la pata de conejo que lleva prendida de su cintura. Anexos: he tomado q ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ix Chel: Cree el mundo. Sí, sí, lo cree yo. Yo misma, con estas manos. Con estas mismitas manos... Yo misma di forma al hombre, ¿sabéis? Es una receta fácil: pasta de maíz y agua. Se muele el maíz nueve veces para obtener carne humana.  Mezclar con agua... la suciedad de mis manos se diluyó y se convirtió en la grasa de los hombres. (Formula la receta con cariño. Poco a poco, al volver a hablar del presente, irá recobrando su carácter de loca desquiciada). Y, ahora, ya nadie se acuerda de nosotros... Nadie se acuerda de nosotros... ¡Nadie, nadie! ¡NADIE! (Se oyen pasos, mira hacia el lugar de donde provienen. Desciende de la figura lunar de un salto, sale corriendo).&lt;br /&gt;Entra Itzamna, está buscando a Ix Chel, no la ve, continúa su camino.&lt;br /&gt;-Luces-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena VII&lt;br /&gt;Salón, María, Ant?, Miguel y Matías. Escena paraleta: ver pág 193 libro uni Sentados entre el sofá y el sillón.&lt;br /&gt;Matías: Que no se os olvide saludar a todos de mi parte en Oxkuztcab. Muchos besos a novia. &lt;br /&gt;Miguel: ¡Eh! No tantos besos para__. &lt;br /&gt;Risas.&lt;br /&gt;Padre: Saludaremos a todos de vuestra parte. Dormiremos en casa de ___- y ___- cuando lleguemos a Mérida el primer día.&lt;br /&gt;Matías: ¿De ____ y ___? Hace años que no sé nada de ellos, prácticamente desde el colegio... &lt;br /&gt;María: ¿Tanto? &lt;br /&gt;Matías: No sé si los reconocería si los viera. Casi no me acuerdo de ellos...&lt;br /&gt;María: Ellos seguro que sabrían quién eres, no has cambiado nada desde el colegio.&lt;br /&gt;Miguel: Sigue siendo igual de payaso. &lt;br /&gt;Padre: Ellos si se acuerdan de ti, cada vez que nos vemos recordamos aquella vez que fuimos juntos a Loltún. &lt;br /&gt;Matías: ¿A las grutas? ¿”La flor de piedra”? &lt;br /&gt;Padre: Sí, las cavernas aquellas de la serranía de Puuc. Las que estaban llenas de estalactitas y estalagmitas que los maestros nos hicieron creer que eran mazorcas de maíz..&lt;br /&gt;Matías: ¡Ya recuerdo! Yo le dije a ____- que mordiera una para ver si era cierto.&lt;br /&gt;Padre: Y ___- fue y ...&lt;br /&gt;María: ¡La mordió!&lt;br /&gt;Risas.&lt;br /&gt;Miguel: No has cambiado, no.&lt;br /&gt;María: ¿Os acordáis de esa otra excursión?¿Cuándo visitamos Uxmal?&lt;br /&gt;Matías: ¡Oh! Aquella sí que fue divertida. Uxmal es un sitio preciso, impresionante. (A Miguel) ¿Has estado?&lt;br /&gt;Miguel: Sí, creo que sí, con el colegio también. &lt;br /&gt;Matías: Fue impresionante: la casa de las tortugas, el templo de los guerreros/convento monjas??, el templ del Mago/ Caracol?... &lt;br /&gt;Padre: A mí me encantó el templo del Mago.&lt;br /&gt;María: Esperad creo que tengo un libro con algunas fotos... (Trae el libro). Mirad: ____, _____-&lt;br /&gt;Miguel: Impresionante.&lt;br /&gt;Padre: ¡Qué años aquellos!&lt;br /&gt;Miguel: Sin preocupaciones, sin  tener que trabajar...&lt;br /&gt;Padre: (Irónico) Sin hijos, sin mujer... (Risas)&lt;br /&gt;Matías: Ahora que lo dices, me acuerdo de que en la excursión a Uxmal eras ya novio de María. La cogías de la manita y ella se ponía colorada.&lt;br /&gt;María: (Ruborizada) Novios de toda la vida... (Melancolía general).&lt;br /&gt;Padre: ...y aquí estamos. (Silencio).&lt;br /&gt;Miguel: Creo que voy a acostarme.&lt;br /&gt;Matías: Yo también. (Se levantan).&lt;br /&gt;Matías y Miguel: Buenas noches. (Se van). &lt;br /&gt;María: Uxmal... estamos tan lejos. Parece que no seamos de allí.&lt;br /&gt;Padre: Tonterías, pronto estaremos otra vez allí.&lt;br /&gt;María: Pero no es lo mismo, sólo unos días, de visita.  Extranjeros en nuestra propia tierra. Me gustaría poder visitar Uxmal de nuevo.&lt;br /&gt;Padre: (La abraza). Te prometo que la próxima vez que vayamos a México iremos.&lt;br /&gt;María: ¿Y los niños?&lt;br /&gt;Padre: ¿Los niños?&lt;br /&gt;María: Carolina ni siquiera se siente Maya...&lt;br /&gt;Padre: Los llevaremos y les enseñaremos lo bonito que es aquello. Comprende a tu hija es difícil la vida aquí... (Pausa). Será mejor que nos vayamos a la cama. (Mutis)&lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;Escena VIII&lt;br /&gt;Entra de nuevo Itzamna buscando a Ix Chel. Ve la figura lunar, preocupado y melancólico. &lt;br /&gt;Itzamna: Su luna, pero no ella. Ix Chel, mi querida Ix Chel, ¿dónde estás? (La busca, mientras  habla dirigiéndose a ella). Pobrecilla, pobrecilla diosa. Un día reinaste sobre las olas, protegiste a las mujeres y parturienta;  símbolo de la medicina y adivinación mientras brillabas junto a mí. Dios  Sol y Diosa Luna, ¿recuerdas?  (Desiste en su búsqueda.  Deja de dirigirse a Ix Chel para hablarle al público). Y pensar que incluso creó al hombre... Seguro que ella ya no lo recuerda, porque ella ahora sólo sabe llorar, gemir y repetir: “Nadie se acuerda de nosotros”, como si fuera una niña loca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son tiempos duros para nuestro pueblo. Han vivido mucho, han sufrido mucho. Ya abandonaron una vez nuestras ciudades, los templos... pero ahora dejan sus tierras para perseguir un lugar llamado América. Ya no son mayas, sino inmigrantes. (Resignado).&lt;br /&gt;No hay espacio para nosotros allá ni acá. No hay sitio para nosotros más que en unos cuantos fondos de bibliotecas. Los grandes dioses reducidos a letras... Ya nadie se acuerda de nosotros... (De nuevo a Ix Chel) Pero tienes que volver allí arriba, con nosotros. No puedes merodear por ahí junto a los hombres. Ya nadie se acuerda de nosotros... Y la luna sigue saliendo aunque su diosa esté loca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;Escena IX&lt;br /&gt;Escenario vacío, barra divisoria a un lado??. Aparece Ix Chel sobre los módulos, los recorre gateando hasta llegar a la parte donde está el salón, baja de un salto. Mediate mímica nos hace ver que hay una pared, pero consigue” trazar” un agujero por donde entrarr.  Ya dentro del salón, lo recorre también a gatas.  Entra Josué, jugueteando ensimismado con su pelota de goma.. Tropieza con Ix Chel, la ve, huye despavorido. Ix Chel, también sorprendida, se pone en pie y continúa curioseando por la habitación. &lt;br /&gt;Caronlia: (Voz desde dentro, dirigiéndose al salón. Burlona). Sí, sí, claro: un monstruo en el salón. El único monstruo que ahí aquí eres... tú.&lt;br /&gt; Ve a  la diosa, Josué se esconde detrás de su hermana y sujeta un bate. Los dos chicos permanecen inmóviles, tensos, asustados. A Carolina se le atragantan las palabras. Por el contrario, Ix Chel sonríe, parece dulce e inocente como una niña pequeña. &lt;br /&gt;Carolina: (Titubeante). ¿Quién eres tú? ¿Y cómo has entrado?&lt;br /&gt;Ix Chel: (Majestuosamente, como corresponde a su posición de diosa). Ix Chel. &lt;br /&gt;Josué: ¿Ix qué?&lt;br /&gt;Ix Chel: Ix Chel. &lt;br /&gt;Aparecen los demás dioses sobre los módulos, buscan a Ix Chel. Los chicos oyen las voces, asustados, no ven de dónde proceden. Ix Chel se esconde al lado del sofá, sabe que la buscan y no quiere que la encuentren.  Carolina se queda paralizada, Josué se esconde en el lado del sofá opuesto a donde está la diosa. &lt;br /&gt;Chaac: ¡Ix Chel! ¿Dónde te has metido, Ix Chel?&lt;br /&gt;Ah Puch: (Cascarrabias) ¡Ix Chel, Ix Chel, Ix Chel!&lt;br /&gt;Itzamna: Ix chel, querida luna, querida diosa, vuelve acá por favor.&lt;br /&gt;Ah Puch: ¡Ix, Ix Cheeeel!&lt;br /&gt;Se marchan poco a poco, al llegar a la última plataforma. Primero Itzamna, luego Ah Puch. Chaac el último, antes de marcharse dice:&lt;br /&gt;Chaac: ...y la luna (IN THE SCENERY?) sigue saliendo aunque su diosa esté perdida. &lt;br /&gt;Josué: ¿Qué es eso Carolina? ¿Qué son esas voces?&lt;br /&gt;Ix Chel sale cuando ha pasado el peligro. Se acerca a los chicos. Josué se esconde entre los brazos de su hermana, ella lo abraza con fuerza. &lt;br /&gt;Ix Chel: Itzamna, Chaac, Ah Puch. (La contemplan atónitos. Desesperada, se sienta en el suelo. Se abraza las rodillas y cierra los ojos. Parece dormida).&lt;br /&gt;Jousue: Igual es familia nuestra. Dijo que se llamaba Ix, como nosotros. ¿Tú te acuerdas de la abuela?&lt;br /&gt;Carolina: ¿Y a qué viene la abuela ahora?&lt;br /&gt;Josué:  Porque seguramente será nuestra abuela. Claro, como papá y mamá se han ido a Oxkutzcab la han mandado para que nos cuide. &lt;br /&gt;Carolina: No digas tonterías, Josué, esa mujer no es tu abuela. O que si parece es “yuca”, más bien maya antigua... como los que salen en los libros esos de mamá. &lt;br /&gt;Josué: ¿Cómo ha dicho que se llamaba? ¿Ix qué?&lt;br /&gt;Carolina: Ix Chel. &lt;br /&gt;Josué: Ix Chel, Ix Chel... ¿de qué me suena eso?&lt;br /&gt;Carolina: No le des más vueltas, seguramente es una mendiga que se ha metido en casa. Llamaremos a Matías y a Miguel, en cuanto vengan la sacarán de aquí.&lt;br /&gt;Josué: ¿Y las voces? ¿Qué me dices de las voces que la llamaban?&lt;br /&gt;Carolina: Vendrían de la calle, seguramente era su familia que la estaba buscando.&lt;br /&gt;Josué: No, no venían de la calle. Venían de ahí arriba... (señalando el techo).&lt;br /&gt;Carolina: Pues serían de... &lt;br /&gt;Josué: (Tajante) ... y ahí arriba no hay nada.&lt;br /&gt;Carolina: Serían de... de...&lt;br /&gt;Josué: ¿De qué?&lt;br /&gt;Carolina: De... ¡qué sé yo! De cualquier cosa. La dejaremos dormir, cuando vengan Matías y Miguel la echarán a la calle.&lt;br /&gt;Josue: Ok, ok. ¿Y qué hacemos mientras?&lt;br /&gt;Carolina: Vigilaremos aquí, no vaya a ser que se despierte y robe algo.&lt;br /&gt;Carolina se sienta en el sillón. Josué va hacia la estantería, coge un libro y se sienta en el sofá, en el extremo más alejado a Ix Chel. Al cabo de un rato:&lt;br /&gt;Carolina: (Bosteza aburrida) ¿Qué lees?&lt;br /&gt;Josué: Te dije que me sonaba algo. (Sin apartar los ojos del libro).&lt;br /&gt;Carolina: ¿Y...?&lt;br /&gt;Jouse: Y... ¡aquí está! Mira: “Ix Chel: diosa de la luna”. &lt;br /&gt;Carolina: Trae acá. (Le arrebata el libro. Mira incrédula, se levanta para ver a Ix Chel, la compara con una imagen del libro).&lt;br /&gt;Carolina: (Asustada) Se parece un montón.&lt;br /&gt;Josué: ¿¡No es fantástico?!&lt;br /&gt;Carolina: ¿Fantástico? ¿El qué?&lt;br /&gt;Josué: Esto, ¿no te das cuenta? ¡Tenemos a Ix Chel, la antigua diosa maya dormida en casa!&lt;br /&gt;Carolina: Pues yo no le veo la gracia. Además, esta vieja no puede ser una diosa. ¿bobadas!&lt;br /&gt;Ix Chel despierta, Josue se acerca y le muestra el libro.&lt;br /&gt;Josué: Es usted, ¿verdad?&lt;br /&gt;Ix Chel: Ix Chel. (Sonríe, se levanta, se dirige hacia el lugar en el que estaría la supuesta pared de la casa, el mismo lugar por el que ella entró. Repite la mímica que realizó para entrar. Le hace un gesto a los chicos para que la sigan. Josué la sigue, dispuesto). &lt;br /&gt;Carolina: ¡Eh! ¡Espera! (Corre tras ellos). &lt;br /&gt;Música y cambio de luces. El escenario queda en penumbra, se iluminan los bloques. Vemos a Ix Chel, seguida de los chicos recorriendo los bloques hasta tres veces. La tercera vez se detienen en el más alto. Ix Chel gesticula, a modo de conjuro. Se ilumina la parte derecha del escenario conforme entran dos personas vestidas de negro que traen la representación del mundo maya (un______). Lo dejan en el suelo y danzar a su alrededor. Ix Chel y los chicos descienden hasta el escenario. &lt;br /&gt;Ix Chel: ¡Chaac! &lt;br /&gt;Aparece Chaac sobre uno de los módulos sobre el que hay un barreño metálico. Porta   una antorcha (símbolo de sequía). Se oye sonido de lluvia y croar de ranas. Sumerge la antorcha en el barreño, se apaga. Toma agua en sus manos y la lanza sobre “la Tierra”.&lt;br /&gt;Los chicos están asustados, permanecen muy juntos y sorprendidos. Josué lleva consigo el libro que consultó anteriormente. Busca algo  y lee a su hermana. :&lt;br /&gt;Josué: Mira, aquí está: “Chaac: dios de la lluvia, dios del tiempo”. &lt;br /&gt;Carolina: (Impresionada y sobrecogida). Te aseguro que no sé dónde estamos.&lt;br /&gt;Ix Chel hace ademán de que la sigan,  van por detrás de los bloques, hasta llegar al más bajo. En  él está Ah Puch, una lechuza y un perro lo acompañan.&lt;br /&gt;Ix Chel: (Áspera) Ah Puch.&lt;br /&gt;Ah Puch se acerca a Carolina, le susurra en la oreja, la acaricia.&lt;br /&gt;Ah Puch: Cimí, cimí.&lt;br /&gt;Josue: (Mirando en el libro) Ah Puch…. ¡dios de la muerte! &lt;br /&gt;Ix Chel aparta de él bruscamente a la chica. &lt;br /&gt;Ah Puch: (Gritando, desesperado, como rogando a Ix Chel que le devuelva a su presa) ¡Cimí! ¡Cimí! &lt;br /&gt;Ix Chel los aleja de ahí corriendo.&lt;br /&gt;Josué: (consulta de nuevo el libro) “Cimí” significa muerte en maya. &lt;br /&gt;Carolina: Sea lo que sea, esto no me está gustando. &lt;br /&gt;Van corriendo, se detienen frente al módulo correspondiente a Itzamna. &lt;br /&gt;Ix Chel: ¡Itzamna!&lt;br /&gt;Aparece Itzamna, majestuoso, los dos bailarines colocarán junto a él códices y calendarios mayas, en su defecto pueden utilizarse libros  y calendarios actuales. Tras esto, tomarán “la Tierra” y la giraran bajo el módulo de Itzamna. &lt;br /&gt;Josué: (Lee) “Dios del cielo nocturno y diurno”. &lt;br /&gt;Itzamna: Itzamna: Itz en Caan, itz en Muyal.&lt;br /&gt;Josué: (Traduciendo con el libro)“Soy el rocío del cielo, soy el rocío de las nubes”.&lt;br /&gt;Ix Chel: (Enamoradiza). Itzamna: Itz en Caan, itz en Muyal.&lt;br /&gt;Josué: Pareja de Ix Chel.&lt;br /&gt;Los dos chicos miran a Ix Chel de soslayo. Ella se pone colorada y suspira. &lt;br /&gt;-Fin música- Los bailarines detienen su movimiento. Todos quietos, expectantes. Los dioses parecen despertar de un conjuro. Retoman la búsqueda de Ix Chel, aunque, por supuesto, no la ven ni tienen conciencia de que acaba de estar ante sus narices. &lt;br /&gt;Itzamna: ¡Ix Chel! ¡Ix Cheeel!&lt;br /&gt;Mutis de los bailarines, retiran el mundo y los objetos que había sobre los módulos. Ix Chel se agazapa, los chicos la imitan.&lt;br /&gt;Chaac: ¡Ix , Ix Cheeel!&lt;br /&gt;Ah Puch: ¡Vais a estar hasta el próximo renacer buscándola?&lt;br /&gt;Itzamna: (Ajeno a las palabras de Ah Puch) ¡Ix Cheeeel! &lt;br /&gt;Ah Puch: No hace falta que grites, si es la diosa de la medicina, el parto, la luna, las mareas y las tareas femeninas, es de suponer que es lo suficientemente lista como para volver solita si le interesa. &lt;br /&gt;Chaac: hemos buscado por todas partes Itzamna. Hemos recorrido uno por uno los nueve niveles de Xibalbá?, los trece del cielo. Miramos en todas las esquinas, en todos los rincones.&lt;br /&gt;Ah Puch: Y yo le conté a todo el mundo lo de la desaparición. Ixtab, diosa del suicidio, dijo que ayudaría en lo que  pudiera.&lt;br /&gt;Chaac: Quetzalcoalt?, “serpiente emplumanda”, también dijo que estaría atento.&lt;br /&gt;Itzamna: Ix Chel... (lloroso). Mi Ix Cheel…&lt;br /&gt;Chaac: Vamos, tranquilo, ya verás como aparece.&lt;br /&gt;Mutis de Chaac y Ah Puch. Itzamna, tras echar un último vistazo, los sigue.&lt;br /&gt;Ix Chel y los chicos reemprenden la vuelta a casa por el mismo camino. “Atraviesan” de nuevo la pared mediante la “magia” de la diosa. &lt;br /&gt;Carolina: Creo que me voy a desmayar. Esto es, es... (se tira en el sofá).&lt;br /&gt;Josué: ¡Fantástico! (Se sienta al lado).&lt;br /&gt;Carolina: ¡No! Es... bueno, sí, fantástico. &lt;br /&gt;Josué: Podríamos quedárnosla...&lt;br /&gt;Carolina: ¿Quedárnosla? ¿Aquí? &lt;br /&gt;Josué: (Exaltado). ¡Sí, sí! ¡Que se quede! Puede dormir en la habitación de papá y mamá.&lt;br /&gt;Carolina: ¿Y qué les decimos a Miguel y a Matías? Además, seguro que ella no quiere quedarse.&lt;br /&gt;Ix Chel se les acerca, sonriente. Afirma con la cabeza.&lt;br /&gt;Josué: ¿Ves como si quiere quedarse? La escondemos en la habitación de nuestros padres unos días, luego ya se verá. Di que sí, anda. ¡Igual nos vuelve a llevar a visitar Xibalbá? O a pasear por los niveles del cielo! ¡Seremos dioses!&lt;br /&gt;Carolina: Sí, claro.&lt;br /&gt;Josué: Pues claro que sí. Anda, di que sí, di que sí. Por favor...&lt;br /&gt;Carolina: Pero sólo por unos días. Mientras esté escondida en la habitación no creo que nadie se entere. (A Ix Chel) ¿De acuerdo? &lt;br /&gt;Ix Chel asiente. Se oyen pasos, Miguel y Matías vienen. &lt;br /&gt;Carolina: ¡Ya llegan! Venga, adentro, de prisa. &lt;br /&gt;Josué se la lleva de la manos, mutis por la izquierda. &lt;br /&gt;Matías: Hola Carolina, ¿qué tal el día?&lt;br /&gt;Carolina: Bien. (Nerviosa). ¿Y vosotros?&lt;br /&gt;Miguel: ¿Nosotros? ¡Je! No se puede ser hispano en esta tierra. Estudia Carol, estudia y aléjate de la miseria.&lt;br /&gt;Matías: ¿Y tu hermano?&lt;br /&gt;Carolina: ¿Josué? Pues no sé. Debe estar por ahí, haciendo los deberes. Voy a llamarlo y preparamos la cena. (Mutis por la izquierda).&lt;br /&gt;Miguel: (Saca una lata de cerveza del frigorífico) ¿Sabes a quién me encontré borracho anoche? A Eduardo.&lt;br /&gt;Matías: ¿A Eduardo?&lt;br /&gt;Miguel: Lo echaron del trabajo. Le dijeron “You´re soaked”, y a la calle. Y el alcohol...&lt;br /&gt;Matías: Es un mal remedio para olvidar las penas del mundo en el que vivimos.&lt;br /&gt;Miguel: Es una buena solución para olvidar la muge en la que vivimos.&lt;br /&gt;Matías: No empiezas a filosofar, hermano. Además, San Francisco es bello.&lt;br /&gt;Miguel: ¿Bello? Frisco es horrible. Echo de menos Oxkutzcab. &lt;br /&gt;Matías: Dices/decís? Eso porque tenéis novia allá y esto te parece un infierno, el mismísimo Xibalbá?. Si no, miraríais las cosas de otro modo.&lt;br /&gt;Miguel: No es sólo eso, la misión es un barrio repugnante: alcohol, drogas, calles peligrosas...&lt;br /&gt;Matías: (Irónico). Latinos.&lt;br /&gt;Miguel: Latinos, latinos. ¿Por qué se empeñan en llamarnos así. Latinos serán los de Latinia o algo así, nosotros somos yucatecos. Mayas, somos mayas.&lt;br /&gt;Matías: “Yucas” en todo caso. Pero... ¿se puede saber desde cuando te procupas/os preocupaís por eso?&lt;br /&gt;Miguel: No me preocupa, ya  asimilé que la vida es así de asquerosa. &lt;br /&gt;Matías: Vamos, vamos. No digáis eso. (Saca un refresco del frigorífico). ¿No ahorras para pagar la boda con ____ y traerla aquí? Hace poco me dijiste que en dos o tres meses habrías reunido el dinero suficiente.&lt;br /&gt;Miguel: Reñimos por teléfono, eso es lo que pasa.&lt;br /&gt;Matías: ¡Vamos, vamos! ¿Con que riñas de enamorados? Mañana volveréis a ser dos totalitos colgados del teléfono y vos=? Veréis el Goleen Gate color de rosa. Id? A cambiaros que yo haré la cena. &lt;br /&gt;Mutis de Miguel por la izquierda.&lt;br /&gt;Matías: “¿Provocarán al fin la verde angustia&lt;br /&gt; De aquel ciprés de la misión dolores&lt;br /&gt; Que cabeceaba en Frisco&lt;br /&gt; California?”&lt;br /&gt;Miguel: (Regresando al oír a Matías) ¿Qué dices?&lt;br /&gt;Matías: Nada, Benedetti.&lt;br /&gt;Miguel: ¿Bene qué?&lt;br /&gt;Matías: El poeta.&lt;br /&gt;Miguel: Ahora sois vos el que filosofáis. &lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;Escena X&lt;br /&gt;Es de noche. Carolina duerme en el sofá. Aparece Josué, silencioso y en pijama, abre el frigorífico y coge algunas cosas. Carolina se  levanta, va hacia el frigo, tropieza con su hermano. &lt;br /&gt;Carolina: ¡Ah! ¿Se puede saber qué haces aquí?&lt;br /&gt;Josué: ¡Ssh! ¡Qué te van a oír! Voy a llevarle comida a Ix Chel. ¿Y tú qué haces levantada?&lt;br /&gt;Carolina: ¿Yo? Yo... ba, había pensado lo mismo. &lt;br /&gt;Josué: ¿Los dioses comen?&lt;br /&gt;Carolina: (Bromeando). Sí, niños como tú. &lt;br /&gt;Josué: ¿En serio?&lt;br /&gt;Carolina: Pues ahora que lo pienso... hacían sacrificios humanos para tenerlos contentos.&lt;br /&gt;Josué: ¿Y si ésta nos devora cuando entremos?&lt;br /&gt;Carolina: Ba, tranquilo, no creo que nos vaya a comer. No tiene pinta muy sangrienta... Ah Puch sí, a ese seguro que le encantaban los sacrificios.&lt;br /&gt;Josué: (Pícaro) Le gustaste a Ah Puch, ¿eh?&lt;br /&gt;Carolina: ¡Calla ya!&lt;br /&gt;Mutis de los dos por la izquierda. &lt;br /&gt;-Luces-  Al poco, vuelve la penumbra, aparecen Ix Chel y los chicos. La diosa realiza su ya conocida mímica para salir de la casa. Recorren los módulos tres veces. Mientras tanto, en la parte derecha se ha ido preparando un ambiente festivo en torno a un altar, ligeramente curvado en la parte central. Cuatro antiguos mayas han prendido incienso y lo han decorado todo con flores azules (flores de balche). Tras esto, uno comienza a tocar una trompa de madera, otro martillea un caparazón de tortuga a modo de tambor, tocan con un  ritmo creciente. Los otros dos, bailarines, danzaran alrededor. &lt;br /&gt;Llegan Ix Chel y los chicos, se sientan a un lado. Continúa la fiesta, incluso los chicos e Ix Chel se animan a danzar. Aparece Ah Puch sobre la plataforma situada encima del altar.&lt;br /&gt;Ah Puch: (Sanguinario). Las divinidades necesitan sangre.&lt;br /&gt;Entra un hombre pintado de azul, vestido únicamente con un taparabos, lleva una cuerda alrededor del cuello, a modo de collar. Con él, franqueándolo, entran dos hombres (en realidad eran cuatro, variar el número según los actores disponibles). El sacerdote, ataviado cm... Coloan al “prisionero” sobre el altar, el sacerdote alza el cuchillo ritual al cielo. Los otros dos sujetan a la víctima de piernas y brazos. Se detiene la música Baja el cuchillo y...-Luces-&lt;br /&gt;Al encender de nuevo la luz, el sacerdote tiene en sus manos el supuesto corazón del ejecutado. Carolina grita, su hermano la abraza.&lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;Escena XI&lt;br /&gt;Día siguiente, por la mañana. Diosa sola en la casa, Miguel y Matías se han ido a trabajar, los chicos están en el colegio. Ix Chel entra en el salón, trae consigo pincel, un cuenco con pintura y unas tablas negras. ¿o act? Mientras tanto, canta “Uj Yetel AK´AB”, precioso poema por su sonoridad, escrito en Maya Yucateco por un poeta actual: ___-. Significa “La luna y la noche” cn asterisco, poema al lado. Coloca en el suelo las tablas y comienza a pintar. Se oye acercarse a los chicos, vienen del colegio.  Entran.&lt;br /&gt;Carolina: (Sobresaltada). ¡Ahí! No recordaba que estuviera aquí.&lt;br /&gt;Josué: Hola, ¿qué haces? (Se acerca a ella, Ix Chel le sonríe). &lt;br /&gt;Carolina: Ten cuidado, Josué. No vaya a ser que se repita lo de anoche.&lt;br /&gt;Josué: ¡Mira Carol! ¡Mira que dibujitos está haciendo!&lt;br /&gt;/Dibuja los símbolos de Itzamna, Ixchel, Chaac y Ah Puch representados en los códices/&lt;br /&gt;Ix Chel: (Señalando el correspondiente símbolo). Chaac, Ah Puch, Itzamna, Ix Chel.&lt;br /&gt;Josué: Son ellos, sus símbolos. Ah Puch sale con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;Carolina: (Se acerca). A ver, como es el dios de la muerte... &lt;br /&gt;Ix Chel vuelve a pintar, números del uno al diez (ver manuscritos pag. 28) Debajo, el correspondiente número árabe. Ix Chel dice los números del uno al diez, ellos los repiten.&lt;br /&gt;Josué: ¡Los números en maya!&lt;br /&gt;Carolina sonríe a su hermano.&lt;br /&gt;Josué: ¿Podrías escribir doce? Son los años que tengo. &lt;br /&gt;Ix Chel le ofrece el pincel, animándolo a que sea él quien escriba.&lt;br /&gt;Josué: ¿Yo? A ver... una concha el cero, un punto por cada número, una línea el cinco, dos el diez... ¿puede ser dos rayitas y dos puntos? (Pinta). ¿Así?&lt;br /&gt;Ix Chel le sonríe, por supuesto que era así. &lt;br /&gt;Josué: ¡Tengo una idea! Podría decirnos cómo se dicen algunas cosas en Maya.&lt;br /&gt;Carolina: ¿Tú estás seguro de que nos entiende? &lt;br /&gt;Josué: Tendrá que entendernos, digo yo. Si no, ¿cómo es que decía que sí y que no? Yo creo que sí nos entiende. Además, ¡que es la diosa de la luna! (Risas).&lt;br /&gt;Carolina: Ok, ok, lo qu etú digas. A ver... ¿cómo se dice corazón? (Ix Chel no contesta) Corazón (Vocaliza exageradamente y se golpea el pecho) Co-ra-zón. &lt;br /&gt;Ix Chel: (Lo comprende, se golpea ella también el pecho). Puksi´ik ´al. *&lt;br /&gt;Carolina: Puksi´ik ´al.&lt;br /&gt;Josué: Suena bien, puksi´ik´al. &lt;br /&gt;El chico coge una flor del jarrón, se la muestra a Ix Chel. &lt;br /&gt;Josué: ¿Y esto? ¿Cómo se dice flor?&lt;br /&gt;Ix Chel: Nitkte´. &lt;br /&gt;Carolina: Nitkte´... Ahora repite tú: flor, flor. &lt;br /&gt;Ix Chel: Flor. &lt;br /&gt;Josue: ¡Muy bien!&lt;br /&gt;Ix Chel: (Señalando la boca del chico). Chi´. (“Pulsando” la nariz de Carolina). Ni´.&lt;br /&gt;Josué: Ni´, nariz. &lt;br /&gt;Carolina: Chi´, boca. Boca, repite: Bo- ca.&lt;br /&gt;Ix Chel: Boo-ca.&lt;br /&gt;Carolina: Eso es. &lt;br /&gt;Ix chel se sienta en el sofá, satisfecha, contenta. Comienza a cantar un verso del poema anterior: &lt;br /&gt;Ix Chel:______________&lt;br /&gt;Josué: Más despacio... así no ahí quien se lo aprenda.&lt;br /&gt;Ix Chel: (Despacio y remarcando mucho) ______--________________--_______-----&lt;br /&gt;Carolina y Josué _____--________________--_______-----&lt;br /&gt;Ix Chel :_____________________-&lt;br /&gt;Carolina y Josué: :_____________________-&lt;br /&gt;Ixchel lo repite todo, los chicos hacen lo mismo. Risas. Se oyen pasos.&lt;br /&gt;Carolina: Ya es la hora, ¿qué hacemos?&lt;br /&gt;Josué: (Desconcertado y nervioso). ¿Qué hacemos, qué?&lt;br /&gt;Carolina: Pues... Pues...&lt;br /&gt;Josué: Piensa, piensa.&lt;br /&gt;Entran Miguel y Matías. Los chicos se levantan del sofá, Carolina va hacia Miguel y Matías. Mientras, Josué oculta a Ix Chel bajo la sábana que cubre el sofá, se acuesta encima para disimular. &lt;br /&gt;Miguel: Hola muchachos.&lt;br /&gt;Carolina: (Nerviosa). Hoo... hola. ¿Qué tal el día?&lt;br /&gt;Matías: Bien, ¿y este interés a qué se debe?&lt;br /&gt;Carolina: ¿No puede ser una amable?&lt;br /&gt;Miguel: Por supuesto que sí, pero es que no es muy frecuente en ti. (Avanza hacia el sofá).&lt;br /&gt;Carolina: (Interponiéndose). No.&lt;br /&gt;Miguel: ¿Qué?&lt;br /&gt;Carolina: Que no, que no te sientes. Id a descansad un poco, tumbaos un rato antes de comer.&lt;br /&gt;Miguel: ¿A descansar?&lt;br /&gt;Carolina: ¿Estaréis cansados, no? Vamos, poneos cómodos, que ya os llamo en cuanto esté la comida.&lt;br /&gt;Miguel: (Extrañado). ¿Y Josué?&lt;br /&gt;Carolina: ¿Josué? Josué... ¡A comprar! Sí, a comprar. Venga, id a descansad que ya os llamo.&lt;br /&gt;Miguel: Esto es muy extraño ,  Carol...&lt;br /&gt;Matías: (Arrastrando a Miguel). Vamos, ya has oído a Carol. (Aparte, al oído de Miguel). ¿Qué te apuestas a que tiene a su nuevo novio en el sofá y que los hemos pillado de improviso? (A Carol). Llámanos pronto, ¿eh? Estamos hambrientos. (Mutis por la izquierda. Carolina suspira, aliviada.)&lt;br /&gt;Josué: (Sacando a Ix Chel). Por que poquito.&lt;br /&gt;Carolina: De prisa, ahí que llevarla a su habitación. Mira a ver si hay alguien en el pasillo.&lt;br /&gt;Josué: (Asomándose a la izquierda). Nadie. &lt;br /&gt;Carolina: (Toma de la mano a Ix Chel). Vamos.  (Mutis por la izquierda).&lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena XII &lt;br /&gt;Miguel en el sillón, Matías y Josué en el sofá, Carolina en el suelo, sobre un cojín, ojea el libro que fue objeto de discusión con su madre mientras tararea la canción que les  ha enseñado Ix Chel. &lt;br /&gt;Miguel: (Al oír a Carolina.) ¿Ahora os ha dado por el maya? Siempre huíais de vuestra madre cuando quería enseñaros esas cosas.&lt;br /&gt;Matías: (traduce un trozo de canción).&lt;br /&gt;Josué: ¿Tú sabes maya?&lt;br /&gt;Matías: ¿Yo? Pues claro. Loq ue me sorprende es que vosotros no. Deberías aprender, es vuestra cultura, vuestaras raíces. &lt;br /&gt;Josué: yo sé decir flor en maya.&lt;br /&gt;Matías: ¿Lòol? &lt;br /&gt;Josué: (Extrañado). No, Nikté. Creía que se decía así. &lt;br /&gt;Matías: (Le sonríe). Sí, también Nitké. Lòol o nitké, se puede decir de las dos formas. ¿Y rojo? ¿Sabes decir rojo? (Josué niega con la cabeza). Chak. Blanco es Sak, negro bòox, azul, ch´òoh.&lt;br /&gt;Josué: ¿Puedes repetir?&lt;br /&gt;Miguel: Ya está bien, a la cama. Se acabaron las lecciones por hoy. &lt;br /&gt;-Luces-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escena XIII&lt;br /&gt;De noche, de nuevo el salón en penumbra y Carolina durmiendo en el sofá. Entra Ix Chel con Josué de la cmano. Despiertan a Carolilla salen de la casa por el método habitual. &lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;---Descripppppp!?!?&lt;br /&gt;Cuando llegan a la parte izquierda del escenario todo está preparado: un músico toca una de las trompas?, sentado sobre una de las plataformas/sitiosdepúblico. Ix Chel y los chicos se sientan unto aél. Apareceun sacerdote junto  con los jugadores dle juego de pelota (de uno a cuatro). Los jugadores visten con un talparrabos, un cinturón almohadillado en la cintura, además de en una tibia, un antebrazo y rodillas. Cada equipo o jugar representa a un dios, en este caso a Itzamna y Ah Puch.  Aparece Itzamna sobre plataformajuego pelota. &lt;br /&gt;Sacerdote: ¡Itzamna!&lt;br /&gt;Aparece Ah Puch.&lt;br /&gt;Sacerdote: ¡Ah Puch!&lt;br /&gt;El sacerdote se aparta, comienza el juego. &lt;br /&gt;Se pone en uego una pelota, el tamaño puede variar (más pequeña que las de beisball o más grande que una de fútbol, en este caso, se recomienda usar una grande). El juego consiste, básicamente, en hacer pasar la pelota a través de los aros que están dispuestos sobre las paredes verticales que forman los dos costados paralelos del juego. Cada equipo intenta acertar en uno de los aros—contrario? La zona de juego son las paredes inclinadas y la estrechez que queda entre éstas. Los jugadores tienen que golpear el balón con cualquier parte dle cuerpo, excepto con pies y manos. Se desarrollarán unos cinco minutos de juego, tras los cuales el equipo o jugador que representa a Itzamna vence al “marcar” “un tanto”. El saerdote anuncia la victoria.&lt;br /&gt;Sacerdote: ¡Itzamna!&lt;br /&gt;Los chicos aplauden, Ix Chel los imita.&lt;br /&gt;Josué: ¡Yuju!&lt;br /&gt;Carolina: ¡Bien hecho!&lt;br /&gt;Al jugador ganador, lo obsequian con un hermoso collar de cuentas de Jade. Al instate, dos hombres prenden al perdedor, le arrancan las protecciones y lo atan de pies a cabeza con cuerdas.&lt;br /&gt;Josué: ¿Qué harán con él?&lt;br /&gt;Carolina: Mejor no preguntes. &lt;br /&gt;Josué bosteza. Ix Chel se levanta, la siguen. Regresan a casa. &lt;br /&gt;Escena XIV &lt;br /&gt;Música. Itzamna sentado en uno de los módulos, triste melancólico. Aparecen Chaac y Ah Puch, le dicen algo. La expresión de Itzamna se transforma, pasa de la tristeza a la alegría al oír sus palabras. Paralelamente, vemos a Carolina dormida en su sofá. &lt;br /&gt;-Luces-&lt;br /&gt;Escena XV&lt;br /&gt;Itzamna solo. Recorre tres veces los módulos, a la tercera, desciende. Paralelamente, Carolina se ha despertado. Vemos cómo ella y su hermano se van al colegio. Itzamna entra en la casa del mismo modo en que lo hizo Ix Chel.  Itzamna merdodea por la habitación. Aparece Ix Chel. &lt;br /&gt;Itzamna: He venido a por ti, nos vamos. (La diosa se sobrecoge, lloriquea, se retrae. Itzamna la coge  por los hombros). ¡Ix Chel! No, no llores. ¿no quieres venir? ¿no me recuerdas? No puedo entender que en verdad lo hayas olvidado todo. (La toma de las manos, se sientan en el suelo). No puedo creer lo que todos dicen, ¿tendré que hacerles caso? ¿Tendré que aceptar que mi diosa está loca? Yo sé lo que tu vales, lo que tu eres, lo que has sido… Diosa de la luna, de las mareas, la medicina, las mujeres… ¿Tengo que creer que mi diosa está loca? ¿No soy yo Itzamna? ¿No eres tú Ix Chel? Antes estabas a mi lado. Dios Sol y diosa luna, ¿recuerdas? Juntos vivimos el esplendor de nuestra civilización, eso que ahora llaman preclásico, clásico y posclásico. Las grandes ceremonias, los ritos, los enormes centros ceremoniales… Chichén Itzá, Uxmal, Palenque… Ix Chel, mi Ix Chel…  (La abraza, ella lloriquea y se aparta). (Enfadado, violento, ella sólo contesta con lloriqueos). Tendré que creer que estás loca. &lt;br /&gt;Ix Chel: ¡No! No, no estoy loca. ¿Lo ves? ¿Pueden mis palabras hacerte ver el error de las habladurías de los demás?&lt;br /&gt;Itzamna: (Alegre por la recuperación de Ix Chel, también aturdido y contrariado). Y, en ese caso, ¿por qué...?&lt;br /&gt;Ix Chel: ¿tenía algún sentido la cordura? No, no estoy “loca” como tú dices (Compungida, al borde de las lágrimas). No, estoy loca, ya no. Dolía verme olvidada. Mis sueños, mis recuerdos, se mezclaron con la triste realidad de nuestro olvido hasta hacerme confundir pasado y presente, realidad y fantasía, ayer y hoy. A veces creía  que aún éramos grandes, que aún nos veneraban. Sólo podía reír y sentirme feliz entonces. Pero luego despertaba, lloraba al ver la realidad y sentirme abandonada. Nuestra vida presente se presentaba sólo como un mal sueño, una pesadilla.  La mezcla y confusión de recuerdos y presente, de risas y realidad, acabó provocando en mí tales contradicciones de alegría o llanto. Tomad eso por locura, pues no se diferencia mucho.&lt;br /&gt;Itzamna: Ix Chel, mi querida Ix Chel...&lt;br /&gt;Ix Chel:  En mi locura llegué aquí. Sumergí a esos niños conmigo en el pasado: juego de pelota, sacrificios... Ellos me hicieron despertar y ordenar mis sentidos. &lt;br /&gt;Itzamna: Ix Chel... (la abraza). Tienes que volver. Te necesitamos, todos te necesitamos allá arriba. Tienes que venir con nosotros. Es cierto que todo funciona, que toco continúa perfectamente sin sus dioses. Pero lo sabes, lo sabes muy bien querida _Ix Chel, siguen siendo nuestro pueblo a pesar de todo, debemos estar allí para cuando decidan volver a venerarnos. Y, si no, recuerda que fue necesario destruir a nuestras criaturas tres veces. Si hiciera falta una cuarta ten por seguro que la habrá. Una destrucción pondrá fin a otra creación equivocada. De una nueva creación nacerá el pueblo maya que venerará y honrará a sus dioses de forma definitiva; que no conocerá jamás al hombre blanco para que no puedan matar su credo.&lt;br /&gt;Ix Chel: ¡No!, ¡no! No me has entendido, no es la destrucción lo que nos salvará. Ellos son nuestro pueblo, ellos me han hecho ver su realidad. Nos recuerdadan, lo que ocurre es que ahora la vida es muy distinta. Leen nuestras historias, algunos sí saben quiénes somos. Lo de venerarnos es distinto, la vida a cambiado mucho. Ya no estamos en Chichón Itzá ni en Uxmal. No hay lugares para el culto a las deidades y la cultura de nuestro pueblo se degrada a un ritmo vertiginoso al tener que huir de sus tierras para venir aquí. No es fácil su vida, nuestro pueblo sufre y sólo le preocupa la supervivencia. Mira, mira a esta gente: seis personas en esta casita; dejaron su tierra, su familia... Incluso La chica odiaba ser maya antes de que yo viniera. Pero son mis hijos, fruto de estas manos que molieron el maíz, no voy a dejar que los destruyas. &lt;br /&gt;Itzamna: Ix Chel, querida...&lt;br /&gt;Ix Chel: No tengo más que decir. (Se aparta de Itzamna). &lt;br /&gt;Itzamna: ¿Quién a sufrido más que yo por ellos?. ¿Quién lloró junto a ellos cuando aquél cristiano, aquél Landa, quemó códices y retratos? ¿Quién ayudó a poner cielo y tierra de su parte para que consiguieran sus tierras? ¿Quién sufrió junto a ti? ¿Quién te dijo que deberíamos seguir? ¿Pretendes que juntos, desde el cielo, luchemos por que ellos nos recuerden? ¿Es eso lo que tú quieres? ¿Y dudas de que Itzamna, tu Itzamna, vaya a hacer cualquier cosa que tú no quieras? (Se acerca a ella, la abraza. Ix Chel no se aparta).&lt;br /&gt;Ix Chel: (Revivida y romántica). ¿No eres tú Itzamna?&lt;br /&gt;Itzamna: ¿No eres tú Ix Chel?&lt;br /&gt;Ix Chel e Itzamana: Diosa luna y dios Sol. (Se abrazan).&lt;br /&gt;Ix Chel: Volveré, y juntos miraremos hacia nuevos lugares. Propiciaremos descubrimientos sobre nuestro pasado, ayudaremos a que los padrs enseñen a sus hijos cosas de sus ancestros. Ese es ahora nuestro destino. (Casi beso..)&lt;br /&gt;Entran chicos, interrumpen. Carolina se sobresalta al ver a Itzamna allí.&lt;br /&gt;Josué: ¡Itzamna!&lt;br /&gt;Carolina: ¿Otro? Pues este ya no sé dónde lo vamos a meter...&lt;br /&gt;Ix  Chel se acerca a ellos.&lt;br /&gt;Ix Chel: (Señalando la boca del chico). Chi´. (“Pulsando” la nariz de Carolina). Ni´. Boo-ca. Narrriz. &lt;br /&gt;Ríen, Ix Chel los abraza.&lt;br /&gt;Carolina: Esto suena a despedida. &lt;br /&gt;Ix Chel comienza a cantar la canción que les enseñó, vuelve a abrazar a Carolina y luego a Josué, que se suman al canto.&lt;br /&gt;Josué: (Triste). ¿Volverás?&lt;br /&gt;Ix Chel señala hacia el cielo, siguen cantando. Los dos dioses salen por la pared del modo acostumbrado. &lt;br /&gt;-Luces- &lt;br /&gt;   Telón. &lt;br /&gt;Teatralbel, &lt;br /&gt;TP, 20-12-05&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-8433162210447043008?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/8433162210447043008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=8433162210447043008&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/8433162210447043008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/8433162210447043008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/ix-chel-en-san-francisco.html' title='-Ix Chel en San Francisco-'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-1072338469032289593</id><published>2007-09-18T04:09:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:11:23.091-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Torturas Quetzales'/><title type='text'>-Perlas Ensangrentadas-  (2005)</title><content type='html'>Lucía estaba en un café cercano a la universidad, intentaba convencerse para irse a estudiar. No podía. La euforia de los jueves.&lt;br /&gt; Él  no miraba a ningún lugar concreto. Miguel era profesor de historia. Un tipo alto,  de pelo y ojos castaños. Incapaz de mantener quieta la mirada describía con sus ojos líneas curvas, que iban desde su libro de historia a las piernas de la chica del fondo. Por último, miraba a la puerta. &lt;br /&gt; Lucía descruzó las piernas con elegancia casi felina. Levantó la cabeza. Miró al fondo. Descubrió la mirada huidiza de un hombre, algo mayor que ella, apoyado en la barra, bebiendo. Su barba de tres días y unas gafas por las que asomaban unos ojos chiquitos, le daban un aire bohemio que la invitaba a imaginar.&lt;br /&gt; -Una chica guapa- se dijo Miguel al verla descruzar las piernas. –22 ó 23 años.- &lt;br /&gt;Le gustó su pelo tirante recogido en un moño y, por supuesto, sus piernas. No tenía nada que perder, tal vez ni siquiera hubiera algo que ganar. Fue un acto casi reflejo. Se sentó a su lado, poniendo una de esas tontas excusas que sirven de pretexto para  conocer a alguien. &lt;br /&gt; Una sonrisa fue el preámbulo de una conversación que se alargaría más de lo previsto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es el viento,&lt;br /&gt;son tus velas.&lt;br /&gt;Corta el ancla,&lt;br /&gt;quema el mapa.&lt;br /&gt;Buen viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No había tiempo para pensar. Lucía llegó a casa y encontró una carta sin dirección, sin sello, ni remite, en su buzón. Ponía su nombre fuera. Dentro, una nota:&lt;br /&gt;“Escritor busca aventurera para seguir al “traidor”. Dentro de tres días parto a Perú con unos amigos. Descenderemos el Amazonas y llegaremos a Isla Margarita. Allí escribiré mi libro. Espero tu respuesta hoy, antes de las 10. Es urgente. B´sos.”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ni siquiera él esperaba que dijera que sí. Llevaban viéndose tres semanas, le pareció que podía resultar divertido. Sin embargo, la chica apresuró el “sí” y acordaron verse al día siguiente para concretarlo todo. &lt;br /&gt;Aquel tipo envenenaba su oídos,  la incitaba a hacer locuras. ¿Acaso aquello no era una locura? Aceptar, quizás fuera sólo un impulso vital. Supervivencia básica. Ella necesitaba un qué, un por qué de su existencia y de sus actos  cuando él apareció. Hay días en los que el mundo te come a ti, ella era deglutida demasiado a menudo. Ahora podría devorar el mundo. Junto a Miguel sentía una obsesión, casi enfermiza, por paladear cada segundo. Parecía una gran oportunidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Ten, esto es para tí.- Dijo Miguel entregándole un cuaderno de tapas marrones.- En él podrás llevar un diario de nuestra “expedición”.- Se le iluminaba la cara cada vez que pronunciaba esa palabra.  &lt;br /&gt; Estaban en el aeropuerto. Lucía no acababa de asimilar la idea de que, en unas horas, estarían a kilómetros y kilómetros de allí, intentando recrear una aventura: “La aventura de los Marañones”.&lt;br /&gt; Miguel quería escribir, junto con su compañera Inés, sobre una expedición del 1560, a través del Amazonas, en busca de Omagua y Dorado. Un tal Lope de Aguirre se haría con los mandos de la expedición, conduciéndola por otros derroteros.   &lt;br /&gt;Tomarían el río Huallaga hasta enlazar con el Marañón, después el Ucayali, que se convertiría pronto en Amazonas. Continuarían hasta Manaos, en Brasil. De allí irían a Isla Margarita, para vivir el reino de “libertad” del loco Lope de Aguirre, éste era el personaje principal de la aventura. Loco. Todo apuntaba a eso. Un hombrezucho de unos cincuenta años, cojo de la pierna derecha, muy pequeño, de cara menuda y chupada. Egoísta, con un amor propio exagerado, destacaba por su afán de dominación, su ansia de poder. &lt;br /&gt;...y loco. La personalidad de Aguirre era aún desconocida para Lucía. Acabaría por descubrir que le era más cercana de lo creía.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lucía, estos son Inés y Fran. –Miguel presentó a la pareja recién llegada. Intercambiaron sonrisas, parecían agradables.-Habrá que darse prisa, nuestro vuelo sale dentro de media hora. &lt;br /&gt;Un vuelo tan largo da para mucho. Tuvieron tiempo de hablar del viaje y conocerse más. Inés no era profesora de historia, sino de griego. Daba clases en la Universidad, en su tiempo libre  escribía y leía sin parar. Escribía, sobre todo, poemas. No era la poesía la que la llevaba a atravesar el Atlántico, sino la prosa. Descubrió “La aventura de los Marañones” gracias a Miguel. Le dejó unos cuantos libros y encontraron  a su personaje, una tocaya suya: Inés de Atienza, protagonista femenina de esa aventura a la destrucción, amante de Orsúa, gobernador de la expedición. Esa fémina los había cautivado de tal forma que habían decidido hacerla protagonista de su próximo libro. Escribirían el supuesto diario de Inés de Atienza durante la jornada en busca de Omagua y Dorado. Más tarde, continuarían con el diario de Elvira, hija del tal Lope de Aguirre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentaron dormir en el avión lo que la noche de nervios no les había dejado. Lucía se recostó en su asiento, cogió el diario que le había regalado Miguel. Intentó escribir algo, pero se  quedó dormida con el diario entre los brazos. Despertó al tiempo, miró por la ventana, el contorno de América chocaba con el mar. Estaban llegando. Ante sus pies se extendía “El Continente del Paraíso”. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; Cambio de hemisferios, cambio de hora.&lt;br /&gt; Habían llegado. &lt;br /&gt; Matías les esperaba adormecido en el aeropuerto. Dibujó una amplia sonrisa al encontrar a sus amigos. Hacía mucho que no se veían. Parecía que no había pasado el tiempo. Recordaba la primera aventura que habían vivido juntos, fueron a Cuzco, Machu Picchu y otras importantes ciudades del Imperio Inca. Hacía de esto ya bastantes años, cuando Matías estudiaba Historia en Madrid y  compartía piso con Inés y Miguel. Cogieron un avión e hicieron su primera escapada a América. Matías les enseñó paisajes que sólo conocían por libros de texto. Poco tendría que ver este viaje, mucho más premeditado, estudiado y, sobre todo, con más recursos económicos, que aquella escapada estudiantil. &lt;br /&gt; Durmieron en casa de Matías. Mataron la excitación del viaje y la diferencia horaria contando batallitas y recuerdos durante toda la noche. Lucía fue la primera en irse a la cama. Al fin y al cabo, ella no tenía tantas cosas de qué hablar. Antes de dormir ojeó lo que sería el primer capítulo del libro de Miguel e Inés &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;    *  *  * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza, por Inés y Miguel  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     Ocho de Agosto del mil quinientos y sesenta &lt;br /&gt; Llegada, yo a Santa Cruz, que es en la provincia de los Motilones, así llamada por habitarla los únicos indios tresquilados del Pirú, ha sido comunicada mi llegada a mi gran amigo Pedro de Orsúa. De alegría se le ha tornado el rostro al verme. Hemos pasado juntos el resto del día. Me ha dado aposento en la misma casa donde él se aloja. Tal y como me prometió, iré con él en su jornada en busca de Omagua y Dorado. &lt;br /&gt; Pronto habrá de partir por el Pirú a buscar gente y aderezar lo que falta para su jornada. Su ausencia será corta, ha dicho. Aquí hay algunas damas, en su mayoría mestizas e indias, aunque también alguna vieja castellana, que partirán en el viaje. &lt;br /&gt; Espero no sentirme muy sola durante la ausencia de mi Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Veinte y cuatro de Septiembre del año mil quinientos y sesenta&lt;br /&gt; La llegada no ha sido lo agradable que cabría de esperar. Pese a ser la protegida de Orsúa parece que esté aquí contra la voluntad de todos. Mi presencia da la sensación de pesar a la mayor parte del campo. Cuchicheos dicen que el gobernador sólo da mal ejemplo llevándome con él. Otros murmuran que vine aquí por ambición y riqueza, a la zaga de Omagua y Dorado.&lt;br /&gt; Cuán equivocados están. No estoy aquí por la ambición de poder ni riquezas que acarrea esta empresa. He conocido hombres junto a los que ahora disfrutaría de riquezas y honor en el sosiego de mi hogar, Trujillo. Se me considera suficientemente hermosa y astuta para conseguir a casi cualquier hombre. El amor es más rápido, vence a mi ingenio femenino. Nunca había sentido tal cariño y compenetración con ningún amante. &lt;br /&gt; Mi Pedro de Orsúa es un buen mozo, galante, amigo de la paz, y no comparable a ningún otro. En el tiempo que aquí llevo no he disfrutado más que de la conversación de mis damas de compañía y alguna esporádica visita de Pedro, muy ocupado en ultimar detalles, pues iniciamos la jornada pronto, si Dios quiere.  &lt;br /&gt; Por parte de los hombres  no he recibido más que miradas de repugnancia y censura, murmuran y multiplican por decenas mis amantes. Otros,  simplemente me miran con lascivia y envidia mal disimuladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras viajar de Madrid a Lima, se pusieron de nuevo en ruta hacia Santa, cerca del río Huallaga, donde comenzaría la aventura. Estaban a punto de comenzar su viaje.  Llegaron justo para comer, hicieron noche allí y salieron temprano hacia el embarcadero. Matías se había encargado de tramitarlo todo. Luis, un viejo amigo de esa ciudad, les dejría un barco a motor con el que había recorrido alguna vez el Huallaga hasta enlazar con el Marañón y Amazonas.&lt;br /&gt; Matías y Fran conducirían el barco. Revisaban la nave mientras Luis les daba las últimas instrucciones y recomendaciones. Inés y Lucía curioseaban por ahí. Miguel cargaba los equipajes y el material que necesitaban. &lt;br /&gt; La cubierta se asemejaba a una terraza pequeña, con su mesita y sillas, lugar ideal para escribir y tomar el sol. Podía cubrirse con una carpa blanca, de plástico, cuando lloviera.  Bajando unas escaleras se accedía a un pequeño almacén convertido en camarote, con sólo dos camas, sin ventanas. Desde cubierta se entraba directamente a otro camarote amplio, de ventanas redondas, con una gran cama de matrimonio. Justo al lado, el aseo y un salón-cocina con todo lo necesario para sobrevivir. Subiendo otras escaleras se llegaba al puesto de mando. Repartieron las habitaciones, Inés y Fran se quedaron con el camarote de cubierta,  a Miguel y Lucía les tocó el cuchitril de abajo, Matías dormiría en el sofá-cama del salón. &lt;br /&gt; A media mañana estaban preparados para zarpar. Se despidieron de Luis y comenzaron a navegar. Dejaron sus almas en tierra para convertirse en Marañones. La aventura rescrita hacia la perdición. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿O será que ese río marañoso te quiere encantar para luego teniéndote cerca arrastrarte en sus aguas? Te ha echado el ojo, seguro que te quiere llevar.”  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       17-3-1995&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt; Hoy, por fin, hemos embarcado. Han sido muchos los nervios, la tensión hasta llegar aquí, nuestro hogar durante los próximos 15 días, aproximadamente.  &lt;br /&gt;Brillaba un poco el sol cuando llegamos al embarcadero, pronto la lluvia nos ha dado la bienvenida. Matías ha inaugurado nuestra cocina con un delicioso cebiche . &lt;br /&gt; Los demás han pasado la tarde registrando los rincones del barco, acomodándose y buscando los mejores lugares para realizar sus proyectos. Mientras, yo contemplaba el paisaje. La exuberante vegetación está atrapando mi corazón, me encanta. Apenas llevo unas horas y noto una extraña conexión entre el río y yo, como si mi meta en la vida fuera haber llegado hasta aquí. Como si este fuera el principio de un final que no existe. He dejado mucho para venir aquí: exámenes, familia, amigos... Sin embargo, es la primera vez que me siento tan exaltada y llena de tranquilidad a la vez. &lt;br /&gt; Merecerá la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;             Veinte y seis de Septiembre del año mil quinientos y sesenta&lt;br /&gt; Hoy ha sido día de partir a esta, nuestra jornada en busca de Omagua y Dorado. Ya navegamos por este río. Lo nuestro nos ha costado, al  echar anteriormente lo navíos se quebraron de podridos, quedaron dos bergantines y tres chatas.&lt;br /&gt; Sea como fuere, hoy zarpamos del astillero. Con trescientos soldados españoles, trescientos servidores indígenas y unos veinte negros. No olvidemos a las mujeres. Partimos, finalmente, en dos bergantines  personas y ovejas, cabras y cabalgaduras en otras nueve chatas. &lt;br /&gt; El inicio de la jornada alimenta mis esperanzas e ilusiones de tener más tiempo para disfrutar de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       19-3-1995     &lt;br /&gt; He encontrado esta nota entre las páginas de mi diario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Riueras del marañón &lt;br /&gt;Do gran mal se a congelado&lt;br /&gt;Se leuanto un Vizcaíno&lt;br /&gt;Muy peor que Andaluzano,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nadie Lope da confision&lt;br /&gt;Por que no lo a acostumbrado&lt;br /&gt;Y así tiene por çierto&lt;br /&gt;Ser El tal Endemoniado.* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Es extraño. Creía que nadie sabe donde guardo mi diario. Ni siquiera Miguel. Lo cambiaré de sitio. Creo que es un romance sobre Lope de Aguirre. Supongo que se le habrá caído, o algo por el estilo. &lt;br /&gt; Parece que me voy acostumbrando al clima. Hay 27 ó 28 ºC durante el día, una bajada brusca, de 8 ó 10 ºC, cuando cae la noche. Al amanecer el sol surge en un cielo despejado, las elevadas temperaturas facilitan la evaporación, van aumentando paulatinamente las nubes a lo largo de la mañana. Al alcanzar la máxima temperatura del día se llega al tope de tolerancia de humedad. La caída de temperaturas al llegar la tarde provoca lluvias tormentosas que se prolongan hasta entrada la noche. &lt;br /&gt; Hoy ha habido tiempo para casi todo. Miguel e Inés se han pasado el día entre libros y apuntes con sus historias. Matías se aísla en el timón. Quedamos Fran y yo como únicas almas desocupadas de esta expedición. Lo que más me gusta es tomar fotos de peces, plantas y animales para después estudiarlos y clasificarlos. Mis dos años en biológicas no son nada en comparación con todo lo que él sabe. Me ha sugerido que, paralelamente a éste, mi “diario de viaje”, lleve otro con las fotos e información de flora y fauna descubiertos en el día. Creo que lo haré, pero en otro diario, mi “Diario de Flora y Fauna” . &lt;br /&gt; Nuestro viaje continúa, la historia también. Por el momento, los sitios más destacados de aquella expedición de Orsúa y los suyos son: Caperuzos, donde enviaron delante a un tal Lorenzo de Çalduendo a buscar comida y rompió un bergantín, e Isla de García, llamada así porque en ella encontraron a García de Arce, que había partido río abajo con 30 hombres por orden del gobernador. En esa isla los indios andaban vestidos con camisetas, las casas eran cuadradas y grandes. La comida era maíz, yuca dulce y batata. También macato, yuca rallada que se pone en hoyos debajo de la tierra a podrir, con ella hacían pan y una bebida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21-3-95&lt;br /&gt;Hemos hecho un alto en el camino. Paramos a ver el pongo o salto de Aguirre. Cuenta la leyenda que, estando en grave peligro, Lope de Aguirre escribió en la piedra unos misteriosos signos. El viajero ha de persignarse y orar ante las huellas del tirano. &lt;br /&gt; No suelo ser supersticiosa, ni tan siquiera religiosa, pero un extraño sobrecogimiento me ha invadido cuando Fran ha contado la leyenda. &lt;br /&gt;He recordado el romance que encontré el otro día, decía algo del “endemoniamiento” de Aguirre. Ha sido entonces tal el escalofrío que ha recorrido mi cuerpo que mis labios se han sorprendido murmurando una de esas oraciones que me enseñaron de niña y que creía olvidada. &lt;br /&gt; Al llegar al barco, mientras los demás  cenaban, he fingido encontrarme mal y he bajado al camarote en busca del romance. No estaba. Recuerdo perfectamente que lo dejé en un bolsillo de mi maleta, junto al diario. Soy tan despistada que lo habré dejado en otro lugar. No. Recuerdo perfectamente que lo guardé ahí. Me inquieta el hecho de que mis cosas desaparezcan por si solas. Lo habré perdido, soy un desastre. &lt;br /&gt; Miguel ha bajado a ver como me encontraba, ahora está en el camarote, esperándome. Suelo escribir en el lavabo, antes de ducharme. Es el único sitio donde puedo garantizar mi completa soledad, puedo echar el pestillo y que nadie me moleste. La soledad es tan deseable para escribir...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;22-3-95&lt;br /&gt;El Huallaga y Marañón se unieron hace tiempo, cerca de Lagunas, más adelante desembocó el Marañón en el Ucayali. Es aquí, en Iquitos, la ciudad más grande de la selva peruana, donde se considera el inicio del Amazonas. Navegar por el Amazonas es ver el sol agonizar tras la copa de los árboles y admirarse del verdor infinito. Hemos visto una planta curiosa poco antes de llegar, la Victoria Regia . Se trata de una planta acuática de una sola hoja flotante. Hay algunas de hasta dos metros de diámemetro.&lt;br /&gt;Llegamos a Iquitos, capital del departamento de Loreto, Perú. Iquitos deslumbra por su  exuberante vegetación, hay varias comunidades nativas como los Cocamas, los Wiotos, los Boras y los Ticuna. &lt;br /&gt; Conviven dos mundos, que a la vez chocan y se entretejen. El verdor y el exotismo contrastan con la ciudad moderna, con calles llenas de comercios.&lt;br /&gt; Aquí se encuentra el puerto fluvial más importante del Amazonas, por él circulan frutas, caucho, maderas preciosas y café. &lt;br /&gt; Hemos hecho una visita a la ciudad, compramos comida y algunas otras cosas que necesitaremos hasta llegar a Manaos. Comimos en un restaurante del centro de la ciudad, un delicioso carapulca y suspiros de limeña de postre .  &lt;br /&gt; De vuelta al barco, nos ha sorprendido avistar un manatí , es a partir de aquí, hasta la desembocadura, donde empiezan a verse estos simpáticos mamíferos. Debía estar haciendo la digestión, pues éstos comen hasta llenar su estómago y hacen la digestión varados en el agua, con la nariz fuera, así era exactamente como se encontraba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24-3-95 &lt;br /&gt;Miguel y yo pasamos ayer el día entero en el camarote, hablando, riendo y redescubriéndonos a nosotros mismos. Es curioso, descuida su “expedición” para estar sólo conmigo y alimentar nuestro amor, lo mismo que Orsúa e Inés. Aunque a Orsúa el descuido le costaría caro. Cuentan que andaba el gobernador demasiado ocupado en entretener a su doña Inés. Sus soldados decían que lo había hechizado, ya que de muy simpático que solía ser se había vuelto serio y huraño, huidizo de entrabar conversación con nadie. Comenzó a comer solo, a disfrutar extremadamente de la soledad, se le encontraba siempre solo o en compañía de Inés. Algunos soldados quisieron amotinarse y volver a Perú. Lope de Aguirre, que ya iba moviendo los hilos y preparando su escenario, haría cambiar de idea a muchos y desencadenarían torrentes de sangre. Convertirían al Amazonas en escenario de revolución, tornándolo un verdadero infierno verde. &lt;br /&gt; Mañana pasaremos a la altura de Machifaros. La expedición pasó allí 33 días. Los indios de ese lugar andaban desnudos. Orsúa pidió al Cacique la mitad del poblado para él y sus hombres, hallaron aquí gran cantidad de comida, aunque algunos la desperdiciaron y luego faltó. Fue allí donde empezaron a creer que, los Indios brasiles que les habían informado de Omagua y Dorado, les mentían. Descendieron 700 leguas de río sin descubrir oro alguno. Fue expandiéndose la desconfianza, desilusión y burla tan rápidamente como lo había hecho la fiebre del oro y las riquezas en las cabezas de algunos. También aquí se planeó y llevó a cabo la muerte de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25-3-95&lt;br /&gt; Hemos llegado a un punto crítico de nuestro viaje. Las aguas del Amazonas y el Napo se juntan. La muerte puso aquí su dedo hace más de 400 años.  &lt;br /&gt; Miguel y Matías lo tenían todo planeado. Nos han despertado, serían las 2:30, y conducido a la cubierta. Hacía frío, la noche en el Amazonas no puede compararse en nada al día. El cielo estaba despejado, se llegaban a ver las estrellas. Habían colocado cojines en el suelo para sentarnos,  velas esparcidas por la cubierta iluminaban débilmente la oscuridad amazónica. &lt;br /&gt; Estábamos en la confluencia de ambos ríos. Miguel ha sacado un libro de la “Jornada de Omagua y Dorado”, escrita por Francisco Vázquez, que vivió en&lt;br /&gt;sus propias carnes el desarrollo de la aventura. Ha leído lo aquí acontecido, lo transcribo de forma algo resumida:&lt;br /&gt; “Día primero del año mil y quinientos y sesenta y uno, a dos  o tres  horas de la noche, juntándose con D. Fernando hasta doce traidores. Fueron al aposento del Gobernador. Como vido el Gobernador que venía gente, volvió el rostro hacia ellos y les dijo “¡Qué es esto, caballeros! ¿A tal hora por acá?” Respondió Juan Alonso de la Bandera: “Agora lo veréis”; y le dio con una espada a dos manos por los pechos, lo pasó de una parte a otra, y luego segundó D. Fernando y los demás”. &lt;br /&gt; Un escalofrío, parecido a aquél que me sobrecogió en el salto de Aguirre, ha hecho erizarse todo el vello de mis brazos. Al finalizar su lectura, Inés ha sacado unos apuntes, para leernos los sentimientos de su tocaya, la amante del gobernador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;Día de la Circuncisión del Señor, primero del año mil y quinientos sesenta y uno&lt;br /&gt;Lágrimas sanguinolentas fluyen con el río. Es horrible ver como te desgarran el corazón y no poder gritar por ello, ni tan siquiera quejarte. Encadenado llevo el luto bajo mi piel. En lo más hondo de mis entrañas llora mi alma desconsolada. Poner fin a un amor es fácil  si acaban con la persona amada.&lt;br /&gt; A ti, mi Pedro Orsúa, entregué lo que a ningún otro. No sólo mi cuerpo era tuyo, tomaste mi alma. Tú te entregabas a mí en cuerpo y alma en cada uno de tus besos. Bajo el amparo de tu amor este río parecía más bello, las lluvias incluso se me asemejaban a lágrimas del cielo. Hoy el río, la selva, adquieren cada vez de forma más nítida el aspecto de un infierno verde.&lt;br /&gt; Me hubiera gustado saborear cada una de tus heridas, esta vida me ha enseñado a disfrutar también del dolor. No había tiempo. Mandé a unos de tus negros cavar un hoyo grande, os enterraron a Juan de Vargas y a ti juntos. A Vargas le dieron muerte después que a ti.&lt;br /&gt; Como fondo musical de vuestro funesto entierro  se oía a los traidores gritar: “¡Viva el Rey, que es muerto el tirano!”. &lt;br /&gt; Tu recuerdo se borra rápidamente cada segundo. Ya no buscamos el Dorado, sólo la muerte acontece. Las lágrimas están prohibidas, el luto encarcelado. Mi corazón muerto y mi cuerpo vendido, condenado. Sólo queda la supervivencia, la venganza. Lanzaré miradas con besos al lugar donde reposa tu cuerpo. Tristes besos,&lt;br /&gt;    Torpes besos,&lt;br /&gt;   Sangre y besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso al diario de Lucía     25-3-1995 &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Me sentía incapaz de irme a dormir, tal cúmulo de sensaciones me invadía... Las palabras me habían sonado demasiado reales, soy una de esas personas que se alimentan de palabras. Miguel y yo, nos hemos acostado en la cubierta, cara al cielo, mirando las estrellas. El cielo más claro que he visto nunca, las estrellas más brillantes.&lt;br /&gt; El amanecer nos ha sorprendido dormidos. El sol y la creciente humedad nos han despertado. Nos hemos ido a dormir a nuestras camas, bastante más cómodas que el suelo. Como pincelada final a esta noche mágica he encontrado una orquídea , preciosa flor típica del Amazonas, encima de mi almohada. Detalle de Miguel, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos de Enero del año mil y quinientos sesenta y uno&lt;br /&gt; Dios los perdone. Celebraron con el vino para misas la murete de mi Orsúa. Ahora gritan: “¡Libertad, libertad!”, parece que quisieran negar la obediencia a nuestro rey y señor Felipe II. Nombraron anoche General a D. Fernando Guzmán, tan amigo de Pedro que se le considera el más traidor de los traidores, el mayor libertador entre libertadores. El maese de campo es ese feucho vizcaíno, Lope de Aguirre, al que llaman Loco. Éste me acusa de hechizar al gobernador y otras cosas peores que no quiero nombrar. Ese Aguirre me mira con malos ojos desde el primer día.&lt;br /&gt;Una chiquilla me contó hoy que un negro fue avisar a Orsúa de que tramaban su muerte. Él hallábase conmigo, encargó a otro que se lo comunicase. Un gran descuido el de éste el no advertir al Gobernador de tal traición. Las cosas podrían ser hoy distintas.&lt;br /&gt; Juan Alonso de la Bandera pone ahora sus manos donde antes las caricias de mi amado. Mi alma y cuerpo están vendidos. Mi corazón ha muerto, así que no podré nunca serle infiel a Orsúa. Maquillo mis lágrimas, perfumo tristezas. Seguimos navegando, río abajo. Más sangre llenará bocas sedientas. Sólo huelo a muerte salpicando ese Dorado de nuestros sueños, en el que sólo nosotros creímos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      28-3-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Traidor, traidor...&lt;br /&gt; Anoche tuve una pesadilla donde sólo oía esa palabra. &lt;br /&gt; Fue uno de esos sueños horribles en los que sabes que estás dormido, pero no puedes despertar. Estás atrapada en tu pesadilla y, lo peor de todo, eres consciente de ello. No se veía nada, un fondo negro y unas voces susurrando “traidor”. &lt;br /&gt; Pobres marañones. Iban tejiendo su propia trampa, su telaraña. Pensaron, inocentes, que el rey les perdonaría haber matado a Orsúa, poniendo como excusa que iba descuidado en la búsqueda de tierra para poblar. Acordaron firmar todos un tratado, pero... Lope de Aguirre firmó como “Lope de Aguirre, traidor”. Les hizo despertar de su sueño de perdón para volverles los ojos y mostrarles su entrañas en bandeja: todos son traidores, culpables de la muerte. Aprovechó el mínimo sentimiento de culpa y criminalidad para exaltarlos a volver a Perú a hacer la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ahora Juan Alonso de la Bandera es muerto. Comenzaré por el principio. D. Fernando quitó el cargo de Maese de Campo a Lope de Aguirre, diolo a Juan Alonso. Aguirre, enfurecido,  lo mató. Fue restituido al cargo. Lorenzo Çalduendo, capitán de Guardia, es el nuevo ganador del premio, yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía     29-3-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Anoche acabé tan agotada y excitada que no encontré tiempo para escribir. Paramos en la ciudad brasileña de São Paulo de Olivença. Ya navegamos por Solimoes, el Amazonas brasileño hasta llegar a Manaos. No dormimos en el barco, sino que acampamos en las cercanías del río. El día transcurrió en montar nuestro campamento. &lt;br /&gt; Cuando el sol iba cayendo, despuntando sus últimos rayos verdosos en la selva, hicimos una hoguera que nos serviría de cocina para la cena y daría calor durante la noche, que prometía largas conversaciones al fuego. Tras la cena, Inés sugirió hacer una quema de recuerdos. Nos sentamos alrededor de la fogata. Repartió papel y pluma para que escribiéramos los malos recuerdos y los arrojáramos al fuego. Su abuela le había enseñado este ritual, al quemar los recuerdos se mataba su espíritu, para que no volviera a suceder. &lt;br /&gt; El fuego crepitaba, anaranjado, intentando lanzar imposibles destellos al cielo. No conseguía hallar ningún mal recuerdo. Buscaba y rebuscaba en mi memoria sin encontrar nada. Miguel se recostó en mis piernas. Clavó sus ojos en los míos. Los veía llenos de sombras, luces, espejismos. Figuras que iban y venían dentro de sus pupilas. Una sombra con forma de hombre iba tomando lentamente forma en su iris... Me hechizaban y asustaban esos ojos. La sombra del hombre se hacía muy nítida, se iba empequeñeciendo hasta clavarse en su pupila. Daba la sensación de ser algo más que la confluencia de ojos y fuego. &lt;br /&gt; Nuestras miradas eran tan intensas que él rompió la conexión visual mediante un beso fugaz y un susurro en el oído: “Me lo estabas pidiendo a gritos”. Yo no pensaba en un beso mientras lo miraba. Pensaba en esas sombras, en ese hombre, tal vez fruto de la casualidad y mi imaginación, que se perfilaba en su mirada. &lt;br /&gt; La voz de Inés me hizo volver a la realidad, era hora de quemar los malos recuerdos. Aún no había alcanzado a recordar ninguno, así que pensé que aquel hombre ocular de Miguel no me parecía menos que un mal augurio. Decidí quemarlo. Dibujé una silueta similar y lo arrojé al fuego. &lt;br /&gt; Preparamos café para pasar la noche. Fran sacó su guitarra, creo que no había dicho que la tocaba. Tocó y cantamos hasta  muy entrados en esa boca de lobo que es la noche en el Amazonas. Cansados,  estábamos a punto de ir a dormir cuando Fran nos detuvo y  dijo:&lt;br /&gt; -Esperad, tengo una última especialmente compuesta para la ocasión.&lt;br /&gt; Dos acordes lentos antes de empezar la letra, casi una balada, un aire de bosanova. Su mirada chocó conmigo unos instantes, segundos. &lt;br /&gt; La letra decía, más o menos, así:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A un fuego fatuo que arde,&lt;br /&gt; misterioso algunas noches,&lt;br /&gt; los campesinos celosos,&lt;br /&gt; lo llaman el alma en pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel volvió a recostarse en mis piernas, Inés y Matías  se apoyaban el uno en el otro, Fran era el único sentado en silla, para poder tocar. &lt;br /&gt; El resplandor del fuego le ilumina la cara. Sus uñas rasgaban las cuerdas y sus ojos me escrutaban. “Las dos voces viven en la tiniebla”, bajaba la mirada a sus manos, para clavarla en mí al pronunciar las palabras dos y tinieblas. &lt;br /&gt; Continuaba la canción: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salta del fuego, &lt;br /&gt;Como una lámpara, &lt;br /&gt;como luz que navega sobre aceite,&lt;br /&gt;Una llama quieta que recorre la noche. &lt;br /&gt;¡Ah!, se fue por el camino de la candela.&lt;br /&gt; Candela es, que viaja por la sombra &lt;br /&gt;cerrando los caminos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disimulaba bien las palabras y miradas dirigidas a mí. Parecía mirar todo el rato el fuego, aprovechaba éste para escrutarme por encima de alguna llamarada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fin:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanto en las noches de luna menguante,&lt;br /&gt;Mis cabellos son tea &lt;br /&gt;encendida que los vientos no apagan&lt;br /&gt;Mis pies en llamas son llamas errantes,&lt;br /&gt;pasan sobre los pajonales sin quemarlos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como final, el suspiro de aprobación y encanto de Inés, que no sabía de  la  existencia de la canción compuesta por su marido. Aplaudimos todos. Dio las gracias, explicó que la música era suya, la letra la había sacado de distintos libros. Fuimos a dormir. &lt;br /&gt;Empiezo a plantearme si no seré hipersensible, parece que me afecta todo en exceso. El recuerdo del  fuego, la sombra con forma de hombre y las miradas hechiceras de aquella noche acentuaban mi ya normal  alteración y excitación. La canción había sido la guinda del pastel. Hablaba también de fuegos, dos figuras perdidas en las tinieblas... ¿tal vez Miguel y yo en este oscuro Solimoes?&lt;br /&gt;Por si fuera poco, anoche volví a tener ese sueño. Oía “Traidor, traidor...” de fondo. Pero cambiaba algo, no todo era oscuridad, sino que una sombra temblorosa, igual que la  que se pintó en los ojos de Miguel, avanzaba hacia mí sobre un fondo oscuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Veinte y dos de marzo del año mil quinientos y sesenta y uno&lt;br /&gt; Parece que acabaran todos por enloquecer. Ya se veía venir, ya... ¿A dónde pretenden llegar con esto? Ayer quiso D. Fernando de Guzmán que todos lo tomáramos voluntariamente como general. Para ello se valió de astutas artimañas. Dejó el cargo, lo mismo hicieron sus oficiales, y pidió que se eligiese libremente a quien mejor pareciese para el cargo. Sus amigos, después todo el campo, dijeron que le querían a él como general. Éste volvió a aceptar el cargo y preguntó que quiénes querían ir al Pirú a hacer la guerra, y quienes preferían quedarse e ir a buscar tierra y poblarla.  Todos, algunos por temor, firmaron un tratado en el que decían que irían al Pirú a guerrear. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Veinte  y tres de marzo&lt;br /&gt; De niña jugaba a ser princesa, ese no parece juego de hombres maduros.&lt;br /&gt; Ese Lope de Aguirre ha dicho hoy que, para tener la guerra más autoridad y fundamento, debíamos hacer nuestro Príncipe a D. Fernando y coronarlos al llegar al Pirú. Ha pedido que nos desnaturásemos de España y negáramos al rey D. Felipe. Luego han ido todos a besar la mano a D. Guzmán, llamaban “Excelencia” a ese mequetrefe.&lt;br /&gt; ¿Qué importa ya esto? ¿Qué es mi vida, sino un caminar constante hacia la muerte? Sigo viva por no incrementar mi lista de pecados, ya quisiera yo estar donde él está, reposando eternamente con mi Orsúa y no aquí, Tirana de Tiranos. &lt;br /&gt; Tal vez aún quede una luz, una esperanza... Quizá aún pueda salvar mi vida, con mi muerte,  puede que mi alma. El río parece inmenso. El final, su desembocadura, es la utopía con la que sueño por las noches. Mis ilusiones se las tragan sus aguas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Pasados tres meses en este pueblo de Bergantines partimos hacia el Pirú. Los planes son ir a isla Margarita, para tomar comida y agua. De allí, a tomar el Nombre de Dios y la Sierra de Capixa, que es paso para Panamá, así nadie podrá dar aviso de nuestra llegada. &lt;br /&gt; Tomaremos Nombre de Dios, allí robarán y matarán a todos los sospechosos. Luego iremos sobre Panamá, tomaremos los navíos del puerto para que no puedan dar aviso al Pirú. Se nos habrá de juntar gente de Veragua y Nicaragua, a quienes daremos armas y libertad.  &lt;br /&gt; Bien informada estoy de cuantos planes se trazan, no olvidemos que ando vendida a cualquiera para sobrevivir. Lorenzo de Çalduendo es ahora mi dueño. Compitió por mis amores con el difundo De la Bandera. Me cuenta estos propósitos con chiribitas en los ojos. Me promete tierras, riquezas... Yo sonrío, envenenando sus miradas. Es lo que quieren ver sus ojos. Yo sólo quiero ver como se asustan, fracasan se humillan. Mueren. Que paguen por mi infierno. Que paguen por el infierno de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días más tarde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me reí de sus sueños infantiles de jugar a ser reyes, aunque bien sigue el príncipe con su principado. Desde que lo proclamaron soberano come solo, sírvese con ceremonias y firma las cartas de esta manera “D. Fernando de Guzmán, por la Gracia de Dios, Príncipe de Tierra Firme y Pirú, y Gobernador de Chile”: &lt;br /&gt; Ahora estallan mis carcajadas ante el miedo. Susúrranme que se arrepienten de haber dado muerte a mi buen Gobernador. Por si no bastara cargar con el peso de una muerte, andan planeando otra. Han acordado no ir al Pirú a guerrear, sino buscar tierra para poblar. Para ello traman acabar con Lope de Aguirre y algunos de sus amigos, ya que éstos son los mayores partidarios de ir al Pirú a vencer y ser libres.&lt;br /&gt; Prefiero las nuevas ideas a esas insensateces de príncipes, guerras al Pirú y a España. Muerto Aguirre morirán con él las locuras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      3-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En una noche triste llegamos a Manaos. Si, triste, tristísima. &lt;br /&gt; El río es más inmenso que nunca, su grandeza me sobrecoge. La oscuridad no nos deja ver nada, estoy casi segura de que al amanecer perderé mi vista en un horizonte de río y cielo. Mi alma será una presa fácil para el majestuoso Solimoes.&lt;br /&gt; Miguel se ha apoyado en mi hombro mientras yo miraba los lejanos destellos de las luces de Manaos.  Se ven las cosas de otra manera cuando has recorrido medio mundo conducida por la desesperación. Encontrar la felicidad en sus besos y en el río me hace pensar en si todo será tan espléndido cuando acabe el viaje. Él me demuestra que sí a cada instante.&lt;br /&gt; Es una noche triste, tristísima, por varios motivos. Hemos detenido nuestra ruta unos cuantos kilómetros antes de llegar a Manaos, es nuestra última noche de viaje en barco por el Amazonas. Mañana, al alba, partiremos hacia el puerto de Manaos. Además, cerca de estos lugares, acontecieron la mayoría de los asesinatos que Lope de Aguirre ejecutó en el río. Noches tristes las de hace tantos años, noche triste también esta, en la que recordamos sangre navegando río abajo.&lt;br /&gt; Contaré nuestra ceremonia particular, en recuerdo de lo que ya es historia:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La noche caía. Inés y Matías cocinaban la cena. Fran preparaba la cubierta poniendo cojines por el suelo y un mantel enorme. Velas en el centro, el resto esparcidas por la cubierta. Un nenúfar  junto a cada vela. &lt;br /&gt; Quién mejor para rendir culto a la historia que nuestros dos escritores: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Una frase de su amante, Lorenzo de Çalduendo, “¡Mercedes me ha de hacer a mí Lope de Aguirre! ¡Vivamos sin él pese a tal”. Y otra de ella, pronunciada al enterrar a una mestiza que se le había muerto: “Dios te perdone, hija, que antes de muchos días tendrás muchos compañeros”. Levantaron las sospechas de un temeroso Lope, asustado ante la dama de la muerte. Aguirre determinó matar a Çalduendo. Lo encontró junto al Príncipe. Delante de él lo mató a estocadas y lanzadas. Luego mandó a un sargento suyo, Antón Llamoso, y a Francisco Carrión, que fueran a matar a doña Inés. Gran lástima bella. Quedó muerta la flor de la desesperación, hermosura y amargura de este río, la siempre bella Inés de Atienza. &lt;br /&gt; Avisaron a Lope de Aguirre de que Guzmán planeaba su muerte. Aguirre, que tenía pensado de antemano acabar con él, se apresuró en dar muerte a su Príncipe. Tramó, además, el asesinato de todos los asistentes a la consulta en la que se planteó asesinarlo a él. &lt;br /&gt; La noche siguiente del asesinato de Inés y Çalduendo, 21 de mayo,  reunió Aguirre a toda la gente que pudo, diciéndoles que iban a castigar a unos capitanes que habían intentado amotinarse. Mataron, primero, a un capitán y un almirante. Organizó a sus amigos para que cada diez o doce matasen a uno de los que él pretendía. Pero éstos dijeron que estaba muy oscuro y que se matarían unos a otros sin darse cuenta. Esperarían hasta el amanecer.&lt;br /&gt; Al alba, se dirigieron a casa de su Príncipe. Lope continuaba mintiendo, diciendo que se disponían a matar a los amotinados. Únicamente dos de sus grandes amigos, conocían la verdad. Ellos serían los encargados de matar a D. Fernando cuando los otros no se diesen cuenta.&lt;br /&gt; Estando de camino encontraron a un clérigo, al que mató el  cruel Aguirre a un clérigo. También cayeron un capitán y otros dos hombres más.&lt;br /&gt; Sin que los demás los viesen, dieron muerte al principito, a base de  estocadas y arcabuzazos. &lt;br /&gt; Sangre, sólo sangre. Lope de Aguirre, el tirano, tenía ya el control. Había tejido y destejido hilos, marañas y vidas para llegar a alzarse con el poder de una expedición que nunca creyó su destino, en Omagua y Dorado. Dejaban los sueños de oro salpicados con manchas sangrientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        4-4-95&lt;br /&gt; Hemos cerrado las maletas,  nos despedimos de nuestro momentáneo hogar. Al cerrar la puerta del camarote y echar un último vistazo me ha parecido ver la figura de un hombre. He vuelto a mirar, ya no estaba. Se había esfumado. Seguramente nunca estuvo allí. Nunca. Sólo fue mi cabeza, mi imaginación.  Demasiados nervios, el último día en el barco y mi exagerada imaginación me hacen ver cosas. No creo en fantasmas y no voy a empezar a creer ahora. Fufff... necesito oírmelo decir a mí misma. Mejor dejar de pensar en eso, era tan real... Estoy demasiado nerviosa, sí, eso es lo que ocurre. &lt;br /&gt;Desembarcamos en Manaos. Su muelle flotante, articulado para fluctuar con los cambios de desnivel de las aguas, nos espera, dándonos la bienvenida a la civilización. Al poner pie en tierra firme, sentí que, lo verdaderamente civilizado, era quedarse allí, en el río que tantas maravillas me había enseñado, que tanto me habían hecho sentir el fluir de sus  aguas...&lt;br /&gt; En Manaos encuentras un desfile de despropósitos: avenidas, edificios y parques que recuerdan al Manhattan neoyorquino y a la bella y lejana París. Cosmopolitismo siglo XXI en el Amazonas. ¿Dónde está la selva? ¿Qué ha pasado con ella? Es el centro comercial por excelencia del Amazonas. Su tráfico fluvial es intensísimo, en comunicación directa con algunos de los puertos más grandes del mundo. &lt;br /&gt; La riqueza de la ciudad,  a finales del XIX, debido a la explotación del caucho, se deja notar en muchas construcciones. El mercado municipal, imitación del parisino les Halles, el palacio  Río Negro, la plaza de San Sebastián... La gran joyita es el teatro Amazonas. La selva en el centro de la ciudad sólo se intuye, por el calor y la intensa humedad. El corazón se te estruja cuando tienes que decirle adiós al Amazonas, al Solimoes. Se te clava muy, muy dentro. Miguel me miraba con ojos de melancolía,  buscaba refugio en mi pelo durante todo el día. Todos sentimos abandonar el río.&lt;br /&gt; La expedición de, ahora sí, Lope de Aguirre continuó hasta la desembocadura. Nosotros pasaremos aquí un par de días y continuaremos la aventura hasta Isla Margarita. &lt;br /&gt; Muerta Atienza, Miguel e Inés continuarán su relato con el diario de Elvira, hija de Lope de Aguirre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira       23 de Mayo de 1561&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Esta mañana, tras el despertar de sangre que nos ha sobrecogido a muchos, nos ha juntado mi padre en la plaza. Rodeado de todos sus amigos, perfectamente armados, ha dicho que nadie ha de alborotarse por lo que ha visto, que estas son las cosas de la guerra, que el Príncipe y otros habían muerto por no saber gobernar.&lt;br /&gt; Se ha autoproclamado General y Maese de Campo. Iremos a la guerra al Pirú. Está prohibido, so pena de muerte, hablar en secreto ni coger armas delante de mi padre.&lt;br /&gt;Adoro a mi padre,  en las esporádicas visitas que me hacía de niña me demostraba su amor y ternura. Él me rescató de aquel mísero hogar años después, para llevarme consigo, para quererme y tratarme como su hija. Sin embargo, odio esa frialdad que, a veces, es lo más destacado de su carácter. &lt;br /&gt;He llorado por los muertos a escondidas. La sangre, la muerte provoca en mí pavor, como buena cristiana que me enseñaron a ser. Ruego por su alma. Ojalá mis rezos y súplicas sirvan para enmendar todos su pecados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       5-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aguirre y su hombres partieron. En la margen derecha del río divisaron una cordillera. Avistaron algunas poblaciones a la orilla del río. Allí decían los guías que estaban Omagua y Dorado, Aguirre ordenó que nadie hablara con los guías. El Dorado pasó a ser un sueño prohibido, una leyenda cada día más muerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las muertes a manos de mi padre aumentan conforme descendemos el río. Ojalá se diera tanta maña para la vida como para la muerte. Ojalá pudiera amar a alguien más que a mí, su “querida hijita”, y se diera cuenta de lo que hace. Me protege y sobreprotege. Me cree pieza única de virginidad en este mar de tiranos. No sabe que amo a Pedrarias . Si lo supiera no dudo en no tardaría en acabar con nuestras vidas.  &lt;br /&gt; Nos abandonaron los indios Brasiles que traíamos como guías. El único atisbo de oro que vimos fue en Carari y Macari, algunos indios traían orejas y caricurís de oro. Tampoco nos esforzamos demasiado ya en encontrar metales preciosos.  &lt;br /&gt; Lo que más he odiado en estas pasadas jornadas han sido los constantes aguaceros desde que pasamos el pueblo de las Tortugas. Tampoco soporto esos asquerosos y abundantes mosquinos zancudos. Esperemos que las cosas cambien al llegar a Isla Margarita. &lt;br /&gt;Hemos sido víctimas vivientes de mi padre. Perdiéndonos, encontrándonos, abandonando nuestros cuerpos, mientras selva y río encomendaban nuestras almas a un Dios que parece ya no me escucha. Al fin, hemos llegado al mar. La boca del río es inmensa, toda de agua dulce. Con infinidad de islas donde confluye con el mar. El mar, por fin.&lt;br /&gt; Al grito de “¡Adelante mis Marañones!”, haciendo mención al nombre de este río, anima mi padre a sus hombres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       7-4-95&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Lunes por la tarde, abril del 95, llegamos a isla Margarita. Lunes tarde del 20 de Junio, 1561, la maldición llega esta isla, ahora  paraíso vacacional. &lt;br /&gt; Tras un trasbordo en Caracas llegamos a la isla, que son en realidad dos unidas por un doble cordón litoral. &lt;br /&gt; No tiene mucho sentido que estemos aquí. Esto no se parece casi nada a aquella isla a la que llegaron los marañones para establecer su “reino de libertad”. Grandes hoteles, vacaciones, ocio. Seguramente son las hermosas playas los únicos testigos de lo acontecido hace cinco siglos.&lt;br /&gt; Estamos casi al final del viaje, el sitio es idílico para descansar, relajarnos y que continúen su libro. Nos encontramos algo alejados de la “civilización”, nuestro hogar es una pequeña cabaña en el cerro Manacao, en la parte occidental, la más abruta, seca y menos turística. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Perlas ensangrentadas,&lt;br /&gt;   flores pisoteadas.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ensangrentamos el Marañón, ahora intentamos acabar con el brillo de esta isla Margarita, Isla Perla , a base de puñaladas y más muertes. &lt;br /&gt; Llegamos el pasado 20 de Junio, tras tomar el puerto de Paragua. Mi padre mandó matar a uno que fue capitán de D. Fernando, también a otro que era su capitán, del que pensaba que no lo seguiría. A media noche hizo saltar a todos a tierra. Llegaron luego el Gobernador de la isla y los vecinos, alborotados por no saber qué sucedía. Actor de actores, mi padre llegó a arrodillarse ante el gobernador, ofreciéndose a su servicio. La adulación es un método que no suele fallarle. Llegó luego con nueva actitud. Desenmascarado dijo al gobernador que íbamos al Pirú, que sabía que ellos no nos tratarían bien ni nos dejarían continuar. Ordenó que dejaran las armas y los tomó presos. &lt;br /&gt;Gritos, victoria: “¡Habemos preso al gobernador y la tierra es nuestra!” “¡Libertad! ¡Libertad!” “¡Viva Lope de Aguirre!” &lt;br /&gt;Sí, libertad. Libertad para todos menos para mí. Ganas de morir cada vez que contemplo otra muerte. Ganas de vivir, por el contrario, cuando Pedrarias me lanza uno de sus besos no ensangrentados. Ganas de morir de nuevo cuando sospecho, por la mirada de mi padre, que sabe de lo nuestro y lo reprocha. Ganas de vivir cada vez que Pedrarias susurra amor a mis oídos. &lt;br /&gt;El día del desembarco huyeron cinco Marañones. Mi padre enfurecía, rabiaba,   amenazaba al gobernador y vecinos, exigiéndoles que los buscara. Esperanzas y promesas. Estaba yo prevenida de que sucedería. Uno de ellos era mi Pedrarias de Almesto. Me dijo que se iría e intentaría rescatarme, a los tres días apareció. Al contrario de lo que se suponía, mi padre no lo mató. Un rayo de compasión brilló en sus ojos. Por una vez parece que Dios atiende a mis rezos. Para que luego no me crea nadie cuando digo que no es tan malvado como parece. A los que si se colgó sin confesión fue a otros dos de estos huidos que aparecieron al poco. Más muertos a la lista. &lt;br /&gt; Todo lo que necesitamos lo robamos de las casas del pueblo. Incluso se ha hecho una repartición de los hombres por las casas de los vecinos, allí comen y pasan el día, pero dormimos todos en la fortaleza. &lt;br /&gt; Tenemos prisioneros a D. Juan de Villandrando, el gobernador, y Manuel Rodríguez, alcalde. &lt;br /&gt; El odio de mi padre se incrementa cada día contra casi todo. Ahora sé que mis súplicas ya no bastarán para salvar su alma. Este infierno se acabó para mí. No, no aguanto más. Su actitud hace que mi corazón fulgure contra él. He coagulado mis lágrimas. No más llantos, no más muertos, no más sangre para mí. Huiré con Pedrarias en cuanto tengamos ocasión. Seguramente cuando lleguemos al Pirú, pues está es empresa imposible en esta isla. &lt;br /&gt; ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Viva Elvira y Pedrarias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía        9-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Anoche me desperté con un gran sobresalto. Creí oír gritos de agonía, ahogados clamores pidiendo confesión. Aún despierta, continué oyendo las voces, atronadoras dentro de mis oídos. Parecían tan reales... No eran como esas otras voces de aquel sueño en el que oía “tirano”. Aquellas eran tranquilas, con un pequeño toque de desesperación y amargura rasgando su serenidad. Las de ahora son voces totalmente desgarradoras, gargantas quebradas, risas y llantos aulladores. Unas veces pedían confesión, perdón, otras lanzaban gritos agonizantes e injurias contra Dios. Fueron silenciándose, convirtiéndose en meros murmullos en mi cabeza.&lt;br /&gt; ¿Tendrán alguna relación con la historia de Lope de Aguirre? Seguramente sí, estos días ando muy involucrada en el transcurso de la historia. En ocasiones, Lope se despertaba por las noches creyendo oír voces pidiendo perdón y gritos, igual que lo que yo oí. ¿Se removía su conciencia sólo en sueños?&lt;br /&gt; Las injurias que yo escuchaba podrían tener que ver con su conducta pagana. A veces decía no creer en Dios, o que éste había hecho el cielo para tan ruin gente que él no quería ir allá. Afirmaba que prefería ir al infierno, “Porque allí está Julio César y Alejandro Magno y otros valientes, y en el cielo están pescadores, carpinteros y gente de poco brío.” &lt;br /&gt; Odiaba a los frailes, decía que no había de dejar con vida a los que encontrara. Su odio hacia éstos se incrementó cuando, estando en esta Isla Margarita, mandó a un capitán, Pedro Monguía, con 18 hombres a tomar un navío que tenía un tal Fray Francisco Montesinos. Llevaba tiempo sin saber de Monguía, andaba triste y se enfurecía con facilidad. Le llegaron noticias de que se habían reducido al servicio de Su Majestad, que el fraile y su gente venían a destruirlo y hacerle la guerra. El tirano enfureció, mandó prender a todos los vecinos de Isla Margarita, amenazaba con hacer correr arroyos de sangre por la plaza. &lt;br /&gt; El navío tomó puerto en la isla. Aguirre temía que sus hombres lo abandonaran y se pusieran del lado del fraile. Su mente retorcida tramó un plan para convencer a los marañones de que eran unos asesinos, de que únicamente estarían a salvo con él. Mató,&lt;br /&gt;junto con unos amigos,  al gobernador y otros cuatro que tenían presos, cubrieron los cuerpos y los metieron en la fortaleza. A media noche llamó a sus soldados, les mostró a la luz de las velas la carnicería. Aprovechó para recordarles que eran culpables de esas y otras tantas muertes, que nunca los perdonarían.&lt;br /&gt; Al día siguiente mató a su Maese de Campo. Antón Llamoso, amigo de Aguirre, se tendió sobre el cadáver, chupaba la sangre que escapaba de las heridas de la cabeza. Hizo lo mismo con parte de los sesos. &lt;br /&gt; El navío del fraile llegó al pueblo, pero nunca desembarcó nadie. Tal  como vino se fue, siendo causante de muertes inútiles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Muertes, muertes, más muertes. Cada día más y más cadáveres apuntados a su nombre. No aguanto tener que disfrazar mi cara hastiada con sonrisas infantiles, engañar mis sentimientos con palabras de amor e inocencia para mi padre. &lt;br /&gt; Errores, planes fatídicos... La ira de los hombres, “La Ira de Dios”, también “Príncipe de la libertad”, se autoproclama. Su alférez general dijo demasiado alto querer matarlo, mi padre mandó su muerte, el alférez fue más listo y se huyó al monte. Esto desencadenó otras muertes, cayeron un Alférez de guardia, amigo del huido; otro de los Marañones y una mujer de la isla. A ella la ahorcaron en medio de la plaza. Llenaron su cuerpo de arcabuzazos una vez muerta. Acabaron con ella porque el huido frecuentaba mucho su casa. Era una pena  ver así a la pobre mujer, su cuerpo conservaba las huellas de una hermosa juventud. Mataron luego a su marido, hombre envejecido y enfermo, se moría de pena al ver perecer a su bella esposa. También cayó un fraile dominico que con él estaba. Muerto éste decidió mi padre matar también al otro fraile de la isla. &lt;br /&gt; Abandonamos hoy isla Margarita, partimos hacia Borburata, ya que estarán avisados en Panamá y Nombre de Dios de nuestra venida. De Borburata iremos a atravesar la gobernación de Venezuela y el Nuevo reino de Granada, y de allí al Pirú. Nuestro ansiado Pirú, mi amado Pirú. &lt;br /&gt; Entraron en la isla 200 hombres, salen 160. Seguimos viendo la huída como única fórmula para liberar nuestro amor.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       12-4-95&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Una  mano equivocada toca el hombro que no es. Un giro de cabeza, unos ojos frente a otros. Pavor que unos interpretan como dulzura. Un brazo rodeando mi cintura. Un beso intenso del que mi mente huía, mi cuerpo se petrificaba en él. &lt;br /&gt; Fran me ha besado. Los demás habían salido, estábamos los dos solos. No lo entiendo. No. No. Con lo amigos que son Miguel y él, su mujer aquí, a la que parece querer tanto. No. No es posible. Ahora le huyo, apenas cruzamos palabra, evito las conversaciones en las que él interviene, ni siquiera canto cuando toca la guitarra. &lt;br /&gt; Y esas voces siguen sonando en mi cabeza. Susurran, pero a veces gritan, el ruido es tan ensordecedor que temo acabar gritando yo también. A los susurros de traidor, los gritos de agonía y perdón se ha sumado el angelical murmullo de una niña que repite incansable: “¿Conoces el final de la canción?” No sé de qué canción habla. Tal vez sea de aquella que tocó Fran en São Paulo de Olivença. Se lo preguntaría, pero ahora lo que menos me apetece es tener que hablar con él. &lt;br /&gt; Odio esto. Odio esta Isla Margarita, isla de perlas ensangrentadas para Lope de Aguirre, el tirano. Añoro el calor y verdor del Amazonas, en el que sólo escuchaba el clamor y fluir de aguas. &lt;br /&gt;Los brazos de Miguel están fríos, sus besos suenan lejanos. Mi garganta se llena de nudos que no puedo escupir. Vomito dos veces al día para intentar sentirme más  limpia, más humana, para intentar calmar esas voces de mi cabeza. No pienso contárselo a nadie. Pensarán que es mi imaginación, lo mismo que yo pensaba al principio. Ahora sé que no. Son voces, voces que me avisan, que me dicen, me advierten... Pero no sé el qué. &lt;br /&gt;Queda menos para volver a tierra firme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13-4-95 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No aguantaba más. No podía soportarlo. Tenía que intentarlo para comprobar si así conseguía acabar con las voces de una vez. Sorprendentemente, ha dado resultado. Anoche empecé a oír únicamente la voz de la niña que preguntaba: “¿Conoces el final de la canción?” &lt;br /&gt; Estábamos, de nuevo, solos en casa Fran y yo. Olvidando lo del otro día le he preguntado por aquella canción que cantó, si acababa así o tenía otro final. Ha confirmado mis peores temores. Esperaba que me dijera que no y poder recobrar la esperanza de que las voces fueran fruto de mi imaginación. Ha traído la guitarra y ha cantado el verdadero final. De nuevo un aire de bosa:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ave  María, guárdanos del alma del tirano Aguirre&lt;br /&gt; que pasa la noche en la candela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y Vuelta al consabido estribillo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acabar ha dicho: “Olvida lo de ayer, no sabía lo que hacía.” Después de un largo silencio se ha ido a su habitación. Silencio, sí, silencio. Silencio del de verdad, sin voces, sin gritos, sin niñas que piden finales de canciones. Por fin acabó, por fin. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Llegamos a Borburata. Mi padre ha mandado: “pregonar guerra a sangre y fuego contra el Rey de Castilla y sus vasallos, salvo aquellos que pasen con nosotros, a los demás que los maten, será el muerto el marañón que no lo haga”. &lt;br /&gt; Llevamos aquí unos veinte días, cada vez escribo con menos frecuencia.&lt;br /&gt; Las muertes injustas acontecen. Los últimos en perecer han sido un par de soldados, uno porque preguntó si nos hallábamos en tierra firme, el otro por aceptar las palabras de mi padre que le invitaban a abandonarnos. Ya muerto le pusieron un rótulo en el pecho que decía “por inútil y desaprovechado”.&lt;br /&gt; Las páginas de mi diario parecen más una necrológica que la vida de una mujer joven. Ahora hablaré de mí. Empiezo a ser insensible a los actos de mi padre. No me importan, me da igual lo que haga. Continúo rezando en vano por su alma, por la de todos los marañones, todos los caídos, la de Pedrarias y la mía propia. De las penas del día a día, saco alegrías y esperazas, que se traducen en palabra y promesas de Pedrarias.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      15-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A pesar de que Inés y Miguel ya andan contando las peripecias de los Marañones en tierra firme, seguimos aquí, en Isla Margarita. Las cosas van bastante mejor. Lo de Fran queda olvidado. Las voces siguen silenciadas, permitiéndome concentrarme en otros asuntos, como la historia:&lt;br /&gt; Dos soldados huyeron estando de camino a Valencia. Enfurecido, el tirano regresó a Borburata, amenazó al alcalde con que los encontrara o se llevaría a su mujer e hijos. No pudiendo encontrarlos, Lope cumplió su palabra, pero acabó llevándose a doce mujeres, caminando hacia Nueva Valencia. Dejaron el pueblo de Borburata destruido, quemado y saqueado. &lt;br /&gt;  Los vecinos de Barquismeto y Venezuela, alertados de la llegada del tirano, huyeron al monte. Por el contrario, los de Tocuyo pusieron a salvo a sus mujeres e hijos, se organizaron para derrotar al tirano. El gobernador nombró oficiales de guerra y alférez, en nombre de Su Majestad, entre los vecinos. Partieron a Barquismeto,  regresaron todos los que andaban escondidos en el monte. Llegó también un tal Diego García de Paredes, al que dieron el cargo de Maese de Campo. Cada día se acercaban más para luchar contra el tirano. &lt;br /&gt; Lope y los suyos regresaron, por segunda vez a Borburata, encontrando la capa de otro de los Marañones huidos con el fraile. Tomaron a Francisco Martín,  Marañón de éstos que había aparecido, por mentiroso, y lo ahorcaron. &lt;br /&gt; Llegaron, al fin, al pueblo de Valencia. Allí no pasó gran cosa. Pero fue aquí donde Lope de Aguirre escribió una carta al rey Felipe II. En ella se declaraba como “su mínimo vasallo”. Se quejaba de que el rey había sido cruel e ingrato con ellos, que tantos servicios le habían hecho a este lado del Atlántico. Le negaba obediencia y se desnaturaba de España, decía que haría la guerra hasta que sus fuerzas aguantaran. &lt;br /&gt; Frase célebre de esta carta es la siguiente: “por cierto tengo que pocos reyes van al infierno, porque sois pocos”. &lt;br /&gt; Por el contrario de lo que había demostrado hasta el momento con sus injurias y actos paganos, parece preocupado por la Iglesia. Afirma que no dejarán de ser obedientes sus preceptos. En el escrito denuncia el mal comportamiento de los frailes en América. &lt;br /&gt; Cuenta al rey la expedición por el Amazonas, porqué mataron a Orsúa, D. Fernando y tantos otros. &lt;br /&gt; Añade una lista con todos los nombres de sus Marañones. Se despide como “Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. Lope de Aguirre, el peregrino”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nos dimos priesa en salir de la Valencia, dejamos el pueblo quemado y destruido. En el camino huyeron diez Marañones. Resolvió mi padre matar a todos los sospechosos y enfermos, pero fueron muchos los que, gracias a Dios, se negaron a que tal crueldad aconteciese. &lt;br /&gt; Antes de llegar a Barquismeto nos topamos con los de Su Majestad, pero huyeron a su campo. Llegamos al pueblo a veinte y dos de octubre de mil quinientos y sesenta y un años. Tras una primera escaramuza,  nos apoderamos del pueblo, los de Su Majestad lo habían abandonado y se habían ido a aposentar en un campo cuya situación desconocemos. Hemos encontrado muchas cédulas que decían que se perdonarán a los que se pasen al Real Servicio.&lt;br /&gt; Mi padre ordenó quemar algunas cosas que se encontraron por las casas. En un descuido el fuego se fue de las manos, extendiéndose a la Iglesia y quemando casi todo el pueblo. &lt;br /&gt; Sueño con un Pirú que cada día me parece más lejano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Veinte y cinco de Octubre, año mil quinientos y sesenta y uno&lt;br /&gt;En estos días ha habido algunas escaramuzas sin heridos. Algunos nos  abandonan,  pasan al campo de Su Majestad. &lt;br /&gt; Hoy sí que se ha formado una batalla brava y reñida. Diego Tirado, capitán Marañón, se ha pasado con los del rey. Mi padre ha quedado frustrado, éste era uno de los que se decían su amigo. Además, los arcabuceros Marañones no han conseguido herir a hombre ni caballo, a lo que mi padre dijo: “Marañones, a las estrellas tiráis.” Ha pensado, de nuevo, matar  a sospechosos y enfermos. Todos se han negado. &lt;br /&gt;Llevamos algunos días encerrados en esta cuadra que nos hace de fortaleza. No hay comida, algunos comen perros. Desfallezco de un hambre que ya no puedo satisfacer con apresurados besos.&lt;br /&gt;Los hombres, incluso también yo, empezamos a palpar nuestra perdición. El sueño del “reino de libertad” se esfuma como se disipó el sueño del Dorado. &lt;br /&gt;Las primeras muertes de la expedición precedieron a otras  muertes, éstas a otras y otras...Quedamos pocos, vemos el reflejo de nuestros cuerpos sin vida en el aire. &lt;br /&gt;Mi padre ha decidido partir al mar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte y seis de Octubre&lt;br /&gt; Llanto, llanto de vidas. Esperanza, luz al fondo del camino. Pedrarias  se ha pasado hoy con los del rey. Ha prometido volver por mí. Me sacará de aquí, me salvará. Seremos libres y felices.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía        20-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Llegamos a un punto en el que la historia ya no es historia. Estamos en Barquismeto. Remendamos, ponemos  punto final a nuestro viaje, a nuestro sueño.&lt;br /&gt; La historia se enlaza con mi vida, con mi muerte. Ya no sé qué es real y qué no. Las voces han vuelto, sólo oigo gritos y lamentos. Esta mañana, al levantarme, he creído ver mi cama ensangrentada. He gritado tanto que casi temí que se me desangrara la garganta. Miguel se preocupa por mí, intenta tranquilizarme. Yo sé que él no puede verlo, no puede sentirlo. Es mi cabeza, algo falla ahí dentro. Tal vez no. No, no. Quizá los gritos sean simplemente gritos y la sangre simplemente sangre. Gritos y sangre reales. &lt;br /&gt; Las palabras de aliento de Miguel, mis pensamientos, mis sentimientos, los fantasmas que aúllan en mis oídos... Me recuerdan al final. No sólo al final del viaje, también al final de la historia:&lt;br /&gt;     27 de Octubre de 1561&lt;br /&gt; El tirano decidió volver a Borburata, sus Marañones se niegan.  La mayoría de sus hombres lo abandonan. Con él quedaron 6 ó 7, entre ellos ese Antón Llamoso chupa cadáveres. El tirano, más tirano este día que nunca, se ve abocado en la desesperación, con el diablo ahogándolo por el pescuezo. Apuñaló a su hija. Parecía quererla más que a sí mismo, el único ser por el que el sanguinario Lope de Aguirre había mostrado un ápice de amor. ¿Qué importaba el amor si era el fin? ¿Qué importa el amor si es el fin? ¿Qué importa Miguel?&lt;br /&gt; Ni siquiera sé por qué escribo esto. El final está próximo, siento que no me quedan lágrimas para despedir América.&lt;br /&gt; ¡Ah! Las horribles voces otra vez. Conocí a una artista que se hacía pequeños cortes con una cuchilla en la planta de los pies. Caminaba por la playa dejando huellas ensangrentadas. Decía que aquello era arte. No sé si lo será, pero yo voy a hacer lo mismo. Tal vez el dolor haga callar las voces. Veo luces fosforitas en el cielo.&lt;br /&gt; Creo que alguien me llama. Seguiré escribiendo más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Miguel llama a Lucía para cenar. Esa noche estarán solos, tendrán su particular fiesta de despedida, la última noche solos en el continente del paraíso. Una mesa con velas en el porche. La mejor cena que Miguel había preparado jamás. Lucía era especial, había llegado a convertirse en un ángel para él, la chica con la que siempre había soñado.  &lt;br /&gt; Lucía sale, vuelve la cabeza. Ahí está. Es más nítido que nunca. Pequeño, barbudo, de voz grave, repite palabras que ella no entiende. Ojos endemoniados, con llamas fulgurantes, llenas de sangre, en su pupila. Una chica serena, reflejo de un hermoso ángel de piel tostada, está cerca del hombre.&lt;br /&gt; Grita. Lucía grita como si no pudiera parar, como si ese fuera su único propósito en la vida. Pasos que se acercan, susurros, risas... El murmullo de un beso. Los brazos de Miguel. Las aguas del río en calma, las nubes llorando sangre que sólo unos pocos desgraciados pueden ver. Otro aullido desgarrador escapa de su garganta. &lt;br /&gt; Grita. Se araña la cara con las uñas mientras los brazos de Miguel chocan bruscamente con su cuerpo. &lt;br /&gt; El río está engullendo el cielo. Se le resquebraja y sangra la garganta. La naturaleza aúlla, los colores se diluyen. El fin está llegando, Lucía cree ser el único ser consciente de ello. Su voz se calma, no voluntariamente, sucumbe ante la impotencia de sus cuerdas vocales, ante la sangre que sale de su boca. &lt;br /&gt; Ve el cielo lleno de fuegos fatuos. “Luces fosforitas en el cielo”. Al principio sólo había uno, se han ido multiplicando hasta formar un chispeante manto naranja. &lt;br /&gt; Lucía ríe. Cada uno de esos fuegos es una de las almas que mató el tirano. Lucía vuelve a reír. Cree comprenderlo todo. Reflejos de almas en pena.&lt;br /&gt; Miguel está aterrado, él no ha visto nada. Ahora oye dos golpes sordos, lejanos, suenan igual que dos arcabuzazos. Lucía cae al suelo, llorando. Él corre a socorrerla, a consolarla.&lt;br /&gt; Ya pasó, ya. &lt;br /&gt;Hallaron a Elvira muerta a los pies de su padre, el tirano mata al ángel, sus manos ensangrentadas. Dos de sus Marañones, por miedo, disparan. Lo hicieron dos veces, aunque el tirano sucumbió con el primero, que vino a darle justo encima del pecho. Así sucumbió su ánima, perdida en el infierno antes de muerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Miguel &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos diez años de aquello. No quería tener que volver a recordarlo, menos así. &lt;br /&gt; Lo más espeluznante que he contemplado en mi vida sucedió hace diez años, durante un viaje por el Amazonas, Isla Margarita y Barquismeto. Nos juntamos unos amigos, la chica con la que estaba saliendo y yo. Se llamaba Lucía, preciosa, algo más joven que yo.&lt;br /&gt; Recuerdo con horror la última noche en Barquismeto. Ella se volvió loca. Tan pronto gritaba, como reía o lloraba. Decía ver espíritus y fuegos fatuos. No la creía, yo no veía nada.  Escuché dos golpes secos, lejanos, que sonaron como dos arcabuzazos, los mismos que dieron muerte a Lope de Aguirre, el tirano. Un escalofrío congeló mi sangre, vi en el cielo uno de esos fuegos fatuos de los que Lucía hablaba. En ese instante, ella cayó al suelo, llorando. Le sangraba la boca. Había empezado a creerla loca, pero tengo razones para pensar que había mucho de verdad en aquello que creía ver.&lt;br /&gt; La imagen de ese fuego fatuo me asalta aún algunas noches, se cuela aún en mis sueños y alcanzo a oír a la chica gritando. &lt;br /&gt; Al fin, ella se calmó. Al llegar a Madrid no volví a verla. Desapareció, se esfumó. No contestaba a mis llamadas, nadie abría la puerta de su piso. Hoy, tras diez largos años, nos hemos encontrado. Paseábamos por el parque, no me ha dicho nada, únicamente me ha mirado fijamente, he podido ver fuegos fatuos, iguales al de aquella noche, en sus pupilas. La imagen de Lucía se ha desvanecido luego entre la multitud.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-1072338469032289593?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/1072338469032289593/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=1072338469032289593&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1072338469032289593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1072338469032289593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/perlas-ensangrentadas-2005_18.html' title='-Perlas Ensangrentadas-  (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-5926257993161474132</id><published>2007-09-18T04:09:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T04:11:20.695-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Torturas Quetzales'/><title type='text'>-Perlas Ensangrentadas-  (2005)</title><content type='html'>Lucía estaba en un café cercano a la universidad, intentaba convencerse para irse a estudiar. No podía. La euforia de los jueves.&lt;br /&gt; Él  no miraba a ningún lugar concreto. Miguel era profesor de historia. Un tipo alto,  de pelo y ojos castaños. Incapaz de mantener quieta la mirada describía con sus ojos líneas curvas, que iban desde su libro de historia a las piernas de la chica del fondo. Por último, miraba a la puerta. &lt;br /&gt; Lucía descruzó las piernas con elegancia casi felina. Levantó la cabeza. Miró al fondo. Descubrió la mirada huidiza de un hombre, algo mayor que ella, apoyado en la barra, bebiendo. Su barba de tres días y unas gafas por las que asomaban unos ojos chiquitos, le daban un aire bohemio que la invitaba a imaginar.&lt;br /&gt; -Una chica guapa- se dijo Miguel al verla descruzar las piernas. –22 ó 23 años.- &lt;br /&gt;Le gustó su pelo tirante recogido en un moño y, por supuesto, sus piernas. No tenía nada que perder, tal vez ni siquiera hubiera algo que ganar. Fue un acto casi reflejo. Se sentó a su lado, poniendo una de esas tontas excusas que sirven de pretexto para  conocer a alguien. &lt;br /&gt; Una sonrisa fue el preámbulo de una conversación que se alargaría más de lo previsto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es el viento,&lt;br /&gt;son tus velas.&lt;br /&gt;Corta el ancla,&lt;br /&gt;quema el mapa.&lt;br /&gt;Buen viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No había tiempo para pensar. Lucía llegó a casa y encontró una carta sin dirección, sin sello, ni remite, en su buzón. Ponía su nombre fuera. Dentro, una nota:&lt;br /&gt;“Escritor busca aventurera para seguir al “traidor”. Dentro de tres días parto a Perú con unos amigos. Descenderemos el Amazonas y llegaremos a Isla Margarita. Allí escribiré mi libro. Espero tu respuesta hoy, antes de las 10. Es urgente. B´sos.”&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ni siquiera él esperaba que dijera que sí. Llevaban viéndose tres semanas, le pareció que podía resultar divertido. Sin embargo, la chica apresuró el “sí” y acordaron verse al día siguiente para concretarlo todo. &lt;br /&gt;Aquel tipo envenenaba su oídos,  la incitaba a hacer locuras. ¿Acaso aquello no era una locura? Aceptar, quizás fuera sólo un impulso vital. Supervivencia básica. Ella necesitaba un qué, un por qué de su existencia y de sus actos  cuando él apareció. Hay días en los que el mundo te come a ti, ella era deglutida demasiado a menudo. Ahora podría devorar el mundo. Junto a Miguel sentía una obsesión, casi enfermiza, por paladear cada segundo. Parecía una gran oportunidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Ten, esto es para tí.- Dijo Miguel entregándole un cuaderno de tapas marrones.- En él podrás llevar un diario de nuestra “expedición”.- Se le iluminaba la cara cada vez que pronunciaba esa palabra.  &lt;br /&gt; Estaban en el aeropuerto. Lucía no acababa de asimilar la idea de que, en unas horas, estarían a kilómetros y kilómetros de allí, intentando recrear una aventura: “La aventura de los Marañones”.&lt;br /&gt; Miguel quería escribir, junto con su compañera Inés, sobre una expedición del 1560, a través del Amazonas, en busca de Omagua y Dorado. Un tal Lope de Aguirre se haría con los mandos de la expedición, conduciéndola por otros derroteros.   &lt;br /&gt;Tomarían el río Huallaga hasta enlazar con el Marañón, después el Ucayali, que se convertiría pronto en Amazonas. Continuarían hasta Manaos, en Brasil. De allí irían a Isla Margarita, para vivir el reino de “libertad” del loco Lope de Aguirre, éste era el personaje principal de la aventura. Loco. Todo apuntaba a eso. Un hombrezucho de unos cincuenta años, cojo de la pierna derecha, muy pequeño, de cara menuda y chupada. Egoísta, con un amor propio exagerado, destacaba por su afán de dominación, su ansia de poder. &lt;br /&gt;...y loco. La personalidad de Aguirre era aún desconocida para Lucía. Acabaría por descubrir que le era más cercana de lo creía.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lucía, estos son Inés y Fran. –Miguel presentó a la pareja recién llegada. Intercambiaron sonrisas, parecían agradables.-Habrá que darse prisa, nuestro vuelo sale dentro de media hora. &lt;br /&gt;Un vuelo tan largo da para mucho. Tuvieron tiempo de hablar del viaje y conocerse más. Inés no era profesora de historia, sino de griego. Daba clases en la Universidad, en su tiempo libre  escribía y leía sin parar. Escribía, sobre todo, poemas. No era la poesía la que la llevaba a atravesar el Atlántico, sino la prosa. Descubrió “La aventura de los Marañones” gracias a Miguel. Le dejó unos cuantos libros y encontraron  a su personaje, una tocaya suya: Inés de Atienza, protagonista femenina de esa aventura a la destrucción, amante de Orsúa, gobernador de la expedición. Esa fémina los había cautivado de tal forma que habían decidido hacerla protagonista de su próximo libro. Escribirían el supuesto diario de Inés de Atienza durante la jornada en busca de Omagua y Dorado. Más tarde, continuarían con el diario de Elvira, hija del tal Lope de Aguirre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intentaron dormir en el avión lo que la noche de nervios no les había dejado. Lucía se recostó en su asiento, cogió el diario que le había regalado Miguel. Intentó escribir algo, pero se  quedó dormida con el diario entre los brazos. Despertó al tiempo, miró por la ventana, el contorno de América chocaba con el mar. Estaban llegando. Ante sus pies se extendía “El Continente del Paraíso”. &lt;br /&gt;  &lt;br /&gt; Cambio de hemisferios, cambio de hora.&lt;br /&gt; Habían llegado. &lt;br /&gt; Matías les esperaba adormecido en el aeropuerto. Dibujó una amplia sonrisa al encontrar a sus amigos. Hacía mucho que no se veían. Parecía que no había pasado el tiempo. Recordaba la primera aventura que habían vivido juntos, fueron a Cuzco, Machu Picchu y otras importantes ciudades del Imperio Inca. Hacía de esto ya bastantes años, cuando Matías estudiaba Historia en Madrid y  compartía piso con Inés y Miguel. Cogieron un avión e hicieron su primera escapada a América. Matías les enseñó paisajes que sólo conocían por libros de texto. Poco tendría que ver este viaje, mucho más premeditado, estudiado y, sobre todo, con más recursos económicos, que aquella escapada estudiantil. &lt;br /&gt; Durmieron en casa de Matías. Mataron la excitación del viaje y la diferencia horaria contando batallitas y recuerdos durante toda la noche. Lucía fue la primera en irse a la cama. Al fin y al cabo, ella no tenía tantas cosas de qué hablar. Antes de dormir ojeó lo que sería el primer capítulo del libro de Miguel e Inés &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;    *  *  * &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza, por Inés y Miguel  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     Ocho de Agosto del mil quinientos y sesenta &lt;br /&gt; Llegada, yo a Santa Cruz, que es en la provincia de los Motilones, así llamada por habitarla los únicos indios tresquilados del Pirú, ha sido comunicada mi llegada a mi gran amigo Pedro de Orsúa. De alegría se le ha tornado el rostro al verme. Hemos pasado juntos el resto del día. Me ha dado aposento en la misma casa donde él se aloja. Tal y como me prometió, iré con él en su jornada en busca de Omagua y Dorado. &lt;br /&gt; Pronto habrá de partir por el Pirú a buscar gente y aderezar lo que falta para su jornada. Su ausencia será corta, ha dicho. Aquí hay algunas damas, en su mayoría mestizas e indias, aunque también alguna vieja castellana, que partirán en el viaje. &lt;br /&gt; Espero no sentirme muy sola durante la ausencia de mi Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Veinte y cuatro de Septiembre del año mil quinientos y sesenta&lt;br /&gt; La llegada no ha sido lo agradable que cabría de esperar. Pese a ser la protegida de Orsúa parece que esté aquí contra la voluntad de todos. Mi presencia da la sensación de pesar a la mayor parte del campo. Cuchicheos dicen que el gobernador sólo da mal ejemplo llevándome con él. Otros murmuran que vine aquí por ambición y riqueza, a la zaga de Omagua y Dorado.&lt;br /&gt; Cuán equivocados están. No estoy aquí por la ambición de poder ni riquezas que acarrea esta empresa. He conocido hombres junto a los que ahora disfrutaría de riquezas y honor en el sosiego de mi hogar, Trujillo. Se me considera suficientemente hermosa y astuta para conseguir a casi cualquier hombre. El amor es más rápido, vence a mi ingenio femenino. Nunca había sentido tal cariño y compenetración con ningún amante. &lt;br /&gt; Mi Pedro de Orsúa es un buen mozo, galante, amigo de la paz, y no comparable a ningún otro. En el tiempo que aquí llevo no he disfrutado más que de la conversación de mis damas de compañía y alguna esporádica visita de Pedro, muy ocupado en ultimar detalles, pues iniciamos la jornada pronto, si Dios quiere.  &lt;br /&gt; Por parte de los hombres  no he recibido más que miradas de repugnancia y censura, murmuran y multiplican por decenas mis amantes. Otros,  simplemente me miran con lascivia y envidia mal disimuladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras viajar de Madrid a Lima, se pusieron de nuevo en ruta hacia Santa, cerca del río Huallaga, donde comenzaría la aventura. Estaban a punto de comenzar su viaje.  Llegaron justo para comer, hicieron noche allí y salieron temprano hacia el embarcadero. Matías se había encargado de tramitarlo todo. Luis, un viejo amigo de esa ciudad, les dejría un barco a motor con el que había recorrido alguna vez el Huallaga hasta enlazar con el Marañón y Amazonas.&lt;br /&gt; Matías y Fran conducirían el barco. Revisaban la nave mientras Luis les daba las últimas instrucciones y recomendaciones. Inés y Lucía curioseaban por ahí. Miguel cargaba los equipajes y el material que necesitaban. &lt;br /&gt; La cubierta se asemejaba a una terraza pequeña, con su mesita y sillas, lugar ideal para escribir y tomar el sol. Podía cubrirse con una carpa blanca, de plástico, cuando lloviera.  Bajando unas escaleras se accedía a un pequeño almacén convertido en camarote, con sólo dos camas, sin ventanas. Desde cubierta se entraba directamente a otro camarote amplio, de ventanas redondas, con una gran cama de matrimonio. Justo al lado, el aseo y un salón-cocina con todo lo necesario para sobrevivir. Subiendo otras escaleras se llegaba al puesto de mando. Repartieron las habitaciones, Inés y Fran se quedaron con el camarote de cubierta,  a Miguel y Lucía les tocó el cuchitril de abajo, Matías dormiría en el sofá-cama del salón. &lt;br /&gt; A media mañana estaban preparados para zarpar. Se despidieron de Luis y comenzaron a navegar. Dejaron sus almas en tierra para convertirse en Marañones. La aventura rescrita hacia la perdición. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿O será que ese río marañoso te quiere encantar para luego teniéndote cerca arrastrarte en sus aguas? Te ha echado el ojo, seguro que te quiere llevar.”  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       17-3-1995&lt;br /&gt;      &lt;br /&gt; Hoy, por fin, hemos embarcado. Han sido muchos los nervios, la tensión hasta llegar aquí, nuestro hogar durante los próximos 15 días, aproximadamente.  &lt;br /&gt;Brillaba un poco el sol cuando llegamos al embarcadero, pronto la lluvia nos ha dado la bienvenida. Matías ha inaugurado nuestra cocina con un delicioso cebiche . &lt;br /&gt; Los demás han pasado la tarde registrando los rincones del barco, acomodándose y buscando los mejores lugares para realizar sus proyectos. Mientras, yo contemplaba el paisaje. La exuberante vegetación está atrapando mi corazón, me encanta. Apenas llevo unas horas y noto una extraña conexión entre el río y yo, como si mi meta en la vida fuera haber llegado hasta aquí. Como si este fuera el principio de un final que no existe. He dejado mucho para venir aquí: exámenes, familia, amigos... Sin embargo, es la primera vez que me siento tan exaltada y llena de tranquilidad a la vez. &lt;br /&gt; Merecerá la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;             Veinte y seis de Septiembre del año mil quinientos y sesenta&lt;br /&gt; Hoy ha sido día de partir a esta, nuestra jornada en busca de Omagua y Dorado. Ya navegamos por este río. Lo nuestro nos ha costado, al  echar anteriormente lo navíos se quebraron de podridos, quedaron dos bergantines y tres chatas.&lt;br /&gt; Sea como fuere, hoy zarpamos del astillero. Con trescientos soldados españoles, trescientos servidores indígenas y unos veinte negros. No olvidemos a las mujeres. Partimos, finalmente, en dos bergantines  personas y ovejas, cabras y cabalgaduras en otras nueve chatas. &lt;br /&gt; El inicio de la jornada alimenta mis esperanzas e ilusiones de tener más tiempo para disfrutar de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       19-3-1995     &lt;br /&gt; He encontrado esta nota entre las páginas de mi diario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Riueras del marañón &lt;br /&gt;Do gran mal se a congelado&lt;br /&gt;Se leuanto un Vizcaíno&lt;br /&gt;Muy peor que Andaluzano,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A nadie Lope da confision&lt;br /&gt;Por que no lo a acostumbrado&lt;br /&gt;Y así tiene por çierto&lt;br /&gt;Ser El tal Endemoniado.* &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Es extraño. Creía que nadie sabe donde guardo mi diario. Ni siquiera Miguel. Lo cambiaré de sitio. Creo que es un romance sobre Lope de Aguirre. Supongo que se le habrá caído, o algo por el estilo. &lt;br /&gt; Parece que me voy acostumbrando al clima. Hay 27 ó 28 ºC durante el día, una bajada brusca, de 8 ó 10 ºC, cuando cae la noche. Al amanecer el sol surge en un cielo despejado, las elevadas temperaturas facilitan la evaporación, van aumentando paulatinamente las nubes a lo largo de la mañana. Al alcanzar la máxima temperatura del día se llega al tope de tolerancia de humedad. La caída de temperaturas al llegar la tarde provoca lluvias tormentosas que se prolongan hasta entrada la noche. &lt;br /&gt; Hoy ha habido tiempo para casi todo. Miguel e Inés se han pasado el día entre libros y apuntes con sus historias. Matías se aísla en el timón. Quedamos Fran y yo como únicas almas desocupadas de esta expedición. Lo que más me gusta es tomar fotos de peces, plantas y animales para después estudiarlos y clasificarlos. Mis dos años en biológicas no son nada en comparación con todo lo que él sabe. Me ha sugerido que, paralelamente a éste, mi “diario de viaje”, lleve otro con las fotos e información de flora y fauna descubiertos en el día. Creo que lo haré, pero en otro diario, mi “Diario de Flora y Fauna” . &lt;br /&gt; Nuestro viaje continúa, la historia también. Por el momento, los sitios más destacados de aquella expedición de Orsúa y los suyos son: Caperuzos, donde enviaron delante a un tal Lorenzo de Çalduendo a buscar comida y rompió un bergantín, e Isla de García, llamada así porque en ella encontraron a García de Arce, que había partido río abajo con 30 hombres por orden del gobernador. En esa isla los indios andaban vestidos con camisetas, las casas eran cuadradas y grandes. La comida era maíz, yuca dulce y batata. También macato, yuca rallada que se pone en hoyos debajo de la tierra a podrir, con ella hacían pan y una bebida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21-3-95&lt;br /&gt;Hemos hecho un alto en el camino. Paramos a ver el pongo o salto de Aguirre. Cuenta la leyenda que, estando en grave peligro, Lope de Aguirre escribió en la piedra unos misteriosos signos. El viajero ha de persignarse y orar ante las huellas del tirano. &lt;br /&gt; No suelo ser supersticiosa, ni tan siquiera religiosa, pero un extraño sobrecogimiento me ha invadido cuando Fran ha contado la leyenda. &lt;br /&gt;He recordado el romance que encontré el otro día, decía algo del “endemoniamiento” de Aguirre. Ha sido entonces tal el escalofrío que ha recorrido mi cuerpo que mis labios se han sorprendido murmurando una de esas oraciones que me enseñaron de niña y que creía olvidada. &lt;br /&gt; Al llegar al barco, mientras los demás  cenaban, he fingido encontrarme mal y he bajado al camarote en busca del romance. No estaba. Recuerdo perfectamente que lo dejé en un bolsillo de mi maleta, junto al diario. Soy tan despistada que lo habré dejado en otro lugar. No. Recuerdo perfectamente que lo guardé ahí. Me inquieta el hecho de que mis cosas desaparezcan por si solas. Lo habré perdido, soy un desastre. &lt;br /&gt; Miguel ha bajado a ver como me encontraba, ahora está en el camarote, esperándome. Suelo escribir en el lavabo, antes de ducharme. Es el único sitio donde puedo garantizar mi completa soledad, puedo echar el pestillo y que nadie me moleste. La soledad es tan deseable para escribir...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;22-3-95&lt;br /&gt;El Huallaga y Marañón se unieron hace tiempo, cerca de Lagunas, más adelante desembocó el Marañón en el Ucayali. Es aquí, en Iquitos, la ciudad más grande de la selva peruana, donde se considera el inicio del Amazonas. Navegar por el Amazonas es ver el sol agonizar tras la copa de los árboles y admirarse del verdor infinito. Hemos visto una planta curiosa poco antes de llegar, la Victoria Regia . Se trata de una planta acuática de una sola hoja flotante. Hay algunas de hasta dos metros de diámemetro.&lt;br /&gt;Llegamos a Iquitos, capital del departamento de Loreto, Perú. Iquitos deslumbra por su  exuberante vegetación, hay varias comunidades nativas como los Cocamas, los Wiotos, los Boras y los Ticuna. &lt;br /&gt; Conviven dos mundos, que a la vez chocan y se entretejen. El verdor y el exotismo contrastan con la ciudad moderna, con calles llenas de comercios.&lt;br /&gt; Aquí se encuentra el puerto fluvial más importante del Amazonas, por él circulan frutas, caucho, maderas preciosas y café. &lt;br /&gt; Hemos hecho una visita a la ciudad, compramos comida y algunas otras cosas que necesitaremos hasta llegar a Manaos. Comimos en un restaurante del centro de la ciudad, un delicioso carapulca y suspiros de limeña de postre .  &lt;br /&gt; De vuelta al barco, nos ha sorprendido avistar un manatí , es a partir de aquí, hasta la desembocadura, donde empiezan a verse estos simpáticos mamíferos. Debía estar haciendo la digestión, pues éstos comen hasta llenar su estómago y hacen la digestión varados en el agua, con la nariz fuera, así era exactamente como se encontraba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;24-3-95 &lt;br /&gt;Miguel y yo pasamos ayer el día entero en el camarote, hablando, riendo y redescubriéndonos a nosotros mismos. Es curioso, descuida su “expedición” para estar sólo conmigo y alimentar nuestro amor, lo mismo que Orsúa e Inés. Aunque a Orsúa el descuido le costaría caro. Cuentan que andaba el gobernador demasiado ocupado en entretener a su doña Inés. Sus soldados decían que lo había hechizado, ya que de muy simpático que solía ser se había vuelto serio y huraño, huidizo de entrabar conversación con nadie. Comenzó a comer solo, a disfrutar extremadamente de la soledad, se le encontraba siempre solo o en compañía de Inés. Algunos soldados quisieron amotinarse y volver a Perú. Lope de Aguirre, que ya iba moviendo los hilos y preparando su escenario, haría cambiar de idea a muchos y desencadenarían torrentes de sangre. Convertirían al Amazonas en escenario de revolución, tornándolo un verdadero infierno verde. &lt;br /&gt; Mañana pasaremos a la altura de Machifaros. La expedición pasó allí 33 días. Los indios de ese lugar andaban desnudos. Orsúa pidió al Cacique la mitad del poblado para él y sus hombres, hallaron aquí gran cantidad de comida, aunque algunos la desperdiciaron y luego faltó. Fue allí donde empezaron a creer que, los Indios brasiles que les habían informado de Omagua y Dorado, les mentían. Descendieron 700 leguas de río sin descubrir oro alguno. Fue expandiéndose la desconfianza, desilusión y burla tan rápidamente como lo había hecho la fiebre del oro y las riquezas en las cabezas de algunos. También aquí se planeó y llevó a cabo la muerte de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;25-3-95&lt;br /&gt; Hemos llegado a un punto crítico de nuestro viaje. Las aguas del Amazonas y el Napo se juntan. La muerte puso aquí su dedo hace más de 400 años.  &lt;br /&gt; Miguel y Matías lo tenían todo planeado. Nos han despertado, serían las 2:30, y conducido a la cubierta. Hacía frío, la noche en el Amazonas no puede compararse en nada al día. El cielo estaba despejado, se llegaban a ver las estrellas. Habían colocado cojines en el suelo para sentarnos,  velas esparcidas por la cubierta iluminaban débilmente la oscuridad amazónica. &lt;br /&gt; Estábamos en la confluencia de ambos ríos. Miguel ha sacado un libro de la “Jornada de Omagua y Dorado”, escrita por Francisco Vázquez, que vivió en&lt;br /&gt;sus propias carnes el desarrollo de la aventura. Ha leído lo aquí acontecido, lo transcribo de forma algo resumida:&lt;br /&gt; “Día primero del año mil y quinientos y sesenta y uno, a dos  o tres  horas de la noche, juntándose con D. Fernando hasta doce traidores. Fueron al aposento del Gobernador. Como vido el Gobernador que venía gente, volvió el rostro hacia ellos y les dijo “¡Qué es esto, caballeros! ¿A tal hora por acá?” Respondió Juan Alonso de la Bandera: “Agora lo veréis”; y le dio con una espada a dos manos por los pechos, lo pasó de una parte a otra, y luego segundó D. Fernando y los demás”. &lt;br /&gt; Un escalofrío, parecido a aquél que me sobrecogió en el salto de Aguirre, ha hecho erizarse todo el vello de mis brazos. Al finalizar su lectura, Inés ha sacado unos apuntes, para leernos los sentimientos de su tocaya, la amante del gobernador:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;Día de la Circuncisión del Señor, primero del año mil y quinientos sesenta y uno&lt;br /&gt;Lágrimas sanguinolentas fluyen con el río. Es horrible ver como te desgarran el corazón y no poder gritar por ello, ni tan siquiera quejarte. Encadenado llevo el luto bajo mi piel. En lo más hondo de mis entrañas llora mi alma desconsolada. Poner fin a un amor es fácil  si acaban con la persona amada.&lt;br /&gt; A ti, mi Pedro Orsúa, entregué lo que a ningún otro. No sólo mi cuerpo era tuyo, tomaste mi alma. Tú te entregabas a mí en cuerpo y alma en cada uno de tus besos. Bajo el amparo de tu amor este río parecía más bello, las lluvias incluso se me asemejaban a lágrimas del cielo. Hoy el río, la selva, adquieren cada vez de forma más nítida el aspecto de un infierno verde.&lt;br /&gt; Me hubiera gustado saborear cada una de tus heridas, esta vida me ha enseñado a disfrutar también del dolor. No había tiempo. Mandé a unos de tus negros cavar un hoyo grande, os enterraron a Juan de Vargas y a ti juntos. A Vargas le dieron muerte después que a ti.&lt;br /&gt; Como fondo musical de vuestro funesto entierro  se oía a los traidores gritar: “¡Viva el Rey, que es muerto el tirano!”. &lt;br /&gt; Tu recuerdo se borra rápidamente cada segundo. Ya no buscamos el Dorado, sólo la muerte acontece. Las lágrimas están prohibidas, el luto encarcelado. Mi corazón muerto y mi cuerpo vendido, condenado. Sólo queda la supervivencia, la venganza. Lanzaré miradas con besos al lugar donde reposa tu cuerpo. Tristes besos,&lt;br /&gt;    Torpes besos,&lt;br /&gt;   Sangre y besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regreso al diario de Lucía     25-3-1995 &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Me sentía incapaz de irme a dormir, tal cúmulo de sensaciones me invadía... Las palabras me habían sonado demasiado reales, soy una de esas personas que se alimentan de palabras. Miguel y yo, nos hemos acostado en la cubierta, cara al cielo, mirando las estrellas. El cielo más claro que he visto nunca, las estrellas más brillantes.&lt;br /&gt; El amanecer nos ha sorprendido dormidos. El sol y la creciente humedad nos han despertado. Nos hemos ido a dormir a nuestras camas, bastante más cómodas que el suelo. Como pincelada final a esta noche mágica he encontrado una orquídea , preciosa flor típica del Amazonas, encima de mi almohada. Detalle de Miguel, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos de Enero del año mil y quinientos sesenta y uno&lt;br /&gt; Dios los perdone. Celebraron con el vino para misas la murete de mi Orsúa. Ahora gritan: “¡Libertad, libertad!”, parece que quisieran negar la obediencia a nuestro rey y señor Felipe II. Nombraron anoche General a D. Fernando Guzmán, tan amigo de Pedro que se le considera el más traidor de los traidores, el mayor libertador entre libertadores. El maese de campo es ese feucho vizcaíno, Lope de Aguirre, al que llaman Loco. Éste me acusa de hechizar al gobernador y otras cosas peores que no quiero nombrar. Ese Aguirre me mira con malos ojos desde el primer día.&lt;br /&gt;Una chiquilla me contó hoy que un negro fue avisar a Orsúa de que tramaban su muerte. Él hallábase conmigo, encargó a otro que se lo comunicase. Un gran descuido el de éste el no advertir al Gobernador de tal traición. Las cosas podrían ser hoy distintas.&lt;br /&gt; Juan Alonso de la Bandera pone ahora sus manos donde antes las caricias de mi amado. Mi alma y cuerpo están vendidos. Mi corazón ha muerto, así que no podré nunca serle infiel a Orsúa. Maquillo mis lágrimas, perfumo tristezas. Seguimos navegando, río abajo. Más sangre llenará bocas sedientas. Sólo huelo a muerte salpicando ese Dorado de nuestros sueños, en el que sólo nosotros creímos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      28-3-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Traidor, traidor...&lt;br /&gt; Anoche tuve una pesadilla donde sólo oía esa palabra. &lt;br /&gt; Fue uno de esos sueños horribles en los que sabes que estás dormido, pero no puedes despertar. Estás atrapada en tu pesadilla y, lo peor de todo, eres consciente de ello. No se veía nada, un fondo negro y unas voces susurrando “traidor”. &lt;br /&gt; Pobres marañones. Iban tejiendo su propia trampa, su telaraña. Pensaron, inocentes, que el rey les perdonaría haber matado a Orsúa, poniendo como excusa que iba descuidado en la búsqueda de tierra para poblar. Acordaron firmar todos un tratado, pero... Lope de Aguirre firmó como “Lope de Aguirre, traidor”. Les hizo despertar de su sueño de perdón para volverles los ojos y mostrarles su entrañas en bandeja: todos son traidores, culpables de la muerte. Aprovechó el mínimo sentimiento de culpa y criminalidad para exaltarlos a volver a Perú a hacer la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés de Atienza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ahora Juan Alonso de la Bandera es muerto. Comenzaré por el principio. D. Fernando quitó el cargo de Maese de Campo a Lope de Aguirre, diolo a Juan Alonso. Aguirre, enfurecido,  lo mató. Fue restituido al cargo. Lorenzo Çalduendo, capitán de Guardia, es el nuevo ganador del premio, yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía     29-3-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Anoche acabé tan agotada y excitada que no encontré tiempo para escribir. Paramos en la ciudad brasileña de São Paulo de Olivença. Ya navegamos por Solimoes, el Amazonas brasileño hasta llegar a Manaos. No dormimos en el barco, sino que acampamos en las cercanías del río. El día transcurrió en montar nuestro campamento. &lt;br /&gt; Cuando el sol iba cayendo, despuntando sus últimos rayos verdosos en la selva, hicimos una hoguera que nos serviría de cocina para la cena y daría calor durante la noche, que prometía largas conversaciones al fuego. Tras la cena, Inés sugirió hacer una quema de recuerdos. Nos sentamos alrededor de la fogata. Repartió papel y pluma para que escribiéramos los malos recuerdos y los arrojáramos al fuego. Su abuela le había enseñado este ritual, al quemar los recuerdos se mataba su espíritu, para que no volviera a suceder. &lt;br /&gt; El fuego crepitaba, anaranjado, intentando lanzar imposibles destellos al cielo. No conseguía hallar ningún mal recuerdo. Buscaba y rebuscaba en mi memoria sin encontrar nada. Miguel se recostó en mis piernas. Clavó sus ojos en los míos. Los veía llenos de sombras, luces, espejismos. Figuras que iban y venían dentro de sus pupilas. Una sombra con forma de hombre iba tomando lentamente forma en su iris... Me hechizaban y asustaban esos ojos. La sombra del hombre se hacía muy nítida, se iba empequeñeciendo hasta clavarse en su pupila. Daba la sensación de ser algo más que la confluencia de ojos y fuego. &lt;br /&gt; Nuestras miradas eran tan intensas que él rompió la conexión visual mediante un beso fugaz y un susurro en el oído: “Me lo estabas pidiendo a gritos”. Yo no pensaba en un beso mientras lo miraba. Pensaba en esas sombras, en ese hombre, tal vez fruto de la casualidad y mi imaginación, que se perfilaba en su mirada. &lt;br /&gt; La voz de Inés me hizo volver a la realidad, era hora de quemar los malos recuerdos. Aún no había alcanzado a recordar ninguno, así que pensé que aquel hombre ocular de Miguel no me parecía menos que un mal augurio. Decidí quemarlo. Dibujé una silueta similar y lo arrojé al fuego. &lt;br /&gt; Preparamos café para pasar la noche. Fran sacó su guitarra, creo que no había dicho que la tocaba. Tocó y cantamos hasta  muy entrados en esa boca de lobo que es la noche en el Amazonas. Cansados,  estábamos a punto de ir a dormir cuando Fran nos detuvo y  dijo:&lt;br /&gt; -Esperad, tengo una última especialmente compuesta para la ocasión.&lt;br /&gt; Dos acordes lentos antes de empezar la letra, casi una balada, un aire de bosanova. Su mirada chocó conmigo unos instantes, segundos. &lt;br /&gt; La letra decía, más o menos, así:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;A un fuego fatuo que arde,&lt;br /&gt; misterioso algunas noches,&lt;br /&gt; los campesinos celosos,&lt;br /&gt; lo llaman el alma en pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel volvió a recostarse en mis piernas, Inés y Matías  se apoyaban el uno en el otro, Fran era el único sentado en silla, para poder tocar. &lt;br /&gt; El resplandor del fuego le ilumina la cara. Sus uñas rasgaban las cuerdas y sus ojos me escrutaban. “Las dos voces viven en la tiniebla”, bajaba la mirada a sus manos, para clavarla en mí al pronunciar las palabras dos y tinieblas. &lt;br /&gt; Continuaba la canción: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salta del fuego, &lt;br /&gt;Como una lámpara, &lt;br /&gt;como luz que navega sobre aceite,&lt;br /&gt;Una llama quieta que recorre la noche. &lt;br /&gt;¡Ah!, se fue por el camino de la candela.&lt;br /&gt; Candela es, que viaja por la sombra &lt;br /&gt;cerrando los caminos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disimulaba bien las palabras y miradas dirigidas a mí. Parecía mirar todo el rato el fuego, aprovechaba éste para escrutarme por encima de alguna llamarada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fin:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanto en las noches de luna menguante,&lt;br /&gt;Mis cabellos son tea &lt;br /&gt;encendida que los vientos no apagan&lt;br /&gt;Mis pies en llamas son llamas errantes,&lt;br /&gt;pasan sobre los pajonales sin quemarlos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como final, el suspiro de aprobación y encanto de Inés, que no sabía de  la  existencia de la canción compuesta por su marido. Aplaudimos todos. Dio las gracias, explicó que la música era suya, la letra la había sacado de distintos libros. Fuimos a dormir. &lt;br /&gt;Empiezo a plantearme si no seré hipersensible, parece que me afecta todo en exceso. El recuerdo del  fuego, la sombra con forma de hombre y las miradas hechiceras de aquella noche acentuaban mi ya normal  alteración y excitación. La canción había sido la guinda del pastel. Hablaba también de fuegos, dos figuras perdidas en las tinieblas... ¿tal vez Miguel y yo en este oscuro Solimoes?&lt;br /&gt;Por si fuera poco, anoche volví a tener ese sueño. Oía “Traidor, traidor...” de fondo. Pero cambiaba algo, no todo era oscuridad, sino que una sombra temblorosa, igual que la  que se pintó en los ojos de Miguel, avanzaba hacia mí sobre un fondo oscuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Inés &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Veinte y dos de marzo del año mil quinientos y sesenta y uno&lt;br /&gt; Parece que acabaran todos por enloquecer. Ya se veía venir, ya... ¿A dónde pretenden llegar con esto? Ayer quiso D. Fernando de Guzmán que todos lo tomáramos voluntariamente como general. Para ello se valió de astutas artimañas. Dejó el cargo, lo mismo hicieron sus oficiales, y pidió que se eligiese libremente a quien mejor pareciese para el cargo. Sus amigos, después todo el campo, dijeron que le querían a él como general. Éste volvió a aceptar el cargo y preguntó que quiénes querían ir al Pirú a hacer la guerra, y quienes preferían quedarse e ir a buscar tierra y poblarla.  Todos, algunos por temor, firmaron un tratado en el que decían que irían al Pirú a guerrear. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Veinte  y tres de marzo&lt;br /&gt; De niña jugaba a ser princesa, ese no parece juego de hombres maduros.&lt;br /&gt; Ese Lope de Aguirre ha dicho hoy que, para tener la guerra más autoridad y fundamento, debíamos hacer nuestro Príncipe a D. Fernando y coronarlos al llegar al Pirú. Ha pedido que nos desnaturásemos de España y negáramos al rey D. Felipe. Luego han ido todos a besar la mano a D. Guzmán, llamaban “Excelencia” a ese mequetrefe.&lt;br /&gt; ¿Qué importa ya esto? ¿Qué es mi vida, sino un caminar constante hacia la muerte? Sigo viva por no incrementar mi lista de pecados, ya quisiera yo estar donde él está, reposando eternamente con mi Orsúa y no aquí, Tirana de Tiranos. &lt;br /&gt; Tal vez aún quede una luz, una esperanza... Quizá aún pueda salvar mi vida, con mi muerte,  puede que mi alma. El río parece inmenso. El final, su desembocadura, es la utopía con la que sueño por las noches. Mis ilusiones se las tragan sus aguas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Pasados tres meses en este pueblo de Bergantines partimos hacia el Pirú. Los planes son ir a isla Margarita, para tomar comida y agua. De allí, a tomar el Nombre de Dios y la Sierra de Capixa, que es paso para Panamá, así nadie podrá dar aviso de nuestra llegada. &lt;br /&gt; Tomaremos Nombre de Dios, allí robarán y matarán a todos los sospechosos. Luego iremos sobre Panamá, tomaremos los navíos del puerto para que no puedan dar aviso al Pirú. Se nos habrá de juntar gente de Veragua y Nicaragua, a quienes daremos armas y libertad.  &lt;br /&gt; Bien informada estoy de cuantos planes se trazan, no olvidemos que ando vendida a cualquiera para sobrevivir. Lorenzo de Çalduendo es ahora mi dueño. Compitió por mis amores con el difundo De la Bandera. Me cuenta estos propósitos con chiribitas en los ojos. Me promete tierras, riquezas... Yo sonrío, envenenando sus miradas. Es lo que quieren ver sus ojos. Yo sólo quiero ver como se asustan, fracasan se humillan. Mueren. Que paguen por mi infierno. Que paguen por el infierno de Orsúa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días más tarde&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me reí de sus sueños infantiles de jugar a ser reyes, aunque bien sigue el príncipe con su principado. Desde que lo proclamaron soberano come solo, sírvese con ceremonias y firma las cartas de esta manera “D. Fernando de Guzmán, por la Gracia de Dios, Príncipe de Tierra Firme y Pirú, y Gobernador de Chile”: &lt;br /&gt; Ahora estallan mis carcajadas ante el miedo. Susúrranme que se arrepienten de haber dado muerte a mi buen Gobernador. Por si no bastara cargar con el peso de una muerte, andan planeando otra. Han acordado no ir al Pirú a guerrear, sino buscar tierra para poblar. Para ello traman acabar con Lope de Aguirre y algunos de sus amigos, ya que éstos son los mayores partidarios de ir al Pirú a vencer y ser libres.&lt;br /&gt; Prefiero las nuevas ideas a esas insensateces de príncipes, guerras al Pirú y a España. Muerto Aguirre morirán con él las locuras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      3-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En una noche triste llegamos a Manaos. Si, triste, tristísima. &lt;br /&gt; El río es más inmenso que nunca, su grandeza me sobrecoge. La oscuridad no nos deja ver nada, estoy casi segura de que al amanecer perderé mi vista en un horizonte de río y cielo. Mi alma será una presa fácil para el majestuoso Solimoes.&lt;br /&gt; Miguel se ha apoyado en mi hombro mientras yo miraba los lejanos destellos de las luces de Manaos.  Se ven las cosas de otra manera cuando has recorrido medio mundo conducida por la desesperación. Encontrar la felicidad en sus besos y en el río me hace pensar en si todo será tan espléndido cuando acabe el viaje. Él me demuestra que sí a cada instante.&lt;br /&gt; Es una noche triste, tristísima, por varios motivos. Hemos detenido nuestra ruta unos cuantos kilómetros antes de llegar a Manaos, es nuestra última noche de viaje en barco por el Amazonas. Mañana, al alba, partiremos hacia el puerto de Manaos. Además, cerca de estos lugares, acontecieron la mayoría de los asesinatos que Lope de Aguirre ejecutó en el río. Noches tristes las de hace tantos años, noche triste también esta, en la que recordamos sangre navegando río abajo.&lt;br /&gt; Contaré nuestra ceremonia particular, en recuerdo de lo que ya es historia:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La noche caía. Inés y Matías cocinaban la cena. Fran preparaba la cubierta poniendo cojines por el suelo y un mantel enorme. Velas en el centro, el resto esparcidas por la cubierta. Un nenúfar  junto a cada vela. &lt;br /&gt; Quién mejor para rendir culto a la historia que nuestros dos escritores: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Una frase de su amante, Lorenzo de Çalduendo, “¡Mercedes me ha de hacer a mí Lope de Aguirre! ¡Vivamos sin él pese a tal”. Y otra de ella, pronunciada al enterrar a una mestiza que se le había muerto: “Dios te perdone, hija, que antes de muchos días tendrás muchos compañeros”. Levantaron las sospechas de un temeroso Lope, asustado ante la dama de la muerte. Aguirre determinó matar a Çalduendo. Lo encontró junto al Príncipe. Delante de él lo mató a estocadas y lanzadas. Luego mandó a un sargento suyo, Antón Llamoso, y a Francisco Carrión, que fueran a matar a doña Inés. Gran lástima bella. Quedó muerta la flor de la desesperación, hermosura y amargura de este río, la siempre bella Inés de Atienza. &lt;br /&gt; Avisaron a Lope de Aguirre de que Guzmán planeaba su muerte. Aguirre, que tenía pensado de antemano acabar con él, se apresuró en dar muerte a su Príncipe. Tramó, además, el asesinato de todos los asistentes a la consulta en la que se planteó asesinarlo a él. &lt;br /&gt; La noche siguiente del asesinato de Inés y Çalduendo, 21 de mayo,  reunió Aguirre a toda la gente que pudo, diciéndoles que iban a castigar a unos capitanes que habían intentado amotinarse. Mataron, primero, a un capitán y un almirante. Organizó a sus amigos para que cada diez o doce matasen a uno de los que él pretendía. Pero éstos dijeron que estaba muy oscuro y que se matarían unos a otros sin darse cuenta. Esperarían hasta el amanecer.&lt;br /&gt; Al alba, se dirigieron a casa de su Príncipe. Lope continuaba mintiendo, diciendo que se disponían a matar a los amotinados. Únicamente dos de sus grandes amigos, conocían la verdad. Ellos serían los encargados de matar a D. Fernando cuando los otros no se diesen cuenta.&lt;br /&gt; Estando de camino encontraron a un clérigo, al que mató el  cruel Aguirre a un clérigo. También cayeron un capitán y otros dos hombres más.&lt;br /&gt; Sin que los demás los viesen, dieron muerte al principito, a base de  estocadas y arcabuzazos. &lt;br /&gt; Sangre, sólo sangre. Lope de Aguirre, el tirano, tenía ya el control. Había tejido y destejido hilos, marañas y vidas para llegar a alzarse con el poder de una expedición que nunca creyó su destino, en Omagua y Dorado. Dejaban los sueños de oro salpicados con manchas sangrientas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        4-4-95&lt;br /&gt; Hemos cerrado las maletas,  nos despedimos de nuestro momentáneo hogar. Al cerrar la puerta del camarote y echar un último vistazo me ha parecido ver la figura de un hombre. He vuelto a mirar, ya no estaba. Se había esfumado. Seguramente nunca estuvo allí. Nunca. Sólo fue mi cabeza, mi imaginación.  Demasiados nervios, el último día en el barco y mi exagerada imaginación me hacen ver cosas. No creo en fantasmas y no voy a empezar a creer ahora. Fufff... necesito oírmelo decir a mí misma. Mejor dejar de pensar en eso, era tan real... Estoy demasiado nerviosa, sí, eso es lo que ocurre. &lt;br /&gt;Desembarcamos en Manaos. Su muelle flotante, articulado para fluctuar con los cambios de desnivel de las aguas, nos espera, dándonos la bienvenida a la civilización. Al poner pie en tierra firme, sentí que, lo verdaderamente civilizado, era quedarse allí, en el río que tantas maravillas me había enseñado, que tanto me habían hecho sentir el fluir de sus  aguas...&lt;br /&gt; En Manaos encuentras un desfile de despropósitos: avenidas, edificios y parques que recuerdan al Manhattan neoyorquino y a la bella y lejana París. Cosmopolitismo siglo XXI en el Amazonas. ¿Dónde está la selva? ¿Qué ha pasado con ella? Es el centro comercial por excelencia del Amazonas. Su tráfico fluvial es intensísimo, en comunicación directa con algunos de los puertos más grandes del mundo. &lt;br /&gt; La riqueza de la ciudad,  a finales del XIX, debido a la explotación del caucho, se deja notar en muchas construcciones. El mercado municipal, imitación del parisino les Halles, el palacio  Río Negro, la plaza de San Sebastián... La gran joyita es el teatro Amazonas. La selva en el centro de la ciudad sólo se intuye, por el calor y la intensa humedad. El corazón se te estruja cuando tienes que decirle adiós al Amazonas, al Solimoes. Se te clava muy, muy dentro. Miguel me miraba con ojos de melancolía,  buscaba refugio en mi pelo durante todo el día. Todos sentimos abandonar el río.&lt;br /&gt; La expedición de, ahora sí, Lope de Aguirre continuó hasta la desembocadura. Nosotros pasaremos aquí un par de días y continuaremos la aventura hasta Isla Margarita. &lt;br /&gt; Muerta Atienza, Miguel e Inés continuarán su relato con el diario de Elvira, hija de Lope de Aguirre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira       23 de Mayo de 1561&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Esta mañana, tras el despertar de sangre que nos ha sobrecogido a muchos, nos ha juntado mi padre en la plaza. Rodeado de todos sus amigos, perfectamente armados, ha dicho que nadie ha de alborotarse por lo que ha visto, que estas son las cosas de la guerra, que el Príncipe y otros habían muerto por no saber gobernar.&lt;br /&gt; Se ha autoproclamado General y Maese de Campo. Iremos a la guerra al Pirú. Está prohibido, so pena de muerte, hablar en secreto ni coger armas delante de mi padre.&lt;br /&gt;Adoro a mi padre,  en las esporádicas visitas que me hacía de niña me demostraba su amor y ternura. Él me rescató de aquel mísero hogar años después, para llevarme consigo, para quererme y tratarme como su hija. Sin embargo, odio esa frialdad que, a veces, es lo más destacado de su carácter. &lt;br /&gt;He llorado por los muertos a escondidas. La sangre, la muerte provoca en mí pavor, como buena cristiana que me enseñaron a ser. Ruego por su alma. Ojalá mis rezos y súplicas sirvan para enmendar todos su pecados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       5-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aguirre y su hombres partieron. En la margen derecha del río divisaron una cordillera. Avistaron algunas poblaciones a la orilla del río. Allí decían los guías que estaban Omagua y Dorado, Aguirre ordenó que nadie hablara con los guías. El Dorado pasó a ser un sueño prohibido, una leyenda cada día más muerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las muertes a manos de mi padre aumentan conforme descendemos el río. Ojalá se diera tanta maña para la vida como para la muerte. Ojalá pudiera amar a alguien más que a mí, su “querida hijita”, y se diera cuenta de lo que hace. Me protege y sobreprotege. Me cree pieza única de virginidad en este mar de tiranos. No sabe que amo a Pedrarias . Si lo supiera no dudo en no tardaría en acabar con nuestras vidas.  &lt;br /&gt; Nos abandonaron los indios Brasiles que traíamos como guías. El único atisbo de oro que vimos fue en Carari y Macari, algunos indios traían orejas y caricurís de oro. Tampoco nos esforzamos demasiado ya en encontrar metales preciosos.  &lt;br /&gt; Lo que más he odiado en estas pasadas jornadas han sido los constantes aguaceros desde que pasamos el pueblo de las Tortugas. Tampoco soporto esos asquerosos y abundantes mosquinos zancudos. Esperemos que las cosas cambien al llegar a Isla Margarita. &lt;br /&gt;Hemos sido víctimas vivientes de mi padre. Perdiéndonos, encontrándonos, abandonando nuestros cuerpos, mientras selva y río encomendaban nuestras almas a un Dios que parece ya no me escucha. Al fin, hemos llegado al mar. La boca del río es inmensa, toda de agua dulce. Con infinidad de islas donde confluye con el mar. El mar, por fin.&lt;br /&gt; Al grito de “¡Adelante mis Marañones!”, haciendo mención al nombre de este río, anima mi padre a sus hombres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       7-4-95&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Lunes por la tarde, abril del 95, llegamos a isla Margarita. Lunes tarde del 20 de Junio, 1561, la maldición llega esta isla, ahora  paraíso vacacional. &lt;br /&gt; Tras un trasbordo en Caracas llegamos a la isla, que son en realidad dos unidas por un doble cordón litoral. &lt;br /&gt; No tiene mucho sentido que estemos aquí. Esto no se parece casi nada a aquella isla a la que llegaron los marañones para establecer su “reino de libertad”. Grandes hoteles, vacaciones, ocio. Seguramente son las hermosas playas los únicos testigos de lo acontecido hace cinco siglos.&lt;br /&gt; Estamos casi al final del viaje, el sitio es idílico para descansar, relajarnos y que continúen su libro. Nos encontramos algo alejados de la “civilización”, nuestro hogar es una pequeña cabaña en el cerro Manacao, en la parte occidental, la más abruta, seca y menos turística. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;“Perlas ensangrentadas,&lt;br /&gt;   flores pisoteadas.” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ensangrentamos el Marañón, ahora intentamos acabar con el brillo de esta isla Margarita, Isla Perla , a base de puñaladas y más muertes. &lt;br /&gt; Llegamos el pasado 20 de Junio, tras tomar el puerto de Paragua. Mi padre mandó matar a uno que fue capitán de D. Fernando, también a otro que era su capitán, del que pensaba que no lo seguiría. A media noche hizo saltar a todos a tierra. Llegaron luego el Gobernador de la isla y los vecinos, alborotados por no saber qué sucedía. Actor de actores, mi padre llegó a arrodillarse ante el gobernador, ofreciéndose a su servicio. La adulación es un método que no suele fallarle. Llegó luego con nueva actitud. Desenmascarado dijo al gobernador que íbamos al Pirú, que sabía que ellos no nos tratarían bien ni nos dejarían continuar. Ordenó que dejaran las armas y los tomó presos. &lt;br /&gt;Gritos, victoria: “¡Habemos preso al gobernador y la tierra es nuestra!” “¡Libertad! ¡Libertad!” “¡Viva Lope de Aguirre!” &lt;br /&gt;Sí, libertad. Libertad para todos menos para mí. Ganas de morir cada vez que contemplo otra muerte. Ganas de vivir, por el contrario, cuando Pedrarias me lanza uno de sus besos no ensangrentados. Ganas de morir de nuevo cuando sospecho, por la mirada de mi padre, que sabe de lo nuestro y lo reprocha. Ganas de vivir cada vez que Pedrarias susurra amor a mis oídos. &lt;br /&gt;El día del desembarco huyeron cinco Marañones. Mi padre enfurecía, rabiaba,   amenazaba al gobernador y vecinos, exigiéndoles que los buscara. Esperanzas y promesas. Estaba yo prevenida de que sucedería. Uno de ellos era mi Pedrarias de Almesto. Me dijo que se iría e intentaría rescatarme, a los tres días apareció. Al contrario de lo que se suponía, mi padre no lo mató. Un rayo de compasión brilló en sus ojos. Por una vez parece que Dios atiende a mis rezos. Para que luego no me crea nadie cuando digo que no es tan malvado como parece. A los que si se colgó sin confesión fue a otros dos de estos huidos que aparecieron al poco. Más muertos a la lista. &lt;br /&gt; Todo lo que necesitamos lo robamos de las casas del pueblo. Incluso se ha hecho una repartición de los hombres por las casas de los vecinos, allí comen y pasan el día, pero dormimos todos en la fortaleza. &lt;br /&gt; Tenemos prisioneros a D. Juan de Villandrando, el gobernador, y Manuel Rodríguez, alcalde. &lt;br /&gt; El odio de mi padre se incrementa cada día contra casi todo. Ahora sé que mis súplicas ya no bastarán para salvar su alma. Este infierno se acabó para mí. No, no aguanto más. Su actitud hace que mi corazón fulgure contra él. He coagulado mis lágrimas. No más llantos, no más muertos, no más sangre para mí. Huiré con Pedrarias en cuanto tengamos ocasión. Seguramente cuando lleguemos al Pirú, pues está es empresa imposible en esta isla. &lt;br /&gt; ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Viva Elvira y Pedrarias!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía        9-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Anoche me desperté con un gran sobresalto. Creí oír gritos de agonía, ahogados clamores pidiendo confesión. Aún despierta, continué oyendo las voces, atronadoras dentro de mis oídos. Parecían tan reales... No eran como esas otras voces de aquel sueño en el que oía “tirano”. Aquellas eran tranquilas, con un pequeño toque de desesperación y amargura rasgando su serenidad. Las de ahora son voces totalmente desgarradoras, gargantas quebradas, risas y llantos aulladores. Unas veces pedían confesión, perdón, otras lanzaban gritos agonizantes e injurias contra Dios. Fueron silenciándose, convirtiéndose en meros murmullos en mi cabeza.&lt;br /&gt; ¿Tendrán alguna relación con la historia de Lope de Aguirre? Seguramente sí, estos días ando muy involucrada en el transcurso de la historia. En ocasiones, Lope se despertaba por las noches creyendo oír voces pidiendo perdón y gritos, igual que lo que yo oí. ¿Se removía su conciencia sólo en sueños?&lt;br /&gt; Las injurias que yo escuchaba podrían tener que ver con su conducta pagana. A veces decía no creer en Dios, o que éste había hecho el cielo para tan ruin gente que él no quería ir allá. Afirmaba que prefería ir al infierno, “Porque allí está Julio César y Alejandro Magno y otros valientes, y en el cielo están pescadores, carpinteros y gente de poco brío.” &lt;br /&gt; Odiaba a los frailes, decía que no había de dejar con vida a los que encontrara. Su odio hacia éstos se incrementó cuando, estando en esta Isla Margarita, mandó a un capitán, Pedro Monguía, con 18 hombres a tomar un navío que tenía un tal Fray Francisco Montesinos. Llevaba tiempo sin saber de Monguía, andaba triste y se enfurecía con facilidad. Le llegaron noticias de que se habían reducido al servicio de Su Majestad, que el fraile y su gente venían a destruirlo y hacerle la guerra. El tirano enfureció, mandó prender a todos los vecinos de Isla Margarita, amenazaba con hacer correr arroyos de sangre por la plaza. &lt;br /&gt; El navío tomó puerto en la isla. Aguirre temía que sus hombres lo abandonaran y se pusieran del lado del fraile. Su mente retorcida tramó un plan para convencer a los marañones de que eran unos asesinos, de que únicamente estarían a salvo con él. Mató,&lt;br /&gt;junto con unos amigos,  al gobernador y otros cuatro que tenían presos, cubrieron los cuerpos y los metieron en la fortaleza. A media noche llamó a sus soldados, les mostró a la luz de las velas la carnicería. Aprovechó para recordarles que eran culpables de esas y otras tantas muertes, que nunca los perdonarían.&lt;br /&gt; Al día siguiente mató a su Maese de Campo. Antón Llamoso, amigo de Aguirre, se tendió sobre el cadáver, chupaba la sangre que escapaba de las heridas de la cabeza. Hizo lo mismo con parte de los sesos. &lt;br /&gt; El navío del fraile llegó al pueblo, pero nunca desembarcó nadie. Tal  como vino se fue, siendo causante de muertes inútiles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Muertes, muertes, más muertes. Cada día más y más cadáveres apuntados a su nombre. No aguanto tener que disfrazar mi cara hastiada con sonrisas infantiles, engañar mis sentimientos con palabras de amor e inocencia para mi padre. &lt;br /&gt; Errores, planes fatídicos... La ira de los hombres, “La Ira de Dios”, también “Príncipe de la libertad”, se autoproclama. Su alférez general dijo demasiado alto querer matarlo, mi padre mandó su muerte, el alférez fue más listo y se huyó al monte. Esto desencadenó otras muertes, cayeron un Alférez de guardia, amigo del huido; otro de los Marañones y una mujer de la isla. A ella la ahorcaron en medio de la plaza. Llenaron su cuerpo de arcabuzazos una vez muerta. Acabaron con ella porque el huido frecuentaba mucho su casa. Era una pena  ver así a la pobre mujer, su cuerpo conservaba las huellas de una hermosa juventud. Mataron luego a su marido, hombre envejecido y enfermo, se moría de pena al ver perecer a su bella esposa. También cayó un fraile dominico que con él estaba. Muerto éste decidió mi padre matar también al otro fraile de la isla. &lt;br /&gt; Abandonamos hoy isla Margarita, partimos hacia Borburata, ya que estarán avisados en Panamá y Nombre de Dios de nuestra venida. De Borburata iremos a atravesar la gobernación de Venezuela y el Nuevo reino de Granada, y de allí al Pirú. Nuestro ansiado Pirú, mi amado Pirú. &lt;br /&gt; Entraron en la isla 200 hombres, salen 160. Seguimos viendo la huída como única fórmula para liberar nuestro amor.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía       12-4-95&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Una  mano equivocada toca el hombro que no es. Un giro de cabeza, unos ojos frente a otros. Pavor que unos interpretan como dulzura. Un brazo rodeando mi cintura. Un beso intenso del que mi mente huía, mi cuerpo se petrificaba en él. &lt;br /&gt; Fran me ha besado. Los demás habían salido, estábamos los dos solos. No lo entiendo. No. No. Con lo amigos que son Miguel y él, su mujer aquí, a la que parece querer tanto. No. No es posible. Ahora le huyo, apenas cruzamos palabra, evito las conversaciones en las que él interviene, ni siquiera canto cuando toca la guitarra. &lt;br /&gt; Y esas voces siguen sonando en mi cabeza. Susurran, pero a veces gritan, el ruido es tan ensordecedor que temo acabar gritando yo también. A los susurros de traidor, los gritos de agonía y perdón se ha sumado el angelical murmullo de una niña que repite incansable: “¿Conoces el final de la canción?” No sé de qué canción habla. Tal vez sea de aquella que tocó Fran en São Paulo de Olivença. Se lo preguntaría, pero ahora lo que menos me apetece es tener que hablar con él. &lt;br /&gt; Odio esto. Odio esta Isla Margarita, isla de perlas ensangrentadas para Lope de Aguirre, el tirano. Añoro el calor y verdor del Amazonas, en el que sólo escuchaba el clamor y fluir de aguas. &lt;br /&gt;Los brazos de Miguel están fríos, sus besos suenan lejanos. Mi garganta se llena de nudos que no puedo escupir. Vomito dos veces al día para intentar sentirme más  limpia, más humana, para intentar calmar esas voces de mi cabeza. No pienso contárselo a nadie. Pensarán que es mi imaginación, lo mismo que yo pensaba al principio. Ahora sé que no. Son voces, voces que me avisan, que me dicen, me advierten... Pero no sé el qué. &lt;br /&gt;Queda menos para volver a tierra firme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13-4-95 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No aguantaba más. No podía soportarlo. Tenía que intentarlo para comprobar si así conseguía acabar con las voces de una vez. Sorprendentemente, ha dado resultado. Anoche empecé a oír únicamente la voz de la niña que preguntaba: “¿Conoces el final de la canción?” &lt;br /&gt; Estábamos, de nuevo, solos en casa Fran y yo. Olvidando lo del otro día le he preguntado por aquella canción que cantó, si acababa así o tenía otro final. Ha confirmado mis peores temores. Esperaba que me dijera que no y poder recobrar la esperanza de que las voces fueran fruto de mi imaginación. Ha traído la guitarra y ha cantado el verdadero final. De nuevo un aire de bosa:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ave  María, guárdanos del alma del tirano Aguirre&lt;br /&gt; que pasa la noche en la candela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y Vuelta al consabido estribillo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resplandor regresa dando tumbos,&lt;br /&gt; desnudando los árboles.&lt;br /&gt;Perdidas las figuras, &lt;br /&gt;Las dos voces viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;Viven en la tiniebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acabar ha dicho: “Olvida lo de ayer, no sabía lo que hacía.” Después de un largo silencio se ha ido a su habitación. Silencio, sí, silencio. Silencio del de verdad, sin voces, sin gritos, sin niñas que piden finales de canciones. Por fin acabó, por fin. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Llegamos a Borburata. Mi padre ha mandado: “pregonar guerra a sangre y fuego contra el Rey de Castilla y sus vasallos, salvo aquellos que pasen con nosotros, a los demás que los maten, será el muerto el marañón que no lo haga”. &lt;br /&gt; Llevamos aquí unos veinte días, cada vez escribo con menos frecuencia.&lt;br /&gt; Las muertes injustas acontecen. Los últimos en perecer han sido un par de soldados, uno porque preguntó si nos hallábamos en tierra firme, el otro por aceptar las palabras de mi padre que le invitaban a abandonarnos. Ya muerto le pusieron un rótulo en el pecho que decía “por inútil y desaprovechado”.&lt;br /&gt; Las páginas de mi diario parecen más una necrológica que la vida de una mujer joven. Ahora hablaré de mí. Empiezo a ser insensible a los actos de mi padre. No me importan, me da igual lo que haga. Continúo rezando en vano por su alma, por la de todos los marañones, todos los caídos, la de Pedrarias y la mía propia. De las penas del día a día, saco alegrías y esperazas, que se traducen en palabra y promesas de Pedrarias.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía      15-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A pesar de que Inés y Miguel ya andan contando las peripecias de los Marañones en tierra firme, seguimos aquí, en Isla Margarita. Las cosas van bastante mejor. Lo de Fran queda olvidado. Las voces siguen silenciadas, permitiéndome concentrarme en otros asuntos, como la historia:&lt;br /&gt; Dos soldados huyeron estando de camino a Valencia. Enfurecido, el tirano regresó a Borburata, amenazó al alcalde con que los encontrara o se llevaría a su mujer e hijos. No pudiendo encontrarlos, Lope cumplió su palabra, pero acabó llevándose a doce mujeres, caminando hacia Nueva Valencia. Dejaron el pueblo de Borburata destruido, quemado y saqueado. &lt;br /&gt;  Los vecinos de Barquismeto y Venezuela, alertados de la llegada del tirano, huyeron al monte. Por el contrario, los de Tocuyo pusieron a salvo a sus mujeres e hijos, se organizaron para derrotar al tirano. El gobernador nombró oficiales de guerra y alférez, en nombre de Su Majestad, entre los vecinos. Partieron a Barquismeto,  regresaron todos los que andaban escondidos en el monte. Llegó también un tal Diego García de Paredes, al que dieron el cargo de Maese de Campo. Cada día se acercaban más para luchar contra el tirano. &lt;br /&gt; Lope y los suyos regresaron, por segunda vez a Borburata, encontrando la capa de otro de los Marañones huidos con el fraile. Tomaron a Francisco Martín,  Marañón de éstos que había aparecido, por mentiroso, y lo ahorcaron. &lt;br /&gt; Llegaron, al fin, al pueblo de Valencia. Allí no pasó gran cosa. Pero fue aquí donde Lope de Aguirre escribió una carta al rey Felipe II. En ella se declaraba como “su mínimo vasallo”. Se quejaba de que el rey había sido cruel e ingrato con ellos, que tantos servicios le habían hecho a este lado del Atlántico. Le negaba obediencia y se desnaturaba de España, decía que haría la guerra hasta que sus fuerzas aguantaran. &lt;br /&gt; Frase célebre de esta carta es la siguiente: “por cierto tengo que pocos reyes van al infierno, porque sois pocos”. &lt;br /&gt; Por el contrario de lo que había demostrado hasta el momento con sus injurias y actos paganos, parece preocupado por la Iglesia. Afirma que no dejarán de ser obedientes sus preceptos. En el escrito denuncia el mal comportamiento de los frailes en América. &lt;br /&gt; Cuenta al rey la expedición por el Amazonas, porqué mataron a Orsúa, D. Fernando y tantos otros. &lt;br /&gt; Añade una lista con todos los nombres de sus Marañones. Se despide como “Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud. Lope de Aguirre, el peregrino”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Elvira&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nos dimos priesa en salir de la Valencia, dejamos el pueblo quemado y destruido. En el camino huyeron diez Marañones. Resolvió mi padre matar a todos los sospechosos y enfermos, pero fueron muchos los que, gracias a Dios, se negaron a que tal crueldad aconteciese. &lt;br /&gt; Antes de llegar a Barquismeto nos topamos con los de Su Majestad, pero huyeron a su campo. Llegamos al pueblo a veinte y dos de octubre de mil quinientos y sesenta y un años. Tras una primera escaramuza,  nos apoderamos del pueblo, los de Su Majestad lo habían abandonado y se habían ido a aposentar en un campo cuya situación desconocemos. Hemos encontrado muchas cédulas que decían que se perdonarán a los que se pasen al Real Servicio.&lt;br /&gt; Mi padre ordenó quemar algunas cosas que se encontraron por las casas. En un descuido el fuego se fue de las manos, extendiéndose a la Iglesia y quemando casi todo el pueblo. &lt;br /&gt; Sueño con un Pirú que cada día me parece más lejano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Veinte y cinco de Octubre, año mil quinientos y sesenta y uno&lt;br /&gt;En estos días ha habido algunas escaramuzas sin heridos. Algunos nos  abandonan,  pasan al campo de Su Majestad. &lt;br /&gt; Hoy sí que se ha formado una batalla brava y reñida. Diego Tirado, capitán Marañón, se ha pasado con los del rey. Mi padre ha quedado frustrado, éste era uno de los que se decían su amigo. Además, los arcabuceros Marañones no han conseguido herir a hombre ni caballo, a lo que mi padre dijo: “Marañones, a las estrellas tiráis.” Ha pensado, de nuevo, matar  a sospechosos y enfermos. Todos se han negado. &lt;br /&gt;Llevamos algunos días encerrados en esta cuadra que nos hace de fortaleza. No hay comida, algunos comen perros. Desfallezco de un hambre que ya no puedo satisfacer con apresurados besos.&lt;br /&gt;Los hombres, incluso también yo, empezamos a palpar nuestra perdición. El sueño del “reino de libertad” se esfuma como se disipó el sueño del Dorado. &lt;br /&gt;Las primeras muertes de la expedición precedieron a otras  muertes, éstas a otras y otras...Quedamos pocos, vemos el reflejo de nuestros cuerpos sin vida en el aire. &lt;br /&gt;Mi padre ha decidido partir al mar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veinte y seis de Octubre&lt;br /&gt; Llanto, llanto de vidas. Esperanza, luz al fondo del camino. Pedrarias  se ha pasado hoy con los del rey. Ha prometido volver por mí. Me sacará de aquí, me salvará. Seremos libres y felices.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diario de Lucía        20-4-95&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Llegamos a un punto en el que la historia ya no es historia. Estamos en Barquismeto. Remendamos, ponemos  punto final a nuestro viaje, a nuestro sueño.&lt;br /&gt; La historia se enlaza con mi vida, con mi muerte. Ya no sé qué es real y qué no. Las voces han vuelto, sólo oigo gritos y lamentos. Esta mañana, al levantarme, he creído ver mi cama ensangrentada. He gritado tanto que casi temí que se me desangrara la garganta. Miguel se preocupa por mí, intenta tranquilizarme. Yo sé que él no puede verlo, no puede sentirlo. Es mi cabeza, algo falla ahí dentro. Tal vez no. No, no. Quizá los gritos sean simplemente gritos y la sangre simplemente sangre. Gritos y sangre reales. &lt;br /&gt; Las palabras de aliento de Miguel, mis pensamientos, mis sentimientos, los fantasmas que aúllan en mis oídos... Me recuerdan al final. No sólo al final del viaje, también al final de la historia:&lt;br /&gt;     27 de Octubre de 1561&lt;br /&gt; El tirano decidió volver a Borburata, sus Marañones se niegan.  La mayoría de sus hombres lo abandonan. Con él quedaron 6 ó 7, entre ellos ese Antón Llamoso chupa cadáveres. El tirano, más tirano este día que nunca, se ve abocado en la desesperación, con el diablo ahogándolo por el pescuezo. Apuñaló a su hija. Parecía quererla más que a sí mismo, el único ser por el que el sanguinario Lope de Aguirre había mostrado un ápice de amor. ¿Qué importaba el amor si era el fin? ¿Qué importa el amor si es el fin? ¿Qué importa Miguel?&lt;br /&gt; Ni siquiera sé por qué escribo esto. El final está próximo, siento que no me quedan lágrimas para despedir América.&lt;br /&gt; ¡Ah! Las horribles voces otra vez. Conocí a una artista que se hacía pequeños cortes con una cuchilla en la planta de los pies. Caminaba por la playa dejando huellas ensangrentadas. Decía que aquello era arte. No sé si lo será, pero yo voy a hacer lo mismo. Tal vez el dolor haga callar las voces. Veo luces fosforitas en el cielo.&lt;br /&gt; Creo que alguien me llama. Seguiré escribiendo más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Miguel llama a Lucía para cenar. Esa noche estarán solos, tendrán su particular fiesta de despedida, la última noche solos en el continente del paraíso. Una mesa con velas en el porche. La mejor cena que Miguel había preparado jamás. Lucía era especial, había llegado a convertirse en un ángel para él, la chica con la que siempre había soñado.  &lt;br /&gt; Lucía sale, vuelve la cabeza. Ahí está. Es más nítido que nunca. Pequeño, barbudo, de voz grave, repite palabras que ella no entiende. Ojos endemoniados, con llamas fulgurantes, llenas de sangre, en su pupila. Una chica serena, reflejo de un hermoso ángel de piel tostada, está cerca del hombre.&lt;br /&gt; Grita. Lucía grita como si no pudiera parar, como si ese fuera su único propósito en la vida. Pasos que se acercan, susurros, risas... El murmullo de un beso. Los brazos de Miguel. Las aguas del río en calma, las nubes llorando sangre que sólo unos pocos desgraciados pueden ver. Otro aullido desgarrador escapa de su garganta. &lt;br /&gt; Grita. Se araña la cara con las uñas mientras los brazos de Miguel chocan bruscamente con su cuerpo. &lt;br /&gt; El río está engullendo el cielo. Se le resquebraja y sangra la garganta. La naturaleza aúlla, los colores se diluyen. El fin está llegando, Lucía cree ser el único ser consciente de ello. Su voz se calma, no voluntariamente, sucumbe ante la impotencia de sus cuerdas vocales, ante la sangre que sale de su boca. &lt;br /&gt; Ve el cielo lleno de fuegos fatuos. “Luces fosforitas en el cielo”. Al principio sólo había uno, se han ido multiplicando hasta formar un chispeante manto naranja. &lt;br /&gt; Lucía ríe. Cada uno de esos fuegos es una de las almas que mató el tirano. Lucía vuelve a reír. Cree comprenderlo todo. Reflejos de almas en pena.&lt;br /&gt; Miguel está aterrado, él no ha visto nada. Ahora oye dos golpes sordos, lejanos, suenan igual que dos arcabuzazos. Lucía cae al suelo, llorando. Él corre a socorrerla, a consolarla.&lt;br /&gt; Ya pasó, ya. &lt;br /&gt;Hallaron a Elvira muerta a los pies de su padre, el tirano mata al ángel, sus manos ensangrentadas. Dos de sus Marañones, por miedo, disparan. Lo hicieron dos veces, aunque el tirano sucumbió con el primero, que vino a darle justo encima del pecho. Así sucumbió su ánima, perdida en el infierno antes de muerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*  *  *&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;Miguel &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos diez años de aquello. No quería tener que volver a recordarlo, menos así. &lt;br /&gt; Lo más espeluznante que he contemplado en mi vida sucedió hace diez años, durante un viaje por el Amazonas, Isla Margarita y Barquismeto. Nos juntamos unos amigos, la chica con la que estaba saliendo y yo. Se llamaba Lucía, preciosa, algo más joven que yo.&lt;br /&gt; Recuerdo con horror la última noche en Barquismeto. Ella se volvió loca. Tan pronto gritaba, como reía o lloraba. Decía ver espíritus y fuegos fatuos. No la creía, yo no veía nada.  Escuché dos golpes secos, lejanos, que sonaron como dos arcabuzazos, los mismos que dieron muerte a Lope de Aguirre, el tirano. Un escalofrío congeló mi sangre, vi en el cielo uno de esos fuegos fatuos de los que Lucía hablaba. En ese instante, ella cayó al suelo, llorando. Le sangraba la boca. Había empezado a creerla loca, pero tengo razones para pensar que había mucho de verdad en aquello que creía ver.&lt;br /&gt; La imagen de ese fuego fatuo me asalta aún algunas noches, se cuela aún en mis sueños y alcanzo a oír a la chica gritando. &lt;br /&gt; Al fin, ella se calmó. Al llegar a Madrid no volví a verla. Desapareció, se esfumó. No contestaba a mis llamadas, nadie abría la puerta de su piso. Hoy, tras diez largos años, nos hemos encontrado. Paseábamos por el parque, no me ha dicho nada, únicamente me ha mirado fijamente, he podido ver fuegos fatuos, iguales al de aquella noche, en sus pupilas. La imagen de Lucía se ha desvanecido luego entre la multitud.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-5926257993161474132?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/5926257993161474132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=5926257993161474132&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/5926257993161474132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/5926257993161474132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/perlas-ensangrentadas-2005.html' title='-Perlas Ensangrentadas-  (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-7422645269872005096</id><published>2007-09-18T04:05:00.000-07:00</published><updated>2009-02-15T06:29:07.288-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>Antonio Claret (2008)</title><content type='html'>Antonio Claret no existía hasta que no se miraba en el espejo. Cientos de Clarets bostezando unos reflejados en otros, extendiéndose hasta el infinito gracias al milagro de los espejos contrapuestos que cubrían las paredes de su habitación. Con cada uno de sus despertares nacía la imagen de cientos de Clarets multiplicándose ante el milagro matutino. Clarets somnolientos, legañosos, perezosos, repetidos ante los primeros rayos de sol. Clarets sin fuerzas para levantarse de la cama o Clarets pletóricos cual amanecer de agosto, pero siempre Clarets caleidoscópicos.&lt;br /&gt;            El reflejo daba sentido a su existencia. “Me veo, me reconozco, existo”. Observar su cara, su propio cuerpo, mirarse fijamente a los ojos y suspirar contemplando su boca exhalando el aire, era el mayor placer que podía experimentar. Palpar su cara mientras contemplaba la imagen de sus dedos, los mismos que él sentía, movía y admiraba; acariciar su cara gesticulando a su antojo para ver reflejado el producto visual de aquello que generaba en su mente y plasmaba con movimientos. Nada de lo que él no pudiera ver existía porque no podía comprender que fuera de otra forma. Estando encerrado en casa nada más que eso era real. Creer que había un mundo fuera, unas gentes viviendo y muriendo mientras él estaba allí bebiendo cerveza le parecía poco menos que absurdo.           Pero esa convicción, esa creencia ciega en el sentido de la vista, lo había llevado a sentir la necesidad de verse a sí mismo para poder sentirse real. Obsesionado con que su persona pudiera no existir o hasta desaparecer si no la observaba cada cierto tiempo, se rodeó de quitamiedos que resultaron ser espejos. Recorrió mercadillos y anticuarios buscando que encajaran bien unos con otros para poder llenar las paredes sin que quedaran huecos. Espejos rectangulares, redondos, ovalados, de marco dorado o de madera, llenaron las paredes de su cuarto de brillo, reflejo e imagen. Incluso dispuso la cama de modo que su cara se reflejara en todas las paredes mientras dormía. &lt;br /&gt;            Antonio no se limitaba a observarse en los espejos de su dormitorio. Una obsesión no es propiamente una obsesión si se reduce a una manía de andar por casa, así que se valía de cada superficie reflectante para ver su cara en cuanto le era posible. Cristales, escaparates, ventanas de coches, charcos, lentes de gafas, incluso molduras plateadas de cuadros, grifos, manivelas y reversos de CDs le servían para contemplarse. Intentaba procurarse una visión de sí mismo cada cierto tiempo buscando a la desesperada cualquier objeto que pudiera devolverle su imagen y sentido.&lt;br /&gt;            El problema llegó una loca noche de viernes, cuando sus paredes eran ya dignas de aparecer en monográficos de extravagancias. Lo que en principio sería una cena de viejos compañeros de trabajo derivó en los cuatro locos de siempre, los desparejados ligeros de cascos, bebiendo cubalibres en una discoteca de las afueras.&lt;br /&gt;            Las luces parpadeaban. La música era simple: ritmo fácil y melodía inexistente. Bailar, al menos moverse entre golpe y golpe, se convertía en producto de la inercia. Las mujeres ofrecían sus piernas y los hombres sus dientes. El rencuentro llevó a la conversación, de ahí al alcohol y de éste a las risas. No era demasiado lo que cuatro hombres como ellos podían ofrecer, pero el más lanzado no tardó en dar caza a una pelirroja-tapón que les presentó a sus amigas. Bailaron con ellas y acabaron sobándose por parejas. Tras la tercera risa y el segundo beso Claret recordó que hacía mucho tiempo que no se veía, de modo que no podía asegurar que lo que experimentaba con aquella mujerzuela fuese real. Intentó primero observarse en las pupilas de ella, pero la tipa mantenía los ojos cerrados. Excusándose como pudo, fue a por un vaso donde poder reflejarse. Las luces eran demasiado oscuras para que el cristal captase su rostro y tuvo que correr al lavabo en busca de un condenado espejo.&lt;br /&gt;            Nada, ni rastro de un mísero espejo en aquel antro de meadero. Ni siquiera algo metálico, ni toallero, ni secador de manos, ni nada. A Antonio Claret comenzaban a temblarle las manos. Hacía meses que no pasaba tanto tiempo sin haberse contemplado, incluso mientras dormía tenía la tranquilidad de estar siendo reflejado por algo. En un intento desesperado entró en el aseo de señoras. Tampoco allí había ningún espejo en el que las señoritas pudiesen retocarse la barra de labios. ¿Podía saberse qué tipo de discoteca era aquella? En contra de todas las estadísticas que señalan como último lugar de la tierra un servicio público para encontrar el amor, allí estaba ella, su salvadora. Una joven de pelo revuelto que se echó a reír nada más verlo entrar en el aseo de señoras. Una mujer con una pupilas tan brillantes que hubieran sido suficientes para vencer al reflejo de Claret en cualquier espejo de oro esmaltado. Y, más importante aún, con gafas de diseño exquisito, inmaculadamente limpias y reflectantes, donde Claret pudo al fin contemplar su ansiado reflejo.&lt;br /&gt;            La mujer que lo salvó resultó llamarse María y estar trabajando como estomatóloga en el Hospital Provincial. Sólo cuando Claret se vio ya dentro de su cuarto, prisionero en su piso de semi-lujo en el mismísimo centro de la ciudad, y vio la bata colgada de un perchero, se dio cuenta de dónde se estaba metiendo. Antes de llegar hasta allí, antes de que su camisa cayera al tiempo que caían sus ojos para expandirse por los pechos diminutos de ella, olvidando lo que acababa de leer bordado en la bata blanca del perchero, antes deberían pasar algunas palabras y reflejos de él mismo en las gafas salvadoras. Después de la risa de María al verlo entrar en el aseo de señoras y del alivio de él al encontrar que su rostro no había desaparecido, Claret la invitó a una copa. Aceptó, otorgándole el placer  de la auto-contemplación y la vista panorámica de sus piernas.      &lt;br /&gt;            “De modo que estomatóloga”,  tuvo tiempo de pensar antes de deslumbrarse con la plenitud de sus carnes en medio de aquella habitación rococó con un inmenso tocador SIN ESPEJO. Ya en la cúspide del romanticismo, con las luces apagadas, las gafas de María sobre la mesilla y los párpados cerrados,  a Claret lo invadió el pavor de no saber a ciencia cierta si aquello que experimentaba era real. La negación del sentido de la vista entre las sábanas de raso y su abusiva necesidad del reflejo como verificación de la sensación, echaron por tierra la que podría haber sido una apasionante noche. Aquello acabó mal y pronto, con una estomatóloga insatisfecha yaciente en la cama y él apabullado ante la oscuridad del amor. Claret salió corriendo hacia el lavabo. Un impresionante espejo propio de Sisí Emperatriz le devolvió su reflejo, ahí estaba: Antonio Claret reflejado y deshecho.&lt;br /&gt;Pese al desencanto sexual de aquella noche, la estomatóloga le dio una segunda oportunidad. La siguiente cita sería en un lugar más relajado, una cafetería de aire bohemio con grandes espejos victorianos colgando de las paredes. La realidad de verse a sí mismo besando la boca de María en el espejo hizo que Claret no se lo pensara dos veces. Pagó los dos expresos y la llevó cual alma que lleva el diablo hasta la fascinante habitación de los espejos.&lt;br /&gt;María quedó asombrada al contemplarlos. Cada milímetro de la pared estaba cubierto por un pedacito de acero bruñido que le devolvía reflejada por ciento la estupefacción de sus ojos.&lt;br /&gt;-¿Te gusta?- le preguntó Antonio con miedo a que pudiese tomarlo por loco y saliese corriendo.&lt;br /&gt;-Ahá, - respondió tras lanzar otra mirada curiosa por las paredes. Tras unos segundos, se posó en los ojos de Claret para decir con entusiasmo - ¡Reflejémonos!&lt;br /&gt;Hasta los espejos sintieron entonces el resplandor de las palabras.&lt;br /&gt;Esa magnífica tarde los espejos pudieron deleitarse con miles de imágenes distintas hasta que la escena de Claret dormido sobre el pecho de María se apoderó de las paredes. A esas horas de la madrugada a ella le vinieron a la cabeza las siguientes palabras: “¿Y el techo?”&lt;br /&gt;Sería ya en su segundo aniversario, como regalo de compromiso, cuando María hizo instalar en el techo de Antonio Claret un espejo de 4x4 que diera fe de todo lo que pudiera pasar ahí abajo.&lt;br /&gt;El ramo de rosas que le llevaron al hospital, la cena y el anillo fueron las tradicionales artimañas de las que Claret se había servido para proponerle matrimonio a su estomatóloga. Eligieron la corbata del padrino, el color de las flores, el vuelo que habría de llevarlos a Cancún y el sabor de la tarta. Pusieron día, hora, lugar, número de cuenta donde los invitados podían hacer su regalo, y un “se ruega confirmen asistencia” impreso en invitaciones la mar de horteras pero, eso sí, enviadas en sobres plateados efecto espejo que encantaron al prometido.&lt;br /&gt;Cual cuento de hadas a sus treinta bien entrados años, se casaron y fueron felices. El piso de Claret sería el elegido como nicho de amor del matrimonio. Allí, en su estridente alcoba, los espejos memorizaron a fuerza de infinita repetición los gestos de amor que se sucedían día tras día.&lt;br /&gt;Docenas de espejos sin un solo resquebrajo que perturbara cinco años de dulce convivencia. Los espejos contemplaban ya impávidos el retozar de la pareja, tan sólo interrumpido por los turnos nocturnos de María, momentos en los que Claret se encontraba perdido ante la visión de su rostro solitario. Fue en una de esas noches, con un Claret ya tan acostumbrado a la vida de casado como para que las noches en solitario le parecieran el mismísimo infierno, cuando un espejito chiquitín, que reflejaba apenas una esquina de la habitación, fragmentó su reflejo con cuatro profundas grietas.&lt;br /&gt;Un par de días más tarde, con su estomatóloga fuera de casa, Claret acudió a una nueva cita con sus excompañeros de trabajo, la misma durante la cual había conocido a su esposa años antes. Una vez más, esposas y novias formales incluidas en el evento. No obstante, Antonio acudió en solitario, excusando la falta de su esposa por motivos de trabajo. La añoraba profundamente, hacía muchísimo tiempo que no salía de noche sin ella, ¿qué mejor espejo que sus ojos para reflejarse? María… Aíram leído al espejo. La reina indiscutible del reflejo. Su reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco, la imagen laberíntica de los cuerpos se multiplicaba en las paredes. Una falda y sus volantes tirados por el suelo. La luz de la farola alumbrando los cabellos rojos de ella; a lo lejos, la luna. La llama pelirroja se extendía y zarandeaba. Junto a ella, la boca de un Antonio Claret adivina incendios. Hasta aquí todo perfecto. De no ser porque no se trataba de la maraña de cabellos rizados y rubios que normalmente albergaba el espejo en noches como esa. Ni siquiera la bata blanca con el nombre de “ Doctora María, Estomatóloga” sobre el bolsillo izquierdo estaba tirada en el suelo. En su lugar, una falda azul.&lt;br /&gt; Dada la ausencia de su compañera, nada había impedido que acabara la noche con los eternos solterones en otra de tantas discotecas de las afueras, donde bailaron y se recrearon hasta que unas copas de más y un poco de maquillaje hicieron flaquear las fuerzas de Claret, que encontró en los ojos brillantes de una desconocida el reflejo que su rostro necesitaba aquella noche. Los espejos no salían de su asombro, el error de la imagen conllevaba el reflejo del error.&lt;br /&gt;La gatita nocturna desapareció pronto. El reflejo de los rayos rojos del amanecer se había llevado sus cabellos, pero no su rastro. Claret puso las sábanas a lavar e intentó recordar para poder borrar con más ahínco todo lo acontecido.  Se acordó de María y de sus cuerpos en los espejos. De sus manos acariciándole el pelo con movimientos infinitamente repetidos, de su amor multiplicado por cien sobre el acero bruñido.&lt;br /&gt;Y luego, más abajo, la mancha. El pecado en su nombre de santo, la culpabilidad del propio cuerpo de la que habían sido testigos los espejos. El cuerpo de esa otra frente al suyo, el cuerpo de esa otra entre el suyo, el cuerpo de esa otra bajo del suyo. La imagen perduraba en su mente y hacía que creyera ver escapar de cuando en cuando un destello fotográfico de aquella situación.&lt;br /&gt;¿De dónde había salido? No recordaba siquiera su nombre. Es más, ¿llegó a saberlo? Cristina, habría de llamarse Cristina, porque “la otra” , la calienta pollas que hace que se te levante cuando no debes, siempre tiene un nombre igual de sugerente que sus pechos. Marta o Cristina, Natalia si me apuras. Pero nunca Magdalena, Ángeles ni, por supuesto, María, esos son nombres reservados a santas madres y esposas. Cristina y sus caderas en falda azul, Cristina y sus cabellos rojos, Cristina y los errores de la noche. Pero no importaba, ella no importaba, Cristina o cómo quisiera que se llamase. María, María, María mil veces. María la reina del espejo, María, su María, la única, la estomatóloga, la de  las caderas chiquitas y las pupilas como espejos. Su María y no otra. Ni Cristina ni nadie. Única e inigualable, amada hasta la saciedad, amada por encima de calentones de la noche porque a una mujer como ella nunca podría serle infiel. Nunca. María y la infidelidad inquebrantable. Claret y su devoción absoluta. Él no era un cerdo que se acostaba con cualquiera, no era de esos que ponían los cuernos a sus esposas, él no le sería infiel, él no le había sido…&lt;br /&gt;Pero la negación no iba a salvar a Antonio de lo ocurrido. El problema real no radicaba en que María llegase a descubrirlo, sino que en la mente de Claret las palabras de súplica y perdón para consigo mismo se multiplicaban al ritmo que los espejos le devolvían las curvas, los gestos, los gemidos inclusive de aquella otra, como si de una grabación se tratase. Gemía y se retorcía en la cama. No podía aguantarlo, el contacto con su propio cuerpo le provocaba arcadas. Se repugnaba a sí mismo. En un vano intento de purificación se arrancó la ropa y se bañó entre llantos. Al principio las lágrimas consiguieron apartarlo de las visiones, relegando su dolor a puro resentimiento de infiel. Para su desgracia, pronto las lágrimas no hicieron sino actuar como calidoscopio, multiplicando las ya de por sí infinitas imágenes de los espejos, libidinosos infiernos que mostraban su culpa.&lt;br /&gt;Ya quedaba poco, apenas una hora. Una hora y todo pasaría, unos minutos, no más. Ella volvería. Pronto, sí, pronto. Ella, ELLA, María, su María, la reina del espejo. Sólo ella podría librarlo de la culpa. Lo entendería, lo perdonaría y lo amaría. Olvidarían juntos aquello porque ella lo limpiaría de su pecado. ¿O mejor no decírselo nunca? Ocultar la mancha, negarla por siempre, tirarla al fondo de la ciénaga para que nadie pudiese sacarla. Pero no, la culpa… la culpa acabaría comiéndoselo, pudriéndolo hasta convertirlo en un ser pueril indigno del divino amor de su reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grito final. Justo en ese agónico momento Dios parece querer convertir en gran film holliwoodiense el sufrimiento de nuestro amigo. Un terremoto 5.9 escala Richter sacude la ciudad. Los edificios, que no son ni de lejos esas papirofléxicas construcciones japonesas, se tambalean toscamente.   Tres míseros minutos. Desprendimientos, gente corriendo, nuestro Claret refugiado en el marco de la puerta como ha visto hacer en las películas, mientras tiemblan sus espejos. María, que en ese momento estaba llegando a casa, da un volantazo. Baja del coche, el temblor la hace caer de sus tacones sólo a unos metros del portal, justo bajo la ventana de la habitación de los espejos. Permanece inmóvil en el suelo. Los edificios más endebles se resquebrajan; los espejos, idem. Los pedacitos de pelirroja han ido cayendo al suelo. Y, en ese momento, lo oye, LA OYE.  “¡Claret!, ¡Clareeeeeeeet!” la imagen de esa zorra vuelve a los cristales, ahora hasta escucha sus gritos mientras ve culebrear su cuerpo en los cristales rotos. Acabará con todo. Claret coge los pedazos de espejo con las manos desnudas. El acero bruñido le hace cortes, su sangre se multiplica y se hace eterna. Lanza los pedazos de espejo ensangrentados por la ventana.&lt;br /&gt;El cesar de los gritos se llevó la culpa.&lt;br /&gt;Cuando se encontró aquel cadáver de mujer tendido en mitad de la calle nadie supo explicar de dónde habían salido los espejos que se habían clavado en sus carnes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-7422645269872005096?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/7422645269872005096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=7422645269872005096&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7422645269872005096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7422645269872005096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/antonio-claret-2007.html' title='Antonio Claret (2008)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-442185286675117015</id><published>2007-09-18T04:04:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:04:28.022-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>Pequeño cuento físico II (2007)</title><content type='html'>Ya te has ido. Queda el rastro de tu chaqueta, la sombra del maletín de cuero raído, las ondas de tus palabras rebotando entre las paredes. Queda la huella del comportamiento ondulatorio de nuestro ir disimulando. Las risas ahogadas por la compostura –liberadas luego en la libertad de lo prohibido-, los besos rozando tus palabras. La justificación del deseo se cuece en las probetas. Me ahogo pensando en ti. Y los sabes, y no dices nada, porque no puede haber cabida aparente para nuestras teorías sin postulados, mera exaltación empírica de los sentidos, reprobación de la atracción de los cuerpos  y la seducción del alma entre oradores. &lt;br /&gt;Hay mucha, mucha más relación de la que parece entre el amor y el principio de incertidumbre de Heiddenberg.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-442185286675117015?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/442185286675117015/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=442185286675117015&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/442185286675117015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/442185286675117015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/pequeo-cuento-fsico-ii-2007.html' title='Pequeño cuento físico II (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-3009671136258421576</id><published>2007-09-18T04:03:00.002-07:00</published><updated>2007-09-18T04:04:40.678-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>Pequeño cuento físico (2007)</title><content type='html'>Te esperaba en casa, en enaguas y una de tus camisas olvidadas abierta sobre el pecho. Te esperaba. Empecé a fumar pese a que todo el mundo me había dicho lo mal que quedaba un cigarrillo entre mis dedos. Hasta tú, que normalmente eras el que liabas maría y otras hierbas para mí -tú pequeña, tu permisión, tu perversión-, te habías atrevido a comentar lo vulgar del humo nublando mis ojos. Abracé tu foto. Me volví loca. Llamé a tu móvil, incluso a tu casa. Salí a buscarte a la calle con la camisa aún desabrochada, con las vecinas contemplando fascinadas mis diminutas tetas blancas abandonadas sin el abrigo de tu lengua.&lt;br /&gt; Te esperaba ya por pura inercia, cual movimiento sin rozamiento alguno. Te esperaba, sin esperanzas ni promesas. Sabiendo que había tantas posibilidades de que aparecieses como negaciones posibles podíamos encontrarle a la teoría de atracción gravitatoria sobre el resto de cuerpos del universo. Los nuestros ya se hallaban fuera de ésta y de otras tantas teorías, derruidas a golpe de cama y libros de texto por miradas y palabras que no habrían de encajar nunca en la onda correcta. Entonces comprendí que quizá no nos amábamos tanto como para aguantar el qué dirán, como para que tú perdieras desde tu trabajo hasta tu sombra, incluida en el trayecto a tu dulce esposa y el respeto de tus hijos.&lt;br /&gt; Así te dejé ir, sin correr a buscarte ni plantear el amor nuestro como ecuación con solución comprendida en el campo de los números reales. Equiparando más bien el sentimiento al salto imposible de electrones a energías no cuantizadas. Aquel mismo día me di cuenta de que, a veces, una tiene que ser más caprichosa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-3009671136258421576?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/3009671136258421576/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=3009671136258421576&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3009671136258421576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3009671136258421576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/pequeo-cuento-fsico.html' title='Pequeño cuento físico (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-3962409766787374277</id><published>2007-09-18T04:03:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:03:33.167-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>-Lenguas Fluorescentes- (2006)</title><content type='html'>Lenguas fluorescentes. –Estamos hartos de chupar uranio.-Saliva nuclear. Babosear tóxico. Besos radiactivos. &lt;br /&gt; Amor empobrecido. Reacción en cadena. “nadie confía en la energía nuclear desde lo de Chernovill”. Nadie confía en nosotros desde que dije que me fusionaría o echaría tus residuos al mar. Podemos contaminar mucho. Matar mucho. Estoy harta de limpiar los tubos de ensayo hechos con neón porque los pones perdidos con tus sueños químico eróticos. Te tragarás una a una las páginas de los libros de Carver como sigas así.&lt;br /&gt; La empresa no se hace responsable de las consecuencias de la comunión de tu lengua entintada y mi lengua fluorescente. Reacción en cadena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-3962409766787374277?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/3962409766787374277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=3962409766787374277&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3962409766787374277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3962409766787374277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/lenguas-fluorescentes-2006.html' title='-Lenguas Fluorescentes- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6586785971809948978</id><published>2007-09-18T04:02:00.003-07:00</published><updated>2007-09-18T04:03:05.640-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>Esas criaturillas</title><content type='html'>Wolframio y Molibdena, la parejita. ¡Qué monos en el parque de uranio con cubiertas de antraceno! Los columpios cubiertos de trinitotolueno son más pegajosos y explosivos. Gritan y cantarrujean mientras chapotean en charcos de cloro y se arrojan puñados de magnesio a la cara.&lt;br /&gt; Argón, Radón y Xenón, sus amiguitos. Todos juntos bombardeando químicamente a Salicílica y su muñeca Carboxílica. Pobrecilla, siempre fue una extraña para los niños, los demás pequeños no toleraban su composición química de caja de aspirinas.&lt;br /&gt; ¡Qué guapos mis niños con sus monitos azules mientras chupetean biberones a 43 kelvin! Disolutos perfectos para la merienda. Ununquadium y Ununnilium para el niño y la niña. Adorables criujos con bocas repletas de migajas de galletas carbonadas. Azufre en el carricoche. Sonrisas nucleares en el electrocolumpio.&lt;br /&gt; “¡Nanananá!”, chillan saltando sobre páginas de libros arrancados y tablas periódicas. Molibdena atrapa uno de los globos de helio que flotan por el parque y se eleva por los aires. Los demás niños ríen a carcajadas. Bombardean con partículas aúricas el globo hasta hacerlo explotar. Molibdena cae, llorando. Sus lágrimas no contienen la cantidad de sale minerales que deberían, pero sí actinio, las examinaremos.&lt;br /&gt; Wolframio le tira de los pelos a Xenón y Radón corre en su ayuda, dispuesto a comprobar la conducción eléctrica de 440 voltios en el cuerpo de éste si no deja en paz a su hermanito.&lt;br /&gt; Mientras, Salicílica gime porque Molibdena –que ya ha dejado de llorar-, le ha quitado a Carboxílica y pretende ahogarla a fuerza de sumergir a la muñeca en una probeta.&lt;br /&gt; En el otro extremo del parque, Argón escupe a Radón con una pipeta, de modo que el pobre Radón acaba peleando a dos bandas: `por un lado con Argón y, por otro, con Wolframio, que aún no ha dejado de tirarle del pelo a Xenón.&lt;br /&gt; Finalmente, la descarga eléctrica se sucede. 440 voltios en el cuerpo de Wolframio. Argón lanza escupitajos con la pipeta a diestro y siniestro. Al muñeca Carboxílica está ahogada en formol. Salicílica, en un acto de valentía, se venga por la muerte de su muñeca arrancando electrones a Molibdena, quien queda reducida a un débil catión de su elemento.&lt;br /&gt; Los biberones de Ununquadium y Ununnilium se han derramado por el suelo. Mis niños gritan. Cuando ya han conseguido deshacerse de  sus respectivos agresores, ha empezado a llover. Introduzco mis manos en los guantes de hormigón y los acaricio desde el exterior del parque. Finjo quererlos mucho, mucho en realidad, como si de su madre química se tratara.&lt;br /&gt; Al fin, consigo ponerles pañuelos impregnados de arsénico en la cara.&lt;br /&gt; Salgo corriendo en cuanto caen dormidos. Lejos, muy lejos. Lejos de ellos y de sus pañales infectados. Iré a cualquier sitio en el que mis adorables criaturas no puedan encontrarme nunca.&lt;br /&gt; Wolframio y Molibdena, la parejita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6586785971809948978?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6586785971809948978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6586785971809948978&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6586785971809948978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6586785971809948978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/esas-criaturillas_18.html' title='Esas criaturillas'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6146763666889915918</id><published>2007-09-18T04:02:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T04:02:42.292-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>-Las niñas, la lluvia ácida y el proceso inverso- (2007)</title><content type='html'>Ahora los gusanos dirigen sus ojos de anélidos a  la tapa del féretro. El festín ha sido satisfactorio, sus barriguitas están llenas y las carnes descompuestas. Las pestilencias llenan los ataúdes, los huesecitos descarnados yacen sobre cómodos cojines de sepulcro. Las falditas de volantes quedan ridículas y harapientas sobre sus bellas dueñecitas esqueléticas. &lt;br /&gt;Las flores se han marchitado o han desaparecido por las lluvias. Ya no hay camelias ni ojos que lloren a las niñas porque todas las flores son peligrosas, porque todas las lágrimas son ácidas. &lt;br /&gt;Los ácidos caen de los cielos. Llueve sobre mojado, bendita sea la lluvia destructora. El sulfúrico hace emanar pestes del asfalto. El mármol se deshace en burbujas y las cruces se derriten. Las gotas penetran en la tierra destruyendo todo cuanto tocan. Desaparecen las lápidas, la arena, las tapas de las cajitas de madera.  Los restos de tejido se recosen por efecto aguja de los ácidos abrasivos. Se recomponen las falditas azules y éstas rodean los intestinos recién formados. La generación espontánea de vísceras se sucede. Las telas remendadas recubren su desnudez visceral hasta que aparece la piel –no sin algunas pústulas verdáceas-  por debajo de las faldas.&lt;br /&gt;Las niñas salen del suelo, de su agujero ex–tumba ahora corrompido por los ácidos. La primera bocanada de aire se atraganta en sus pulmones. Las pústulas de sus manitas revientan con la tos.  &lt;br /&gt;Ahora las niñas miran al cielo con sus ojillos reestrenados. Su putrefracción no huele a nenuco, sus faldas son harapos con los que limpiar alacenas, sus rostros no son angelicales de pómulos rosados. El pus se entremezcla con la sangre reseca y los granitos. Pero no importa, porque de nuevo las niñas miran al cielo y se distingue un poco de sol detrás de aquella nube. Se sonríen, cesa la lluvia. Corren cogiditas de la mano y muestran sus dientecitos amarillentos dentro de esas boquitas de labios sin pielecilla. La felicidad es sus rostros. La belleza es el ínfimo órgano que vuelve a latir dentro de ellas. Sienten amor por el mundo, felicidad por estar vivas, ya ni siquiera recuerdan cómo la no existencia les amargaba el alma. Ya ni siquiera sospechan que una vez no fueron. &lt;br /&gt;Sonríen al cielo. Chapotean en los charcos del campo santo. Cantan. Lalalalalá. No saben que ya cantaron, no saben que ya sonrieron.&lt;br /&gt;De pronto, alguien dispara. Se cierra el cielo, se marcha el sol, caen las nubes. &lt;br /&gt;Y llueve, llueve sobre mojado. &lt;br /&gt;Las niñas vuelven a sucumbir, lenta  y placenteramente, a la acción todo poderosa del hombre que acabó con el mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias al cielo que ya estaban cavadas las tumbas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6146763666889915918?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6146763666889915918/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6146763666889915918&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6146763666889915918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6146763666889915918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/las-nias-la-lluvia-cida-y-el-proceso.html' title='-Las niñas, la lluvia ácida y el proceso inverso- (2007)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-2274363425026601370</id><published>2007-09-18T03:59:00.001-07:00</published><updated>2008-12-09T19:16:56.557-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>-Las niñas y la lluvia ácida- (2006)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-v8T3-jpI/AAAAAAAAADE/CIUV8qsOdZo/s1600-h/las+niÃ±as.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111497552750874258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 215px; CURSOR: hand; HEIGHT: 143px; TEXT-ALIGN: center" height="178" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-v8T3-jpI/AAAAAAAAADE/CIUV8qsOdZo/s200/las+ni%C3%B1as.jpg" width="278" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Ahora, las niñas miran hacia el cielo. La lluvia les inunda los ojos y resbala por su garganta. Ríen y saltan. Abren la boca para tragar cada vez más y más lluvia. Giran sobre sus faldas y se cogen de la mano. Se las oye cantar por encima de sus chapoteos. No hay rayos ni tormenta, pero ellas solas bastan para iluminar el mundo con sus sonrisas melladas y falditas rosas. Juegan a la comba con los ojos repletos de lluvia pseudo-lágrimas que resbalan tiernamente por sus mejillas, como si sus pómulos fueran toboganes de parques acuáticos.&lt;br /&gt;¡Qué hermosos ángeles empapados!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, cuando lleguen a casa, notarán que algo les abrasa la garganta. Vomitarán una irrisoria papillita verde que apenas resaltará en la porcelana del váter. Comenzaran a rascarse los ojitos, enrojecidos, pero el picor será demasiado para solventarlos con sus manitas.&lt;br /&gt;Sus faldas empezarán a desgajarse mientras las purtuverancias y ampollas se adueñan de su pielecilla perfumada con nenuco. Deshechas, sin voz y sin lágrimas, pedirán ayuda las pequeñas. Más tarde las enlatarán en ataúdes blancos y las esconderán a dos metros bajo tierra. Allí estarán seguras. Allí la lluvia ácida no podrá alcanzarlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No salgan a la calle sin máscara antigas ni chubasquero de hormigón si ven que está nublado.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Ilustrado por &lt;a href="http://memyyokeandi.blogspot.com/"&gt;HiddenBoy.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://memyyokeandi.blogspot.com/"&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-2274363425026601370?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/2274363425026601370/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=2274363425026601370&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2274363425026601370'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2274363425026601370'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/las-nias-y-la-lluvia-cida-2006.html' title='-Las niñas y la lluvia ácida- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-v8T3-jpI/AAAAAAAAADE/CIUV8qsOdZo/s72-c/las+ni%C3%B1as.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-850516938424931891</id><published>2007-09-18T03:58:00.002-07:00</published><updated>2007-09-18T03:59:31.231-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Pequeños cuentos químicos'/><title type='text'>-Ácido-s (2005)</title><content type='html'>Esta mañana compré un juego completo de ácidos y corrosivos. Me había propuesto deshacerme de todo -o casi- lo que se interpusiera en mi camino. Primero me acordé de las dichosas motas de polvo de mi escritorio, recordé cuánto odiaba tener que limpiarlas. Tomé el primer botecito- un líquido azul burbujeante- y conté que caían tres gotas justas encima de las motas de polvo. En efecto, desaparecieron. El único problema fue que el ácido acabó también con la madera, originando un gran agujero justo en el centro del tablero, por el que se cuelan lápices y folios al más puro estilo agujero negro.            Tras ocultar el incidente del escritorio con una cartulina naranja debidamente&lt;br /&gt;colocada, pensé que podría destruir la cacerola de los guisos de mamá. El segundo cacharrito -fluido rosa con chispitas negras- sería el encargado de tal hazaña para el bien de la humanidad (no hay alma que soporte los guisos de mi madre en pleno verano). Veinte gotas fueron suficientes para hacer desaparecer todo el acero inoxidable, quedando sólo las asas como prueba del delito. Las escondí en el macetero de las begonias, no creo que nadie vaya a encontrarlas allí.&lt;br /&gt;Cuando coloqué en su sitio el macetero de begonias pensé que debería emplear&lt;br /&gt;los ácidos en cosas más importantes. Debería destruir objetos que en verdad molestaran en mi vida., cosas horribles causantes de pesadillas. Tras darle muchas vueltas decidí qué era lo mejor que podía hacer: eliminar todos los rastros de las personas que han echado a perder algún instante de mi vida. El líquido naranja-violeta se encargaría de ello. Ardía, el tarro desprendía calor, no podías tenerlo en la mano más de cinco segundos sin notar cómo se abrasaba la piel. Comencé por eliminar las cartas y las postales de vacaciones que una vez me enviaron con la esperanza de que yo hiciera lo mismo desde algún otro lugar de este planeta. Acidé fotos, revistas, discos, libretas y pétalos de rosas secas que hasta la fecha aún conservaba entre versos de neruda. Derretí el móvil porque no podía verter ácido sólo en ciertos  mensajes, eliminarlos no hubiera sido ni la mitad de romántico. Hice otro tanto con el ordenador, que se esfumó formando una masa viscosa de cables y teclas. Luego acabé con el televisor y con todas las películas que sabía eran las favoritas de algún conocido.&lt;br /&gt;Por último, me abalancé sobre el teléfono. Me resistí, aguanté las ganas de acabar con dicho objeto hasta que llamara alguien. Yo no quería que fuera ella, juro que no quería que fuera ella. Había rezado por que llamara cualquier persona menos ella. No podía echarme atrás. Contesté a sus preguntas adoptando el tono más ácido que pude. Le dije que viniera, a las cuatro, aquí. Una vez en mi habitación anduvo curioseando, se dio cuenta de la inminente desaparición del ordenador, también quiso saber qué le había pasado a mi teléfono móvil. Pero sin darle demasiada importancia, con esa inocencia suya y sus ojos prisioneros observando cada uno de mis movimientos.             Estaba de espaldas, levantando la cartulina que ocultaba el agujero del escritorio.&lt;br /&gt;No le dio tiempo a preguntar el por qué de aquello. Ya empezaba a derretirse cuando quiso volver la cabeza. Cuando su cuerpo quedó reducido glutinosa papilla a los pies de mi cama, me di cuenta de que a mí también se me estaban abrasando los dedos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-850516938424931891?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/850516938424931891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=850516938424931891&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/850516938424931891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/850516938424931891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/cido-s-2005.html' title='-Ácido-s (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-4854254337609813036</id><published>2007-09-18T03:58:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T03:58:19.949-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Toma inédita de Los Chicos de la Escuela de Arte-</title><content type='html'>Los chicos de la escuela de arte nos miraban desde el otro lado de la carretera. Su art-vision les permite ver a través de tu ropa. Se deslizan por tu piel y se marean con tus pezones. más aún, pueden atravesar con las pupilas tu carne, tu piel de body milk, y escrutar tus vísceras. Su órgano favorito es el intestino grueso (se puede saber mucho de una persona por lo que desecha), aunque hay quien prefiere un viaje pancrático. Los chicos de la escuela de arte nos enseñaron a sobrevivir (vivir es otra cosa que ni ellos mismos saben cómo se hace). POr último, nos enseñaran a alimentarnos de pintura sin morir en el intento. Óleo para desayunar y ceras manley en tu boca. Los chicos de la escuela de arte pueden fragmentarse en mil pedacitos y que disfrutes con ello. Puede que no respires mañana por la mañana, pero... ¿qué puede preocuparnos a nosotras, chicasultrasónicas? (hay mil cosas que tienen que diferenciarnos de ellos, a veces es preferible dejarlos en su estúpida ignorancia sabiendo que nosotras sí conocemos el secreto, podremos crear/imaginar más de lo ellos podrán nunca limitar).&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-4854254337609813036?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/4854254337609813036/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=4854254337609813036&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/4854254337609813036'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/4854254337609813036'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/toma-indita-de-los-chicos-de-la-escuela.html' title='-Toma inédita de Los Chicos de la Escuela de Arte-'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-215344715862110842</id><published>2007-09-18T03:57:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T03:57:41.497-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Los chicos de la Escuela de Arte y la Escritora Poseída-</title><content type='html'>Todo andaba en relativa calma en la Escuela de Arte cuando, de repente, una escritorcilla enloqueció de amor. Los demás, creyéndola víctima de la posesión de algún demonio, corriendo a exorcizarla usando papeles de acuarela cual sagradas formas.&lt;br /&gt;            Nadie supo de su amor, sólo el implicado y aún ni éste. A la chica le gustaba que el susodicho le mordiera los tobillos. Para su desgracia –y su pérdida de cordura-, esto sólo había sucedido una vez y no podría jurar que él no se encontrara bajo el efecto narcótico.&lt;br /&gt;            “Sólo me enamoro de entelequias”, escribió con acrílicos robados en las paredes de la biblioteca. Luego usurpó todo el vino barato que guardaban los pintores y atrapó a una poetisa a la que lloró todas sus penas sin que el amor apareciera una sola vez en sus labios. “Hay cosas que ha de llevarlas una sola, con dignidad, con la cabeza alta”, se decía. Lo que no había calculado es que hay sentimientos demasiado pesados para cargarlos una sola.&lt;br /&gt;            Cuando hubo acabado la narración de sus desdichas, intentó besar a la poetisa. Ella se dejó, embriagada como estaba por el olor a alcohol y las palabras de la escritora. Cuando se separaron del beso, la poetisa fue corriendo al aseo a retocarse los labios, con lo que la escritora llorona se quedó sola, intentando reventar sus recuerdos como si de granos con pus se tratara.&lt;br /&gt;            Él hacía de mimo en el jardín. Mimaba no recordar nada del día en que metió los tobillos de letras en su boca. También puede que fuera verdad y que no lo recordara. Había aprendido a no enamorarse de cada cosa que se llevaba a la boca y eso le daba cierta ventaja sobre ella.&lt;br /&gt;            Pese a que la chica evitaba pasar por el jardín para no toparse con el objeto de su desgracia, era inevitable que no se encontraran por la casa de cuando en cuando. Se sonreían quedamente y se decían buenos días, buenas tardes o buenas noches según conviniera Así siempre, sin un suspiro de más ni parpadeos de menos.&lt;br /&gt;            Es normal que en este estado de absoluta corrección y normalidad l chica haya acabado por enloquecer. No es la segunda o la tercera vez que le pasa, tiene listas completas de personas que no la amaron. Algunos son actores de cine, otros simples perfiles de estudiantes que aparecieron por la biblioteca y –los más dolorosos-, esos otros que había tenido entre sus brazos pero que se escurrían como si fueran pastillas de jabón. Pobre muchacha, tantos como hay que darían su vida por ella y siempre tan obstinada en llorar a causas perdidas.&lt;br /&gt;            No habiendo mejorado su estado con los exorcismos contra el ansiarte celebrados por el grupo de malabaristas, la escritora, la pobre, sigue gimiendo en su mar de lágrimas y desdenes. Con sus tobillos abandonados y un mimo que mima que nunca ha hecho globoflexia para ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-215344715862110842?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/215344715862110842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=215344715862110842&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/215344715862110842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/215344715862110842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/los-chicos-de-la-escuela-de-arte-y-la_18.html' title='-Los chicos de la Escuela de Arte y la Escritora Poseída-'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-7034714639613879512</id><published>2007-09-18T03:56:00.002-07:00</published><updated>2007-09-18T03:57:08.892-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Los Chicos de la Escuela de Arte y la Inspiración- (2005)</title><content type='html'>Y ahora... ahora todo anda mal en la Escuela de Arte. La primera en percatarse de tan cruel abandono fue una de las escultoras. Todo el mundo dormía, los cuerpos de los artistas estaban tirados en el primer rincón en que cayeron tras la fiesta de la noche anterior. Ella, la escultora, se despertó la primera y sintió ganas de moldear arcilla. Preparó los materiales y,  justo cuando iba a hacer la primera hendidura paró en seco. ¿Qué era lo que iba a hacer? Se detuvo a pensar y miró detenidamente la arcilla. “¿Qué veo yo ahí?” se dijo como tantas otras veces, esa técnica solía resultarle bastante útil. Esta vez no veía nada. Se frotó los ojos. “Nada de nada, sólo es arcilla”, pensó. ¿Cómo era posible que  pensara eso? Ella que siempre encontraba algo que hacer con cualquier materia moldeable. Dejó a un lado la arcilla y buscó alambre para hacer unas figuritas. “Horrible”, se dijo al poco de empezar. “Horrible y aburrido”.&lt;br /&gt;            Ya había unos cuantos artistas más despiertos. Siguiendo su rutina creativa, se dispusieron a entregarse a sus distintas labores. Los lápices comenzaron a quebrarse en las manos de los dibujantes que arrancaban hojas sin parar, los escritores no pasaban de la quinta  palabra y a los actores se les trababa la lengua. Nadie entendía qué estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;            Fue una de las bailarinas quien dio la voz de alarma. Se puso a gritar como una loca y, en mitad de un ataque de histeria, consiguió explicarles que la noche antes había creído ver  a la Inspiración saliendo por la puerta. Una esquinita, sólo había visto una esquinita, pero estaba segura de que era ella.&lt;br /&gt;            Nervios, titubeos y dudas se adueñaron de los chicos de la Escuela de Arte. “No, no puede ser”, dijo un mimo antes de desmayarse.&lt;br /&gt;            Decidieron crear patrullas de búsqueda para dar con ella. Removieron cada ladrillo del edificio y rebuscaron entre las hierbecitas del jardín con intención de encontrarla. Ni rastro. Gastaron todas las mañanas de esa semana buscando a  la Inspiración. Ni una carta de despedida, ni un pelo abandonado. La condenada se había marchado sin dejar huella.&lt;br /&gt;            Intentaron reemprender sus actividades sin ella. Pero era inútil, imposible crear algo ni siquiera mediocre si no estaba. La desesperación y la desesperanza fue inundando la Escuela.&lt;br /&gt;            Ahora todo va mal en la Escuela de Arte. Las pinturas se están secando mientras ellos se tiran de los pelos. Los lienzos lucen inmaculados en la entrada, mostrando la parálisis que engulle a los chicos.&lt;br /&gt;            ¿Qué? ¿Qué pintar? ¿Qué hacer?&lt;br /&gt;            Deambulan por la casa buscando un solo objeto que les sugiera algo. Nada, nada. Suspiros y miradas suicidas.            &lt;br /&gt;            A veces creen haber encontrado la inspiración y corren apresurados a tomar apuntes de la idea originaria. Luego se dan cuenta de que no era una idea tan buena como creían y arrugan el folio exasperados.&lt;br /&gt;            Vagan como zombis por la casa, tropezando con más y más desolación a su paso: escritores a los que les duelen las muñeca y no pueden sujetar la pluma, bailarinas descalzas que tropiezan y lloran al caer, escultores que sollozan sobre el barro seco, poetas sin rima, actores que olvidan el texto y confunden a Hamlet con Chéjov, músicos con las cuerdas de la guitarra rotas y un sin fin más de artistas acurrucados y lloriqueando en los rincones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Los chicos de la Escuela de Arte encontraron un capazo en la puerta dos semanas después de la partida de la Inspiración. El capazo estaba lleno de sábanas, algo se movía entre ellas. Destaparon y  se encontraron con una pequeña bebita toda ojos que los miraba. Una de las bailarinas la tomó en brazos y comenzó a hacerle cucamonas, la pequeña se reía y la bailarina soltó la primera sonrisa en dos semanas. Las risas retumbaron en el edificio. Nadie había vuelto a reír allí dentro desde la partida de la Inspiración. La niña comenzó a llorar y alguien dijo que necesitaría leche.&lt;br /&gt;Tras alimentarla, se convocó asamblea general para tratar qué sería de la criatura. Colocaron a la niña en el centro de la sala dentro de su capazo. Antes de comenzar la reunión, la mayoría de los chicos se acercaron a hacerle mimos y dejarse observar por aquellas dos gigantescas lunas que eran sus ojos.&lt;br /&gt;Mientras cada uno exponía su opinión, la niñita hacía pedorretas con la boca y algunos de los chicos abandonaban sus asientos para ir a decirle “Ajo” con cara de pavos. La pequeña carcajeaba y ellos también lanzaban su media sonrisita.&lt;br /&gt;Se propusieron distintas opciones, tales como entregarla a la policía y llevarla a un orfanato o ser ellos mismos quienes les buscaran un hogar.&lt;br /&gt;Uno de los poetas, el más tímido de todos los chicos de la Escuela de Arte, levantó la mano y titubeó:&lt;br /&gt;-¿Y por qué no se queda aquí?&lt;br /&gt;La chiquita respondió con un gritito y más pedorretas, seguidas de una carcajada general. De este modo se dio por zanjada la cuestión y todos se pusieron manos a la obra para arreglar una de las habitaciones donde acomodar a la pequeña.&lt;br /&gt;Una bailarina y un poeta fueron nombrados cuidadores oficiales de la criatura mientras los demás trabajaban para prepararle una habitación cuanto antes. Ella la llevaba en volandas hasta la cocina, donde el poeta preparaba biberones y versos con que alimentarla.&lt;br /&gt;            El arquitecto diseñó una estupenda cuan con todos los accesorios que un bebé necesita. Los escultores materializaron el proyecto en madera y látex y los pintores la decoraron con miles de colorines. Acabada la cuna, construyeron un armario  y un balancín desde el que le leerían cuentos. El dibujante de cómics pintó una cenefa de gatitos en la pared, los actores ayudaron a colorearla. Los músicos se dedicaron a buscar la mejor música clásica en su discoteca, por aquello que se dice de que los niños son más inteligentes si escuchan Mozart desde la cuna.&lt;br /&gt;Mientras trabajaban, tuvieron varias reuniones para tratar el asunto del nombre. Discutieron durante horas y elaboraron mil listas distintas. Los nombres de todas las ninfas de la mitología, célebres escritoras, musas de grandes artistas, incluso onomatopeyas o ristras de consonantes impronunciables son sólo algunos de los ejemplos que llovieron en la tormenta de ideas. &lt;br /&gt;La Escuela de Arte quedó dividida por aquel asunto –casi se pelearon los defensores de un nombre con los del otro- así que resolvieron no ponerle ninguno por el momento. Acabaron por referirse a ella como “la niña”, incluso “la ninfa” le decían los más utópicos.&lt;br /&gt;Entre llantos y pañales sucios, los chicos de la Escuela de Arte y ano tuvieron ni un momento libre. Hacían turnos para atender y entretener a la criatura. Se alternaban para bañarla, darle de comer y atender su llanto por las noches. También organizaron s entretenimiento de acuerdo con su especialidad. Los músicos tocaban nanas para que se durmiera y la despertaban con las mejores cancioncillas infantiles, mientras las bailarinas sonreían y danzaban a su alrededor. Los escritores le leían cuentos que ellos mismos escribían. Los poetas adaptaron sus versos a temáticas infantiles.&lt;br /&gt;El arquitecto, escultores y pintores, continuaban diseñando mobiliario para el cuarto: la bañera, mesillas, una mesita... hasta acabar dedicándose por entero a la elaboración de juguetes. Los actores desarrollaron técnicas de clown y pantomima con las que entretenían a la pequeña. Uno de los chicos tenía maña con aguja  y tijeras, entre él y uno de los actores diseñaron y elaboraron  trajecitos y patucos. El resto de los chicos de la Escuela de Arte se dedicaba a pintar pósters y dibujos con los que decorar la habitación o, simplemente, se pasaban horas absortos plasmándolos gestos y posturas de la niña en sus lienzos y libretas.&lt;br /&gt;            Desde su llegada no faltó ánimo ni alegría en la Escuela. Se dedicaban en cuerpo y alma a ella. Incluso el faquir, que en un principio no sabía que podía aportar él a un ser tan pequeño, se convirtió en un gran “padre” para la niña. Él era el que la entretenía y sacaba a pasear mientras los demás elaboraban cosas para ella o continuaban con su reemprendida carrera artística.&lt;br /&gt;Se les caía la baba con ella.&lt;br /&gt;            La pequeña crecía sana y feliz. Las bailarinas le ayudaron a dar sus primeros pasos y gatearon junto  a la niña por toda la casa, hecho que fue celebrado con lienzos conmemorativos y video-arte.&lt;br /&gt;            En la Escuela de Arte comenzaron a preocuparse en su cuarto cumpleaños. Ya debía haber dejado atrás los primeros balbuceos, pero la pequeña nunca había dicho nada. Nada, ni la mínima pronunciación de un vocablo conocido, ni un sonido vocálico. Sólo risas y sonrisas. Los chicos intentaron hacerla hablar de mil maneras distintas, los músicos pasaban largas horas cantándole canciones y las actrices intentaban hacerle ver cómo debía colocar la lengua para vocalizar correctamente. La niña los miraba y reía, pero no intentaba imitarlos. Al final acababa aburrida, desviando su atención a cualquier juguete que tuviera a mano.&lt;br /&gt;            Las sesiones para hacerla hablar se intensificaron. Pasaban hasta tres horas diarias con ella intentando que dijera algo. Nada, al final lo único que consiguieron fue aburrid de tal modo a la chiquilla que comenzaba a llorar nada más ver a sus “instructores” cruzando el umbral. Los chicos de la Escuela, que no podían soportar verla sufrir así, decidieron dejar a un lado las clases de habla, ya hablaría cuando ella quisiera.&lt;br /&gt;            A los seis años decidieron que había que empezar a instruirla seriamente en las distintas artes. La niña no tenía paciencia para nada. Los músicos fracasaron en su intento de enseñarla a tocar el piano, los escritores y poetas desistieron en su empeño de que escribiera algo por sí sola, las actrices y bailarinas la instruyeron en música y danza, pero ella enseguida se cansaba y prefería sentarse a contemplar y aplaudir entusiasmada una vez acabada la función.Por último, pintores y demás nunca consiguieron que pasara de garabatear papeles y hacer figuras sin sentido con plastilina.&lt;br /&gt;            A veces llegaba a exasperar de tal modo a los artistas con su poca paciencia que los pobres acababan por reprenderla. Ella soltaba unas lagrimitas y ellos enseguida se arrepentían de haber levantado un poco la voz e iban a consolar a su musa.&lt;br /&gt;            La pequeña siguió sin mostrar interés alguno por ser creadora en cualquiera de las artes. Al final optó por picotear de aquí y allá. Hacía unos garabatos o tocaba cuatro acordes al tuntún con la guitarra. Nada se le daba especialmente bien, sobre todo porque no solía aguantar más de media hora seguida con la misma actividad.&lt;br /&gt;            Lo que verdaderamente la entusiasmaba era pasearse por la casa curioseando qué hacían unos y otros. Los chicos le mostraban sus creaciones, que ella criticaba sabiamente sólo con gestos. La mayoría de las veces incluso le pedían que se quedase un rato con ellos para ayudarlos a mezclar las pinturas o montar el escenario de la próxima función. Disfrutaban de su compañía  y  se embriagaban de su inspiración. Ella solía tumbarse entre cojines mientras los chicos de la Escuela de Arte la miraban mientras continuaban sus obras. Retratos, esculturas, canciones, poemas cuentos y hasta algunos gestos y pasos de baile nacían y de la observación de la pequeña, que ya no lo era tanto.&lt;br /&gt;            Fue una adolescente bonita, que se turbaba cuando veía alguno de sus retratos desnuda. Creció hasta convertirse en la mujer joven y hermosa que es ahora. La chica que se ha ganado el amor de todos los chicos de la Escuela de Arte, la musa a la que dedican todas sus  obras. Siempre lleva flores enredadas en el pelo y le gusta perseguir a los pájaros del jardín. Sigue aplaudiendo cuando algo la entusiasma sin necesidad de palabras, con los ojos bien abiertos y sonrisas para todos.&lt;br /&gt;            En la Escuela de Arte ya no se acuerdan de cuando los abandonó la Inspiración.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-7034714639613879512?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/7034714639613879512/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=7034714639613879512&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7034714639613879512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/7034714639613879512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/los-chicos-de-la-escuela-de-arte-y-la.html' title='-Los Chicos de la Escuela de Arte y la Inspiración- (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6410427916213465113</id><published>2007-09-18T03:56:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T03:56:28.654-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Reivindicación en la Escuela de Arte- (2005)</title><content type='html'>Unas cuantas actrices insatisfechas reclamaron su derecho a ser consideradas también arte. Es decir, que no se tomara la palabreja “arte” a la ligera, para designar sólo a pintores, escultores y artes plásticas en general. Y, por supuesto, que se dejara de denominar como “Bellas Artes” a lo relacionado con las materias antes citadas, pues así parecía que escritura, cine, teatro y demás no son arte ni bellas y, según el manifiesto que estas piradas redactaron, se debe considerar tan arte uno como otro, reclamando su derecho a entrar en la Escuela de Arte si no se le cambiaba el nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Los chicos de la Escuela de Arte cedieron, aceptaron que el arte era mucho más amplio que su mundo plástico y decidieron integrar a otros artistas en el espacio físico del Centro Artístico No Convencional. Entraron, primero, las actrices revolucionarias que habían conseguido la inserción, seguidas de un sin fin de llamados artistas. Así, el centro se llenó de escritores antropófagos vigilando desde las esquinas, a la espera de que una nueva presa quedara atrapada entre sus páginas con tinta-sangre (la misma que capturaban los mosquitos de noche). Los poetas recitaban en el cuarto de baño. Directores de cine cortaban los pasillos para hacer ciento una toma de su próximo corto, mientras de fondo se escuchaba el click´de las cámaras de los fotógrafos con síndrome japonés en los dedos. Los músicos pretendían llenarlo todo con pitidos y alaridos. Las bailarinas colgaban de las lámparas. Arquitectos locos se movían de aquí para allá mostrando sus maquetas de proyectos imposibles a quien quisiera escucharlos, colgabn de las paredes planos llenos de ascensores que subían hacia abajo y tejados subterráneos. Los actores habían tomado el control del patio y la cocina, tan pronto estremecían a todo el edifico declamando un hamlet mientras preparaban una tortilla, como vagaban por el jardín, agarrados a cuerdas invisibles o subiendo interminables escaleras imaginarias pendientes del techo.&lt;br /&gt;            Al principio se dejó muy claro que sólo podrían entrar quienes se dedicaran a una de las siete artes establecidas: pintura, escultura, arquitectura, música, teatro, danza y cine. Pero pronto se dieron cuenta de que ellos mismos eran también fotógrafos o creadores virtuales, con lo que llegó la discusión entre los primero miembros de qué es o no arte. Acabaron por dar por absurdo aquel debate, permitiendo la entrada a aquel que fuera realmente un artista, independientemente de qué fuera lo que hiciera&lt;br /&gt;            En la Escuela de Arte ahora viven todos apretujados. Menos espacio, pero más oxígeno del que respirar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6410427916213465113?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6410427916213465113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6410427916213465113&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6410427916213465113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6410427916213465113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/reivindicacin-en-la-escuela-de-arte.html' title='-Reivindicación en la Escuela de Arte- (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-2438819983436591296</id><published>2007-09-18T03:55:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T03:55:58.757-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Los Chicos de la Escuela de Arte y las picaduras de mosquito- (Verano 2005, Expreso Sevilla-Cádiz)</title><content type='html'>La adaptación estival de los chicos de la escuela de arte es harto curiosa. Desde el Centro Artístico manejan sus instrumentos. Dicen que allí pintan al óleo mientras beben limonada, que desde allí organizan excursiones al río y viajes en tren para tomar apuntes y bocetos en oros parajes. Así es en realidad, en verano es fácil ver a muchos de ellos en estanques, lagos, montañas o ciudades de toda Europa. Duermen en trenes sin coche cama y se alimentan en parques a imitación de las palomas. Son fáciles de identificar entre el enjambre de niños y turistas. Mochila y libreta bajo el brazo. Si embargo, quedan otros. Ésos que no pueden escapar de la ciudad en julio ni en agosto, teniendo que soportar el tedio de la metrópolishorno a base de cosas que os juro no son precisamente limonada. &lt;br /&gt;Acercarse al Centro Artístico es siempre peligroso, pero ahora, en verano, estando casi vacío lo es más aún. Suelen quedarse los especimenes más peligrosos y, de no serlo, sin duda el verano los trasforma y los performa hasta convertirlos en seres repugnantes, derretidos de sudor con las pupilas dilatadas de tanto observar y buscar escapatorias posibles,  con los lienzos abandonados y el carboncillo mordido de desesperación. Arcilla reseca tirada por el suelo. Bosques de hojas de bloc garabateadas.&lt;br /&gt;Sólo en un cuarto parece que recobran su particular cordura y capacidad de análisis artístico, allí tienen guardados –etiquetados y clasificados- cientos de mosquitos. Mejor dicho, mosquitas amaestradas, pues es la hembra de esta especie la encargada de buscar alimento en sangre humana, siendo tan clásica como molesta la presencia de dichos bichitos por esta época. Las sueltan al caer la noche, las enseñaron a no detenerse en las farolas ni entretenerse con estúpidas luciérnagas. Van a por ti. Succionaran tu sangre, eres el elegido, siente cómo el privilegio penetra en tu carne y te roba unas gotitas de tu ser. Un, dos , tres, cuatro o quinientas picaduras, dependiendo siempre del tamaño de la obra maestra. Succionan y transportan tu sangre. Pica, sí, escuecen incluso más que las picaduras de mosquitos convencionales, ésos que sólo usurpan la sangre necesaria para su supervivencia, al contrario de estos, que van a por todas, a exprimirte y sacar el máximo jugo posible. Antes de amanecer, regresan al cuarto, ala este, del Centro Artístico. Allí los chicos de la escuela de arte extraen de su s picos las gotitas de sangre y los recompensan con glóbulos rojos sintéticos y oxigenados, mucho más deliciosos que la sangre humana.&lt;br /&gt;Con dicha materia prima pan el día realizando litografías en rojo o pigmentando nuevos materiales. Fabrican óleo sanguinolento para pintar lienzos tamaño pared, por eso el número de picaduras depende siempre de las dimensiones de la obra maestra que, como vemos, suele ser gigantesca. Los chicos alegan que la sangre es bella, que se trata de un tono exacto de rojo muy difícil de substraer de otro modo. Aunque en realidad sabemos que se trata de pura simbología.&lt;br /&gt;Suelen mandar a sus mosquitos a la caza de las chicas que más les gustan de la piscina, a por aquella persona que les llamó la atención en el metro, a esa ancianita de camisetita púrpura o el bebé llorón. No cazan deliberadamente sangre de cualquiera, ellos son selectos y ordenados en la persecución del desorden. Eligen a su víctima y la cazan. Tú puedes ser el próximo. No sabes lo mal que  les sienta que alguien mate a sus animalitos con insecticidas ni cremas repelentes. Entrégate voluntariamente y déjate hacer. Que no se te ocurra aplastar uno de un manotazo. Van a por ti y van a conseguirte.&lt;br /&gt;            LA picadura por el arte. La sangre por el arte. El arte por el arte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-2438819983436591296?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/2438819983436591296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=2438819983436591296&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2438819983436591296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/2438819983436591296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/los-chicos-de-la-escuela-de-arte-y-las.html' title='-Los Chicos de la Escuela de Arte y las picaduras de mosquito- (Verano 2005, Expreso Sevilla-Cádiz)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-9138020895602974207</id><published>2007-09-18T03:53:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T03:55:11.224-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='En la Escuela de Arte'/><title type='text'>-Los Chicos de la Escuela de Arte- (2005)</title><content type='html'>&lt;a href="http://userpic.livejournal.com/39646595/6393197"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 156px; CURSOR: hand; HEIGHT: 132px; TEXT-ALIGN: center" height="156" alt="" src="http://userpic.livejournal.com/39646595/6393197" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Los chicos de la Escuela de Arte siempre piden más y más. Más aún. mucho más que los físicos o los filólogos. Los chicos de la escuela de arte son monstruitos insaciables que se agazapan de día para robar tus ideas de noche. Sus corbatas chillonas y las manchas de pintura en los pantalones denotan su peligro. La naturaleza es sabia. Les reconocerás por sus ojos, sus pupilas chiquitas, a veces, de contemplar cuidadosamente la obra de Cezane, otras enormes tras admirar el tiburón en formol de un tal Hirst.&lt;br /&gt;Los chicos de la Escuela de Arte se encuentran en todos lados. Incluso tu novio, tu hermano o tu abuela puede ser uno de ellos. Resultan peligrosos. Amenazan con grabar tu cara en un retrato cubista, con plasmar tus manos en un lienzo roto. Anuncian la caída de la vida y un paso a no sé qué espiritualidad del arte. Quieren crear una secta o una religión politeísta.&lt;br /&gt;Los chicos de la Escuela de Arte tienen sueños febriles cuando hay luna llena, se dedican a corromper mariposas para retratar la tristeza de su vuelo o hacen "atrocidades" para una performance.&lt;br /&gt;Cuida que no haya un chico de la Escuela de Arte bajo tu cama cuando vayas a acostarte. Corres el peligro de que te asalte dormido, extienda su paleta sobre tu cama y te utilice como soporte de sus óleos. Pintará flores en tu pecho y culebras en tu pubis.&lt;br /&gt;Si tienes suerte no te tocará uno de esos locos del dibujo técnico, que se valen de distintas herramientas para trazar líneas con total precisión. Aún no conoces la sensación del compás clavado en tu estómago, mientras escuadra y cartabón trazan perpendiculares en tus piernas. No sabes lo que es que un artistavampiro chupe tus heridas para escupir la sangre a un lienzo en blanco.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-9138020895602974207?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/9138020895602974207/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=9138020895602974207&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/9138020895602974207'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/9138020895602974207'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/los-chicos-de-la-escuela-de-arte-2005.html' title='-Los Chicos de la Escuela de Arte- (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6780054015376777226</id><published>2007-09-18T03:36:00.000-07:00</published><updated>2008-12-09T19:16:57.485-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De Amore'/><title type='text'>-Práxedes y Kla- (2005)</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-qdT3-jlI/AAAAAAAAACk/INF5Cz8SSHk/s1600-h/pyk.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111491522616790610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-qdT3-jlI/AAAAAAAAACk/INF5Cz8SSHk/s200/pyk.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Práxedes era un niño tremendamente curioso, más curioso aún de los que son los niños a los seis años. Él no sólo andaba preguntando a todas horas qué es esto o para qué sirve lo otro, buscaba hechos, buscaba comprobar las respuestas y demostrar su veracidad. Quería sacar conclusiones, experimentar e intentar solucionar por sí mismo todas sus dudas e interrogantes. La cantidad de preguntas que llegaba a hacer al cabo de un día era tan apabullante que sus padres decidieron regalarle una estupenda enciclopedia donde pudiera consultar sus dudas sin molestarlos.&lt;br /&gt;Cuando su madre le dijo que esperaba un hermanito y él pronunció la consabida pregunta: “¿De dónde vienen los niños?”, le respondieron con la consabida respuesta: “Los trae una cigüeña de París”. El pequeño pasó las tardes de varias semanas en la terraza, esperando que el pajarito le trajera a su hermano. Viendo que el ave no llegaba y que su madre engordaba de forma descomunal, se lanzó a buscar información en su enciclopedia sobre las cigüeñas. No encontró nada de especial utilidad, excepto que en latín era Ciconia ciconia, ¿tendría ese latín algo que ver con París?, ¿y con el sobrepeso de su madre? Preguntó en casa qué era eso de latín, a lo que su padre respondió: “Es una lengua muerta”. Esto causó pavor al chiquillo, que temió que su lengua pudiera enfermar y morir, convirtiéndose en latín algún día.&lt;br /&gt;La idea de la cigüeña acabó por resultar totalmente inverosímil. Le preguntó a su madre que qué era lo que le pasaba, ¿por qué engordaba de esa manera? Ella contestó, sin dar más explicación, que estaba embarazada. El pequeño había oído un par de veces esa palabra, pero no tenía ni idea de qué significaba. Buscó la palabra en su enciclopedia, embarazada no aparecía, pero encontró una parecida: “embarazo”. El texto estaba lleno de palabrejas como “útero” o “feto”, ¿qué quería decir todo aquello? No entendía nada. Se dirigió primero a sus padres, que hicieron caso omiso a sus preguntas. Viendo que en casa no obtendría cuantas respuestas necesitaba, decidió consultar a la persona más sabia que conocía: la maestra.&lt;br /&gt;La maestra sonrió al verlo sacar su pesada enciclopedia de la mochila y ponerla sobre la mesa. Había señalado todas las palabras que no comprendía. Ella supo explicarle todo aquel asunto del embarazo, le aclaró que las cigüeñas no tenían nada que ver. La buena mujer, que había puesto todo su corazón en explicarle al niño el proceso del embarazo y la concepción sin ocultar nada, se sintió profundamente ofendida cuando éste le pidió ver una vagina para poder hacerse exactamente a la idea de cómo sale el bebé de la madre. La maestra no tardó en llamar a los padres y recomendarles que le pusieran un psicólogo. “Es bueno que pregunte e investigue, pero hasta cierto punto”, fueron sus palabras.&lt;br /&gt;Junto al cúmulo de preguntas propias de un niño, como la de los bebés o por qué vuelan los pájaros, encontramos otras incógnitas menos comunes: por qué se rompen los platos al chocar contra el suelo (realizó diversos experimentos para comprobar si siempre sucedía esto, el resultado fue acabar con la vajilla al completo); por qué tenía que tenerle miedo al coco (lo cual no pudo demostrar, ya que pasó una noche entera esperándolo y no se dignó a aparecer); por qué notamos cuando alguien nos está mirando, o por qué se ve el mundo deformado al mirar a través de una botella. Para la mayoría de sus preguntas acabó encontrando respuesta y un hecho concluyente que la apoyaba. Otras, como las anteriores, fueron cuidadosamente apuntadas en una libreta, donde archivaría todos los enigmas sin resolver.&lt;br /&gt;A los siete años su psicólogo había conseguido que dejara de preguntar tanto, aunque su cabeza seguía tan llena de dudas como antes. El número de preguntas se redujo, por preinscripción médica, a cinco al día. Este progresivo abandono de intentar encontrar respuestas en el exterior hizo que su colección de enigmas sin resolver aumentara. Demasiadas dudas pueden ser peligrosas en la mente de un niño.&lt;br /&gt;Pero Práxedes no era sólo un filósofo de siete años, en las horas de un niño cabe todo el tiempo del mundo. El pequeño preguntaba, cavilaba y reflexionaba, pero también correteaba en el parque, jugaba al balón, se ilusionaba o lloraba. Fue justo en su octavo cumpleaños, cuando su número de preguntas/día había sido restringido y parecía que dedicaba menos tiempo a preguntar y más a jugar, cuando apareció la más grande de las preguntas que albergaría su cabecita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Práxedes esperaba impaciente la llegada de su cumpleaños. Ocho, por fin ocho años. Su madre le había prometido que ese año le regalarían la bicicleta.&lt;br /&gt;Él sabía montar bastante bien, su primo Carlos le dejaba montar en la suya. Todas las tardes de verano paseaban con ella en el parque, lo pasaban en grande.&lt;br /&gt;Ahora Carlos estaba en el hospital, los mayores no le dejaban ir a verlo. Éste iba a ser un cumpleaños bastante triste, lo pasaba tan bien con su primo... Aún así, se sentía feliz, le iban a regalar una bicicleta. Cuando Carlos volviera podrían hacer carreras con las dos bicis. Seguro que su primo ganaría siempre las primeras, porque la práctica había hecho que pedaleara realmente deprisa, pronto él también sabría pedalear a esa velocidad y sería complicadísimo decidir quién había ganado, igual que pasaba en las carreras de la tele. Ya no tendrían que volver a pelearse nunca más por quién pasaba más tiempo montado.&lt;br /&gt;Antes de dormir pensaba en cómo sería su ansiada bicicleta, tal vez fuera una bonita mountan-bike roja o azul. Le gustaría que fuera azul, con el manillar y el sillín de goma negra. Los primeros días olería a nueva, a goma recién fabricada. La gente se daría cuenta de que era nueva por el olor y sus amigos le pedirían que les dejara dar una vuelta. Cuando crecieran un poco él y su primo habrían montado tanto que tendrían los músculos de las piernas igualitos a los de los ciclistas de verdad, todas las chicas querrían ir con ellos a dar una vuelta y podrían hacer excursiones en bici, incluso puede que dieran la vuelta al mundo pedaleando. Sería genial, tendría ocho años y una bicicleta, sólo faltaba que Carlos volviera pronto.&lt;br /&gt;La tarde de su cumpleaños invitó a todos sus amigos a merendar. Tía Ágata había preparado una gran tarta de chocolate, su padre había colgado globos en el techo del salón, incluso mamá había comprado una piñata. Pasaron toda la tarde jugando y riendo en las escaleras del edificio, tenía la sensación de que era el mejor cumpleaños de su vida.&lt;br /&gt;Después de la merienda llegó la hora de abrir los regalos, había paquetes de todos los colores y tamaños. Los fue abriendo despacio, con cuidado de no romper el papel para usarlo en posteriores manualidades. Al abrir el último paquete se puso tan nervioso que acabó por destrozar el envoltorio. Después de ése tocaba abrir una gran caja donde estaría su bicicleta.&lt;br /&gt;Su madre salió un momento del salón. Práxedes temblaba. “Por fin tendré mi bicicleta”, se dijo. Al volver, mamá traía consigo un paquete grande envuelto en papel de lunares. Papá sostenía la cámara de fotos. Práxedes se apresuró a abrir el gran paquete. Clic´. La cara del niño quedó inmortalizada con la vieja kodac 250 de la familia. El primer gesto de Práxedes fue de asombro, el segundo de repugnancia. Ésa no era su bicicleta, era la de Carlos.&lt;br /&gt;Tras los destellos de avaricia por querer tener bicicleta propia lo comprendió todo. Encajaba, encajaba perfectamente. Lo sabía, lo sabía. Había descubierto su secreto, ya era imposible que los mayores siguieran ocultándoselo. Carlos estaba muerto. Por eso él tenía ahora su bicicleta, por eso tía Ágata siempre vestía de negro y andaba con los ojos repletos de lágrimas. Esto explicaba que por mucho que suplicara y berreara no quisieran llevarlo al hospital a ver a su primo.&lt;br /&gt;Temblando y sorbiendo mocos, Práxedes cogió la bicicleta, echó a correr escaleras abajo. Alcanzó la calle antes de que nadie pudiera detenerle. Se detuvo dos segundos en el portón para respirar. Volvió a lanzarse a la carrera, esta vez montado en ella. Pedaleó aun cuando su padre corría detrás de él suplicándole que se estuviera quieto, aun cuando vio a tía Ágata y su madre llorando y a todos sus amigos mirándole asombrados. Atravesó el parque. Se sumergió escaleras abajo, en la estación de metro del barrio. Compró un ticket con algo de dinero que encontró en el bolsillo. La cajera lo miró extrañada, ¿qué hacía un niño tan pequeño montando solo en metro?, pero le dio el ticket. El pequeño, ya con pulso firme y menos lágrimas, miró fijamente los raíles. Oyó cómo el tren se acercaba. A pesar del ruido alcanzó a oír los pasos de su padre bajando las escaleras. Agarró la bici y la lanzó a la vía. El tren la arroyó. Su padre llegó al anden y lo tomó en brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es la muerte? – gemía el pequeño.&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- ¿¡Qué es!?&lt;br /&gt;- ¿Dónde está la bicicleta?&lt;br /&gt;- ¿Dónde está Carlos?&lt;br /&gt;Las preguntas asesinas se dispararon en su mente. Escapó de los brazos y sollozos de su padre y corrió. Corrió deshaciendo el camino, dejando al pobre hombre deshecho en el andén, recobrando fuerzas para perseguir de nuevo a su pequeño.&lt;br /&gt;Práxedes se tropezó en el parque y comenzó a sangrarle la rodilla. No importaba, no importaba nada, sólo quería llegar. Llegar y preguntar. Preguntar y saber. Ya no quedaba nadie en el portón. Tocó al timbre y oyó a lo lejos los jadeos de su padre que lo venía siguiendo. Se dio cuenta de que mamá y tía Ágata miraban a través de la ventana. Después de haber repleto de besos a su hijo y haber preparado una infusión al padre -agotado por tales carreras-, el niño disparó la bala. Preguntó que qué es la muerte con voz firme, sin miedo, sin pánico. Sin terror. Preguntó dispuesto a saber la respuesta, la verdadera, sin ataduras, trampas ni cartón. Quería la verdad y la quería ya. La frialdad que puso al pronunciar las palabras hicieron que tía Ágata tuviera que renunciar a estar presente, ¿cómo se explica que un niño tan pequeño pueda permanecer así de impasible? Los padres se repugnaron, primero, al ver cómo su inocente hijo formulaba aquella pregunta, se asombraron, después, al darse cuenta de que acababa de cumplir tan sólo ocho años y hablaba con un tono propio de un hombre de cuarenta al que se ha estado ocultando información de vital importancia. Intentaron encontrar una explicación que dar al pequeño, pero se dieron cuenta de que el niño y ellos sabían lo mismo ante eso: nada. Intentaron decirle que no lo sabían, que nadie podía saberlo. Práxedes se enfadó, creía que se lo ocultaban, al igual que habían ocultado la muerte de su primo. Quería la verdad, no iba a conformarse con la excusa barata de que nadie sabe qué es la muerte. Se enrabietó, chillándole a su madre que quería saberlo. La buena mujer estalló en lágrimas y salió de la habitación. Su padre fue a consolarla tras lanzarle una mirada asesina al crío. La soledad consiguió calmarlo. Práxedes no tardó en darse cuenta de que el “qué” de la muerte era algo que tendría que averiguar por sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creció sin más preguntas, sin buscar más respuestas, silencioso y ensimismado.&lt;br /&gt;Hermético y frío deambulaba por los pasillos, evitando el contacto con el exterior y a los demás niños. Lo creyeron afectado psicológicamente por la brutal pérdida de su primo, intensificaron las sesiones psicológicas a tres a la semana. Se le diagnosticó principio de autismo e hicieron lo imposible por convertirlo en alguien normal. Lo consiguieron, después de unos meses volvió a hablar, a sonreír y jugar en el parque. A los doce años dieron por finalizado su intenso tratamiento psicológico.&lt;br /&gt;Sin embargo, algo había nacido en su cabecita sin que nadie lo sospechara, estos tratamientos no son nunca un completo éxito. La voracidad preguntona quedaba muy atrás, pero su mente seguía trabajando, centrada ya sólo en un enigma sin descifrar: la muerte. Creció hasta alcanzar su metro noventa y cuatro actual con la convicción de que la muerte no lo atraparía, sería él el que la cazaría y destriparía su secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kla encajó las mandíbulas. Se ajustó el collar de pinchos. Miró a la barra y agarró su cubata. Sus amigos la habían abandonado momentáneamente para jugar al futbolín. No cabía ni una sola alma más en el bar, en la barra se agolpaban decenas de chicos sonrientes con camisa, otras tantas chicas con medias de rejilla. Kla observaba el bullicio mientras tragaba un cubata tras otro. Normalmente no bebía tanto, ¿y qué? Se odiaba, se odiaba tanto que habría sido capaz de suicidarse allí mismo, con el filo de su baso de ginebra y cola. Era odiosa, lo había descubierto aquella misma tarde, por eso había cortado con Javi. Ahora él, su chico, quizá el amor de su vida, estaría llorando porque su Kla, su oscura y sonriente Kla lo había dejado. Mientras tanto, ella se torturaba por sus propios pensamientos, odiándose por ser Kla y no cualquier otra. Se emborracharía, bebería tanto que conseguiría olvidarlo todo. Todo. El problema estaba precisamente en ella, incluso podría decirse que ella era el problema en sí. No encontraba explicación posible para sus pensamientos, incluso podría asegurar que se trataba de algo instintivo.&lt;br /&gt;Nunca habría imaginado que los cuentos de Poe y las intensas sesiones de cine gore pudieran derivar en esto, en algo que le parecía tan horroroso como excitante. Podría haber sospechado mucho antes, pero esta es una de esas cosas en las que no te paras a pensar hasta que las tienes encima. Mil veces había susurrado al oído de Javi: “Te querría hasta muerto”. No era ninguna mentira, lo quería, nunca había amando a nadie con tal intensidad. Sin embargo, hacía algún tiempo que sentía que no podía llegar a más con él, casarse y monotonizar el amor no parecía la solución. Su inmenso amor la empujaba a perseguir algo más. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-rRD3-jmI/AAAAAAAAACs/bSV-C4slY70/s1600-h/Kla.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111492411675020898" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 226px; CURSOR: hand; HEIGHT: 242px" height="247" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-rRD3-jmI/AAAAAAAAACs/bSV-C4slY70/s200/Kla.jpg" width="162" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Más. Ya había explotado suficiente a Javi, ya le había entregado todo el amor que podía. Si en vida no quedan posibilidades de expansión la solución parece, sin duda, la muerte. El amor inmenso y sus ansias de evolución la empujaban a un trágico final: amarlo muerto. Kla soñaba con hacerle cortes por todo el cuerpo, con morder su lengua y arrancar la piel de sus labios. Javi se iría desangrando poco a poco, mientras ella lamería la sangre de su heridas y le haría el amor hasta que acabara de agonizar y cayera muerto. Soñaba con acabar abriendo el tórax de Javi-cadáver y devorar su corazón.&lt;br /&gt;Sangriento final, pero el único que se le ocurría para su historia de amor infinito. Lo había descubierto aquella tarde, tras morderle la lengua le había susurrado eso de “Te querría hasta muerto”. El mordisco era un vaticinio, un primer paso con el que su cuerpo pretendía hacerle comprender que ése era el principio de una nueva dimensión, en la que el dolor y la belleza irían de la mano, donde sería imposible separar sus corazones porque ya se habrían encargado ellos de convertirse químicamente en un único cuerpo. Muy romántico ciertamente.&lt;br /&gt;Si Javi no se hubiera apartado diciéndole: “Me has hecho daño, ángel caníbal”, con esa media sonrisa que ponía cuando quería hacer ver a alguien que estaba en un error, que por ahí no era. Si él hubiera pedido más, si hubiera respondido con un mordisco aún mayor, si... Tal vez, sólo tal vez, los deseos de Kla habrían estado algo más cerca de la realidad. Mejor así, mejor el comentario de no-me-muerdas más de su novio. Las palabras hacen a Kla abrir los ojos, haciéndola consciente de la maldad de su propósito. Era consciente de que ya sólo lo quería muerto, se sentía incapacitada para amarlo vivo. Sabía que era capaz de hacerlo, su retorcida mente sería capaz de matarlo para ejecutar sus inhumanos deseos.&lt;br /&gt;Su conciencia - si es que eso existe- la ha llevado a odiarse por tales deseos. En un intento de controlar la situación ha dejado a Javi, sumergiendo al chico en una depresión que bien hubiera cambiado él por la muerte y el amor post-mortem de su Kla. Ella cree que debe intentar hacer lo posible por no llevar el amor destructivo a la práctica, nunca. Está dispuesta a hacer lo imposible para que nadie descubra sus sangrientas ideas. Por eso a decidido emborracharse, con la esperanza de que el vómito de la resaca le haga olvidar esas locuras, con la esperanza de volver a ganarse la condición humana. Aún así, ha decidido no volver con Javi, tiene miedo de ser arrastrada por su instinto y acabar matándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kla recuerda perfectamente la sensación de cuando se compró su primer collar de pinchos. Era un collar verdaderamente precioso, una cinta de cuero negro con pequeños conos plateados acabados en punta redondeada, pero lo suficientemente puntiagudos para clavarse en el cuello de todos los chicos que besaba, dejando el rasguño inconfundible de haber pasado por su boca. Una sensación parecida fue la que experimentó cuando Práxedes la miró desde la barra. Práxedes, un chico alto, altísimo, de mandíbulas marcadas y gafas de montura negra, clavó sus ojos en la gata solitaria que se sumergía en su enésimo cubata. Se rió del cómico y patético gesto de la chica. Rímel corrido, despeinada, vaqueros rotos y collar de pinchos. Se bañaba en alcohol, bebía con tragos más bien largos. Se contaban al menos cuatro vasos vacíos encima de la mesa, marcados por su barra de labios ya extinta. Podía parecer triste, pero no, era simplemente ridículo. Práxedes se dio cuenta de lo fingido de la escena, la chica interpretaba un papel de desesperada en el que ni ella misma creía. La verdadera desesperación se vale de gestos elegantes, la ficticia utiliza patéticas borracheras y una tristeza autoprovocada como la de Kla. Práxedes lo sabía, habían sido muchos desesperados y fingidos los que había conocido, al final uno aprende a clasificarlos. Se rió del patetismo de la chica y fue a sentarse a su lado, siempre es interesante conocer a una fracasada en el escenario de la vida.&lt;br /&gt;Los primeros síntomas de borrachera hicieron que a ella se le trabara la lengua tantas veces como intentó preguntarles su nombre. Cuando al fin quedó claro que él se llamaba Práxedes y ella Kla, comenzó el juego de adivinar el motivo de su tristeza. Klatigresa se puso a la defensiva, alegando que no estaba triste, en verdad nunca había estado mejor, a lo que él respondió con un lacónico “Ya”. Klaebria sintió curiosidad por saber quién era el chico, no ya su nombre, sino quién era en realidad, ¿qué hacía él para sobrevivir? Respondió que trabajaba en la biblioteca. Archivaba y desarchivaba libros, documentos, periódicos y gravados. Pero...¿sobrevivir? ¡Ja! Él no conocía esa palabra, en verdad lo que quería era encontrar un buen momento para... ba, no importaba.&lt;br /&gt;Práxedes no habría adivinado nunca que iba a enamorarse de aquella chica justo cuando el vaso de ella calló de la mesa, poniéndolo perdido de JB y coca-cola. Se empezó a fijar en ella como pieza sexual en ese mismo instante. Kla se acercó para ayudarlo a limpiarse, quedando a una distancia desde la que el collar de pinchos invitaba a acercarse a ella para arañar su cuello, situándolo a distancia de beso. El impulso de sentir el collar contra su cuello lo llevó a besarla sucesivas veces. Sabía a alcohol. Besaba como sólo saben hacerlo las ficticias desesperadas, con lenguas torpes y chasquidos de mandíbula.&lt;br /&gt;Kla seguía bebiendo, acabó tan borracha que confundía a Práxedes con Javi, le hablaba al oído, rogándole que se marchara para no tener que matarlo. Cuando ya había logrado convencerla de que no era Javi e iban a retirarse a un lugar más íntimo, una amiga de Kla intervino, diciendo que no iba a dejar que se llevase a su amiga borracha. Práxedes se enfadó, pero no dijo nada. Él, que había estado acompañando su tristeza ebria, también estaba algo tocado, sentía como las palabras se le enrollaban en la lengua. La amiga de Kla la sacó a rastras del bar y la llevo a su piso, alguien hizo otro tanto con Práxedes. Una servilleta de papel con el teléfono de Klaebria se fue a dormir con él, al igual que otro fragmento de la misma servilleta, con el número de Práxedes, viajaba en el bolsillo de Kla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, cuando Kla despertó con dolor de cuello por haber dormido con el collar de pinchos puesto y a Práxedes le ardían las rozaduras, se dirigieron pensamientos retrospectivos y desearon volver a verse. El recuerdo del otro estaba inmerso la bruma de una noche de borrachera.&lt;br /&gt;Sonó el teléfono en casa de Kla, la campanillla hizo que se acordara de Práxedes dos décimas de segundo... ¿y si era él? Cogió el teléfono, la voz de Javi la devolvió a la realidad. Tras una corta conversación, en la que ella contestaba sistemáticamente con monosílabos a las preguntas de su ex, la autodestructiva Kla comenzó la búsqueda del teléfono de Práxedes entre la ropa de la noche anterior. Al fin, dio con el trozo de papel, escondido en el cubo de la ropa sucia. Unos minúsculos números trazados en servilleta, un seis algo ambiguo... ¿o era un cinco? Decidió llamar con la esperanza de que él no la hubiera olvidado. Las reglas del juego de la noche son claras: disfruta y olvida, pero ella sentía que quería más. Más, como una adolescente insatisfecha. Más aún.&lt;br /&gt;Mientras tanto, Práxedes perdía la cabeza revolviendo la casa en busca del dichoso papelito donde apuntó el número de Klaángel. No lo encontró en los bolsillos del pantalón ni en su cartera. Iba a volverse loco si no lo encontraba y no volvía a verla. Kla... klik, klik, klak´. El sonido de su nombre le recordaba a juegos de niños, de esos de palmas o saltar a la comba. Klik, klik, Kla, un nombre onomatopéyico parecido a un chasquido de lengua, aquella chica se había escapado de un cómic. Una presunta adulta jugando, actuando con gestos torpes, un golpe en medio de la noche. Encantadora torpeza. Práxedes se llevó la mano al cuello, acariciando las rozaduras provocadas por el collar de pinchos. La nebulosa que envolvía la noche anterior le impedía acordarse de algunos detalles, ¿eran sus ojos verdes o marrones?, ¿qué le había dicho que estudiaba? El recuerdo más claro era que sabía a alcohol. Tenía que encontrarla, tenía que encontrarla como fuera. Quería verla, tenía que verla. Incluso a él le extrañaba aquel palpitar que le invadía al pensar en la posibilidad de no encontrar nunca a la chica.&lt;br /&gt;Registró su cazadora, ahí estaba: media servilleta con la fórmula mágica para dar con Klaperdida. Antes de coger el teléfono pensó que había algo extraño en las comisuras de los labios de aquella chica, no besaba con la agilidad de otras, sino que se dedicaba a la tarea de explorar cada diente, cada muela, cada caries, chupándola e impregnándose del sabor. ¿Saliva? Su saliva emanaba alcohol, Klaemborrachadora. Su fingida desesperación, su tristeza, su borrachera, su personalidad de juguete y su nombre onomatopéyico resultaban irresistibles para alguien como Práxedes. Aún le ardía la lengua al recordarla.&lt;br /&gt;Por otro lado, estaba su belleza. Tengamos claro que si Kla hubiera sido fea él nunca se habría acercado, y si Práxedes no hubiera resultado atractivo ella no lo habría besado. El amor es frívolo por naturaleza, así que es lógico que vaya acompañado por la belleza, otra frivolidad. Kla no llamaba especialmente la atención por su físico, una chica más o menos normal, bonita, quizá mediocre según el momento. Casi siempre con la boca entreabierta y los ojos más abiertos aún, lo que le daba un aire inocente del que carecía. Su aspecto de melancólica chica de negro, con vestidos y camisetas de este color, su maquillaje insulso –marcando mucho los ojos-, su collar de pinchos y su pelo totalmente liso daban un poco de miedo, pero su sonrisa era tan brutal que la convertían en un ser totalmente deseable para Práxedes. Una sonrisita tan encantadora que parecía un ángel de novela romántica. Un ángel, sí, un ángel. Nadie dijo que los ángeles tuvieran que ser extremadamente bellos. Práxedes, el huesudo Práxedes, sí que llamaba la atención, no por su sex appeal ni chorradas de esas, sino por su desmesurada altura, que le obligaba a replegarse sobre si mismo cada vez que besaba a una chica.&lt;br /&gt;Cuando ambos tuvieron el papelito con el número de teléfono del otro, se restregaron los ojos y se resignaron. Decidieron no llamarlo para no afrontar la desilusión que supondría verse olvidado. Fue negarse un poco a ellos mismos, como amputarse el dedo meñique del pie, que no sirve para nada pero duele. Encontrarse en la puerta de esa cafetería y escuchar el titubeante “hola” en esa boca conocida sacudió todas sus hormonas. Calcular el momento exacto en el que ambos abandonarían sus respectivos cafés para encontrarse de nuevo no fue difícil. Práxedes recogió sus cosas -folios y carpetas que había esparcido por la mesa para explicar noséqué a unos compañeros de clase-, y se dispuso a irse. Se fue, de hecho se fue. Cuando Kla se dio cuenta el chico salía por la puerta y volvía la cabeza, mirándola y despidiéndose de ella alzando un poco la mano. Kla esperó cinco minutos, pronto encontró una excusa barata para poder marcharse. No se sorprendió al no ver a Práxedes en la puerta. Tenía la secreta esperanza de encontrarlo allí, pero sabía que había una posibilidad entre un millón de que eso ocurriera, decepcionarse no valía la pena. Pensó que habría sido un bonita historia: Práxedes y Kla, Kla y Práxedes. Sonaba bien, mucho mejor de lo que suenan la mayoría de las parejas.&lt;br /&gt;No había que darle más vueltas al asunto, tampoco importaba demasiado. Puso rumbo a casa, era inútil volver al café o ir a cualquier otro sitio. Los nervios del “¿Y si está?” la habían destrozado. Al volver la esquina, justo entre la panadería donde compraba bollos de pequeña y la librería, el huesudo Práxedes se apoyaba en la pared. Kla alzó las cejas como muestra de sorpresa, a lo que la boca de él respondió con un sucedáneo de sonrisa, que tanto podía ser de asombro como resultar fría y calculadora, feliz porque se habían cumplido sus previsiones.&lt;br /&gt;Kla volvió la cabeza, quizá por pura intuición, quizá porque oyó los pasos. Vio a Javi, Javi vio a Kla. Justo cuando él se acercaba a saludarla, ella corrió en busca de auxilio a la boca de Práxedes. Éste recibió con sorpresa el beso, se plegó sobre el cuello de Kla para ejecutar el que sería su primer beso sobrio. Quedó asombrado de la rudeza de la boca de la chica, le mordía la lengua y se sacudía entre sus mandíbulas. Javi lloraba, gritaba, silencioso, implacable, con un rictus amargo en la cara como única muestra de lo injusto que le pareció el mundo cuando vio a Kla, su Kla, besando a aquel patilargo en plena calle.&lt;br /&gt;Kla mentía en su beso, mentía lo máximo que puede mentir un ser humano mediante el lenguaje de babas y dientes. La expresión suprema de la falsía plasmada en lengüetazos y supuesta pasión. Aún quería matar y devorar a Javi, Práxedes era el veneno con el que pretendía curar sus perversiones. Klamentirosa no se percató de que Javi se había marchado lloriqueando. Klainconsciente se fue entregando por completo a cada paladear de la lengua de Práxedes. No se dio cuenta de el dolor innecesario que le estaba causando a su ex, como tampoco se dio cuenta de que su cuerpo empezaba a desear permanecer por siempre jamás con aquel gigantón que le agarraba el pelo mientras la besaba.&lt;br /&gt;Imposible era no prolongar los besos callejeros en un sitio más cómodo, donde poder dar rienda suelta a sus deseos e impulsos nerviosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sábanas blancas recién puestas y luz, mucha luz, componían el habitáculo de la resurgida Kla. Bastante oscuridad había tenido en su adolescencia, metida en aquel cuartucho oscuro, cuya única ventana daba a un callejón limitado por dos tétricos edificios de diez y doce plantas respectivamente. La estrechez hacía que nunca pareciera de día en aquel antro. El panorama a través de la ventana no era mucho más alentador: basura, perros, algún pico de heroína o un par de rayas cuando algún niño pijo no encontraba un lugar mejor. Pero no se trataba de un callejón refugio de heroinómanos ni drogatas, más bien tenía un carácter funcional, cada cual lo adaptaba a sus necesidades, usándolo para una cosa u otra. Alguna vez un vagabundo durmiendo, muchachos haciendo grafitis, una espontánea pareja liberando hormonas o el vecino del cuarto bajando a tirar la basura, configuraban el paisaje habitual de la callejuela.&lt;br /&gt;Kla, que vivía en el tercero, podía sacar la mano por la ventana y, estirando un poco, casi alcanzar a tocar la pared del edificio de enfrente. Durante todo el tiempo que vivió allí deseó dinamitar ese edificio. No ya porque le molestara que fuera el causante de la poca luminosidad de su cuarto, sino porque solía tener una pesadilla en la que se estrellaba contra él, estampándose contra el muro. Kla casi siempre tenía sueños así, en los que soñaba con caer, con derrumbarse y entregarse a la derrota; pero sabía que primero tenía que levantar el vuelo, es imposible caer o perder estando encerrada entre cuatro paredes.&lt;br /&gt;Sus padre se encargaron de manejar y planear su vida de los cero a los dieciocho años. De niña le escogían los juguetes más educativos, seleccionaban los dibujos que podía o no podía ver y determinaban la marca de sus papillas en función de la cantidad de vitaminas y calcio que proporcionaran. Los dogmas paternos la dominaban: “Las ciudades son peligrosas, nada de salir sin ir acompañada de un adulto”. “Nada de jugar en las escaleras ni en el parque. “ Ni que decir tiene que queda totalmente prohibido pasar por el callejón”. Cualquier intento de ir a jugar con un amigo se veía frustrado por la negativa de sus padres, “las niñas buenas se están en casa”. Para Kla no existía el no obedecer, se quedaba siempre en el piso, jugando con las acuarelas o viendo el fantástico y novedoso curso de inglés por fascículos que sus padres encontraban tan educativo, pero que ella no podía dejar de ver como algo maligno que esos dibujitos hablaran de semejante forma.&lt;br /&gt;Cuando cumplió quince años, sus padres establecieron -de acuerdo con el planning que habían ideado para ella al nacer para convertirla en una persona racional-un rígido horario durante el cual podría empezar a salir con sus amigos por zonas estrictamente señaladas. Hasta los quince una tiene demasiado tiempo para aburrirse y no demasiados recursos. Quizá, si sus padres lo hubieran permitido, se habría pasado el tiempo jugando con una videoconsola o el ordenador. La oposición de sus progenitores a tales divertimentos los llevó a permitirle pasar una tarde a la semana en la biblioteca del barrio. Empezó eligiendo libros con ayuda paterna, pronto el estrés les hizo tener que dejar allí solita a su hija, mientras ellos iban a hacer la compra o asistir a esa reunión tan importante.&lt;br /&gt;Inconscientemente entregaron a su inocente hijita a los consejos de una joven estudiante de literatura que trabajaba allí por las tardes. Ella fue la que le descubrió grandes clásicos y joyas contemporáneas, le presentó a Poe y Lovecraft y le dejaba que se llevara a casa revistas de tendencias sin que sus padres se enteraran. En su oscuro&lt;br /&gt;hábitat Kla se fue oscureciendo aún más. A los primeros libros de terror se sumó música igualmente tenebrosa que bajaba de Internet. Literatura y música influyeron inevitablemente en su estética. Su madre, a la que no le importaba en exceso cómo vistiera, la dejaba elegir su ropa, la chica configuró sabiamente un armario repleto de prendas negras y algún detalle en rojo, que tan pronto le daban un aire perverso como divertido.&lt;br /&gt;Al principio le resultaba fácil llenar el tiempo con libros y música, pero acabó hartándose de no hacer otra cosa y tuvo que buscar entretenimiento en otra parte : el cine. Podría haberle dado por la pintura o las insípidas series de televisión -sus padres ya no controlaban tanto qué o qué no veía-, pero le dio por el cine y, quizá, eso fue lo que la perdió y le hizo estrellarse igual que en sus sueños. Siempre supo que disfrutaría del dolor de la caída, interiormente siempre la sedujo la morbosidad de la derrota. El cine, arte en un principio inocente, no lo es tanto en manos de una adolescente amante de sangrientos textos de terror con un ordenador a mano. Primero vio todos los clásicos que pudo, unos en la biblioteca y otros descargados de la red. A través de una revista conoció el cine gore, no pudiendo resistir la curiosidad, se lanzó a ver unos cuantos títulos. Empezó sintiendo algo de repulsión por esas imágenes sangrientas que tantas veces había imaginado leyendo y que ahora se plasmaban en su pantalla. Su mente no le daba a la sangre el tono exacto, y múltiples detalles se escapaban en su cabeza -venas, arterias, vísceras...-, haciendo que no pudiera cerrar los ojos ante lo que estaba viendo. Inició intensas maratones de cine gore en su habitación, mientras esperaba soñando con escapar y volar algún día, para poder chocarse contra el muro libremente.&lt;br /&gt;Cuando sus padres decidieron que ya era hora de que tuviera vida social más allá del instituto y le permitieron salir de su piso 40 m2, ya era demasiado tarde para que fuera lo que se considera una chica normal. Socialmente activa en clase, pero con claros rasgos de pertenecer a un underground al que sólo algunos locos iniciados en la ramificación no convencional de algún arte, pertenecen en la adolescencia. A Kla le era imposible convertirse en una adolescente vulgar, es cierto que podía “arreglarse” para salir con ropa que le prestara alguna amiga, pero era incapaz de bailar en las discotecas para menores esas cancioncillas insípidas. Kla era una condenada adolescente prematuramente sumergida en un universo que no estaba a su alcance. Bares, conciertos, performances... sabía que existían, pero tenía que conformarse con la vida posible dentro de sus cuatro paredes y exprimir al máximo la diversión que obtenía con sus amigas vestidas de rosa.&lt;br /&gt;A los diecisiete encontró otros ejemplares de su especie con los que juntarse: un chico que dibujaba cómics, una loca del rock´and roll y un aspirante a actor se convirtieron en sus amigos más cercanos. No fue hasta que abandonó el hogar familiar y se trasladó a un piso de estudiantes, sorprendentemente luminoso, cuando pudo despegar sus alas atrofiadas y sumergirse en el mundo al que realmente pertenecía. Un mundo de arte y desarte, de artistas y chiflados. De noche exprimían sus cuerpos en conciertos, intensas maratones de cine o interminables conversaciones sobre literatura gótica. De día, locos y artistas se metamorfoseaban para ser un poco menos locos, un poco menos artistas, y concentrarse en sus carreras universitarias, que era para lo que se suponía vivían en ese momento.&lt;br /&gt;Además de los garitos de luces parpadeantes donde hacían performances malos imitadores de Gina Pane, Kla &amp;amp; friends solían ir a un bar tranquilito, donde podían tomar una copa, bailar o jugar al futbolín, costumbre que los adolescentes criados en recreativos, como sus amigos, rara vez pierden.&lt;br /&gt;No fue en ninguno de esos antros de la metrópolis donde conoció a Javi, sino en la facultad. Él se enamoró de su oscuridad, ella de su claridad. Eran la pareja ying-yang, compensados totalmente uno con el otro.&lt;br /&gt;Bondad y maldad. Luz y tiniebla. Javi y Kla. Una relación que podía parecer imposible por sus marcadas diferencias sombra-luz. Resultaba curioso verlos juntos, el uno sobre el otro a las tantas de la madrugada un jueves o tomando café una tarde cualquiera; ella con sus siempre prendas negras, él con su claridad deportiva en blancos y ocres. Por un lado, él: alto, rubio, apasionado del deporte, de aspecto saludable, claro y transparente, siempre vestido en tonos claros que daban más luminosidad a su rostro. Por el contrario, ella: bajita, con aspecto de rata de biblioteca, morena, contaminada y contaminando todo lo que la rodeaba, turbia.&lt;br /&gt;Sus notables diferencias y algunos pintorescos puntos en común (música, carrera y pasión por el chop-suey), los sedujeron y los arrastraron junto al otro. Tan pronto veían alguna de las películas favoritas de Kla como jugaban al baloncesto o iban a nadar. Exprimieron sus personas, agitaron obteniendo un delicioso zumo de amor en el que se distinguían dos ingredientes insolubles, pero evidentemente rodeados entre sí e imposibles de separar. Pudo haber acabado en boda si alguno de los dos hubiera creído en el matrimonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora todo le parecían recuerdos lejanos y dolor de tripa. El pasado, al pasado. Kla se esforzó por apartar a Javi de su mente, almacenarlo y esconderlo en el mismo lugar donde guardaba sus sueños de niña y las censuras de sus padres. Aplastó el recuerdo con todas sus fuerzas, quemó las neuronas que memorizaron sus besos favoritos y destruyó sus fotos. La tarea no resultó lo dura que ella hubiera deseado. Fue fácil olvidar y aprender nuevas cosas, porque ahí estaba Práxedes, dispuesto a disfrutar junto a ella de mil nuevas experiencias. En el fondo, Kla se sentía un poco culpable por haberlo olvidado tan ponto, le habría gustado haber llorado durante algún tiempo más su pérdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imperiosos lametones y un “¿Por qué no te quedas un poco más?”, cuando él ya se disponía a marcharse, alargaron el segundo encuentro de Práxedes y Kla hasta la mañana siguiente. En dos noches habían tenido tiempo de conocer mucho del otro. Kla le contó algo de su relación con Javi, guardando muy bien todo lo que se refería a las razones de la ruptura. También le descubrió la historia de su nombre, porque Kla no había sido siempre Kla, sino Clara. DNI, partida de nacimiento y firma ininteligible así lo apuntaban: Clara Ulen Alcázar. A los 13 años, cuando empezó a sumergirse en ese mundo oscurillo que le mostraban libros y demás, pensó que no podía llamarse así. Si quería convertirse en una chica oscura no podía llamarse Clara. Le gustó lo de Kla - primera sílaba de Clara, cambiando la ce por una ka- por su sonido onomatopéyico, parecido al que hace una puerta vieja al cerrar. Empezó a hacerse llamar así por amigos y familiares, usando la exasperante técnica de no contestar cuando la llamaba por su verdadero nombre. Práxedes había sido siempre Práxedes. En cierto modo también orgulloso de su nombre, no por cuestiones histórico-políticas que le traían sin cuidado, sino por su sonoridad, pocos pueden presumir de tener una equis y una erre en su nombre. Un nombre largo y retorcido, acorde con su desmesurada altura y sus huesos salientes.&lt;br /&gt;Su historia se alargó, empezaron a cenar y , por consiguiente, a desayunar juntos jueves y viernes, descuidando cualquier otro quehacer para acudir a la cita con el otro, a veces en la habitación de Kla, otras en el piso de él. Kla, que siempre había sido partidaria de estudiar sola, empezó a frecuentar la biblioteca, donde pasaba horas observando los movimientos del chico en lugar de estudiar. También él gastaba más tiempo en hacer circenses movimientos colocando libros en los estantes más altos para impresionarla, en vez de atender a las muchachas que se acercaban a preguntarle por tal o cual publicación. Ahora, no tenía ojos más que para la bajita y oscura Kla, Claraángel, que cambió su nombre para no contradecirse a sí misma.&lt;br /&gt;El cine se convirtió en una de las mayores distracciones de la pareja. Sus gustos tan parecidos les permitían disfrutar con igual pasión de las películas favoritas del otro. Solían encerrarse en casa, intercalando intensas sesiones de cine y pasión. En una ocasión llegaron a pasar tres días encerrados, durante los cuales tuvieron tiempo de ver 11 películas, 8 cortos y gastar otras tantas horas en redescubrir sus cuerpos. Había quien los conocía como “la pareja zombi”, debido a su ropa oscura y las ojeras que les quedaban después de noches intensas ocupadas por el séptimo arte y el arte puramente físico.&lt;br /&gt;Acabaron viviendo prácticamente juntos. Sólo que con dos direcciones distintas, unos días en el piso de Práxedes, que era completamente suyo, otras en la habitación de Kla, piso compartido con una jugadora de rugby y una estudiante de matemáticas. En ocasiones tanto tiempo juntos acababa por hartarlos. Cuando eso ocurría se escondían en su respectivos hábitats y pasaban dos o tres días sin verse. El reencuentro era tan brutal que llegaban a pasar más de un fin de semana sin salir del cuarto en el que se encontraran la siguiente vez.&lt;br /&gt;A Kla le parecía divertido salir con Práxedes. “Es genial salir con él, vamos al cine y vemos películas. Parece un reflejo de mí misma. “, pensaba. No se había propuesto amarlo, al igual que tampoco se había propuesto no amarlo. Lo único que ella pretendía era no tener que cortar con él por las mismas razones por las que dejó a Javi. De todas formas , creía que de entrar en juego esa locura suya no sería hasta después de tres o cuatro años, hasta ese momento podría estar explotando al amor en vida sin necesidad de que el cuerpo le pidiera buscar esas “nuevas sensaciones” por las que dejó a su ex.&lt;br /&gt;Kla empezó a tener miedo demasiado pronto. Miedo a no poder dejarlo, a querer devorarlo y acabar abriéndolo en canal la próxima vez que cayera dormido. El pavor que se tenía a sí misma era, por el momento, controlable. No era una sensación tan profunda e indomable como la que le hizo abandonar a Javi, así que podía seguir viéndose con Práxedes y autocontrolar sus pensamientos necrófilos, aunque alguna vez se le iba el gore de las manos e imaginaba el sabor de sus sangre mientras le mordía la lengua.&lt;br /&gt;Práxedes no era Javi, las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Javi, el claro y sencillo Javi, era lo opuesto a ella, mientras que Práxedes no era más que una prolongación de su propia persona en un cuerpo masculino, un desdoblamiento varonil de Kla, ambos con su oscuridad y submundos en la cabeza. Si Javi sobre Kla formaba la pareja ying-yang, al abalanzarse sobre Práxdes sólo se obtenían viscosos fluidos negros, fruto de licuar y agitar los mismos pensamientos procedentes de distintos cerebros. Con Javi quedaba bien delimitado el fin del cuerpo de él con el inicio del cuerpo de ella. Con Práxedes sus cuerpos se derretían, formando una única masa de carne y vísceras.&lt;br /&gt;En cierto modo, los pensamientos y deseos que había tenido con Javi podían resultar comprensibles. Eran muchas cosas las que los unían, además de amor y pasión había que tener en cuenta la cantidad de años que llevaban juntos, el cariño, amistad, experiencias compartidas... Su relación había ido evolucionando, tras cinco años de noviazgo alcanzaron un punto de amor estable. Una vida tan encantadora que no apunta más que a la perpetuación puede resultar agobiante para algunos, son muchos los que sufren de monotoníafobia. Personas cuyas ansias de evolución pueden conducir a la irracionalidad, a cometer locuras con tal de no verse atrapados en una maraña donde todos los hilos son iguales. Kla era una de ellas. Su monotoníafobia se gestó durante los años que pasó encerrada viendo cine gore y pintándose de negro las uñas de los pies. Cada día tenía que ser distinto para no sentirse prisionera de la dictadura que ejercían sus progenitores. Solía cambiar pequeños detalles que el resto del mundo adopta como rutina, cosas tales como qué tomar para desayunar o el camino a seguir para ir al instituto. Las pelis y los libros también iban variando y salvándola del aburrimiento.&lt;br /&gt;La rutina diaria es relativamente fácil de salvar, lo verdaderamente peligroso son los sentimientos. Cuando un sentimiento como el amor se estanca poco puedes hacer. El amor, dulce, tenue, alcanza un grado máximo y explosiona en el pecho, apoderándose ya no sólo de tus nervios y vísceras, sino de tu espíritu. La sonrisita estúpida de los primeros días de enamorado se diluye para dejar paso a la plenitud de tu alma. Eres tan feliz que no te cambiarías por nada del mundo. Tan imbécilmente feliz que si tuvieras que elegir un momento en el que morir elegirías ése, pues crees que ni la muerte puede ser lo suficientemente horrorosa para pisotear tu alegría. Además, tienes la seguridad de que morirías con la sensación de haber vivido. Pero... ¿haber vivido el qué?&lt;br /&gt;El problema de Kla y demás monotonofóbicos es que la sensación de plenitud no es suficiente para hacerlos felices o , al menos , para que sientan que están vivos. Al principio, como al resto de los mortales, les parece una sensación maravillosa, hasta que pasa un tiempo y sollozan por algo distinto. Ellos piden más, más, más aún.&lt;br /&gt;Su imaginación, aburrida y desesperada, trabaja a un nivel muy por encima de lo normal. En su abatimiento por encontrar variaciones que aporten emoción a sus vidas llegan a trazar líneas que se pasan de humanas, líneas que no caben en las pantallitas de los hospitales y que marcan tus constantes vitales.&lt;br /&gt;Kla, en un intento de transgredir en el amor y darle una vuelta de tuerca más, sucumbió a la idea de la unión eterna, el amor por el amor, uno por otro. Un coito no era promesa de unión suficiente. Ella pedía más, más. Más aún. Kla quiere tenerte dentro, quiere verte agonizar y salvarte a un tiempo, matarte y comprobar a qué saben tus ojos. La idea de devorar al otro, aunque sea tan sólo metafóricamente, es de lo más corriente. La dualidad se persigue, pero para ella convertirse en un ser dual va más allá de la compenetración. Fundir dos alma requiere sacrificios: sangre, vísceras. El deseo de&lt;br /&gt;consumar su amor infinito la conducía a hacer el amor con el cadáver de su amante. Abrir la caja torácica del otro, lamer sus costillas y engullir su corazón, plasmando todos sus sentimientos en una escena similar a la de las leonas devorando cebras en los documentales. Romper barreras vida-muerte, la unión infinita de las almas para la eternidad.&lt;br /&gt;Para hacer esto hay que ver el dolor como algo placentero y, sobre todo, es imprescindible creer en el alma humana y en la unión de las dos almas al engullir al otro. O estar loco, lo cual también es una posibilidad. Sólo que en la locura no actuaría el amor, sino que todo sería producto de unas neuronas mal colocadas, pero ¿quién dice que los locos no pueden estar enamorados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-snz3-jnI/AAAAAAAAAC0/tHa2U0JxAWQ/s1600-h/y+tus+costillas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111493902028672626" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-snz3-jnI/AAAAAAAAAC0/tHa2U0JxAWQ/s200/y+tus+costillas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;-Te querría hasta muerto.– susurró Kla. Práxedes recorrió con su lengua el camino del pecho a la boca de la chica, donde la masa de dientes-saliva-lenguas se volvió a agitar como veces anteriores, hasta que Kla comenzó a morder su lengua con fuerza.&lt;br /&gt;“¡Oh, no! Lo he dicho. No puede ser que la historia se repita también con él. No, por favor, por favor...”, pensó Kla sin atreverse a soltar la lengua aprisionada entre sus dientes. Klacaníbal devoraba literalmente la boca de Práxedes mientras pensaba esto. Klasanguinaria comenzó a arrancar la pielecilla que recubría sus labios con los dientes. Era consciente de que no podía ser, de que tendría que elegir entre asesinar su instinto o acabar asesinándolo a él. O dejar a Práxedes, lo cual le parecía también un asesinato a sí misma. No, no lo dejaría, lo arreglaría de otra manera, iría al psicólogo o algo así, lo que fuera con no tener que dejarlo por las mismas razones que a Javi. Pero ahora no, seguiría destrozándole la boca hasta que él dijera que le hacía daño, sólo este último capricho y, después, c´est fini.&lt;br /&gt;Práxedes la sorprendió con un cruel mordisco como respuesta, utilizando sus caninos como leona que destripa una cebra, desconcertando gratamente a Kla, que respondía con besos cortantes como navajas. Sangre, más sangre. Las primeras gotas que ambos embebían de ambos. Se entregaron a la ardua tarea de destrozarse mutuamente la boca mientras se sujetaban a las caderas del otro. Bocas palpitantes y gotitas de sangre en la almohada, tumbados uno junto a otro, derribados por su propia carnicería. Cerraban los ojos y saboreaban los últimos mililitros de fluidos corporales que aún pululaban entre sus mandíbulas.&lt;br /&gt;Kla dormía agotada. Soñaba lo feliz que le hacía haber disfrutado de la sangre de su amado, esperanzada porque, de repetirse esto, creía poder saciar sus locuras sin tener que reprimirlas ni ejecutarlas en su totalidad. Ahora sí que estaba realmente enamorada. Si le hubieran preguntado por un momento para morir habría elegido ése, sentía que había vivido. Pero... ¿vivido el qué? No lo sabía, pero se había dormido con una estúpida sonrisa llena de gotitas de sangre reseca, eso basta.&lt;br /&gt;Con esta dieron comienzo las noches sanguinolentas, llenas de dulce paladear de sangre y babas. Noches de sábanas blancas, rasguños y mordiscos. Y sangre, simplemente sangre.&lt;br /&gt;Kla, que no dejaba de sorprenderse por la actitud masoquista de su amante, se sentía satisfecha tras cada batalla cuerpo a cuerpo, boca a boca, diente a carne. Es increíble el nivel comunicativo que pueden alcanzar dos cuerpos. Sus cuerpos revueltos hablaban más de lo corriente, casi se chillaban con cada movimiento, cayendo de nuevo en el susurro de las caricias. Siempre en silencio, diciendo más con gestos de lo que hubieran sido capaces de explicar mediante palabras, dos mimos que sólo jadean. Cada arañazo un grito, cada mordisco una ofrenda, cada llaga una promesa. Rasguños que eran grandes conversaciones cutáneas. Cada mirada a la sangre ajena una idolatración al otro, cada herida un juramento de amor. Las cicatrices plasmaban su deseo de estar juntos por siempre jamás, hasta que la muerte los separase sin necesidad de boda. O quizá más, porque el cuerpo de Práxedes pedía cada vez más y más violencia, sin atreverse a hacerle a Kla lo que él le pedía que le hiciera. Ella se olvidó un poco de sus ideas antropófagas, acordándose sólo de cuando en cuando, mientras intentaba descifrar qué era aquello que parecía decirle el cuerpo de Práxedes en cada noche de pasión sangrienta, algo así como un mensaje subliminal en los mordiscos y caricias, algo que ella no llegaba a entender. Algo que esperaba acabar descubriendo, pero... ¿el qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero morirme. – Dijo el huesudo Práxedes junto a la ventana sin atreverse a mirar a Kla. Lo dijo masticando las palabras, mirando otro estúpido amanecer tras los grandes ventanales. Luz. Los primeros rayos bañaban el rostro del somnoliento ángel caído al que se asemeja la acostada Kla, tumbada entre sábanas blancas y luminosidad.&lt;br /&gt;-Quiero morirme. –Repitió casi en un susurro.&lt;br /&gt;Kla levantó la cabeza. Práxedes corrió violentamente las cortinas, poniendo fin a la quietud de la escena, asesinado la luz para entregarse a la penumbra. Kla acabó de incorporarse y él corrió a refugiarse entre el paraíso que guardaban las sábanas. Se acurrucó en su pecho mientras ella lo abrazaba. No lloraba, sólo estaba quieto, sereno, con la tranquilidad de haber confesado su mayor secreto a la persona que más amaba en el mundo. Ni siquiera esperaba su reacción. No esperaba nada, ni rechazo, lástima ni angustia. La conocía suficientemente bien como para saber que no se opondría ni pediría sollozando una explicación para, finalmente, decirle que necesitaba un psiquiatra. Confiaba en que Kla, su Kla, incluso lo ayudara a elegir el método y estuviera presente en el momento del suicidio. Sólo si ella quería, por supuesto, no iba a obligarla a ver cómo moría. No sabía cómo sobreviviría ella a su muerte, pero tampoco importaba, cada uno es responsable de su propia supervivencia. Ella lo comprendería, sin sufrir, sin darle mil vueltas. Lo aceptaría y querría estar al borde del abismo cuando todo sucediese, seguro.&lt;br /&gt;Invirtieron el abrazo, Kla pasó a ser la presa en brazos de Práxedes. La chica se escabulló y se encerró en el aseo. No quería que la viera llorar. En realidad no comprendía por qué lloraba, ¿no era esto lo que ella quería? ¿No era la oportunidad de convertir su amor en algo sublime? Sí, pero... “Lo quiero, lo quiero tanto que... que lo querría hasta muerto”, pensaba y redoblaba el llanto. Lo perdería, iba a morir, lo iba a matar, lo amaría. Se iría para siempre, para siempre. Lo tendría siempre con ella, hasta que los gusanos los deshicieran en un mismo cuerpo. Sus aminoácidos dentro de ella. Dos almas en su cuerpo. Lo quería, lo quería tanto que... lo querría hasta muerto.&lt;br /&gt;Siguió llorando en el aseo hasta que él se marchó. La quería, la quería tanto que se fue y la dejó llorar, esperando que fuera ella quien lo buscara y aceptara su deseo.&lt;br /&gt;Se querían, se querían tanto que...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bestial, venía dispuesta a destruir. Acababa de pensar en él, en ella, en ellos. Se querían, estaba dicho y decidido.&lt;br /&gt;-Quisiera ser un anélido y disfrutar del festín antropófago de tu muerte.- dijo Kla con palabras semigritadas, desgarradas, que atravesaron el pasillo y se clavaron en los oídos de Práxedes. Lanzó luego una sonrisa mitad amor-pasión, mitad locura, tal y cómo Práxedes le había enseñado a hacerlo. Intentó retorcerse sobre ella y besarla. Kla escurridiza se escabulló, apañándoselas para acurrucarse cerca de su oreja y susurrar:&lt;br /&gt;-Quiero volver a saborear tu sangre.&lt;br /&gt;-Quiero que devores mis heridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dejar de sonreírse, bajaron las persianas. Práxedes le alcanzó una cuchilla, a Kla le desconcertó tener tal instrumento entre sus manos. Él la besó y se tumbó en la cama. Ella comprendió justo por dónde habría de moverse. Tomó la cuchilla , metálica, chirriante, y trazó rajitas en las plantas de sus propios pies, mientras Práxedes miraba estupefacto, sin atreverse a detenerla. Su piel blanca, lechosa, ensangrentada. Resistía las lágrimas, a las que vencía con apagados gemidos que Práxedes supo identificar enseguida y le quitó la cuchilla para besarla y saborear la sangre surgente de sus pies de leche. Saboreaba su dolor, sentía su dolor. No podía soportar verla así, tenía que ser él,&lt;br /&gt;el herido, la víctima. Tenía que ser él a quien le fueran sorbidas las heridas y no al contrario. No podía ser de otro modo, así que suplicó a Kla que no intercambiara los papeles.&lt;br /&gt;-Olvida la automutiliación y saborea mis heridas. Quiero sentir tus labios en mis venas.&lt;br /&gt;Kla se sentó y rasgó los pies de él. Cuando las gotas chorreaban encogió las piernas y volvió a replegarse sobre la chica para lamer heridas. Un dolor físico parecido al de aquella escena sería el que experimentaban muchas personas ante la muerte. Él sólo tendría que pasar por eso, por el dolor físico, no sufriría psicológicamente ante la muerte, quizá ni siquiera físicamente, pues el dolor causado por las manos de Kla le parecía un verdadero paraíso.&lt;br /&gt;Arañaban sus costados, se mordían los brazos y amorataban los cuellos. Marcas de uno en el otro, siempre más marcado él que ella, Práxedes se encargaba de no dañar demasiado a su ángel. Antes de que pudieran pensar que necesitaban más incluyeron un completo juego de cuchillas en sus lesiones pasionales. Esta vez el dolor físico era unilateral, Práxedes era rasgado, semidescuartizado por las manos níveas de Kla, que se iban tornando cada vez menos puras. Práxedes gemía, extasiado de dolor y amor susurraba un “te quiero” ahogado por un nuevo corte. Kla escupía en las heridas o lloraba sobre ellas, restregando saliva y lágrimas contra la sangre. Lamía los cortes como si tuviera prisa por llenar su boca con ellos, como si no quedara tiempo. Lamía apretando la lengua, torpe, brusca, caníbal.&lt;br /&gt;Las heridas a cuchilla crecieron, de pequeños cortes en la planta de los pies pasaron a grandes surcos perfilando sus extremidades, brazos y piernas con rectas rojas que parecían trazadas con tiralíneas. Plasmaron el sadismo que ambos vieron siempre en el dibujo técnico: círculos, rectas, paralelas, ángulos. Limpieza, perfección. La perfección es la mejor arma de tortura, ¿ por qué no usar escuadra y cartabón para trazar paralelas de sangre? Sentir el compás clavado en su estómago agudizó sus gemidos. Tras cuadricular sus extremidades y crear una preciosa estrella en sangre sobre su espalda, Klatorturadora pasó a succionar la sangre de Práxedesvíctima y escupirla sobre un lienzo blanco, donde quedaría plasmada la prueba material-artística de su desaforado sádico-amor. Aquel lienzo sería el recuerdo que guardaría de su amado, la obra artística que le recordaría que ella era parte de su vida y de su muerte, la prueba de que se necesitaban el uno al otro desesperadamente: él como materia prima, ella como ejecutora de crímenes consentidos.&lt;br /&gt;Las lágrimas de Kla también se incrementaron, dulce mezcla la de sangre y lágrimas. A veces él ayudaba a lamer las heridas, formando una orgía de carne, lenguas, sangre, saliva y dientes. Su parecido hacía casi imposible distinguir de quién era tal lengua o cual diente de cada uno.&lt;br /&gt;No lo habían planeado, pero el fruto de la confesión de Práxedes de querer morir dio lugar a noches que incrementaban su brutalidad y guardaban cada vez más parecido con el aire gore de las películas de Klateenager. Dicho incremento parecía conducir al inevitable final, aún más sangriento final. Añorado y deseado final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada día, Kla hundía la cuchilla unos cuantos milímetros en su carne. Consiguieron una colección de hermosas cicatrices, cada vez más profundas, esparcidas por los miembros de él. Dolor in crechendo. Sabía que era irremediable, la muerte como objetivo. Práxedes pedía amor, sexo, dolor, muerte; para los tres primeros hay posible escapatoria, pero muerte y arrepentimiento no resultan demasiado compatibles. Lo sabía, pero era su decisión, no podía seguir viviendo con la duda de qué es la muerte en la cabeza. Por fin iba a descubrirlo.&lt;br /&gt;“Quiero estar contigo cuando estés al borde, quiero que agonices dentro de mí. Quiero amarte más allá de la muerte”, recitó Kla mecánicamente, sentada junto a la ventana, justo el mismo lugar en el que él le había confesado su deseo de suicidarse. Práxedes, aún en la cama, parpadeó inexpresivo, quizá ocultando su asombro. Pasó un buen rato hasta que se levantó y cogió a su Klaángel por la cintura, besándola sin sangre, sin violencia, casi sin dientes, acariciando su paladar para decirle que no quería volver a hacerle daño. “Estuvo bien jugar a herirnos mutuamente, pero yo soy el único que persigue el dolor. Tú eres la personificación del placer, mientras yo ansío el sufrimiento físico. Necesito dolor, te necesito a ti”. Fijó su ojos en ella. “Quiero morirme”. Kla comenzó a llorar sin desenredarse de sus brazos. Conocían el final de la historia, su historia, y ella sería la asesina. Lo sabía, lo sabía. Los dos querían que así fuera, pero la idea la torturaba y la seducía de tal modo que no podía más que llorar y sentir un placentero cosquilleo al mismo tiempo.&lt;br /&gt;“Ahora”, susurró el cuerpo sudoroso de Práxedes sobre el de Kla. Ella tembló. Ahora. Fuerte, contundente. Ahora, ya nunca. ¿Qué importa el tiempo en el período de descuento, cuando ya no existen horas, minutos ni segundos que valgan? Tomó la cuchilla en su mano derecha y procedió a dar comienzo al delicado ritual. Rasgó con fuerza las palmas de sus manos, se abrazaron ensangrentando sus espaldas. Mezclaron sexo y cortes en las venas. Kla desgarró su espalda, mezclando orgasmo y sangre, fluidos y sangre. Práxedes se desangraba, gemía, gritaba de placer y dolor. Gritaban, temblaban y se desvanecían sincronizados, cada uno por razones evidentemente distintas. Los ríos de sangre llegaron a sus bocas y se entremezclaron con saliva y demás fluidos. Besos rabiosos. Ojos de desesperación, de locos, la sangre fluyendo, el cuerpo de Kla sacudiéndose rítmicamente, grititos, gemidos... el lienzo blanco que se iba llenando de trazos cuando Klaartista lo veía conveniente. Kla cayó extenuada contra la cama, se quedó dormida junto a él, que tenía el cuerpo destrozado y los labios llenos de sangre.&lt;br /&gt;Kla despertó, lo abrazó y se colocó sobre su pecho. No escuchó ese tic-tac familiar de su corazón. Estaba frío, Práxedes no despertó. Kla lloró, gritó y tembló maldiciéndose a sí misma por ser la “asesina”, maldiciendo a Práxedes por su curiosidad, maldiciendo a la muerte y sus propias parafilias. Intentó detenerse y echarse atrás. Se odiaba, se odiaba intensamente, pero el instinto no la dejaba retroceder. Más que instinto, era amor. El amor no podía permitir que diera por finalizada aquella tarea que se habían prometido.&lt;br /&gt;Tras el tiempo que gastó en maldiciones y lamentos se dio cuenta de que el cadáver estaba cada vez más y más frío. Sus labios se tornaban lilas con puntitos de sangre en ellos. Aún así, decidió continuar. Había soñado mil veces con tener a Práxedescadáver dentro de ella, igual que antes soñó lo mismo con Javi. Sexo vida-muerte. Cogió el pene de Práxedes y lo introdujo en su vagina. Lejos de obtener el placer con el que soñaba, notó como el frío mortecino ascendía por su útero, llenando no el cuerpo de él de vida, sino inundando el suyo de muerte. Un calambrazo frío le sacudió el espinazo. Incluso dolía tener aquel órgano inerte dentro de ella; dolía y helaba, era imposible sacar un mínimo de placer de ello. Frustrada por la decepción de la necrofilia, su amor desesperado buscó una solución que supliera el desencanto. Se dispuso a consumar el ritual: lo abrió en canal con el mismo filo que había degollado sus muñecas y encajó su cabeza entre las costillas, lamiendo y devorando. Suculentos manjares en crudo: corazón y demás vísceras. Un paladar fino se habría repugnado por la vulgaridad del sabor de aquellos órganos, pero para Kla era el mejor alimento que podía ofrecerse a sí misma y a su amor muerto.&lt;br /&gt;Tras el festín, se acurrucó en la puerta, ensangrentada y lacrimosa. Cayó dormida y se quedó allí acurrucada, inmóvil, tirada en el suelo con una sábana de color inverosímil cubriendo su tristeza y amor inmortal.&lt;br /&gt;Ahí estuvo durante tres días. Hasta que el hedor se escurrió por debajo de la puerta y fue olfateado primero por los perros de la vecina del tercero, luego por toda la escalera. Llamaron a la policía para que averiguaran el por qué del olor putrefacto. Cuando la encontraron, Kla era sólo un amasijo de huesos enredados, temblorosa, con manchas de sangre reseca y vómito. Cuando la encontraron, asustada, inocente, con los ojos llorosos , tal vez ya no fuera ella misma, sino una deformación mucho más frágil de la que había sido. Una Kla llorona, titubeante, desnuda e insegura. La envolvieron en una manta y la metieron en la ambulancia. Balbuceó unos cuantos lloriqueos y perdió el conocimiento. Al momento llegó el juez y ordenó el levantamiento del cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que recordaba eran sus piernas llenas de sangre y un hedor espeluznante que la inmovilizaba, así que no es de extrañar que se asustara al abrir los ojos y verse en medio de una habitación blanco nuclear, vestida con un camisón blanco abierto por detrás, limpia, sin sangre ni pedacitos de vísceras. El olor -antes de cadáver putrefacto- se había convertido en aroma a rosas sintéticas nacientes en el ambientador. No había nadie en la sala. Le apetecía estar con Práxedes, quería que él la protegiera y le explicara por qué había cambiado radicalmente el escenario. Recordó que estaba muerto. Rememoró el cadáver en la cama, sus propias manos cortándole las venas, la sangre, las vísceras. Su boca lamiendo y engullendo órganos. La muerte. Kla se retorció y comenzó a llorar. Silenciosa, pero acompañada de leves gemidos y contracciones nerviosas, provocadas por los escalofríos que recorrían su cuerpo.&lt;br /&gt;Dos hombres vestidos de blanco entraron en la habitación. Kla pensó que era una asesina. Se encogió, intentando escondier la cabeza entre los muslos. Pensó que lo quería, se estiró mientras gemía. Los hombres de blanco se acercaron. Ella lloraba cada vez más escandalosa, desperada por saber que no tendría nunca más a su Práxedes, por saber que no pudo disfrutar , tal y como tenía planeado, de él en su muerte. Si ella hubiera sido un chico y él una chica todo habría salido a pedir de boca, pero así... era frustrante. No fue bonito ni placentero. No. No, ¡no! El ruido del llanto se hacía insoportable, uno de los hombres le cogió el brazo, ella intentaba liberarse de aquella zarpas con zarandeos de un lado a otro de la cama. Pensó que lo quería. El hombre la inmovilizó. Ella lo amaba, ¡oh!, sí lo amaba. En la mano del otro apareció una jeringuilla que le inyectó algo en vena. Una sacudida, un último gemido, pensó que ya no pensaría más. Kla dejó de moverse, en parte por el calmante, en parte porque sabía que no merecía la pena.&lt;br /&gt;Se invirtió. Le dio la vuelta a su cerebro, desactivó todas las funciones que consideró inútiles y se dedicó a obedecer sólo a actos de vital importancia, ni siquiera pensar. Dejó el habla reducida a unos cuantos balbuceos que podían interpretarse con uno u otro sentido según la ocasión. Su cara pasó a llevar siempre una expresión serena, pero a la vez pasmada y asustadiza. No reconoció a aquellas personas que vinieron a traerle flores, que la abrazaban y se echaban a llorar. Igual que tampoco sabía quiénes eran ésas otras que venían , vestidas de blanco, cada mañana a traerle el desayuno. Se limitaba a comer y dormir, no importaba el tiempo que pasara durmiendo, había olvidado qué era eso del tiempo. No importaba nada, no porque la muerte de su amado hubiera trastornado su mente, sino porque su propio cerebro decidió que la desconexión casi total del mundo exterior y de sus propios pensamientos, ideas y sentimientos, sería la única forma de no caer en la locura en que intentarían sumergirla los demás. También conseguiría escapar del sufrimiento y la sensación de culpabilidad, pues sabía que ambos son sentimientos igualmente inútiles.&lt;br /&gt;Convertirse casi en un vegetal tal vez no fuera una solución inteligente, pero no era la inteligencia la que iba a mantenerla con vida. De haber seguido siendo Kla -soñadora, perversa, amante- habría acabado empujada al suicidio. Lo sabía, al igual que sabía que quería vivir. La muerte la apabullaba, no la muerte de los demás, sino la suya propia. Le atormentaba la idea de morirse. Fue ella quien decidió adaptarse a esa especie de shock, inmovilizar parte de sus neuronas sería lo único que le permitiría sobrevivir.&lt;br /&gt;Durante semanas los psicólogos se rompieron la cabeza intentando descifrar sus balbuceos. Tras creer que habían logrado comprender el significado de unas cuantas frases, y no habiendo conseguido encontrar en el comportamiento de la paciente rasgos de racionalidad, decidieron que podría estar presente en el juicio aunque se encontrara incapacitada para declarar. Se la acusaba de asesinato, necrofilia y antropofagia; crímenes todos ellos cometidos en la persona de Práxedes Yepes Egea.&lt;br /&gt;Su madre le trajo algo de ropa. Una enfermera se encargó de vestirla con unos vaqueros y camiseta negra, le recogió dos mechoncitos de pelo con una pinza y le dio un poco de carmín en los labios, ocultando su color pálido característico. El día del juicio Kla estaba tan bonita como ausente su mente. La camiseta negra le daba cierto aire de criminalidad, compensado con la inocencia que aportaba el escueto peinado y su boquita entreabierta y balbuceante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sentencia fue clara, al igual que lo fueron los estudios psiquiátricos que usó en su beneficio el abogado defensor. Se interinaría a Kla en un psiquiátrico, quedando libre de cargos. No se la consideraba responsable de la muerte de Práxedes, ya que varios informes psicológicos de éste cuando era niño -desempolvados para la ocasión-, mostraban una conducta suicida que podía explotar en cualquier momento. No quedaba claro si se trataba de un crimen pasional o de un asesinato consentido, una mezcla de eutanasia y suicido muy retorcidos.&lt;br /&gt;El tema de la necrofilia -se habría demostrado que Kla había ingerido trozos del cadáver-, se resolvió con que sus facultades mentales se deterioraron de forma trepidante tras la muerte de su novio, así que no era responsable de sus actos en el momento del festín antropófago, siendo ésto el fruto de su enajenación mental.&lt;br /&gt;Sin nadie que tuviera nada más que alegar, pues todos reconocían el fuerte deseo de Práxedes de poner fin a su vida, y estando la salud mental de la acusada más que debilitada, se cerró el caso. Trasladaron a la declarada inocente al hospital psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;Kla brillaba. Brillaban sus ojos y sus manos, brillaba su pelo y su garganta apagada. Desde el día que recobró la conciencia acostumbraba a pasar todo el día acurrucada en un rincón de la habitación en la que se encontrara, mirando absorta y asustada lo que la rodeaba; justo en la misma posición en la que estaba cuando encontraron el cadáver de Práxedes. Permanecía allí tirada todo el día, recostándose y dormitando un poco si le entraba sueño.&lt;br /&gt;Los médicos dijeron que había posibilidades de que ese bloqueo mental fuera un estado transitorio, podría remediarse tratándola de forma intensiva. Metieron a Klaasustadiza en una habitación completamente blanca, vacía, con una cama igualmente clara en un rincón y una ventana alta, con barrotes, que inundaba el cuarto de asquerosa luminosidad. Su madre la despidió con un abrazo y la dejó allí, sentada en la cama, pálida y clara, perdida, extraviando la mirada en la pared de enfrente. Mientras tanto, Kla, ajena a todo y a todos, eligió enseguida el rincón en el que asentaría su ensimismamiento, sería la esquina derecha, justo enfrente de la cama. Estaba tan guapa en la cama del psiquiátrico que Práxedes habría enloquecido de haberla visto así.&lt;br /&gt;Le asignaron una enfermera, que sería la encargada de mantener a la flor igual de guapa que el día en que llegó al hospital. La lavaba todos los días, la peinaba, la vestía y le daba de comer mientras le contaba cualquier cosa -qué tal le iba con su nuevo novio o lo bien que estuvo la película que vio la tarde anterior-. Klamuda no respondía ni daba impresión de que escuchara. A la enfermera no pareció molestarle, de todos los enfermos que atendía ella era su favorita, hasta su silencio resultaba cómodo. Quizá fuera por el hecho de que Kla pareciera siempre un ángel, una niña miedosa escondida en su rincón, frágil y quebradiza. Cualquiera que la viera habría dado la vida por proteger sus manos temblorosas.&lt;br /&gt;La enfermera se encargaba de levantarla de la esquina y acostarla en la cama todas las noches. Por la mañana, en cuanto Kla se despertaba, corría de nuevo a refugiarse a su rincón, hasta que la arrastraban a sus dos horas de consulta diarias, en las que los psiquiatras y demás doctores nunca consiguieron sacar nada nuevo, y le hacían tragar tres comidas al día con sus fármacos correspondientes. La trataban como una muñeca en un mundo de locos, precisamente lo que ella era.&lt;br /&gt;Kla continuaba amando a Práxedes desesperadamente, en su aparente locura la consolaba el hecho de que parte de él hubiera quedado reducido a aminoácidos dentro de su cuerpo. La eternidad los conserva. Algún día los devorarán juntos los gusanos, porque él ha pasado a formar parte de su cuerpo.&lt;br /&gt;Los primeros quince días transcurrieron sin novedad, con Claracallada escondida en el rincón. Hasta que una noche comenzó a hablar en sueños, siempre las mismas palabras: “Te querría hasta muerto”. La oda al amor que había marcado su vida se unía a los gritos y gemidos de esquizofrénicos, y demás locos, que llenaban de sonidos de agonía las noches del psiquiátrico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Práxedeskla. Klapráxedes. Amoricidio antropófago.¿Quién dice que el amor no es un juego de locos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111494786791935618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-tbT3-joI/AAAAAAAAAC8/H_dr-nynt5c/s200/tu+dulce.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Ilustraciones por cortesía y arte de &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;a href="http://memyyokeandi.blogspot.com/"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Lex Gar San.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6780054015376777226?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6780054015376777226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6780054015376777226&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6780054015376777226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6780054015376777226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/prxedes-y-kla-2005.html' title='-Práxedes y Kla- (2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-qdT3-jlI/AAAAAAAAACk/INF5Cz8SSHk/s72-c/pyk.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-6691369483197487129</id><published>2007-09-18T03:35:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T03:36:52.689-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De Amore'/><title type='text'>A-More   (2004-2005)</title><content type='html'>A More le daba vueltas la cabeza, la habitación giraba y giraba sin parar. Cama, estanterías y libros se agitaban con movimiento circular. Si cerraba los ojos podía sentir como todo volvía a la calma. Se entretenía parpadeando, primero despacio, luego violentamente.&lt;br /&gt;Estaba sola, tan sola que buscaba compañía donde sabía que no la encontraría. Buscaba soledad, compraba soledad. Comía sola y sonreía al vacío. Iba a tomar café sola y se miraba, alegre y coqueta, en el espejo de la pared del fondo, exasperando a un camarero que se había encaprichado de ella. Físicamente se encontraba casi siempre rodeada de gente y supuestos amigos. Reía y charlaba a menudo, incluso seguía teniendo algún amante esporádico con quién compartir la soledad del amanecer. Únicamente ella conocía el secreto: estaba sola, como siempre había estado y siempre estaría. Los demás no se daban cuenta de que, en realidad, no era la chica sonriente y socialmente activa que parecía, pero es que los demás rara vez ven más allá de sus propias narices.&lt;br /&gt;La soledad puede llegar a ser un buen amante, More la desvestía y la metía en su cama. Ésta sabía moverse ágilmente por cada recoveco de su cuerpo, dando aquí y allá exactamente lo que cada órgano necesitaba. La soledad tenía cada noche nombre distinto. La soledad no entiende de género, no sabe de palabras ni consuelos. Sólo tolera el sexo explícito, sin amor. El descubrimiento de que la soledad excluye necesariamente el amor fue lo que le hizo percatarse del agrio secreteo de su existencia: estaba condenada a la soledad. Pues, el amor, ya se había encargado ella de guardarlo en tarritos de cristal.&lt;br /&gt;More no quería enamorarse. No señor, ella no quería enamorarse por nada del mundo. De niña le habían hecho ver mil películas, la habían llevado a cuatrocientas obras de teatro, había leído un montón de libros y le habían contado tropecientas historias; podía asegurar, a ciencia cierta, que más de la mitad de ellas eran de amor. La pequeña acabó viendo el amor como algo monótono y aburrido, un sinvivir lleno de sufrimiento, egoísmo y agonía. Una infelicidad perpetua en busca de una alegría inexistente. Afrontar todas las historias que conlleva el “Me quiere, no me quiere” deshojando margaritas le parecía completamente inútil, ella no debería caer en semejante bobería.&lt;br /&gt;Si bien estos pensamientos la convertían en una niña un tanto perversa, también la hacían totalmente vulnerable ante la realidad diaria a la que tenía que enfrentarse. Sus ideas originaron miedos más infantiles, no había situación amorosa que no le provocara un escalofrío o la hiciera soltar un par de lágrimas. Sólo con pensar en la palabra “amor” el miedo cristalizaba en sus ojos. Se escondía cuando alguna escena amorosa se colaba en su televisor, temblaba cada vez que una canción de amor sonaba en la radio, incluso estallaba en lágrimas cada vez que veía a papá y mamá besándose.&lt;br /&gt;Llegó a la conclusión de que enamorarse era lo peor que le podía pasar en el mundo. ¿Qué necesidad hay de entrar en la cuerda floja del amor, en la que tan pronto puedes ser feliz o desgraciada? ¿Por qué correr riesgos pudiendo ser feliz sin depender de nadie? Además, estaba esa extraña forma de comportarse de los enamorados: atontados, con media sonrisa estúpida pegada en la cara, babosos como ellos solos. El panorama no parecía muy atractivo, todo lo contrario: mortificante, horrible. El temor a caer enamorada era tan grande que no la dejaba dormir y, cuando lo conseguía, la asaltaban horribles pesadillas, en las que se veía a sí misma acercándose a un chico para besarlo y lanzarle un estúpido “te quiero”. Lograba escapar del sueño a base de gritos y pataletas. La niña puso en marcha su mente infantil para encontrar la protección necesaria con la que enfrentarse a tal sentimiento. Era consciente de que no se trataba de un miedo de esos que se vencen con un achuchón de mamá ni abrazando fuertemente su osito de peluche. Este pavor no era equiparable al que pueden causar el coco o el hombre del saco. Ni su madre ni su osito intervendrían para salvarla de su fobia al amor, tendría que hacerle frente ella sola.&lt;br /&gt;Tras desechar la idea de no enamorarse nunca -las mil películas que había visto demostraban que era imposible no sucumbir alguna vez ante el embrujo del monstruo amoroso-, y otros descabellados artilugios para no caer víctima del amor -como cerrar los ojos cuando viera un chico, o pincharse con una aguja cada vez que creyera que podía enamorarse-, dio con la solución que prometía ser más eficaz: el vómito.&lt;br /&gt;Fue una amiga de su hermana quien describió el amor como un cosquilleo que empieza a tintinear en el estómago, para ir expandiéndose, dulcemente, por el resto del cuerpo. La niña llegó a la colusión de que si conseguía extirpar esa sensación en una etapa temprana -cuando aún se encontrara en el estómago-, podría evitar la propagación del sentimiento por el resto del cuerpo. La única forma que conocía de sacar algo del estómago, con cierta rapidez, era vomitando.&lt;br /&gt;Encontrar este antídoto contra el amor le proporcionó la suficiente seguridad para abandonar sus temores, dotándola de cierta superioridad ante cualquier referencia amorosa. Guardó el descubrimiento de su método asesina-amor durante dos tiernos años, sin que se presentase la ocasión de llevarlo a la práctica. A los nueve años, turbada por las sensaciones que generaba en ella su compañero de pupitre, comprendió que había llegado el momento: ahí estaba el amor, ahí ella, ahí sus dedos. Dentro dedos, fuera amor. Ella, sólo ella y la gran satisfacción tras su primera vomitona. El cosquilleo desparecía, funcionaba. Eficacia cien por cien. El éxito hizo que continuara fiel al método. A partir de entonces, cuando un cosquilleo de amor se removía en su estómago, ella introducía hábilmente los dedos en la garganta y... voilà!, ahí estaba el amor: una mezcla de jugos gástricos y comidas ligeras. Totalmente efectivo, si no ¿cómo explicas que después de vomitar los cosquilleos propios del enamoramiento desaparecieran?&lt;br /&gt;La primera vez que lo hizo le pareció asqueroso, pero no iba a renunciar a aquella fantástica técnica sólo porque resultara repugnante. Más tarde pensó que sería buena idea guardar el amor, no sería ético ni moral tirar una cosa tan preciada como nuestros sentimientos. Tras llenar los tarros de amor vomitado los etiquetaba: “Amor a tal”, “Amor a cual”... Resultaba curioso la de gente a la que había llegado a amar, aunque sólo hubiera sido durante un instante.&lt;br /&gt;Afortunadamente sus vomitonas estaban muy esparcidas a lo largo de su vida, haciendo que su esófago no sufriera demasiado la agresión de jugos gástricos y otros ácidos digestivos. Hasta que apareció él, el chico que no era especialmente atractivo pero tenía unas manos bonitas. Se vieron varias veces antes de que el sentimiento apareciera. Se tropezaban en el metro y se miraban de reojo, o se cruzaban en el supermercado, coincidiendo ante la última caja de cereales. Se dirigían miradas curiosas durante unos instantes, para apartar la vista luego y proseguir su camino, olvidando por completo al otro.&lt;br /&gt;El fruto de sus encuentros fortuitos llegó pronto. More caminaba con prisas por la calle, había alguien en la esquina, pintando. Sus ojos se clavaron en las manos del pintor sin dirigirse antes a ningún otro sitio, ni cara, ni cuerpo, ni nada. Él movía las manos con agilidad, una sujetaba la paleta llena de colores, la otra danzaba con un pincel entre las yemas de los dedos. Manos pálidas, casi níveas, salpicadas de manchas de pintura roja que parecían imitar sangre. More se moría de ganas por morder y saborear esas heridas ficticias. El chico notó la mirada y volvió la cabeza, ninguno recordó haber visto nunca antes al otro. Ella abandonó el ensimismamiento en sus extremidades para fijarse en su cara, en sus ojos. Estaban frente a frente. El pintor esperaba que la chica dijera algo. Ante su mudez, él abrió la boca, con intención de articular alguna estúpida palabra fuera de lugar, hay momentos en los que sólo procede el silencio. Justo en ese instante More lo sintió: el cosquilleó nacía en su estómago. Echó a correr calle arriba, vuelta a casa, dejando al chico con la palabra en el filo de los dientes . Vomitó todo el desayuno en un bote. Etiquetó el mejunje como “Amor a manos”.&lt;br /&gt;Al día siguiente él volvía a estar en la esquina, pintando. Le comía la curiosidad por averiguar quién era la chica de la tarde anterior, la que había echado a correr sin decir palabra. Tenía la esperanza de que apareciese, le parecía tan bonita... y apareció, aquella esquina era camino ineludible de More para salir de casa. Muerto el amor More pretendía llevar al chico a su casa y compartir algo más que miradas. Muerto el amor no había peligro ni miedo, quería jugar y averiguar el secreto que escondían esas manos. Se repitió la escena del día anterior, en la que se plantan frente a frente y ninguno dice nada. Ella sonrió, él dibujó una sonrisa en el lienzo. Ninguno se atrevió a hablar. More incrementó la sonrisa enseñando sus dientes menudos, él empezó a preguntarse cómo sería tocar esos dientes. La respuesta llegaría pronto, cuando abandonaran el menos común de los sentidos y se entregaran a esa sensación conocida como deseo. Ella se acercó y cerró los ojos sin dejar de sonreír, él miraba perplejo, idolatrando sus dientes. Estaba tan cerca que no pudo elegir la opción de no besarla. El beso más largo conocido en esa esquina. Lenguas, saliva, dientes. Dos desconocidos, cero por ciento de amor. “Perfecto”, pensó More. Dejaron la sonrisa dibujada en el lienzo y corrieron a su casa. Fue fantástico poder sentir, por primera vez en mucho tiempo, que no se había sentido sola.&lt;br /&gt;Siguieron viéndose cada día, besándose en la esquina cuando ella bajaba con prisas y él pintaba. Ella sonreía, él trazaba sonrisas en el cielo de sus cuadros.&lt;br /&gt;El terror volvió a More un día en que su nariz volvió a encontrarse con la del chico. Apenas se habían rozado sus labios cuando un cosquilleo zumbó en su estómago. No tuvo tiempo de parar el beso, pero si pudo interrumpirlo a la mitad, dejando la boca de él insaciada y a medias. Se disculpó, volvió corriendo a casa para matar la sensación. Era extraño, nunca había vomitado dos veces por la misma persona. Almacenó el vómito y se enjuagó la boca. Volvió junto a él y continuaron donde se habían quedado.&lt;br /&gt;A More le gustaban sus manos y su compañía. Pensó que si vomitaba cada vez que sintiera surgir el amor no podría enamorarse de él. No amor, no sufrimiento, ¿dónde estaba el problema? El chico, que no sabía nada de vómitos ni de asesinar sentimientos, fue enamorándose paulatinamente de ella, mientras More recurría a expulsar alimentos vía oral con cada vez más frecuencia, incluso tuvo que vomitar dos veces seguidas en una ocasión. El maldito amor no la dejaba en paz.&lt;br /&gt;De las tardes de pasión apresurada besándose en la esquina pasaron a las noches tenues y dulces, al amanecer de las cuales ella tenía que salir corriendo a llenar otro bote. Cada noche era más larga y más hermosa, el chico, sin atreverse a decírselo, sentía que la quería más y más. More sabía que no podía dejarse arrastrar, no quería ser una desgraciada enamorada. No, ella no había nacido para el amor, quería ser feliz... era feliz. El amor sólo parecía sinónimo de egoísmo y sufrimiento. Él se enamoraba y ella huía, llenando más y más botes. La colección aumentaba con etiquetas varias: “Amor a manos”, “Amor a óleo”, “Amor a noches”... Nombrar cada tarro con palabras que no hicieran referencia directa a él le hacían sentir que controlaba la situación. Además, la sensación originaria del amor nunca se producía en ella por una persona propiamente dicha, sino que eran ciertos detalles de cada chico los que le hacían estremecerse.&lt;br /&gt;La agonía llegó con el vómito número diecinueve, cuando su esófago empezaba a resentirse del paso de jugos gástricos y su boca se acostumbraba al sabor ácido de la bilis. Escribió la siguiente etiqueta: “Amor a él”, sólo y exclusivamente a él, a su persona por completo. No a sus manos, sus ojos o su pelo, había sentido el maldito cosquilleo provocado por el recuerdo de él, de toda su persona, todo él. Respiró aliviada, había conseguido mitigar el sentimiento. O eso creía, un instante después un escalofrío recorrió su cuerpo. El cosquilleo del estómago volvió, expandiéndose rápidamente, deslizándose por sus muslos, llegando a sus tobillos y haciéndolos temblar. El cosquilleo jugueteó con su ombligo y continuó subiendo hasta los pulmones. Al llegar al pecho explosionó, se hizo inmenso, plasmándose en latidos fuertes y sonoros de su corazón, que parecía pedir a gritos ser vomitado. Estaba aterrada, la sensación era demasiado fuerte, tenía miedo de ahogarse, de perderse en ella. Sus pensamientos eran laberínticos, temía no encontrar el camino de vuelta. Lo amaba, sí, lo quería. Quería extirpar el corazón del chico y saber que lo tendría siempre a su lado, sería capaz de suicidarse si él dijera que no sentía lo mismo. Vomitó dos, tres veces. Lo intentó una vez más, pero ya no le quedaba nada en el estómago, el resultado fue una irrisoria papilla blanca. La sensación se calmó, el cosquilleo dejó paso a mareos y dolor de cabeza.&lt;br /&gt;Extenuada -vomitar cuatro veces requiere más esfuerzo físico del que parece-, se tumbó en el suelo, sumergiéndose en un estado de semiinconsciencia. Cuando volvió a abrir los ojos notó cómo la sensación del amor volvía a aparecer suavemente, para luego apoderarse de ella de nuevo, poseyéndola y sacudiéndola con fuerza. Su cabeza, que había conseguido sobrevivir a un dolor infernal, batallaba para encontrar la fórmula mágica que acabara con esa indeseable avalancha de sentimientos. El amor era demasiado fuerte, la aprisionaba. Lo amaba, lo amaba infinitamente en aquel momento.&lt;br /&gt;La batalladora More sucumbió con lágrimas en los ojos, si no puedes vencer a tu enemigo únete a él. Decidió dejarse vencer, abandonar la lucha. Realizaría el proceso inverso y recuperaría su amor. Estaba dispuesta a entregarse, a resignarse y aceptar la derrota. Se dirigió al armario donde guardaba sus tarros de amor embalsamado y fue vertiendo su contenido al váter en orden cronológico, hasta llegar al etiquetado como “Amor a manos”, donde empezaba la colección dedicada a él. Sentada en el suelo de la cocina, rodeada de sus queridos tarros, comenzó a beber. Bebió el primer bote con tragos largos y desesperados. Continuó con los demás, suavizando los tragos, que pasaron a sorbos de lento y angustioso paladear. Las náuseas turbaban sus ojos ascendiendo como una marea. Al llegar al tarro denominado “Amor a él” se derrumbó en el suelo, desmayada. Cuando recobró la conciencia el sabor del vómito le abrasaba la lengua. Al contrario de lo que ella esperaba, no quedaba rastro del indeseable sentimiento, el cosquilleo se había esfumado. Había tragado todo el amor, ¿no se suponía que debía éste debía hacer que quedara automáticamente enamorada? Pensó que sí, que en verdad debería estarlo. Resultaba lógico que ya estuviera enamorada. No notaba nada diferente, se sentía serena, apaciguada, sin un suspiro ni un latido de más. Sonrió al espejo y pensó “No es tan malo como creía”, estiró la sonrisa. Sin darle más vueltas corrió a darse una ducha, resultaba más urgente deshacerse del asco, única sensación que la invadía en ese momento.&lt;br /&gt;Tal y como creía que debía actuar en su nuevo papel de enamorada, se dedicó a pensar en él mientras se secaba el pelo. Su cuerpo se llenó de cosquilleos e impulsos nerviosos, las lágrimas se le escapaban. El llanto se agudizó, incluso se escuchaban sus gemidos por encima del ruido del secador. Acabó tendida en el suelo del aseo, llorando y retorciéndose. Se creyó víctima del mundo, no sabía cómo jugar con esa sensación desconocida que era el amor. Pensaba que ella no tenía la culpa de nada de lo que le estaba ocurriendo. Era el mundo, el mundo había creado sensaciones horribles para hacer sufrir a muchachas felices como ella. El victimismo y la autocompasión la amordazaban contra la pared. “Él o yo”, único pensamiento posible.&lt;br /&gt;El desconcierto la llenó de dudas, las dudas derivaron en victimismo, el victimismo en autocompasión, arrojándola a una espiral autodestructiva de la que era prácticamente imposible escapar. Algo hizo crash dentro de ella. La autodestrucción sufrió metamorfosis para transformarse en egoísmo, que condujo a la sinrazón. Ésta la adentró en un shock nervioso que duró un par de días, durante los cuales sólo pudo actuar de forma mecánica, no pudiendo hablar ni pensar, ciñéndose a realizar actos de vital importancia.&lt;br /&gt;Una mañana, despertó. La sinrazón dejó atrás su fase pasiva para activarse, para tramar locuras de acuerdo con lo irracional, con lo no plenamente humano. Tras la cita apasionante de “Él o yo” se alzó el “Yo” como única opción de supervivencia.&lt;br /&gt;Llamó a su amante pintor, quien fue a verla esa misma tarde. Se encerraron en la habitación del piano. More lo besó brusca, torpe, desesperadamente, hasta que la lengua le pegó tirones por lo mucho que intentaba introducirse en su garganta. Mordió sus labios hasta hacerlos sangrar. Pasaron horas mirándose, sin que él se atreviera a decirle lo mucho que la había echado de menos en los últimos días. Ella tendió la mano, ofreciéndole algo. Él dibujó una sonrisa, aceptando el ofrecimiento, participando de los juegos pseudoinfantiles de More, juguetes químicos creadores de paraísos. Jugaron a besarse pasando la pastilla de boca a boca, acabando intencionadamente en la de él.&lt;br /&gt;Dibujó una sonrisa en un folio arrugado, ella soltó una carcajada y lo besó en la mejilla, haciendo que se sonrojasen como niños. Sus pupilas se agrandaban y dibujaban figuras en el aire, reían mientras describían los mil dragones, flores y rostros que creían ver deambulando por la habitación. El chico sintió unas ganas enormes de tocar el piano, More se sentó sobre el instrumento. La música y los colores inundaban el cuarto. Ella se asomaba a los ojos del chico, a sus labios, visionando imágenes caleidoscópicas tatuadas en su piel. Se les aceleraba la respiración, a ella sólo un poco, la de él había alcanzado un ritmo vertiginoso, imposible averiguar dónde acababa el sonido acelerado del piano y empezaba el de su corazón.&lt;br /&gt;Luego le apeteció pintar. Mezcló cyan y magenta, quería hacer un retrato púrpura de More sentada sobre el piano. Al comenzar aún sonreía, luego se dio cuenta de lo rectas que le habían quedado las líneas de los labios y la inexpresividad que daba a los ojos el color morado. Arrugó el folio.&lt;br /&gt;Ante su fracaso como retratista, desdibujó su sonrisa, decidió cambiar el lienzo por el aire, la invisible masa gaseosa como soporte para mil pinturas. Ya no le importaba que More nunca le hubiera dicho que lo quería, que se hubiera sentido despreciado, gastado y malgastado. No importaba que ella jamás lo hubiera amado.&lt;br /&gt;El aire continuaba llenándose de rostros, figuras y colores que él mismo salpicaba desde la paleta. Las figuras iban consumiendo oxígeno, haciendo la atmósfera irrespirable. Sus inspiraciones y espiraciones eran cada vez más huracanadas, casi desesperadas, buscando el escaso oxígeno que quedaba. Al fin, cerró los ojos. Intentó decir algo memorable en el momento final, una de esas frases lapidarias por las que se recuerda a uno post-mortem, tenía un último resquicio de fuerzas y le apetecía hacerlo. Faltaban ideas, así que tuvo que cerrar la boca sin decir nada, últimos deseos lisérgicos evaporados. Desorbitó los ojos y dibujó una sonrisa. Después, cayó. Se desplomó en un rodillazo contra el suelo, ya estaba muerto cuando estrelló la boca contra la moqueta .&lt;br /&gt;More bajó del piano. Abrió la ventana, dejando que el viento renovara el aire del cuarto, diluyendo las figuras y colores que habían quedado flotando. Se acercó al cuerpo. Quiso besarlo, sus labios continuaban siendo tentadores. Se arrepintió dos segundos antes, cuando su cabeza rozaba la horizontal y sus narices se tocaban. Salió corriendo de allí, huyendo. Cerró con llave y doble pestillo.&lt;br /&gt;Dibujó una sonrisa. Había vencido.&lt;br /&gt;More asesina a-mor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-6691369483197487129?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/6691369483197487129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=6691369483197487129&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6691369483197487129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/6691369483197487129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/more.html' title='A-More   (2004-2005)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-852775435677322947</id><published>2007-09-18T03:29:00.000-07:00</published><updated>2008-12-09T19:16:58.223-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-Ludivine y el Loco de la Ventana- (2006)</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111490539069279810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-pkD3-jkI/AAAAAAAAACc/qL1Vfc9IxTU/s200/ludivinejuani.jpg" border="0" /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111490238421569074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-pSj3-jjI/AAAAAAAAACU/IdaFeEDC4c8/s200/ludivine.jpg" border="0" /&gt;Dicen las malas lenguas del lugar que la casa de la colina siempre estuvo allí. Antes de que el más anciano de los hombres de la ciudad naciera, incluso antes de que se construyera el Gran Teatro en la Plaza Mayor y se encauzaran las acequias hacia los nuevos regadíos, ella ya se erguía ahí, con sus enrejados y sus gatos, docenas de gatos maullando a su alrededor. Saltaban del tejado al único árbol del jardín como si fueran palomas. Se sentaban en la veleta impidiendo que ésta girara al son del viento y se repantigaban en las cañerías. Había tal cantidad de dichos animales que parecía imposible que nadie pudiera habitar semejante lugar. Pero al igual que la casa siempre estuvo allí, también hubo siempre alguien en su interior. Alguien a quien las gentes de la ciudad no se atrevían a visitar, a quien los niños temían más que al hombre del saco.&lt;br /&gt;Ese alguien misterioso que habitaba la casa era conocido como El Loco de la Ventana. Sólo se dejaba ver de noche, en su ventana, con la cabeza apoyada sobre el cristal y los brazos estirados, con el gesto desgarrado como si estuviera loco, mientras los gatos maullaban a la luna y saltaban acompañando la locura de su protector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el escenario se movía pisando margaritas. Podías verla girar y girar sobre sus talones sin cansarte, sin pestañear siquiera. El teatro entero se volvía cristal cuando aparecía, cada gesto era frágil y quebradizo. Cada movimiento derruía el anterior y construía el siguiente. Un tosido en el patio de butacas parecía bastar para hacerla caer. Si la belleza tuviera que personificarse, tener rostro, labios o piernas, nunca serían las de Ludivine; pero si la belleza tuviera que plasmarse en movimiento no se movería como la brisa marina ni las hojas de los árboles, la belleza se movería como Ludi, con la precisión de sus pasos de copa de filo roto. La pulcritud de sus pasos rallaba en la ciencia más exacta. Saltos matemáticos y giros físicos. Vuelos acelerados. La atracción gravitatoria vencida por las revoluciones del tutú. Los ojos llenos de maquillaje, lágrimas y destellos.&lt;br /&gt;Era tan maravillosa que todos querían chuparle las piernas. No se lo decían, por supuesto que no, el fingimiento y disimulo camuflan bien la lascivia. Los hombres más importantes de cada ciudad -políticos, empresarios, grandes constructores, etcétera, etcétera-, solían ser invitados a cenar o a tomar algo con el personal de la Compañía de Danza después de las funciones. Dos copas de champagne bastaban para que los más venerables se despojaran de todo protocolo y ritual de cortejo. Sucumbiendo a sus más bajos instintos se arrodillaban ante la bailarina, salpicándola de alcohol mientras le suplicaban amor o, al menos, se insinuaban como compañía para la noche. Desde esa perspectiva, con la corbata desencajada, pañuelo de seda arrugado y compostura perdida, les era imposible ver más allá de sus muslos. El mundo comenzaba en sus tobillos para perderse en los confines de sus carnes, donde el lino del vestido se confundía con la piel dulce de leche de Ludi. Las rodillas eran el punto álgido, la perdición hecha carne de todo hombre que estuviera en sus cabales. Amor, regalos, halagos, diamantes, amantes... todo le era propuesto desde el suelo. Ludi miraba, simplemente. Nunca prestaba la más mínima atención a todas esas promesas llenas de incoherencias y amor infinito que graznaban los honorables borrachos postrados ante ella. La máxima dedicación que les entregaba era la de conseguir que el director de la compañía se las arreglara para despegarlos de ella.&lt;br /&gt;Todos se preguntaban por qué nunca subía a ninguno de estos hombres a su habitación. Hasta el director de la compañía le había dicho que no importaba si alguna vez tenía un desliz con alguno de aquellos que le prometían sueños dorados. Nadie entendía que no pudiera pensar en hombres, esa castidad en camisón de seda resultaba incomprensible.&lt;br /&gt;Su público, sus compañeros, el director, incluso su misma carrera de bailarina, le pedían que se comportara tal y como se espera de una artista de tal calibre. Hay una imagen, una pose que mantener. Por ese motivo, en lugar de dedicarse a amantes y amoríos, Ludi sufre. Sufre de acuerdo con su nivel de artista, mucho, puede que demasiado. Sufre porque así es como ha de ser, porque así le gusta al respetable público imaginársela después de las actuaciones. Sola en su camerino, lavando las zapatillas rosas en whiskey. Sufre porque vende, se lo ha dicho su agente. En las entrevistas pone cara de maníaca depresiva y suelta algunas lagrimitas, firma autógrafos con tristeza y desgana.&lt;br /&gt;Nadie sabe que Ludi tiene un amante. Aunque lo supieran, nadie querría saberlo. Está loco. El Loco de la Ventana, el de la casa de los gatos. Él sólo puede ofrecerle maullidos y gatos bajo la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años atrás Ludi se saltaba clases a su antojo de bailarina caprichosa. Desaparecía una hora, dos, o incluso toda la mañana, para divagar por ahí en busca de algo más provechoso y menos aburrido que el colegio. La pequeña Ludi se escapaba de la escuela por la verja de atrás. Saltaba elásticamente y se escabullía por las calles antes de que nadie pudiera verla. Al principio todo eran enfados y castigos en casa al enterarse de sus fugas escolares. Semanas sin salir, sin postre, sin televisión y sin muñecas, hasta llegaron a prohibirle ir a clases de danza si persistía en su actitud.&lt;br /&gt;¿Qué le importaba a ella el colegio? Cuando asistía a clase no hablaba ni sonreía demasiado, estudiaba aún menos. La habían convencido de que la danza era su vida, así que a ello se dedicaba en cuerpo, alma y tobillos. Practicaba pasos de baile bajo la mesa en clase literatura, las lecciones de matemáticas las gastaba en recordar el número exacto de movimientos que debía hacer en su siguiente muestra. Sabía que su camino no podía estar echo de libros ni calculadoras, sino de baldosas amarillas que ella debería recorrer con limpieza en cada paso.&lt;br /&gt;Tenía algo que muy pocos tienen: futuro, trabajaba duro para asegurárselo. Entrenamientos tres días a la semana con las demás chicas del club de baile, las cuales la admiraban y envidiaban si relacionarse demasiado con ella. Dos días más iba clases de refuerzo y complemento a su educación de prodigio. Su profesora y entrenadora personal se encargada de que realizase cada uno de sus ejercicios y de que entrenara mucho más duro de lo que ninguna de sus alumnas lo había hecho antes. Ludivine logró cosas a las cuales la técnica de su maestra no llegaba, movimientos que la pobre mujer, que una vez también soñó con ser bailarina, no podía plasmar con sus piernas y tenía que limitarse a imaginar y transmitir la idea a su discípula.&lt;br /&gt;A los catorce años, con la perla ya en el instituto y el apoyo incondicional de su profesora de baile, sus padres, convencidos de que su niña era un prodigio de la danza y de que nada serviría empeñarse en que se dedicara a actividades intelectuales tales como la historia o las matemáticas, dejaron de atormentarla. Llegaron a tomar sus paseos en hora escolar como una forma en que la pequeña se liberaba de las tensiones que podían producirle tantas horas de entrenamiento al día. Además, teniendo en cuenta que sus salidas eran siempre diurnas, ¿qué mal podían hacerle?&lt;br /&gt;Así, Ludi fue haciendo suyas las calles de la ciudad. Vagaba, danzaba y observaba el ir y venir de las personas que encontraba en su camino: las ancianitas, los niños de la guardería, los vagabundos recostados en los callejones... Sus paseos constaban de dos partes: durante la primera paseaba, observaba y apuntaba mentalmente aquellos movimientos que merecían su atención. En la segunda buscaba un lugar tranquilo y se dedicaba a imitar lo que había recopilado, o simplemente ensayaba cualquier cosa de ballet clásico que se le resistiera. En busca de dichos lugares tranquilos, sus pasitos de muñeca se adentraron en los barrios bajos, donde las prostitutas barrían los portales y los últimos borrachos intentaban ponerse en pie sobre vómitos resecos. Esos arrabales donde una princesita como ella nunca debería haber puesto la zapatilla, donde puede aprenderse todo lo que no enseñan en la escuela. Y, ante todo, los lugares que circundaban la colina.&lt;br /&gt;Pronto encontró un lugar solitario donde podía ensayar sin ser molestada, justo al pie de la colina. Podía hacer mil giros y piruetas sin temor a ser molestada porque nunca nadie pasaba por allí. Aquel lugar era mejor que ningún otro de los que hubiera podido encontrar, una pequeña arboleda con no más de media docena de pinos resecos, llena de basura y desperdicios que el viento arrastraba. También había un viejo merendero, prueba de lo que había sido un intento de convertir el lugar en parque municipal. Un poco más allá, colina arriba, todo eran matorrales secos y malas hierbas. En la cima, coronándola, la casa, con un único árbol en su jardín lleno de mininos.&lt;br /&gt;La chica danzaba y pirueteaba de aquí para allá, hacía volteretas sobre el viejo merendero y equilibrios sobre los pedruscos. Imaginaba lagos de los cisnes donde Sigfrido era uno de los árboles y los demás cisnes los arbustos. Correteaba como calentamiento y canturreaba para no escuchar de fondo el horrible murmullo de la ciudad.&lt;br /&gt;Un día, Ludi subió la colina. Ni ella misma sabría decir por qué lo hizo. Llegó hasta el porche de los gatos y uno de los animales comenzó a frotarse contra sus piernas. Jugueteó con el gato, corría tras él y lo acariciaba al darle alcance. Lo estaba acunando entre sus brazos cuando se dio cuenta de que alguien la observaba desde la ventana. Vio sólo un ojo que desapareció antes de que pudiera echarle un segundo vistazo. En sólo unos instantes había podido darse cuenta de que no era un ojo normal, sino un ojo desesperado y gatuno. Un ojo que sólo podía pertenecer a una persona, a aquel al que los viejos llamaban El Loco de la Ventana. El gato saltó de sus brazos y entró a la casa por una de esas puertas para mascotas. Ludi no tenía miedo porque las estrellas como ella no pueden tenerlo. Se acercó a la puerta. Apoyó la cabeza sobre ella, intentando escuchar qué sucedía dentro. Sólo silencio. Cerró los ojos. Apenas notó cómo la puerta se iba abriendo sigilosamente, dejó su cuerpo ir mientras se abría. No pudo chillar de terror cuando El Loco de la Ventana la miró y ella cayó en sus brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Loco de la Ventana resultó no ser tan loco ni tan peligroso como los demás le habían pintado. Bueno, quizá sí peligroso. Pero el peligro residía en querer quedarse allí para siempre, colgada de sus movimientos felinos, en no querer salir de su boca ni de sus brazos, en amarlo desde el primer momento sin explicación racional posible. El Loco de la Ventana enseñó a Ludivine algo muy importante para el arte, la enseñó a amar y ser amada. Los asombrados ojos de los gatos observaban a la feliz pareja.&lt;br /&gt;Se amaron desde el principio y sin interrupciones. Comenzaron a los 15 años de ella y los misteriosos 17 de él. Ludivine nunca le preguntó nada de su vida ni le pidió que le revelara la verdad de la leyenda. Aceptó el misterio y comenzó a ser parte de él.&lt;br /&gt;Ella iba a verlo cada mañana. Se marchaba del instituto al comienzo de la segunda hora y llegaba a la colina hacia las diez, él solía estar aún dormido. La bailarina lo despertaba con dulzura y música. Desayunaban cruasanes recién horneados y escuchaban discos en el viejo gramófono. Hablaban de los gatos y de sus clases de baile. Bailaba para él y reían. Él tocaba la trompeta para ella y reían. Se amaban y reían. Hacia eso de las doce Ludi regresaba a clase, daba francés y literatura con su cabecita de enamorada pensando todavía en la colina.&lt;br /&gt;Crecieron sin dejar de verse. El lugar no cambió, siempre en la colina. Los horarios sí que fueron variando. Tuvieron que adaptarse a las clases de conservatorio cuando la bailarina acabó el instituto; a los infinitos ensayos al ingresar en la Compañía de Danza y, por último, a las giras, que dejaban las oportunidades de verse reducidas a los pocos días que la Compañía pasaba en la ciudad cada cuatro o cinco meses.&lt;br /&gt;Giras y giras alrededor del país, del mundo. París, Londres, Nueva York, Sydney... para acabar otra vez allí, en su teatro, en su ciudad. La ciudad de la danza por excelencia. La única con aplausos infinitos a las danzarinas, con lleno hasta la bandera los días que había espectáculo de baile en el Gran Teatro. Aplausos, risas, dinero y sonrisas. Amor a la música y a la danza. La ciudad donde había nacido, crecido y formado como bailarina. La única ciudad donde a ella le brillaban los ojos. La única con una colina, una casita en la cima y un loco dentro, esperándola.&lt;br /&gt;Cada noche en la ciudad Ludi se escapaba su hotel cinco estrellas sin que nadie se percatara. Susurrando con sus pasos volvía a vestirse después de haberse puesto el camión y haberle dado las buenas noches a todo el personal que rodeaba cada uno de sus viajes en gira. No pedía ningún taxi ni hacía el mínimo gesto que los recepcionistas pudieran reconocer como suyo. Se camuflaba en faldas atrevidas, abrigos seductores, maquillaje excesivo, fulares y abalorios, de modo que la identificaran como una de tantas amiguitas caras que muchos clientes solían llevar al hotel. Era fácil ser vista sin ser reconocida.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, una vez en el hotel, hacía uso de su mejor arma de desesperación y disimulo. Sacaba la botella de ginebra que siempre llevaba en la maleta, un frasco grande similar al de channel nº 5. Se untaba los dedos y se embadurnaba el cuello frente al espejo.&lt;br /&gt;“¿Dónde estuviste?, ¿dónde?” “Aquí, en ningún sitio.” Preguntas repetitivas y respuestas sin tampoco demasiada diferencia. Olor a ginebra alrededor de su cuello y manchas salpicándole el camisón. La lindeza ponía cara de víctima o de desesperada, según se presentase. A veces incluso de víctima desesperada que es, con mucho, lo que más vende. Pero ella no bebía ni una sola gota, usaba la ginebra como perfume, como anzuelo de tristezas. Las marcas de la noche no dormida hacían las veces de resaca y simulaba restos de lágrimas.&lt;br /&gt;Con esto conseguía tranquilizar la mente atrofiada del director, que tenía por lema un absurdo “sin tristeza no hay arte”. La dejaban descansar toda la mañana mientras el resto de la compañía visitaba tal o cual exposición, daban conferencias en la Escuela de Danza o participaban en cualquier otro acto cultural que les facilitara las subvenciones. Habiendo dejado a la estrella en cama se aseguraban, de paso, las jugosas murmuraciones de la prensa, que inventaba mil y una historias de sexo y droga con ella como protagonista.&lt;br /&gt;Qué sarta de mentiras en sus manos, en su boca, en sus pasos y tutúes de depresiones ficticias. Qué tristeza más mal llevada y qué felicidad tan bien disimulada.&lt;br /&gt;Las escapadas nocturnas de Ludi sólo tenían cabida allí, por supuesto. En el resto de lugares se limitaba a llevar a cabo el ritual mañanero de la resaca fingida para que nadie pudiera sospechar lo más mínimo.&lt;br /&gt;Al paso que Ludivine atravesaba la ciudad con pintas de damisela cara le salían no pocos clientes. Los esquivaba burlona y astuta, dando a entender que alguien ya había pagado su astronómico precio. Él la esperaba oculto entre los matorrales del viejo merendero, gracias a su vista casi felina subían la colina cogidos de la mano. Una vez allí, mientras ella se desmaquillaba y cambiaba el aspecto de fulana por el de la clara Ludi, él se apoyaba contra el cristal y desencajaba el gesto para el deleite de algún que otro viejo insomne que seguía creyendo en la leyenda y no se decidía a descansar hasta que se había realizado el ritual. Las tradiciones merecen ser conservadas. Tras esto, corría las cortinas, nadie haría de saber nunca que en la casa del Loco fulguraba una estrella.&lt;br /&gt;Tan sólo una vez El Loco de la Ventana consistió en abandonar su nido. Ludivine jamás le había instado a que saliese, ella no pedía más de lo que ya le daba. Fue él mismo el que, cuando la muchacha le contó emocionada que iba a actuar por vez primera en el Gran Teatro con la Compañía de Danza, le pidió que lo arreglara todo para poder ir a verla. No sin esmero ni nervios se dedicaron ambos a la preparación de dicha escapada. Debía parecer un muchacho normal, ni siquiera un entusiasta de la danza ni un entendido del mundillo del arte, simplemente un estudiante al que alguien había dado una invitación para el espectáculo y había acabado allí casi por casualidad. Por nada del mundo tenían que relacionarlos y, ni mucho menos, reconocerlo. No era demasiado el riesgo, ya que jamás habían sido vistos juntos ni él había sido atisbado nunca a una distancia desde la que pudiera reconocérsele.&lt;br /&gt;Ludivine se encargó de conseguirle traje y corbata nuevos. Un traje en beige impecable y corbata salmón sustituyeron el tradicional atuendo de cortabas raídas y camisas llenas de pelos de gato que caracterizaban al Loco de la Ventana. Ludi no tuvo más remedio que echarse a reír al verlo así vestido. Sabía que nunca podría amar a alguien que vistiera siempre con tanto decoro. Lo besó y juntos se las apañaron para arrugar la camisa.&lt;br /&gt;La aventura en el exterior fue bien. Nadie le prestó atención y pudo deleitarse de las piruetas de su amada sin levantar sospechas. Se le saltaron las lágrimas al verla tan bella y volátil. Una vez, tan sólo una vez, ella lo miró desde el escenario.&lt;br /&gt;Después de aquello intentó amarla más si cabía. Quería demostrarle que su amor podía ser aún mayor que el que ella hacía sentir al respetable mientras estaba en escena.&lt;br /&gt;Sus encuentros no volvieron a abandonar la colina ni los maullidos de los gatos. Las escenas de sus noches allí siempre eran parecidas: bailaban e indagaban sobre sus propios cuerpos. Ya de madrugada, el preparaba suculentas cenas con las escasas frutas y verduras que obtenía de su pobre huerto y la sutil ayuda de los condimentos y especias que Ludivine le traía de cada uno de sus viajes. Engullían los manjares a oscuras, en el porche. Rodeados de ojos de gato, de estrellas y las luces de toda una ciudad rendidas a sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El final fue simple: un día llegó y El Loco de la Ventana no estaba esperándola. El gramófono no sonaba ni los gatos maullaban. De hecho , sólo uno de los mininos estaba allí. De la casi veintena que rondaban por la casa sólo uno remoloneaba y gemía, escuálido y hambriento, sin fuerzas para haber huido a dónde quiera que hubieran ido las demás.&lt;br /&gt;Entró en la casa. El esquelético gatito blanco se arrastraba pegándose a sus pies. El gramófono parado. Corbatas y vinilos por el suelo. Ni rastro de él en el salón, tampoco en la cocina ni en el baño. Tomó al gato en sus brazos antes de entrar en la habitación. Empujó la puerta mientras se aferraba al lomo del animal. Tampoco estaba. El Loco de la Ventana había desaparecido. No lo encontró dentro del horno ni en el frigorífico. No salía en ninguno de los setenta y siete canales del televisor. No apareció entre los pañuelos blancos ni debajo del sofá.&lt;br /&gt;Esperar, esa era la esperanza. Esperar allí, buscando algo con que alimentar al gato mientras se convencía de que un poco de tiempo bastaría para que regresara. Ni las agujas del reloj ni el whiskey lo hicieron aparecer. El gato comió algo que encontró en una lata y que no resultaba fácilmente definible. Comenzó a maullar. Sobresalió la luna por el tejado. Las piernas de Ludi se deshicieron de la falda de tablas y se echó a llorar en el sofá. Su cuerpo se retorcía entre hipo y maullidos de gato. Amanecía, ni él ni los gatos habían regresado. Se apoyó en la ventana con los brazos estirados. Estampó la cabeza contra el cristal y desencajó el rostro de dolor, como si estuviera loca.&lt;br /&gt;El resto de los gatos regresaron con el siguiente atardecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111489770270133794" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 281px; CURSOR: hand; HEIGHT: 174px; TEXT-ALIGN: center" height="164" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-o3T3-jiI/AAAAAAAAACM/M2ElPP6a6Lk/s200/El+loco+de+la+ventana+1.jpg" width="222" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-852775435677322947?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/852775435677322947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=852775435677322947&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/852775435677322947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/852775435677322947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/ludivine-y-el-loco-de-la-ventana-2006.html' title='-Ludivine y el Loco de la Ventana- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_QVOImLXrU-w/Ru-pkD3-jkI/AAAAAAAAACc/qL1Vfc9IxTU/s72-c/ludivinejuani.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-5254402604708080234</id><published>2007-09-18T03:27:00.002-07:00</published><updated>2007-09-18T03:28:45.704-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-O te vas tú o se va el gato (II parte de Los gatos y yo)- (2006)</title><content type='html'>Si Manchuria no hubiera sido un gato podría haber sido cualquier otra cosa. Su maullido hace que me estremezca, le acaricio el lomo para que se calle. Mientras, ella cuca los ojos y estira el hocico como muestra de placer. Da gusto verla cazando ratoncillos y pisoteando cucarachas. "Crac´" hacen los artrópodos bajo sus patitas.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;Dijo que no me quería y se largó. Se plantó con sus maletas en la puerta, soltó que se marchaba y que ya no me amaba. La noche antes habíamos hecho el amor en el mismo sillón desde el que yo escuchaba ahora sus palabras, todo igualito a las películas y las canciones tristes. Manchuria se había meado en su ropa a la hora del desayuno y podía olerse el tufo de orina de gato saliendo de su maleta. Lanzó una última mirada de odio retestinado al gato y cerró la puerta sin acercase a darme un abrazo de despedida y condolencia.&lt;br /&gt;No la miré ni intenté detenerla. No se me ocurrió pensar en lo desgraciado que volvía a ser, así que no sentí la necesidad de salir corriendo tras ella. Es verdad que era guapa y que tenía unas piernas felinas que daba gusto lamer por las noches, pero igual de ciertas eran esas ganas de vomitarle encima que me entraban al despertar y verla durmiendo junto a mí, babeando sobre la almohada. Así que, ¿amor? No, de eso estaba seguro que no había. Pobre desdichada si alguna vez ella me amó. Mejor que se hubiera ido antes de que yo hubiera tenido que echarla, para un caballero siempre resulta desagradable humillar a una dama. Que ellas te dejen por los suelos es algo distinto, puedes masticar el dolor y escupírselo a la cara sin que se den cuenta.&lt;br /&gt;Normalmente suelen descomponerse en odio y palabrerías, deformando sus labios de tiramisú en insultos y gestos que no son propios de tales señoritas. Los numeritos finales son una de esas extrañas y patéticas capacidades que han desarrollado las mujeres a lo largo de la historia, una asombrosa cualidad que nunca llegaré a comprender. Ésta se saltó la regla, comportándose como una dama desde su llegada a su partida. Aguantó la crispación de que Manchuria le meara la ropa con la galantería propia de un soldado. Soltó la parrafada habitual del “ya no te amo” sin ningún sentimentalismo. Ni rastro de la mujer que la noche antes se desgañitaba en mis brazos. Estoy convencido de que habría aguantado que le escupiera a la cara sin agachar la cabeza. Se marchó y todo volvió a quedar en silencio. Sin sus taconeos ni su perfume, sin Manchuria gimiendo al encontrar un hedor extraño en la casa.&lt;br /&gt;Por mi parte, me decanto por el victimismo y aparto el resentimiento, sé que ellas prefieren los corderos a los lobos. Cuántas más puedo llevarme a la cama después de estas rupturas no traumáticas. Intento solventar la depresión ficticia con copas de bourbon y tabaco. Siempre en el mismo bar, en el mismo taburete y con los mismos ojos lánguidos de corderito. Cómo seduce la tristeza a esas condenadas. Ellas también llevan la infelicidad cosida a la sombra, lo que ocurre es que sus taconcitos les impiden acercarse demasiado. Qué jodidamente bien ocultan la tristeza con barra de labios.&lt;br /&gt;Bebemos, se enamoran y se quedan. Juran salvarme y darme amor. Yo sólo&lt;br /&gt;les pido sexo y ofrezco palabras seductoras a mis desgraciadas musas. Limpian la casa y cambian las cortinas Ganadas las confianzas, el gato comienza a remolonear a su alrededor. Les ronronea en la oreja y se entromete cuando las estoy besando. Deja pelos en sus bragas y marca el territorio sobre sus cosméticos en la lejita del baño. Es entonces cuando mis queridas damas sueltan su cita favorita: “ O me voy yo o se va el gato”.&lt;br /&gt;            No señoras mías, no. Manchuria no se mueve de aquí. Ella llegó antes que ninguna de vosotras. Dejó sus pelos sobre mi cama antes de que apareciera la sombra de los vuestros, lamió mis tobillos antes de que a ninguna se os ocurriera esa fantasía. Se dejó acariciar con paciencia y maullidos sin necesidad de cambiar las cortinas. Jamás   pidió más comida de la que había en su plato. Así que Manchuria se queda, madames.&lt;br /&gt;            Al lado de la ventana a la que cambiasteis las cortinas está la puerta. Tened&lt;br /&gt;cuidado al salir, no volquéis el cuenco de agua de Manchuria que está junto a la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bon voyage, os echaremos de menos. &lt;br /&gt;Miau.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-5254402604708080234?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/5254402604708080234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=5254402604708080234&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/5254402604708080234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/5254402604708080234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/o-te-vas-t-o-se-va-el-gato-ii-parte-de.html' title='-O te vas tú o se va el gato (II parte de Los gatos y yo)- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-1246345335883410816</id><published>2007-09-18T03:27:00.001-07:00</published><updated>2007-09-18T03:27:51.792-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-Los gatos y yo- (2006)</title><content type='html'>Tenemos cosas en común –yo y los gatos, digo-, como no querer ir a dormir temprano y pasar la mayor parte de la noche maullando (ellos), gimiendo (yo). ¡Ah! Esa maldita trompeta desafinada vuelve a sonar. Me escuecen los oídos cada vez que la oigo, tanto que tengo que ahogar el chirrido en whisky, medio borracho pierdo la capacidad de escucha. Ese capullo se pasa toda la noche tocando la maldita trompeta, descuartizando algo que él llama “música”.  Todo porque a Magdalena,  la muchacha del quinto, dice que le encanta oírlo mientras se pone el camisón y la alcanza el sueño. No tiene el oído muy refinado la pobre, por su culpa nos tenemos que tragar cada noche al tipo ese con la trompetita, superponiéndose sus quejidos instrumentales a mis gemidos, escuchando de fondo a los gatos que maúllan por la tortura.  Se lo perdono –a la chiquilla, digo-, porque en verdad si que está bonita con el vestido rosa. Condenadamente bonita, sus piernas asomando bajo el visillo y la gasa, con su boquita de alelí pidiéndole a ese capullo que toque cuando ella se vaya a la cama, está condenadamente enamorada. La pobre no fue nunca demasiado espabilada, el amor la atonta más si cabe, haciéndola suspirar cuando baja las escaleras para hacer algún mandado, con su siempre boquita entreabierta y un hilillo –fino, transparente, casi invisible- de baba cayendo desde su labio inferior. Eso sí, tremendamente hermosa con el canesú nuevo, con esos labios de “muérdeme-aquí...”, tan hermosa que...&lt;br /&gt;Qué importará eso ahora. Los amores de la cría del quinto, a mí un tipo serio, distinguido, respetable; cuyo único quehacer es llenar una hoja de palabras y presentarla al día siguiente  para que le digan “buen trabajo”, y le den palmaditas en la espalda como si fuera un chucho bueno que ha aprendido a no cagarse dentro de la casa.&lt;br /&gt;“Voluptuoso, estremecedor, absorbente”, dicen mis amantes cuando también para ellas escribo alguna hoja con un soneto o un poema, malas copias de Bécquer y Aleixandre, sólo que ellas no lo saben. “Arrogante, perverso, putrefacto”, cuando descubren una prueba evidente de la anterior presencia de otra  fémina sobre mi cama; cuando no les envío flores ni bombones para su cumpleaños, incluso si olvido la fecha del día en que nos conocimos.&lt;br /&gt;“Caput, estáis muerto”, dijo la última de ellas antes de abandonar definitivamente el cuarto. Se llevó entre los dientes el último de mis poemas. Me enteré de que ahora es poetisa y se presenta envuelta en abrigos de pieles en el teatro y fiestas donde sirven ponche y roquefort. Verdad que todos los escribió ella, sofisticados y sensibles, profilácticos y adaptados a sus nuevas circunstancias de clase alta a la que se ha adherido –ya no tiene que meterse en las sábanas roídas de nadie para que la llamen princesa-.  Nunca confesará que la mitad de todo eso lo aprendió entre mis sábanas. Enséñales poesía para que la succionen, la absorben, adapten y roben. Todo por que el primero, ese que con que se inicia su hermoso libro encuadernado en bermellón, era mío, la muy zorra.&lt;br /&gt;A todo le mundo le gusta tu libro, su título impreso en oro, fantástico maravilloso, pero el primero... el primero los desgarra y los remueve, preparándoles para no atragantarse y que los demás, tan puros ellos, sepan también a gloria. Seguro que  se sonroja cuando algún tipo le dice lo mucho que le ha gustado el libro, pero que hay algo en el primero que de veras le remueve el corazón. Podía haber ido a parasitar a otro, ¿no hay suficiente escritor amargado en esta ciudad, madame? Pero ella ya salió de toda esta mierda, ahora es una intelectualilla dada a la retórica barata,&lt;br /&gt;En este momento mi mayor problema consiste en que los folios se han ido vaciando al mismo ritmo que se iba llenando el vaso de whisky, a la vez que se multiplicaban las botellas apiladas en la puerta. Al tiempo se vaciaba la cama, hojas blancas y las vomitivas sábanas limpias con olor a detergente. Ya no soy el chucho que cagaba en su sitio. Ahora, repugnante y atrofiado, dedico mi tiempo a sentarme aquí, junto a la ventana, con el pretexto y la mentira de pretender escribir algo, cuando sé que lo único que haré será gastar la noche en disolver mi alma en whisky, oír al capullo de la trompeta y pensar en  lo guapa que está mi vecinita en vestido rosa.&lt;br /&gt;Ni siquiera queda nadie para quitarme los piojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-1246345335883410816?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/1246345335883410816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=1246345335883410816&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1246345335883410816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/1246345335883410816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/los-gatos-y-yo-2006.html' title='-Los gatos y yo- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-3727411324508334383</id><published>2007-09-18T03:24:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T03:27:20.335-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-Berlín- (2006)</title><content type='html'>&lt;a href="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:V8ucSxdrmFtHsM:http://www.maths.dundee.ac.uk/~sanderso/music/vu.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 184px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" height="172" alt="" src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:V8ucSxdrmFtHsM:http://www.maths.dundee.ac.uk/~sanderso/music/vu.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Esta casa da escalofríos. La foto de la jura de bandera de mi hermano y la mía de primera comunión. Candelabros llenos de polvo y figuritas de porcelana.  Rebuscando entre las viejas películas grabadas de mi padre encontré una en la que se suicidaba un niño, “Alemania: año cero”. Berlín. Un niño de raza superior tirándose desde un edifico en ruinas después de haber matado a su padre. Berlín... Siempre Berlín. El jodido Berlín. Cuando uno piensa en Berlín sólo le vienen a la cabeza muros y esvásticas. Sé que resulta tópico, pero es lo primero que se te viene a la cabeza.  No piensas en esa fantástica ciudad que ella describe en sus e-mails, en ese deslumbrante Berlín del que me  habla, excitada, por teléfono.&lt;br /&gt;A qué pirado se le ocurre salir con una tía que estudia filología germánica. Ich&lt;br /&gt;liebe Dich. Te quiero. Al día siguiente te llega con sonrisa de chica pre-erasmus diciéndote que se va a Berlín. Le jurarás amor en todos los idiomas antes de que se vaya. Se te llena la cabeza de muros, esvásticas y chicas erasmus con sonrisas demasiado grandes.             Era Nicol para mí, tal y como le decían sus vecinitas y sus compañeras en el colegio de monjas al que iba de niña. Nicol para sus primeros novios adolescentes y Nicol para mí. Era Nicolasa en DNI y partida de bautismo. Nicol sólo era el eufemismo con el que ocultar un nombre que no le gusta a nadie.&lt;br /&gt;            Ayer, casi a la hora de comer, me llamó para contarme entre carcajadas que nosequé compañero de clase la llamaba Nico, como la cantante de la Velvet. La eufemista Nicol riéndose por teléfono. Me llama Nico, ¿sabes? Nico, como la cantante de la Velvet. Yo le dije que me llamaba Nicol  y el dijo: ¡Oh! Nico, como la cantante de la Velvet.... Podía sentir sus labios estirándose al hablar, cuarteando su pintalabios... Yo sonreía forzadamente, como si temiera que ella pudiera sentir que no me hacía ni pizca de gracia lo que me estaba contando.&lt;br /&gt;            Le he dicho que la quería. Se ha quedado callada. Sé que le cuesta creerme con tantos cables por en medio. Ha sido una estupidez por mi parte, no sé qué sentido tenía hacerlo precisamente ahora y por teléfono. Se ha quedado callada durante dos segundos. Callada en su querido Berlín, en su lleno de ruidos Berlín. Sí, sí que tenía sentido decírselo. Sé que mis palabras han borrado su sonrisa durante unos instantes. Sé que ha torcido la boca con ese gesto suyo que la hace parecer tan fea cuando está enfadada o sorprendida, ese gesto al que ningún tío se acercaría por pura repugnancia. Que pague, que pague por sus risas y sus palabras. Que se trague su sentimiento de “¡Oh!, ¡qué maravilloso es todo!”, al darse cuenta de que yo estoy aquí, sin ella. Que se sienta culpable por haberme abandonado mientras ella se regodea con sus amiguitos erasmus y los besa con los dedos cruzados para no serme infiel. Tras los segundos de silencio, su risita forzada a cruzado la línea. Yo también. Palabras fáciles para mentiras fáciles.&lt;br /&gt;            Después de colgar me he sentido mejor, con la seguridad de haber dejado clavadas mis palabras en su corazoncito. Ahí quedaría mi “Te quiero”, sangrante y afilado.  No sé bien si es verdad, me refiero a lo del “Te quiero”. Es fácil querer a cualquiera el mundo cuando está lejos. Es fácil querer a Nicol-asa estando aquí, Navidad en la casa familiar, mirando las manchas de humedad que se han formado en el techo de mi antigua habitación. Es fácil, incluso tentador, echarla de menos y añorarla sabiendo que está en Berlín y yo aquí comiendo polvorones.            Esta casa da escalofríos. Mi padre haciendo agujeros con el taladro y una vieja foto de Nicol con falda escocesa en uno de mis cajones. No recordaba que estuviera allí. No recordaba que ella hubiera tenido nunca una falda escocesa. No recordaba que fuera tan guapa. En realidad ni siquiera sabía cuándo ni dónde habíamos hecho esa foto.  Una guía turística de Alemania en la biblioteca de mi padre. Berlín... Muros, esvásticas y chicas con minifalda escocesa.&lt;br /&gt;Cuando llegué a Berlín ella ya no era Nicol, sino Nico. No era morena, ni pelirroja, ni tampoco ninguno de los colores que había sido antes de esos. Era rubia platino y le había dado por pintarse pequitas en las mejillas con un perfilador de labios marrón. Supongo que a los tíos de por allí debía parecerles adorable, pero  a mí nunca me había parecido tan estúpida como cuando la vi con su pelo recién teñido y las pecas postizas.            Él no se apartó de nosotros en ningún momento. Ahí estaba esperándonos con su coche en el parking del aeropuerto. Ahí estaría luego para llevarme a tomar el vuelo de regreso. Con nosotros, pegado. Siempre. Adosado con su sonrisa estúpida y gesto de intelectual resabidillo.&lt;br /&gt;Fuimos a dejar las maletas y luego a cenar. Nico y yo nos sentamos frente a frente, con la excusa tonta de poder mirarnos a los ojos. Él se sentó a su lado. La miré a los ojos, por supuesto. Sus pupilas no dejaban de mentir como cochinas, intentando acaparar en ellas toda mi atención para que no me diera cuenta de lo que sucedía bajo la mesa. La mano de él le acariciaba el muslo con lascivia. Ella se dejaba hacer, sin apartarse, incluso se estremecía de excitación de vez en cuando. Mientras, yo daba pataditas en el suelo para canalizar mi tensión. Eso debajo de la mesa, en el trasfondo. Sobre la mesa nosotros aún éramos novios, nos queríamos mucho y él no era más que un buen amigo. Encima, maquillaje; debajo, vísceras y excrementos.&lt;br /&gt;No es totalmente cierto lo que he dicho antes, sí que se nos despegó, durante la noche. Bueno, no exactamente, sólo se apartó de nosotros como pareja. En un acto de bondad había ofrecido la otra cama de su cuarto para que yo durmiera. No pude “dormir” con Nico, como se suponía que debía haber hecho como recompensa a tantas  horas de vuelo para venir a verla, porque en su habitación dormía otra chica. Se llamaba Eudivigis o algo por el estilo. Una alemana mofletuda que se explotaba granos y comía chocolatinas sin cesar. Chocolatinas con crema, con galletas, rellenas de frutas o de cualquier otro tipo de las que vendían en “Le gourmet du chocolat”, una tienda para niños pijos y gordos.&lt;br /&gt;La tal Euidivigis masticaba entreabriendo la boca cada poco. Podías ver el chocolate derritiéndose en sus muelas antes de ser engullido, un espectáculo maravilloso. Lo de reventarse granos en público, como si fuera un acto natural a compartir con el mundo, se sumaba a la adicción a las chocolatinas para convertirla en ese ser repugnante que estáis imaginando. Daría gusto ver a las dos tías en su habitación: una pintándose pecas frente al espejo y la otra atragantándose de chocolate con las manos repletas de pus.             Dormí estupendamente en la habitación del cretino. Ni siquiera dejó de mostrarse amable y sonriente después de que Nico nos hubiera dejado. Esperaba encontrarlo algo más agrio y desaprensivo conmigo, al fin y al cabo, él quería tirarse a mi novia y yo no era más que un impedimento. Igual por esos lugares es normal acostarse con la novia de otro sin que haya rencores ni malos rollos, vete tú a saber.&lt;br /&gt;Una vez besé a Nico delante de él. Normalmente no nos besábamos en público, pero era imposible no hacerlo con ese tipejo todo el día pegado. Fue el único beso de todo el viaje, además del riguroso de bienvenida en el aeropuerto, pero ese no cuenta porque no pasó de un roce de labios. Fue el único beso del viaje y quizá el mejor de toda mi vida. La pillé desprevenida y no supo qué hacer con la lengua durante los primeros segundos. Luego se fue entregando. Su boca sabía a todas las cervezas que había bebido desde que llegó a Alemania.&lt;br /&gt;Sabía que él nos estaba mirando. Me salté la regla de cerrar los ojos para mirar de soslayo y verificar que nos estaba observando. Me miraba a mí, me escrutaba con ojos de “disfrútala, cabrón, después de esto no volverás a tocar su boca”. Cuando paramos, nos sonrió. Nico se atusó el pelo y se mordió el labio con un resquicio de remordimiento.&lt;br /&gt;Cuando me fui de Berlín él me ayudó a llevar las maletas y me acercó al aeropuerto. Cuando me fui de Berlín, le pasó el brazo por los hombros a Nico justo antes de que nos despidiéramos. Yo ya sabía que el juego estaba perdido. Deseché el beso de despedida y uno de los dos dijo algo sobre que podría volver a visitarlos en primavera. VisitarLOS. En primavera.&lt;br /&gt;Seguía siendo rubia con pequitas de pega. Llevaba puesta la falda escocesa con que aparecía en aquella foto. Nunca me pareció tan  estúpida como en aquel instante. Nunca me pareció tan guapa ni la amé tanto como durante esos últimos segundos en el aeropuerto, segundos en los que el amor y el odio eran casi sentimientos siameses. Segundos durante los cuales quise ser ese niño de la película que vi esta Navidad en casa de mis padres, ese niño que se tiraba desde un edificio en ruinas con toda la ciudad de Berlín bajo sus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;by berlinadabel.To velvetmsman.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-3727411324508334383?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/3727411324508334383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=3727411324508334383&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3727411324508334383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/3727411324508334383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/berln-2006.html' title='-Berlín- (2006)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-8753294436320465714</id><published>2007-09-18T03:18:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T03:22:10.398-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Mes amours sus perversiones sus fracasos y sus gatos'/><title type='text'>-Yo no quería ser pesimista (Teen Spirit)- (2004)</title><content type='html'>&lt;a href="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:pvnSpQlJlEbqUM:http://www.monmagan.com/monoaural/img/heroes.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 95px; CURSOR: hand; HEIGHT: 112px; TEXT-ALIGN: center" height="231" alt="" src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:pvnSpQlJlEbqUM:http://www.monmagan.com/monoaural/img/heroes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;                                                                                                         &lt;em&gt;    (Ray Loriga, "Héroes)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:U_xFf0TUWLMJ5M:http://canamo-espana.com/catalogo/images/heroes.gif"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Yo no quería ser pesimista; de hecho, ser pesimista era lo último que quería en el mundo. ¿Qué culpa tengo yo de no poder cambiar nada? ¿De que todo suceda tal que así, sin poder interceder en mi destino? Quizá todo estuviera escrito y mi nacimiento y mi vida no fueron más que meros hechos para confirmar lo predicho.&lt;br /&gt;Ayer decidí que escribiría una carta. Sí, una carta. Un texto escrito de palabras contadas en el que, tras una fecha y el pertinente saludo, pudiera decir a todos lo que pienso. Una confesión para hacer llorar a Nancy y hacer que se revuelvan las entrañas a aquellos que me miraron con malos ojos; también para que se agiten en su tumba, si es que han muerto, todas las señoritas a las que amenacé a punta de navaja.&lt;br /&gt;No malinterpretéis esto, no soy un criminal ni nada por el estilo. Al menos no creía serlo. Cuando todo falla, tienes que intentar hacer funcionar una tarjeta de crédito de alguien que no ha sufrido, ni mucho menos, lo que tú cada día para poder seguir viviendo. Para respirar esa porción de aire que no te pertenece por el hecho de ser un ser humano. Algún día el ambiente será tan irrespirable que las multinacionales venderán botellas de oxígeno para que los bolsillos que alcancen a ello puedan seguir respirando. Cuando esto llegue serán los bolsillos los que respiren, no los pulmones. Estúpida adaptación al medio. Espacios vitales envasados al vacío. ¡Compre! Lleve dos y le obsequiaremos con un pack especial de ideas, con un 1% de libertad, ¡los pensamientos más libres del mercado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa carta también les explicaría a mis señoritas a punta de navaja que si lo hice así fue por su propio bien. Tengo amigos, mejor dicho, conocidos, que consiguen pagar sus borracheras y la gasolina de sus motos por medio de arrumacos. Sí señoritas, sí. Entran en los bares de moda todo puestos e intentan seducir a esas finas gacelas de cuyos poros emana el coco channel a borbotones.&lt;br /&gt;Tres besos, un fugaz te quiero… Sugerentes puntos suspensivos los míos. Al final todo se reduce a palabras y acciones sumidas en un océano de hipocresía. Tras las actividades de galantería ellas desprenden de la mejor parte de su televisivo cuerpo el amado tesoro. ¿He de decir a qué parte del cuerpo femenino me refiero? Algunos pensarán que a los ojos, las piernas, el pecho… Pero no, a estos tipos al bajeza humana les hace pensar que la mejor parte, lo supremo e ideal de las féminas, va prendido, dulcemente, de su brazo. El bolso. De tan cruel objeto ellas sacan dinero que les permitirá, a ellos, pagar la deuda del bar y saldar asuntos pendientes de otras cuestiones turbias que no creo necesarias especificar.&lt;br /&gt;Creo mejores mis amenazas; al fin y al cabo son sólo eso, amenazas. Mejores que ese atentado contra la humanidad y el amor propio que realizan esto s conocidos míos. Muchas deberían agradecer mi técnica. También es verdad que mi físico, al lado de estos canallas, deja mucho que desear. Nadie se fija ya en los tipos de pelo largo con viejas chaquetas de cuero.&lt;br /&gt;¿He hablado ya de Nancy? Me parece haberla nombrado. A Nancy debería haberle dicho que no me condene por lo que he hecho. Ella sabe que, en el fondo, soy buena persona. Que la quiero, aunque no se lo demostrara muy a menudo.&lt;br /&gt;Sé que te jodía, sé que te quebrantaba por dentro que te viera como una hermana pequeña. Quizás no tan pequeña. Que no fuera capaz de pasar de nuestras inocentes tardes e besos. Un consejo, siéntete halagada. A ninguna la he tratado como a ti. Besos, querida Nancy.&lt;br /&gt;No sé para qué hago todo esto. Ayer necesitaba escribir esa carta, pensaba escribirla. No suelo escribir a menudo, tal vez mi ortografía no esté a la altura de las circunstancias. Recuerdo que mi caligrafía también dejaba mucho que desear. Hace tanto que no escribo… En mis años escolares me obligaban a hacer millones de esos odiosos cuadernillos llenos de frases estúpidas para que trazara unas letras perfectas, redonditas, en las que es imposible confundir una v con una n, una o con una e.&lt;br /&gt;Recuerdo el día en que dejé de hacer las tes como mandaba la profesora y los torturadores cuadernos, con una línea que sube y luego baja, perfectamente enlazada, con un palito arriba; pasé a dibujar unas tes con formas de cruz; éstas daban a mis escritos el aspecto tétrico de cementerio. Así en “Tere toma té”, Tere podría ser un fantasma en la tumba del toma muerta por beber té envenenado por una mariposa negra que en realidad no era tal, sino que se trataba de la vecina del quinto bajo el efecto de un hechizo realizado por un marciano. Éste aterrizó en la Tierra por casualidad y quedó impresionado por la intolerancia de los seres del planeta.&lt;br /&gt;A mí me gustaba así. Nunca he sido superficial,, siempre he intentado ver algo más. Eso me ha salvado de acabar convirtiéndome en un loco, uno de esos devora TV víctimas del hiper-consumismo. Adoradores de la sociedad, no se dan cuenta de que la sociedad no existe, es la mayor mentira que nos cuentan de pequeños. “Tenéis que construir vuestro futuro, ganaros un hueco en la sociedad”. Lo que nunca te dicen es que la sociedad es una mierda, que querrían no haber entrado nunca en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un tipo al que todos llamaban loco me dijo que las montañas son siempre azules al final del camino. Nunca llegue a comprender qué quería decir. Quizá las montañas representaran la realidad y el color azul la belleza. Cuando llegas al final del camino te das cuenta de que las montañas son azules, son bellas. LA belleza de la realidad. Dudo mucho que fuera esto lo que quería decir. Nadie hacía caso al viejo Marcus. Decían que estaba loco. Demasiado caballo en las venas. Había empezado a pincharse muy joven. Ahora estaba ahí, en un rincón de aquel antro con billar al que acudían viejos y jóvenes traicionados por la vida. Cuando me encontraba especialmente deprimido solía sentarme en su mesa, pasamos juntos muchas tardes de borracheras. Él me mostró más de lo que nadie me había enseñado nunca. Tanto tiempo en la escuela para que tu maestro acabe siendo un viejo drogadicto.&lt;br /&gt;“Las estrellas están demasiado altas, es inútil alzar la mano para alcanzarlas”. Era un tío de sueños vacíos. El típico fracasado que es superior a los demás porque sabe que lo importante no es la vida, sino estar vivo. Un día desapareció de su mesa, la del fondo a la derecha, justo detrás del billar. Nadie supo qué había sido de él. Supongo que murió. Prefiero pensar que encontró su camino a las estrellas. Odio los finales previsibles, también los excesivamente felices. Estos últimos me son demasiado difíciles de creer. LA vida me enseñó que no existe nada excesivamente feliz. En cuanto a la idea de que muriera, resulta demasiado obvio. Nadie escuchaba al viejo Marcus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era niño mi madre me peinaba los domingos con dos litros de gomina, yo no sé para qué. No íbamos a misa ni nada por el estilo. Pero ella se empeñaba. Era como si le hiciera feliz que, por un día a la semana, no se me levantara el pelo del remolino que había justo en medio de mi cabeza. Es lo poco que recuerdo de ella. Siempre que voy a llevarle flores al lúgubre país de las tes pienso en eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿He dicho ya que no creo que deba escribir la carta? Tal vez tuviera que hacerlo, tal vez me arrepienta si no lo hago, ¿o no? Ya no sé siquiera qué hacer. En el caso de que la escriba, ¿qué debería poner? ¿Qué lo siento mucho pero que todo ha acabado? ¿Para qué? ¿Se molestará alguien en leerla? Sí, seguro que Nancy lo hará. Ella y un par de pirados más que creían conocerme. Si lo piensas, son cinco mil novecientos noventa y nueve millones novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y siete personas a las que no les importas nada y que n leerán la carta. I aunque pusiera todo mi tiempo en ello podría conseguir jamás que la leyeran la mitad de esas personas. Ni aún un cuarto. Tampoco me queda tiempo para intentarlo.&lt;br /&gt;Nancy repetirá mi nombre mil veces, yo sé que lo hará. Sólo por ella merece la pena. Venga, vale, la escribiré. No una carta, una frase. Una frase para Nancy. ¿Un “Te quiero “siempre pensaré en ti”? ¿Y si resulta que, en realidad, ella nunca me ha querido? ¿Me engañaba y no sentía por mí ni la mitad de lo que solía decir? Da igual, no importa. Ya no hay tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento con los dedos, 1, 2, 3, 4… Me tiembla el pulso.&lt;br /&gt;Yo sé que soy capaz. Es de lo único que creo ser capas…&lt;br /&gt;Un, dos tres, cuatro…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clic.&lt;br /&gt;Difuminado en negro. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-8753294436320465714?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/8753294436320465714/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6386212876348498181&amp;postID=8753294436320465714&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/8753294436320465714'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6386212876348498181/posts/default/8753294436320465714'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/2007/09/yo-no-quera-ser-pesimista-teen-spirit.html' title='-Yo no quería ser pesimista (Teen Spirit)- (2004)'/><author><name>Bel</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10787894626930134098</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://userpic.livejournal.com/40817237/6393197'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6386212876348498181.post-4967988414672202791</id><published>2007-09-18T03:15:00.000-07:00</published><updated>2007-09-18T03:24:20.361-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Catastrofismo psicótico'/><title type='text'>-Nubes sanguinolentas- (2005)</title><content type='html'>&lt;a href="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:kTI-S3OkyFYXiM:http://www.egonautica.cl/Pics/el%2520grito.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://tbn0.google.com/images?q=tbn:kTI-S3OkyFYXiM:http://www.egonautica.cl/Pics/el%2520grito.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;* * *&lt;br /&gt;Un sueño lluvioso donde sólo aparecen mil decibelios de voz de más, mil sonrisas y abrazos de menos. Ángeles en mis pesadillas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca pensé que fuera realmente yo misma cuando me vi tirada en la calle gritando. No me había parado a pensar qué hacía ni qué debía hacer, como tantas otras, veces era inconsciente de mis actos. Me había encerrado en mi cuarto, estaba decidida a no salir. Dormí un poco y desperté en la calle, tirada en un charco. Jugaba con el barro, pintaba mi cara con él. Intentaba gritar hasta que me sangrara la garganta. Gritaba y lanzaba bolas de barro a todo el que pasaba por allí. Gritaba tanto que incluso empecé a temer que mi corazón se parara con el siguiente aullido. Pasaba el tiempo y seguía allí, luchando contra la lluvia a pleno pulmón.&lt;br /&gt;No he conseguido averiguar qué era lo que gritaba. Tal vez fuera tu nombre o alguna oración que inventé de niña para no sentirme sola, para creer que había un Dios que me amaba y comprendía.&lt;br /&gt;Cuando eres niño no quieres gritar, quieres que el mundo te acepte, te quiera, te comprenda. Suplicas a Dios por que todo vaya bien, que el mundo sea bonito y feliz por siempre jamás. No quieres gritar por nada del mundo. El problema es que luego te conviertes en una pre-púber a la que empieza a preocuparle el tamaño de sus pechos. Ahí es cuando decides empezar tu vida, borrar todo lo que habías soñado hasta el momento. Entonces empiezas a gritar. Y no puedes parar. Amordazan tu boca y muerdes el pañuelo, la mano que te impide desahogarte, expresarte.&lt;br /&gt;Te calman mordiéndote la oreja, besándote la boca. Cuando vienen a querer parar tu ya les has hecho heridas en los labios y su sangre se expande por tu boca. Estás preparada para seguir gritando.&lt;br /&gt;Mucha gente dice cosas inmemorables en momentos memorables, sólo a veces sucede lo contrario. No importa lo que yo grite, mi mensaje no será entendido por nadie, en ningún momento, en ningún lugar. Tampoco era esa mi intención. El grito como fin en si mismo. Ya ni siquiera me reconforta espiritualmente. Lo necesito, es cuestión de vida o muerte. Necesito gritar, aullar, gemir al infinito aún cuando no queden estrellas para escucharme.&lt;br /&gt;Enloquecería en mi silencio eterno. Acabaría besándote, traspasando sonidos con mi saliva, para que enloquecieras y fueras tú el que gritara en un charco, pintarías tu cara con barro y pelearías contra las gotas de lluvia. Perdóname por querer destruirte, pero sé que nunca podré arrancar mordisco a mordisco la piel que cubre tus labios.&lt;br /&gt;No sé qué gritaba aquel día, lo que esta claro es que dejó abierto un camino en mi garganta. Una nueva etapa de gritos y gemidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un atardecer naranja de nubes sanguinolentas. Dos figuras curvilíneas se acercan, sombras de un atardecer cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grito. De pronto grito como si no pudiera parar, como si ese fuese mi único propósito en la vida. Los pasos se acercan, susurros, risas… el murmullo de un beso. La mar en calma y las nubes llorando sangre que sólo unos pocos desgraciados podemos ver. Otro aullido desgarrador sale de mi garganta.&lt;br /&gt;Grito. Me araño la cara con las uñas mientras el viento choca bruscamente con mi cuerpo. Nadie mira, nadie parece ver la sangre que cae de las nubes. El mundo no se da cuenta de que el mar está engullendo el cielo, de que las sombras risueñas han desaparecido, equivocadas de camino o ignoradas por mi olvido. Nadie se da cuenta de que estoy gritando, de se me resquebraja y sangra la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo está gritando, no parece importar a nadie. La naturaleza aúlla, los colores se diluyen. El fin está llegando, parece que soy el único ser consciente de ello.&lt;br /&gt;Mi voz se ha calmado, pero no voluntariamente, a sucumbido ante la impotencia de mis cuerdas vocales. Ante la sangre que sale de mi boca. Me arrastro por el suelo mientras lucho contra mi misma, intentando arañarme, morderme y arrancarme el pelo. Nadie podrá decir nunca más que tengo un cabello bonito. Extraño intento de suicidio en una tarde de agosto. Sólo el cuerpo propio, unas manos para estrangularme cuando ya no pueda más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí llegas, cruel ángel salvador de un excéntrico intento de suicidio en una tarde de agosto. Prometiste, juraste que no te volverías a interponer en mi camino, que no te volvería a ver, ni intentarías detenerme cuando sólo fuera poseedora de sueños muertos.&lt;br /&gt;Aquí estás, tu presencia en mi pre-muerte hace que me sienta más muerta y ridícula de lo que me he sentido nunca. Tenerte delante hace que vea mi muerte como única escapatoria posible. Cansada, caigo en tus palabras, en tus brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;Un atardecer violeta de nubes llorosas. Dos pájaros se posan en la ventana, alas para un mundo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que eres un ángel, tengo casi la total seguridad de que eres un ángel. Te he visto desaparecer mientras hacías la cena. No mientas. Estabas dando la vuelta a la tortilla cuando te has evaporado entre el humo no absorbido por el extractor roto. No vengas a negármelo ahora. Es demasiado tarde para que intentes ocultarlo. Lo sé, lo sé, no querías que descubriéramos tu secreto. Eres un ángel, ya no lo puedes negar. ¿Te envió Dios para que cuidaras de mí? Empecé a sospecharlo anoche, me besabas tan torpemente que pensé que, quizá, no fueras humano. No volveré a besar a otro ángel, no te habría besado de haber sabido que lo eras, así que perdóname.&lt;br /&gt;Cuando te digo cosas así no dices nada, sólo sonríes, como para indicar que es cierto, que en verdad eres un ángel. Pero quiero oírtelo decir a ti… Cesaré en mis empeños, sé que nunca lo conseguiré. Un ángel no afirmaría que lo es, ¿no? Sólo sonríes y yo desespero. Sabes que acabarás conmigo.&lt;br /&gt;Tu silencio es enloquecedor. Tan desgarrador como mi voz muda desde agosto. Sé que estás muerto, sé que tu silencio acabó contigo. Puedo imaginar los hechos, el cómo de tu muerte. Te haría una descripción exhaustiva si me juraras que dirás la verdad.&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;Un atardecer violeta, anunciando el fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te escribía una carta de amor antes de abandonarte, pero… ¿sabes una cosa? Yo nunca te he querido.&lt;br /&gt;Sé que tú también piensas que estoy loca, aunque seas un ángel tú también lo piensas. Debería haberlo notado, no puedo confiar en ti ni en los demás.&lt;br /&gt;En verdad no estoy loca, lo que ocurre es que cada noche vomito para sacar toda la mierda que llevo dentro. Sólo así consigo sentirme limpia, purificada y libre de este usar y tirar, de esta monotonía que me invade cada día.&lt;br /&gt;Yo podía haber sido una estrella, si no fuera por mi cadavérico aspecto conseguido a base de vomitonas por las noches. El mundo acabó conmigo. Tú acabarás conmigo. No lo olvides, mi fin no será la muerte, mi fin fue haber nacido y meterme los dedos en la garganta para echarlo todo fuera e intentar sentirme más humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siento, luego no existo. Pienso, ¿a quién puede importarle eso? No sé quién soy, no lo recuerdo. ¿Vas a explicarme tu cuál es mi verdadera identidad? ¿No era yo María, la chica que os hacía sonreír a todos?&lt;br /&gt;Besos desde el infinito.&lt;br /&gt;Besos desde una tumba color naranja.&lt;br /&gt;Tristes besos.&lt;br /&gt;Torpes besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os odia, María.&lt;br /&gt;# # #&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un atardecer de nubes esponjosas, de esas que parecen que podrán frenar tu caída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy a sucedido lo impredecible. María ha saltado por la ventana antes de que pudiéramos darnos cuenta. Lo hemos notado al oír un espantoso chillido en la calle, seguido de un golpe seco.&lt;br /&gt;Paf.&lt;br /&gt;Calló María.&lt;br /&gt;El grito no había sido suyo. La que gritó fue una señora gorda vestida de amarillo que pasaba por la calle en aquel momento.&lt;br /&gt;Sangre y vísceras por el suelo. Se había destrozado. La caía había acabado con su cuerpo frágil y quebradizo.&lt;br /&gt;Descendió los 8 pisos que la separaban del suelo sin volver la vista atrás. Había muerto en silencio. Sin emitir un solo sonido, sin gritar ni arrepentirse en el último momento. Sólo el sordo golpe de la caída final. El salto al más allá. Ella siempre supo que llegaría a las estrellas, lo que no sabíamos nosotros es que sus estrellas tenían color de asfalto.&lt;br /&gt;Los sonidos de la ciudad se han desbaratado con lo acontecido. En realidad sólo seguían su curso, únicamente cambiaba el hecho de que, ahora, los estridentes ruidos de ambulancias y coches de policía se hacían más nítidos. Chillaban estridentes bajo la ventana, 8 pisos más arriba. María tuvo una muerte silenciosa, pero su cadáver tuvo que soportar los sonidos más chirriantes y patéticos.&lt;br /&gt;Ella quería ser una estrella, yo quería ser su ángel. Las cosas no cambiarán en nada cuando hayamos muerto. Sólo mínimos factores alteran nuestra vida cuando alguien se ha ido. Recordaré a María muerta cada vez que mire las estrellas. En ese momento sabré que todas las estrellas no tienen más remedio que caer y desparramarse en el ardiente asfalto de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez resulte siniestro, pero es la verdad, si llegan a tardar 5 minutos más el cadáver de María hubiera quedado cocido en el asfalto. Ha sido duro ver como su sangre se secaba y se retostaba en el asfalto durante toda la semana. Saber que el líquido que ha tenido una amiga en las venas está tirada formando una gran mancha en el suelo es una de las sensaciones más repugnantes que he sentido en mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También repugnante fue llamar a los padres, no se hablaban. Una cretina, vestida convenientemente para la ocasión, me suplicó entre sollozos que los llamara. No sé porque estaba allí esa tía, María y ella siempre se habían llevado mal, ninguna de las dos hacía grandes esfuerzos por ocultarlo. Tal vez aprovechaba la ocasión para ligar con el novio, si se le puede llamar así, del actual cadáver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los padres parecieron no querer saber nada de su hijita en un principio. Al saber que estaba muerta cambiaron de opinión. Abandonaron la cena de gala a la que estaban asistiendo, que era “todo un ultraje interrumpir” para venir aquí, a llorar la muerte de su no amada hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo parece amar al los que han muerto, pero nadie parece querer a los vivos. Si he de morir para que el mundo me quiera y llore por mi, sinceramente, prefiero seguir vivo y con enemigos.&lt;br /&gt;# # #&lt;br /&gt;Un amanecer asesino pone fin a otra noche de insomnio.&lt;br /&gt;Hoy he encontrado los últimos textos por María. Hace sólo tres meses que murió y parece que nadie se acuerda de ella.&lt;br /&gt;Le llevaré violetas a su tumba para que me perdone, yo nunca pensé que estuvieras loca. Ojalá hubiera podido ser tu ángel salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tristes besos.&lt;br /&gt;Torpes besos.&lt;br /&gt;Te quiere, el chico que no fue un ángel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;# * # * #&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6386212876348498181-4967988414672202791?l=klik-klak-bel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://klik-klak-bel.blogspot.com/feeds/4967988414672202791/comments/default' title='E
